Fotografías: Gustaff Choos.
Ante un pasado glorioso, repleto de grandes discos e inmensas canciones, cada nuevo trabajo de estudio se presenta como una encrucijada de difícil resolución. Los peligros son múltiples y la posibilidad de un traspiés es más que evidente, sobre todo si uno decide mirar exclusivamente atrás, cayendo apabullado ante una singladura donde la alta literatura y el rock se han fundido a la perfección durante décadas, rozando siempre cotas de máxima categoría.
Un problema mayúsculo que sería común para gran cantidad de bandas, pero que nuestros queridos 091 han sabido manejar a las mil maravillas, aprovechando el poso de los años y su sabiduría musical para facturar un álbum que mira de frente a sus grandes obras pasadas, en el que siguen fieles a sus eternas coordenadas sonoras, a las que sabiamente añaden un matiz contemporáneo con el que continuar haciendo de la duda un arte que se balancea entre la realidad y el sueño.
Y ahí, bajo el sol de justicia de su eterno duelo, aparecen los cero, rigurosamente vestidos de negro, demostrando sin jactancia lo fácil que les resulta juntar actitud y grandes canciones, presentándolas como si de un truco para impresionar niños se tratara, mientras el resto nos quedamos con la boca abierta pensando: “¿Cómo demonios lo han vuelto a hacer?”.
Os dejamos en compañía de la charla que mantuvimos con la que sigue siendo la mejor banda de rock de nuestro país.
Hace apenas unas semanas vio la luz “Espejismo Nº9”, el noveno álbum de estudio de vuestra discografía, para una banda en cuyas letras la duda es un arte. ¿En algún punto del camino se tuvo la certeza de poder llegar a este número de trabajos?
José Ignacio: Ya sabes que nuestra historia es un poco azarosa y tiene una característica especial, pasamos a mejor vida hace unos años y después resucitamos felizmente. Cuando pasamos a mejor vida, no pensamos que habría una segunda oportunidad veinte años después. Era impensable. De hecho, grabamos un disco llamado “Último concierto”, al titularlo así creíamos firmemente que sería el último. Los azares de la vida y también la intervención divina nos llevaron a resucitar en 2016, un momento donde tampoco teníamos claro seguir grabando. En principio íbamos a celebrar el vigésimo aniversario de nuestra separación con un año de gira, fue al acabar cuando decidimos volver como entidad creativa, componiendo canciones y grabando nuevo material. En 2017-2018 cuando decidimos volver a la vida creativa.
Desde vuestro anterior “La otra vida” han pasado más de seis años, un tiempo en el que habéis seguido girando y llevando a buen puerto otros de vuestros proyectos individuales, pero, aún así, es un trabajo que queda lejos. ¿A qué se ha debido tanto tiempo entre disco y disco? ¿Acaso las circunstancias que rodearon la salida de la otra vida con la epidemia de Covid-19 azotando supusieron un pequeño golpe para la línea de flotación de la banda?
Jacinto: Ha influido definitivamente. Date cuenta que la pandemia nos pilló con “La otra vida” recién salido. Andábamos arrancando la gira de presentación cuando llegó el confinamiento y hubo que suspender todo. La pandemia nos golpeó directamente, murió nuestro antiguo mánager y familiar de Tacho, el tío Paco. Y José Antonio estuvo muy mal. A todo el mundo nos supuso una parada, se comenta muchas veces como que no se cuentan esos años. En esa cuenta que tú haces, quizás pasa eso, hay dos años que fueron nulos. Además del tema de las carreras en solitario, la pandemia ha jugado un papel fundamental en la dilatación de tiempos.
¿En qué momento y de qué forma comenzaron a surgir las canciones que han dado vida a este “Espejismo”?
José Ignacio: Las canciones empiezan a surgir cuando terminamos de presentar “A primera sangre”, mi disco en solitario, donde también me acompañaba Jacinto, quien es parte de mi banda. En 2024 se cerró con un concierto del aniversario por la reedición de “Ladridos del Perro mágico”, al acabarlo nos pusimos manos a la obra. Quizás antes, ya que estábamos perfilando ideas en los ensayos y viendo temas. Básicamente, todo ocurrió entre octubre de 2024 y julio de 2025. Hemos seguido un sistema de grabación novedoso, puesto que conforme iban saliendo los temas en el local, nos íbamos al estudio y grabábamos, han sido varias sesiones a lo largo de los meses. Todos teníamos en mente que ya tocaba sacar nuevo material, pero hasta que no salen las canciones es un puro ejercicio de voluntarismo. Hay que esperar que hagan acto de aparición.
Entiendo entonces que lo que ha pasado a mejor vida es el mito de las letras que José Ignacio remataba en el mismo estudio de grabación.
José Ignacio: No es un mito. Es una realidad histórica. Tacho lo sabe. En los años ochenta solíamos grabar nuestros discos en estudios de Madrid y más de la mitad del repertorio de cada Lp se componía allí en el mismo estudio. Solía quedarme en la sala de fuera terminando letras. En este disco no ha ocurrido, he ido con las canciones acabadas. Creo que a todos se les ha dibujado una sonrisa de satisfacción al ver que los temas estaban terminados.
Tacho: Antes lo pasábamos un poco mal. Bueno, realmente no lo pasábamos tan mal, ya que nos dedicábamos a hacer otras cosas. Es verdad que José Ignacio estaba como quien se examinaba al día siguiente, se tenía que ir al hotel para encerrarse y rematar.
José Ignacio: Al que peor le venía era a José Antonio, cantar una canción con una letra recién escrita que no te ha dado tiempo a interiorizar es un problema. En este caso no hemos tenido ese problema, había letra y música.
Hay un cambio sustancial en la banda que tiene que ver con la partida de Víctor Lapido, cuya figura sustituirá en directo otro miembro de la familia como Víctor Sánchez, una figura de plenas garantías. ¿De qué forma ha modificado a vuestro juicio el sonido de la banda, ahora que todas las guitarras que suenan son fruto de la pericia del maestro José Ignacio?
José Ignacio: Efectivamente. En este lapsus de tiempo desde “La otra vida” hasta ahora ha supuesto la salida de la banda de mi hermano, Víctor. Eso quieras que no, ha retrasado todo el proceso. Son circunstancias que se dan en la vida de los grupos. Se entra en una inercia con una serie de movimientos que hacen que las cosas no marchen todo lo bien que deberían y se tienen que tomar decisiones. Fruto de esas decisiones, mi hermano deja el grupo y nos vemos reducidos a cuarteto. Hemos grabado el disco entre José Antonio, Jacinto, Tacho y yo, con la inestimable ayuda de Raúl Bernal, tocando teclas y a las labores de producción. En los directos el lugar del segundo guitarrista lo ocupa Víctor Sánchez, era la opción lógica, le teníamos a mano, es un grandísimo guitarrista al que conocemos desde hace años y en directo será el otro guitarrista de los cero. Es cierto que he grabado todas las guitarras, cosa que ocurría en los discos de los ochenta y los primeros de los noventa, así que eso no es una cosa tan novedosa.
Imagino que esa cuestión habrá hecho que el trabajo con las bases rítmicas haya sido distinto.
Jacinto: Hemos ido construyendo desde abajo. En esta ocasión hemos trabajado mucho con Raúl, que venía a los ensayos. En los ensayos se definían las bases desde el principio. De entrada, sabíamos que solo había una guitarra, para luego haber más en el estudio, pero el método tenía presente hacer un buen sustento para meter más capas a posteriori.
Tacho: Hay canciones que se nota que están hechas así, por ejemplo “Antes de que salga el sol”, Ese tipo de composiciones han quedado como muy sintéticas, se nota que hemos dejado espacio. Cuando había dos guitarras llenábamos todo, ahora hemos dejado que las canciones respiren bastante.
“El licor que sale de nuestras canciones es distinto al de hace veinte años”
Ya ha salido a relucir varias veces en la conversación, pero no podemos negar el trabajo realizado por Raúl Bernal, tanto en los teclados como en la producción, una suerte en la que cada vez va teniendo más renombre.
José Ignacio: La producción es una cosa muy delicada. Las canciones las aporta la banda y los arreglos principales también, pero, con buen tino, cualquier artista necesita una visión externa de alguien que actúe de director de orquesta. Que ponga las cosas en su sitio y que alargue y acorte los temas. Muchas veces el artista no se da cuenta de dichas necesidades porque ha repetidos doscientas veces la misma canción. Tiene que ser alguien con sabiduría musical y conocimiento quien te diga lo que es redundante, omisible o brillante. Para dicha labor puedes coger a alguien con gran currículum, pero que no conozcas, pudiendo surgir problemas en el estudio de convivencia. O decidirte por alguien en quien confías, que es amigo, compartes gustos musicales y con el que hemos trabajado en infinidad de veces y sabemos que no habrá problemas ni el trato personal ni en lo musical.
Tacho: Muchas veces te ofrecen un nombre gordo para que ayude a la promoción. Nosotros no lo necesitamos. Lo teníamos bastante claro. Raúl es perfecto por todo. Lo primero porque confiamos en él. Es un músico de la hostia. Y luego, como dice José Ignacio, tenemos gustos similares. Existe la opción de trabajar con él en el día a día. Si te traes a un productor americano cuatro semanas y la cosa va mal, va mal. Con Raúl hemos podido hablar infinidad de veces.
José Ignacio: En el tema de las canciones es importante hablar sobre ellas, no solamente tocarlas. Hay que llegar a una conclusión sobre dónde debe ir el tema.
Jacinto: Además, con Raúl teníamos un ejemplo muy reciente como fue “A primera sangre”, el disco de José Ignacio en solitario, donde estaba en la producción. No tiene una larga trayectoria, algo que poco a poco va haciendo, como tú bien dices.
“Desde que volvimos estamos luchando contra la nostalgia”
Espero que no suene peyorativo, porque nada más lejos de la realidad, pero a mí esta nueva colección de canciones suena de lo más familiar, mostrando lo mejor de las distintas caras de 091: su vena punk, los rocks de riffs poderosos y las canciones más confesionales tornadas en medio tiempos de bella factura. ¿Hasta qué punto es complicado no traicionar al pasado y seguir sonando convincentes y auténticos en el presente?
Tacho: Es complicadísimo. Nosotros desde que volvimos estamos luchando contra la nostalgia. La gente tiene unos recuerdos ligados a nosotros, los han idealizado. Tienen un recuerdo transformado contra el que hemos venido a luchar. Ha sido una labor monumental. Tanto en el disco en directo como también en el anterior de estudio estábamos en el buen camino sin conseguirlo, pero éste trabajo es incontestable. Demuestra que si hemos decidido quedarnos es porque teníamos cosas que decir. Sentimos que es así. “La otra vida” está muy bien, pero no teníamos el convencimiento. Ahora podemos presentarnos ante la gente y enfrentarnos a nuestra leyenda para vencer a la nostalgia.
José Ignacio: Hemos asumido con todas las consecuencias que no podíamos retomar la historia donde lo dejamos en el 96. Era un ejercicio absurdo. No somos los que lo dejamos en el 96. Han pasado muchos años físicamente y mentalmente, pero también musicalmente, que es lo importante. Querer retomar aquello, cosa que algún seguidor echa en falta, es imposible. Hay una evolución. No queríamos sonar a pasado, sí a presente. Las raíces, las patas en que se sustenta el edificio de 091, nuestras patas, siguen ahí. Nuestras influencias: el rock de los sesenta, el punk-rock, la new wave, el blues y el rock and roll, siguen aquí, destilados por el tiempo. El licor que sale ahora es distinto al de hace veinte años. Debe ser así.
Vamos a hablar un poco de canciones, si os parece. Vaya flipada pantanosa, bluesera y pesada os ha salido en “Dormir con un ojo abierto”.
José Ignacio: El mensaje flota en varias canciones. El hecho de que la fina línea que separa la realidad y la ficción en estos tiempos sea tan difusa hace que tengamos que estar alerta. Alerta a los mensajes del poder, en las mismas noticias del día a día… los ejercicios de librepensamiento son más necesarios hoy en día, más que nunca. Es el trasfondo está en “Dormir con un ojo abierto” pasado por una batidora de imágenes casi góticas: enterrador, Adán y Eva…
Y si no miramos a “Antes de que salga el sol”, toda una declaración a los parias de la tierra y a los sin nombre, que junto a “Algo parecido a un sueño” nos hacen pensar que se trata de vuestro disco más onírico que no sé si también el más surrealista…
José Ignacio: El surrealismo está presente. Para mí siempre ha sido una influencia, tanto la escritura como las artes plásticas, a la hora de hacer las letras de las canciones. El concepto que se difumina: espacio-temporal, realidad-ficción, vigilia-sueño, todas esas dualidades están muy presente en las canciones.
Tacho: Ha ocurrido una cosa. La realidad está superando a la ficción. Antes las letras de José Ignacio hablaban de un futuro distópico, aquel “futuro imperfecto”, se han convertido en realidad. El tema de la ensoñación-realidad ha estado en sus letras, pero ahora ya no sabemos qué es realidad y mentira. En sus letras en solitario como “Nada más por Hoy”, han aparecido. De pronto la realidad es indescifrable. Nos vemos en la obligación de ver qué es ficción y qué no. La realidad nos ha pillado con este disco, que no deja de ser lo de siempre convertido en actualidad.
Aunque debo confesar que desde el principio la que más me llamó la atención por su vena punk fue “Nadie quiere oír tu llanto”, un conjunto de imágenes potentes con sabor a sangre en la saliva.
José Ignacio: Del repertorio de este disco es la que tiene un toque más punk-rock. Acelerada y con las guitarras más punzantes. Originalmente la imaginé como una historia colectiva, protagonizada por varios personajes que conformaran un mosaico que hablara de una realidad concreta. Se suponía que iban a ir cuatro personajes en cuatro estrofas, finalmente, por las cuestiones que ocurren en las canciones, se ha quedado en tres. Los cuatro personajes iban a llamarse como los cuatro evangelistas, al quedar en tres, cambié los nombres. Tres historias distintas, resumidas en el estribillo. Me parecía una forma novedosa de escribir una letra de canción.
“Sufrimos la incompetencia de la industria española durante muchos años”
Me ha gustado mucho el arte de la portada, obra de Miguel Navia, está a mitad de camino entre el callejón de espejos deformados de “Luces de Bohemia” y “Metrópolis” de Georg Grosz, una referencia esta última que muestra la alienación del hombre y su camino de autodestrucción. ¿Qué queríais reflejar con la misma?
Jacinto: Cuando nosotros contactamos con Miguel Navia para la portada le pasamos los textos de las canciones y le dimos total libertad. Al enseñarnos el resultado nos gustó bastante. Creo que como tú dices refleja muy bien toda la parte onírica de José Ignacio y el surrealismo. Tuvo libertad total para su trabajo.
Tacho: Históricamente hemos tenido mala suerte con las portadas. Ahora, afortunadamente, se cuida todo mucho, pero nosotros nos hemos llevado auténticos sustos. Nos fabricaban discos con otras portadas. Ahora estamos tratando de cuidarlo más. El surrealismo ha sido una auténtica referencia para nosotros, figuras como Magritte, Dalí y Chagall. Recuerdo cuando en los años ochenta cuando íbamos los cuatro al museo Dalí de Figueras, flipábamos con el “Mae West”. El surrealismo siempre ha estado entre nuestros referentes gráficos. Nos hubiera gustado tener más portadas así, pero sufrimos la incompetencia de la industria española durante muchos años.
José Ignacio: A Miguel Navia le habíamos seguido como el importante artista gráfico que es en España. Nos gustaba su estilo, el uso del claroscuro. Su forma de retratar la noche urbana, los personajes que deambulan por las calles. En un momento dado pensé que casaba bien con la idea general que flota en nuestros textos. Fue una suerte que aceptara nuestra proposición. El resultado nos flipó a todos desde los primeros apuntes. Ha tenido total libertad, como ha comentado Jacinto, Él escuchó las canciones y leyó los textos, lo que le sugirió todo aquello aparece, hay también connotaciones mitológicas que aparecen. El Atlas llevando el mundo sobre sus hombres, las hespérides en forma de estatuas rotas a sus pies, es cosecha propia de lo que le sugería. Me parece magnífico que las artes interactúen entre sí. Es un ejercicio magnífico.
A cada disco vuestra enorme colección de gemas hechas canciones aumenta. ¿Cómo va el tema de ajustar el repertorio de la gira? ¿Hay mucho debate acerca de cuáles deben entrar y aquellas que no?
Jacinto: Siempre es difícil. Y cuanto más discos tiene una banda, más. Al final hay que quitar alguna que hemos tocado en los últimos años para meter las nuevas. Tocaremos bastantes del disco actual, pero también vamos a recuperar canciones del siglo pasado. Somos capaces de abrir hueco para temas conocidos de antes. Debate no ha habido. Hemos ido eligiendo. Ha habido poca duda.
Tacho: Hemos probado algunas que hacía tiempo que no tocábamos y nos hemos quedado con las que más no llenaban.
José Ignacio: Ha habido protestas, sobre todo por mi parte. Decir “esta es difícil de tocar”. No toco ahora como en los noventa. Ha habido que ponerse manos a la obra. Ha habido que echar horas a alguna de las que hemos recuperado.
Ahora que ya todo sois señores de madura edad, ¿cómo es un viaje de varias horas en la furgoneta de los 091?
Jacinto: Voy casi todo el rato dormido, que te cuenten ellos. (Risas)
José Ignacio: Es como un niño chico. (Más risas)
Tacho: Nos conocemos mucho. Conozco a José Ignacio y a Jacinto desde que teníamos seis años o menos.
José Ignacio: Íbamos al mismo colegio, Jacinto era menor. A José Antonio le conocimos más tarde. Llevamos una vida juntos.
Tacho: Sabemos nuestras manías y lo que tenemos cada uno. Nos reímos de nosotros mismos. Somos gente razonable. Sabemos lo que es ir en una furgoneta. Los viajes son agradables. Viajamos muy temprano, echamos una siesta y al espabilarnos hablamos de política, criticamos, amigos comunes. A veces paramos, nos tomamos una cervecilla y la cosa se anima un poco más.
Jacinto: Tenemos la suerte que el road-mánager es otro más de la familia que es Juan Carlos Alcalá, otro más de la familia.
Tacho, ¿no te da por criticar al cuñado en los viajes?
Tacho: Al cuñado… no. Antes de cuñados, éramos amigos.
“Vivimos con la esperanza de que surjan bandas con influencias como las nuestras”
Citaré a Ivá en palabras de su eterno Makinavaja, cuando dice aquello de “en este mundo podrido y si ética, a las personas sensibles solo nos queda la estética”. Y los cero siguen respetando la estética rockera, el riguroso negro, complementado ahora con el blanco de las canas, algo que últimamente se ha echado a perder.
José Ignacio: Quedan algunos románticos afortunadamente. La estética es importante, aunque el refranero español diga lo contrario: “el hábito no hace al monje”, pero no estoy de acuerdo. Nos tomamos en serio el tema estético. Ya no hacemos esas fantasías capilares que muestran la fotografías del año 82-83. En aquella época estaban de moda Stray Cats con aquellas construcciones capilares acojonantes de Brian Setzer.
Tacho: Me acuerdo el día que nos pusimos los tupes en un hotel en Madrid. José Ignacio tenía el pelo a lo afro. Llegó y dijo: “¿Por qué no nos hacemos un peinado a lo Robert Gordon?”. Se sacó un peinado del pelo afro.
José Ignacio: A finales de los setenta, principios de los ochenta, hubo un revival del rockabilly de donde surgió el punkabilly, juntándose la estética punk y la estética clásica de los cincuenta. Nos gustó mucho y tiramos por ahí. De aquello solo conservamos el negro. Vamos a ser “men in black” hasta el final.
Tacho: Tú dices que somos los últimos jinetes del apocalipsis, pero vivimos con la esperanza que surjan nuevas bandas con influencias como las nuestras. Jacinto y yo estuvimos viendo a los Sharp Pins que nos encantaron, me veía reflejado en ellos. Quizás sea una esperanza vana, pero me gustaría que vuelva todo al momento previo a la aparición al reggaetón. Sé que no va a pasar, pero vivimos con esa ilusión.
Otros que molan bastante y son insultantemente jóvenes son The Molotovs, una hermana y hermano de Londres.
Jacinto: Buenísimos.
Tacho: Tocaremos en el festival Murmura con ellos. Jacinto ya los ha visto, el resto estamos deseando ir a verlos allí.


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