Cuando a principios de diciembre tuvimos la oportunidad de escuchar “Hay un hueco en algún sitio”, el primer single de presentación de Løse, la nueva aventura en formato banda de Diego Vasallo, nos invadió una sensación de desubicación absoluta; los teléfonos y grupos de Whatsapp ardían literalmente comentado la noticia, había unanimidad en los comentarios donde todos nos mostrábamos maravillados por el aspecto rockero, directo e intencionadamente peligroso con que asomaba su adictiva melodía, donde el regusto a sonidos setenteros barnizados de glam y protopunk impregnaban con fuerza una composición que anunciaba un disco mayúsculo al que teníamos ansia por enfrentar como pocas veces nos ha pasado en casi veinte años de andadura como web.
Sensación confirmada días atrás cuando pudimos saborear la totalidad de un minutaje impoluto y colosal, plagado de atmósferas sinuosas, amenazantes en su crudeza y secundadas por una torrencial vertiente lírica llena de imágenes escritas casi en primera persona que avanza decidida sin red de seguridad, ajena a los estribillos coreables y a los trucos para “engañar bobos”, rubricadas con tanta vehemencia como sabiduría en las manos de un Fer García, co-productor del álbum junto a Vasallo, que aporrea las cuerdas de su guitarra violentamente, para elevar la fuerza de unas composiciones alejadas por pura convicción del minutaje estándar de las canciones pop que imperan en estos tiempos vacíos y en las que también es notable el trabajo de banda que aportan Oriol Flores, batería, Xabi Arratibel, hiper presente con su bajo retumbón, y las atmósferas inquietante en la mejor tradición de las “murder ballads” de Germán San Martín, encargado pianos, sintetizadores y órganos.
Siete canciones, ¡tan solo siete!, pero que retumban con muchas ganas y brillan con luz propia, pese a las ya mencionadas sombras oscuras que recorren la producción de estos cortes, algo fácilmente rastreable desde la inicial “Pétalo en el aire”, interesante desde su apertura entre el ruidismo y el ambient para mostrar diversas caras en sus casi diez minutos de continuo crecimiento, donde Vasallo y su voz más arenosa ajustan cuentas con la vida en una letra desbordante, continuando con la ya mencionada “Hay un hueco en algún sitio”, uno de los mejores singles de adelanto de nuestro país en los últimos años, nocturna, urbana, atrayente y peligrosa en sus veleidades punks más neoyorkinas, tan adictiva como la heroína y tan bella como un poema.
Respiramos profundo ante de enfrentarnos al down tempo que supone “Con esta luz que nace”, un blues nocturno de carreteras secundarias que se abre casi como un mantra en busca de un góspel repleto de fe, y “Nuestro cielo al alcance de la mano”, la más lourrediana de todas en cuanto a cadencias, donde sorprendentemente nos encontramos a un Diego de lo más optimista y crítico con el devenir humano; nos sorprende la suciedad distorsionada de “Cose mis heridas”, puro rock crudo de guitarras con dosis de sensualidad que la aproximan al glam con una letra que formula preguntas y juega en la cuerda floja del amor.
En “Zona de sombras” se juega con una cierta épica blues dramática, asimilando el legado del mejor David Bowie setentero, aquel que deslumbraba en temazos como “Suffragete City”, ensuciando con el paso de los segundos el sonido de las guitarras, pero dejando un regusto dulce en el paladar, y cerrando con toda una declaración de intenciones como “No me cuentes nada que no quiera saber”, un folk de poso tenso y denso que cierra a las mil maravillas uno de esos trabajos que desde ya se postula para aparecer en las listas de lo mejor del año dentro del ámbito estatal.
Y redundando en dicho aspecto toca cerrar la reseña de un debut, el de Løse, que no es un debut, puesto que cada uno de sus miembros posee sobrada experiencia y trayectoria en nuestros ambientes musicales.
“Løse” es un álbum mayúsculo, capaz de seducir desde su primer y sorprendente single hasta su último acorde. Aquí no hay un detalle al azar, algo que se nota. Las grandes canciones funcionan a las mil maravillas, sin concesiones comerciales, buscando un sonido orgánico, de vieja banda, que sabe lo que busca, regalando un álbum del que en círculos más o menos minoritarios se debería seguir hablando en términos elogiosos dentro de muchos años. Ya si acaso en otro momento hablaremos de lo que ha hecho Diego Vasallo a lo largo de su trayectoria solista, que ahora abandona momentáneamente con todo el derecho y merecimiento del mundo, más si cabe cuando esta parada sirve para regalarnos uno de los mejores álbumes de esta tercera década del todavía incierto siglo XXI.



