Por: Guillermo García Domingo.
Hace un par de meses nuestra revista entrevistó a Chencho Fernández, el magistral músico sevillano, quien, no sin cierto enojo, defendió que el punk no nació en la Inglaterra del descontento, sino en Nueva York (que como todo el mundo sabe no está en EE.UU.) Incluso se podría concretar aún más, y situar el epicentro del terremoto punk en el barrio de Queens, de donde eran este grupo de chavales inadaptados que se hicieron llamar los Ramones, haciendo un guiño más o menos manifiesto a los Beatles. No obstante, habría que evitar subestimar el papel que desempeñaron otros grupos norteamericanos a la hora de generar la situación propicia para la aparición disruptiva del punk, en su doble expresión, como actitud existencial y como movimiento musical.
Para aquilatar su firme punto de vista, Chencho recurrió, naturalmente, al mejor oráculo (blasfemo) que existe, la biblia de “Por favor, mátame”, la historia oral del punk reunida por McNeil & McCain. Además de este libro, he consultado el cómic francés “One Two Three Four Ramones” de Cadène/Bétancourt y Cartier (dibujante).
La decepción social de los jóvenes con la generación de la posguerra que les precedió, y sus valores cada vez más mercantilistas y conservadores, no era un fenómeno exclusivamente británico o europeo, en Norteamérica también existía, y fue uno de los elementos desencadenantes de la contracultura. De la que los Ramones fueron una expresión salvaje y directa. Un “ataque relámpago” como el de la sempiterna canción inicial del álbum (“Blitzkrieg Bop”). Dee Dee, Joey, Tommy y Johnny, especialmente el primero y el último, provenían de la marginalidad. Cada uno de ellos gozaba de una personalidad carismática, muy diferente a la de los restantes miembros, lo que conduce a pensar que fue algo milagroso el hecho de que convergieran con el fin de realizar este disco y que siguieran tocando más adelante, pese a las disensiones que siempre caracterizaron la convivencia dentro de la banda. Su álbum de debut contiene temas dedicados al malvivir de yonquis, así como alusiones a la prostitución masculina y a la violencia callejera. Debido a esta “honestidad brutal”, los Ramones representan, sin duda alguna, la iconoclastia juvenil más descarnada y auténtica. Resulta tan desconcertante como hermoso que esta panda de jóvenes inadaptados disfrutara de tanto éxito.
Y para conseguirlo les bastó media hora. El resultado de apenas dos días de grabación. Ninguno de los catorce temas se extendía más de dos minutos y medio. Se trataba de “salir y tocar”, según Danny Fields. Ese fue el consejo que les ofrecieron a los miembros de The Clash, antes de que los británicos se constituyeran como banda, durante su gira británica, unos meses después de la publicación en abril de este disco homónimo. Aunque la música de los Ramones ha nacido para ser interpretada y experimentada en vivo, esta grabación es intachable, y transmite esa naturalidad y esa ausencia de sofisticación impostada que los Ramones hicieron suyas.
Perdura demasiado la engañosa impresión de que los Ramones eran unos músicos aficionados, pero, con el paso de los años resulta incuestionable que tomaron decisiones acertadísimas: que Tommy se pusiera a la batería, aunque después fue el primer Ramone en largarse, el logotipo inolvidable que diseñó Arturo Vega, un tipo fascinante, sin el cual no se puede entender a los Ramones, su vestimenta que quedó para siempre retratada en la fotografía de la portada, realizada para la revista Punk por Roberta Bayley, y por encima de todo ese rasgueo continuo, a una velocidad vertiginosa, de las cuerdas de la guitarra, como si la mano fuera la dinamo que sostenía el funcionamiento de aquella, y no la electricidad a la estaban enchufados los instrumentos. También es verdad que cuesta creer que, en esa “cueva infame”, alguien describió así este local del Bowery, pagaran religiosamente la factura de la luz. Ellos patentaron para siempre esta forma de tocar. Conviene decir que los Ramones renovaron el legado de los Beatles, de los Eagles y sus armonías vocales, ¡y la pasión por el surf!, y también está en deuda con otros grupos y artistas precursores del rock de principios de los sesenta. Sabían lo que hacían más de lo que piensan algunos resabiados.
Hay que agradecerles a Los Ramones que no se lo pensaran dos veces, que salieran y tocaran. Desde el momento que lo hicieron se quedaron en nuestras vidas. Han transcurrido 50 años, y todavía siguen ahí, sobre el escenario, eternamente jóvenes, dispuestos a no hacer caso a nadie.




