Ariel Rot al son de los recuerdos


Teatro de las Esquinas, Zaragoza.  Sábado 24 de enero de 2026 
Texto y fotografías: Javier Capapé. 
Fotografía tercera: Samuel Algás.

Elegancia, mucha clase y mejores canciones. Ariel Rot no necesita de ninguna presentación, pero quizá esto sea lo que mejor le define. A estas alturas sabemos lo que esperar de sus conciertos, pero nunca nos defrauda, como queda demostrado en la cobertura que desde El Giradiscos hemos hecho de sus conciertos desde que hace unos años se reuniese con la banda con la que giró para presentar "Hablando Solo" y recuperar ese cancionero que consolidó su carrera solista a finales de los noventa.

Podríamos decir que desde hace ya unos años el bonaerense se ha instalado en la nostalgia, aunque si es con su estilo, ¡bienvenida sea!. "La Manada", su último disco de estudio, cumple ahora diez años, y sus últimas giras se han centrado en revivir sus primeros discos solistas tras la separación de Los Rodríguez. Ha tenido también tiempo para pasear una vez más las canciones de Tequila junto a Alejo Stivel y ha recorrido España de lado a lado con uno de los programas más interesantes sobre música que hemos podido ver en toda la historia de la televisión pública. En este momento, la intención era recrear uno de los mejores discos en directo grabados en nuestro país, aquel fantástico "En vivo mucho mejor" que registró tras la publicación de su confesional "Cenizas en el Aire". Como he señalado, la banda de aquella grabación fue la misma con la que lleva girando los últimos tres años, aquella con la que inició la segunda parte de su carrera en solitario (con la excepción de Toni Jurado, que sustituye a Pablo Serrano en la batería). Y la verdad es que a estas alturas están cien por cien engrasados. Compenetrados a la perfección y trabajando todos a una en pro de unas canciones que envejecen como el mejor vino. Por ellas no pasan los años y su intensidad y emoción siguen a prueba de balas.

En Zaragoza, éste era uno de los grandes conciertos del festival Inverfest tras su arranque hace poco más de un mes. Un festival que está recibiendo una gran acogida en la capital maña, como así lo demostró el aforo del Teatro de las Esquinas, un recinto perfecto para este tipo de eventos. El mismo día del concierto de Ariel, se encontraba también su amigo Kiko Veneno en la ciudad, concretamente en el Teatro Principal. Lástima no poder escucharlos juntos como en aquella gira compartida que hacía referencia al programa de televisión antes mencionado. Y es que esa es también la magia de Inverfest. Conciertos para todos los gustos desplegados por múltiples salas de la ciudad. Si ha conseguido conquistar el corazón de los madrileños en estos años de andadura está claro que aquí en Zaragoza tiene todas las papeletas para lograr un efecto similar si sigue apostando por un cartel tan acertado como el de esta edición.

El músico argentino abrió la velada con puntualidad británica con ese "Vals de los recuerdos" de factura stoniana. Su ajada telecaster nos transportó a los últimos coletazos del siglo XX cuando Ariel encaraba su tercera (o cuarta) etapa musical con el empujón del éxito de Los Rodríguez, mientras su letra autobiográfica nos hacía empatizar con su acelerada historia marcada por su desembarco en el Madrid de 1976 huyendo de la dictadura argentina. Tal y como relata, aquí fue forjando su carrera y encontró su casa, sintiéndonos privilegiados desde entonces por compartir con nosotros tantos momentos privilegiados, algo así como lo que plasma el título de la canción que le sucedió: "Hasta perder la cuenta".

El grueso del concierto lo formaron los temas que aparecían en aquel "En vivo mucho mejor" que venía a rememorar, aunque también hubo espacio para la épica "El mundo de ayer", con dos grandes solos coronándola, o la emocionante "Adiós carnaval". En "Hoja de Ruta" (con caída del audio de la sala incluido que obligó a volver a empezarla) reivindicó la vida del músico en la carretera, que nunca ha dejado de disfrutar a pesar de sus vaivenes, y la dedicó a todos los músicos presentes en la sala (yo mismo pude ver emocionarse a mi lado al gran Cuti Vericad), además de cerrarla invitando al respetable a tener hijos y ponerles buen rock para perpetuar ese espíritu que tanto nos mueve.

Con sorna y una pizca de ironía, se metió a todo el público en el bolsillo llamándonos sensibles, elegantes y jóvenes, tras poder ver la grata respuesta de todos y cada uno al entonar la juguetona "Dos de corazones" o la muy madrileña "Bruma en la Castellana", en la que recordó el gran honor de compartir su autoría con Moris, lo que le llevó a enlazarla con unos versos de "Sábado a la noche" interpretada con mucho swing, junto a la inestimable participación de todo el público del teatro haciendo los coros.

La segunda parte del show mantuvo su tono autobiográfico con la personal "Cenizas en el aire". Da cierto vértigo pensar que hace más de veinticinco años que escribió esos versos que dicen "estoy en el medio de la vía, en el medio de la vida si hay suerte tal vez", sobretodo porque ese tiempo ha pasado para todos, también para el que esto escribe, que escuchaba esos versos con cierta distancia en el momento del lanzamiento de una de las mejores canciones del argentino. Hoy ya no ignoro que esa vía es transitada por todos y que sus kilómetros pasan demasiado deprisa.

"Geishas en Madrid" también logró conmovernos al afrontarla con cierto aire introspectivo tras habernos dejado tocados con la anterior, algo en contraste con la vitalidad de la instrumental "Confesiones de un comedor de pizza", en la que dejó espacio para que Jacob Reguilón se luciese ampliamente con un espectacular solo de bajo eléctrico. Casi tan espectacular como el que encaró Ricardo Marín a las seis cuerdas en la intensa "Vicios Caros". La única pega de llevar a este gran guitarrista de apoyo es que es complicado lucirse de verdad cuando compartes escenario con Rot, pero a pesar de ello, cumplió con creces y mostró igualmente su habilidad vocal con unos coros muy acertados, de lo que también se encargó su habil teclista Tito Dávila junto a uno de los bateristas con más presencia de nuestro panorama, Tony Jurado.

Los últimos compases de la noche los iban a copar canciones de las bandas de las que fue pieza clave. "Quiero besarte" fue la única que escuchamos de Tequila y levantó pasiones entre un público que no paró de corearla y que todavía se vino más arriba cuando sonó "Baile de ilusiones", con esos "ooo's" tan "Jumpin' Jack Flash" de su final. Una canción que abría su primer disco tras Los Rodríguez, aquel grabado con los míticos Attractions, y que es todo un clásico por sí mismo del rock en castellano. Pero antes de cerrar el set principal con ésta, nos sedujo una vez más con la mágica cadencia de la inconmensurable "Me estás atrapando otra vez". Por muchas veces que la escuche en directo, siempre me deja sin palabras.

Los bises fueron terreno de Los Rodríguez, concretamente de algunos de sus mayores himnos, que para sorpresa todavía de algunos, fueron compuestos por nuestro protagonista a pesar de conocerlos en voz de Andrés Calamaro. No obstante, muchos estamos ya acostumbrados a las versiones del propio Ariel, que siguen sonando tan potentes y descaradas como en los discos. Me estoy refiriendo a la dulcemente dolorosa "Dulce condena", a la festiva y desprejuiciada "Milonga del Marinero y el Capitán" o a la atemporal y siempre infalible (no termina de cansarme y eso que la he escuchado hasta la saciedad) "Mucho mejor". Tres tótems que la crítica de la época definió como lo más destacado del rock latino, aunque estaría mejor quitarle ese manido sobrenombre porque derrochan, por encima de toda etiqueta, la garra y el espíritu legendario del mismísimo Chuck Berry

La ovación se extendió sin ningún esfuerzo ni impostura después de que Ariel llamara a Zaragoza la ciudad del rock y la chacarera, en clara alusión a nuestro querido Mauricio Aznar. Sonaba "That's Life" de fondo mientras la banda se despedía aparentemente satisfecha y los "jóvenes" rockeros que poblábamos la sala la abandonábamos convencidos del valor de esa clase y saber estar de uno de nuestros iconos y referentes que, casi sin pensarlo, cumple cincuenta años soltando incansables y eternos riffs al vuelo.