Belleza y serrín: “fig. 2”, el nuevo EP de Raúl Bernal, artesano de canciones


Por: Guillermo García Domingo. 

Cuando en otoño tuvimos la suerte de encontrarnos con Quique González en la Gran vía además de confesarnos la admiración que siente por el músico murciano (afincado en Granada), también nos advirtió de que estuviéramos pendientes de las nuevas canciones de Raúl Bernal.

A finales de año, efectivamente, el artista en nombre propio, no bajo otras denominaciones o proyectos compartidos, ha publicado en las plataformas musicales su nuevo EP, “fig. 2”. Su título subraya que es la continuación del publicado en 2022, “fig. 1”. La discreción del título es muy elocuente, al igual que el encabezado horizontal de la página de Bandcamp en la que se puede escuchar y adquirir el EP, algo que hay que hacer sin tardanza. En la fotografía del encabezado el rostro de Raúl apenas se deja ver absorbido por la sombra, da la impresión de que se asoma y después regresa al cobijo de aquella. 

Raúl Bernal no quiere hacerse notar, prefiere la vida escondida a la que el artesano se entrega vocacionalmente. Ha adoptado la música no tanto como una de las más destacadas bellas artes, aunque también, sino como una expresión de las artes aplicadas, a las que William Morris restituyó en su prestigio. Es un músico de taller, que forja canciones de una belleza desacostumbrada. Esta actitud circunspecta parece estar reñida con su prolífica dedicación a los proyectos ajenos: de gira actualmente con Quique González, con quien grabó uno de los mejores discos de 2025, ha producido recientemente el esperado disco de 091, que saldrá a la luz en febrero, lo mismo que hizo antes con Diego Vasallo, y el disco homenaje a Berrio.

¿Qué tendrá Raúl Bernal para que todos recurran a él? En este nuevo EP pueden encontrarse algunas razones, aunque sospecho que es esa “visión” a la manera de Blake, de la que dispone Raúl, es lo que buscan los demás compañeros de profesión en el músico de Granada

No es habitual disfrutar de una obra como ésta que aúna la sensibilidad poética y la musical de forma tan sobresaliente. Este EP huele a serrín. En algunas canciones se dejan oír los crujidos y silbidos las “herramientas” de taller-estudio, tal y como ocurre en la primera canción, “la mañana”, en la que el leitmotiv del piano es el único acompañamiento a la voz de Bernal, menos áspera que la de Jean Paul (el pseudónimo de su anterior proyecto) que dio por concluido en 2020 y más predispuesta que nunca ha adoptar melodías. El propio músico la describe así, “en mi garganta la arena, en mi lengua la cal”, en este tema en el que defiende al modo de Thoreau, autor de “Walden”, el beneficio que obtiene el creador de canciones de la vida natural y retirada. Raúl Bernal construye canciones con la paciencia y sabiduría de un carpintero, realizando todas las tareas que el mueble requiere, tocando todos los instrumentos excepto el bajo en algunas canciones. ¡Thoreau construyó él solo su propia cabaña cerca del lago, con un hacha prestada! La música, aunque pueda parecer engañosamente intangible y abstracta, se trata de un fenómeno físico, hay que frotar la materia para producirla, golpear la madera crecida y cortada en el bosque, el sonido no deja de ser la sensación provocada por las consecutivas vibraciones que conmueven nuestros tímpanos membranosos. 

Otra diferencia de este segundo EP respecto a su etapa de Jean Paul en la que era mayor la impronta de la guitarra, y también la deuda con Leonard Cohen y otros cantautores anglófonos, es que ahora prevalece el piano, el instrumento idiosincrásico de Raúl Bernal, solapándose en multitud de ocasiones con la guitarra. Es algo inusual, puesto que normalmente la herramienta del oficio de cantautor es la guitarra, y no el piano. 

Hay excepciones al predominio del piano como en “un vacío entero”, aunque después se suman el piano y el resto de instrumentos a su debido tiempo. El tempo sin prisa y el acierto melódico son tan completos como el vacío existencial al que alude la canción, recurriendo para ello a elementos sencillos de la naturaleza silvestre. Si en otras ocasiones Raúl ha abrevado de aguas más turbias en sus anteriores canciones, en este momento de su trayectoria el agua del río baja cristalina. Raúl Bernal se identifica como “un cantor” de pedregal y limonero, donde resuena la lírica enraizada en la tierra y sus desvelos, en la estela, por supuesto, de Miguel Hérnandez, Claudio Rodríguez y su primer “Conjuro”, y el retiro levantino en su finca de Oliva de Francisco Brines y los frutos poéticos que aquellos árboles ofrecieron. “un fuego eterno” y “un puente de barro” demuestran la destacada faceta poética del compositor, en la que irrumpe como novedad una segunda persona cargada de misterio en la letra del poema. La intrínseca belleza del texto de “un puente de barro” es exaltada todavía más por una melodía a la misma altura. La vulnerabilidad que destila esta canción requiere de una valentía poco habitual. Si prestas oído es posible escuchar el eco de Cohen en esta canción compuesta por Bernal. “no todo es permanecer” apunta que Raúl también sabe coser estribillos certeros y exultantes como el siguiente: “Si todo aquello que viste son escombros/ o hay tantas canciones tristes que evitas silbar./Donde esté el barlovento da tu espalda/y suéltate al viento que no todo es oscurecer,/no todo es oscurecer”. “la montaña” y todos las promesas que ella alberga, representa en definitiva una arcadia rural, frente al desengaño utópico. 

La última canción del EP muestra un carácter más narrativo. La aparición congruente de la segunda voz de Laura Fernández tiene que ver con que está enunciada en la primera persona del plural. No es un retiro solitario. El refugio para componer y vivir es uno de los motivos recurrentes del disco. Seguramente debido a ello, este EP actúa asimismo como un extraordinario refugio (no tanto el de un eremita, sino “con todas las puertas abiertas”) en el que procurar resistir en estos “tiempos salvajes”.

Hay discos oportunos, se publican en el momento preciso, otros necesarios en virtud de lo que denuncian, otros son dionisíacos, apropiados para celebrar la vida y festejarla, mientras que otros, como el que ha publicado hace solamente unas semanas Raúl Bernal, “fig. 2”, son, sencillamente, bellos hasta no poder más. Esta es su carta, pero es una carta ganadora, invencible. Si la encuentras, guárdala en un bolsillo al lado del corazón, en algún momento, todavía incierto, te salvará la vida.