Marcus King Band: "Darling Blue"


Por: Àlex Guimerà. 

Qué decir que no sepamos de este joven guitarrista de Carolina del Sur nacido en el seno de una familia con gran tradición musical que va desde su bisabuelo violinista hasta su padre, el cual es un prestigioso guitarrista de soul y blues. Con tal entorno familiar normal que Marcus se introdujera a comenzar a tocar la guitarra con tres años de edad, hasta que años después el destino le llevara a grabarse y a difundir un video tocando "Driftin' Blues" que lo petó en las redes. A partir de entonces fundó The Marcus King Band con quienes publicó tres álbumes para acabar llamando la atención del siempre avispado Dan Auerbach con quien grabó ya en solitario "El Dorado" (2020) y "Young Blood" (2022). Dos años mas tarde se juntaría con otro coloso como Rick Rubin para editar su última referencia hasta la fecha "Mood Swings" (2024). Unos discos en los que ha transitado entre algunos de los denominados géneros de raíces como pueden ser el Blues, Soul o el rock sureño.

Para el disco de este año, Marcus King ha recuperado a su banda -el guitarrista Drew Smithers, el bajista Stephen Campbell y el batería Jack Ryan- con quienes se metió en los Capricorn Studios de Macon (Georgia) en donde atacó las catorce nuevas canciones que serían producidas por un viejo conocido como Eddie Spear (Lukas Nelson, Rival Sons, Chris Stapelton, Slash,...). Además en las sesiones de "Darling Blue" contaron con la participación de interesantes artistas como Noah Cyrus, Billy Strings o Jesse Welles

Una vez ponemos la aguja al vinilo nos damos cuenta cómo ha cambiado de tercio respecto al disco del año pasado "Mood Swings" cuyo fondo era soul de los años setenta con esa calidez y ese romanticismo edulcorado que tan bien supo plasmar en las ondas. Las nuevas canciones, en cambio, miran principalmente hacia el Country, y digo principalmente ya que una vez vas avanzando en la escucha te das cuenta que lo que parecía ser un disco de género acaba siendo un trabajo ecléctico. No obstante la mayoría de las canciones son Country-Rock, un estilo musical que parece que le sienta de maravilla. Como todo lo que toca este chaval que sin apenas haber alcanzado la treintena ya se ha labrado una carrera muy sólida con siete notables trabajos de estudio.

El álbum ofrece una rica mezcla de estilos partiendo de los sonidos campestres. Canciones como" On And On" nos recuerdan a un cruce entre los Jayhawks y Crosby, Stills & Nash, mientras que "Here Today" destaca por la presencia de las voces de Kaitlyn Butts y de un Jamey Johnson que evoca a Johnny Cash y Willie Nelson con su grave timbre. Por su parte "Heartlands", con sus violines, adopta un tono country comercial al estilo de Shania Twain o Billy Ray Cyrus en los años noventa, "Die Alone" explora el lado más íntimo del género con una balada serena acompañada del pedal steel, y "Dirt" se muestra pegadiza y trae las memorables guitarras de Billy Strings. "Somebody Else" remite a un aire desenfadado tipo "The Man In Me" de Dylan.

Pero en el disco conviven otros estilos lo que vemos con "Honky Tonk Hell" y "Levis & Goodbye", que se inclinan más hacia el Southern Rock, con guitarras eléctricas llevando el timón o con "Carolina Honey" con la que Marcus retoma donde lo dejó en su último disco y tira de influencias Blackxploitation con un falsete memorable, lo mismo que "The Shadows" donde luce el vozarrón de Noah Cyrus demostrando esos genes brutales que tiene.

El disco también abraza el soul más clásico como en "No Room For Blue" de guitarra lacrimosa y mucha emoción, o en "Blue Ridge Muntain Moon", que nos trae un cargamento de vientos, coros y órgano hammond. El cierre llega con "Carry Me Home", una balada que perfectamente podría etiquetarse como sonido Lauryl Canyon, rubricando este álbum con una sensación de introspección y delicadeza que es ejemplo de la diversidad y riqueza estilística de la obra y del músico al que pertenece.