Por: Javier Capapé.
La dualidad está presente en todo. Nada tiene una visión o postura única, y ninguno de nosotros nos libramos de esa dualidad. Somos ángeles y demonios, lindas y fieras. Almas duales que muestran cada una de esas caras cuando las circunstancias lo requieren. Elena Villa, la artista más conocida como Ede, acaba de plasmar esta dualidad a la perfección con su nueva criatura, "Fieralinda", un disco estructurado en dos partes donde nos muestra cada una de estas caras.
Su parte más fiera abre el lote con seis canciones dominadas por la electrónica minimalista, pero donde por encima de todo se impone su sedosa voz. Desde "Mi criatura fiel" se vislumbra un juego sonoro que traza puentes entre tradición y modernidad, algo que se termina de moldear en "Esa piel tuya", canción que puede llevarnos hasta aquel "Cable a Tierra" de Vetusta Morla que sabía mezclar también con maestría estos dos mundos.
Como plasma a la perfección su letra, "Deseo" es como "un caballo salvaje, una dulce embestida, el temblor de una estampida". Armonías soul con bases melódicas que cautivan tanto como agitan nuestras entrañas hasta llevarnos a "Mamá, me he cansado", que podría definir el espíritu general de esta primera parte del disco, donde nuestro yo más salvaje se permite sentir rabia sin miedo mientras los "lalalás" que dibujan su estribillo consiguen amarrarnos a esta tonada como si nos hubiera acompañado desde la cuna.
"La Vereda" nos cuestiona e interpela. Todos nosotros podríamos haber dicho en más de una ocasión en este turbulento tiempo de altos vuelos y poca alma ese "no sé si encajo en esta maldita velocidad". Las palabras justas con una interpretación desgarrada y sentida. Finalmente, y para callar a esta fiera, Ede entona "Dolerme a gusto", con una cadencia hipnótica y un final en el que los vientos nos llevan hacia su propia redefinición libérrima del jazz vocal.
Julio Martín, Sergio Fernández y Mario Carrión, bajo el nombre de Bela Transa, han producido junto a la propia Ede estas canciones que se convierten en una nueva forma de entender el arte, pues estos temas por sí mismos son solo el principio de un camino que Ede pretende llevar más allá en presentaciones en directo totalmente libres, más cerca de la experiencia teatral que de un concierto al uso. Aunque para eso vamos a tener que esperar, porque mientras la atípica gira de "Fieralinda" arranca tenemos mucho por degustar todavía a lo largo de estos surcos. Empaparnos de toda su simbología. Aprehender con cada gesto y sentimiento hechos canción.
Así comienza "Linda", la segunda parte de esta experiencia. Mucho más orgánica y con predominio de lo acústico. Ede se desnuda y junto al piano afirma: "una parte de mí sobrevive porque la has amado". "Amor raro" es puro sentimiento despojado de efectos y en esa misma línea que apuesta por la pureza está el resto de esta cara. Las guitarras arpegiadas de "Gigante", con la inestimable presencia de Alice Wonder, nos llevan hasta los años en los que compartieron escenario juntas con Xoel López, y también la guitarra desnuda mueve "Menos mal", que comienza con formas de copla y va tomando cuerpo mientras se acerca al estribillo. En "Mujer de agua" y "El Rosal" es el piano el que conduce (en esta última además con la colaboración de la pianista Clara Peya), mientras que el broche final lo pone "Mirlo pardo", algo más adornada que las anteriores, con leves efectos vocales y sintes cogiendo cuerpo en su desarrollo final. "En la boca de mi estómago pelean a muerte un mirlo pardo y una pantera". De nuevo la dualidad que todos llevamos dentro, el mirlo lindo y la pantera cual fiera atrapada deseando salir e imponerse. Dos mundos que conviven en todos nosotros, que se dan la mano y cohabitan inevitablemente.
Con "Fieralinda" Ede se nos muestra fuerte y decidida, el miedo no le domina. Es libre y ruge cual fiera, aunque sin perder su voz aterciopelada que le define. No sabría si afirmar que éste es el disco con el que consolidar una carrera que se ha ido abriendo camino discretamente desde aquel "Lucero", porque quizá no sea un disco al uso, sino más bien una experiencia que se completará al compartirla de tú a tú con sus oyentes. Pero desde luego que estas canciones acarician tanto como arañan y no nos dejan una vez nos entran dentro.



