¿A quién se le ocurre montar una nueva banda de rock en estos tiempos
urgentes, hiperdigitalizados e individualistas? Miguel Marcos y Pablo
Valero han convertido esa pregunta en el debut homónimo de Nueva
Tragedia. Un álbum que reúne nueve canciones que funcionan como un
mapa emocional que dialoga con el ruido contemporáneo, la cultura
pop y la rutina líquida de nuestros días.
Los cinco singles publicados hasta ahora, “Diazepam y rosas”, “Nuevas
formas, viejas ideas”, “Dramaturgia, corazón”, “Devuélveme Berlín” y
“La cara B del amor”, ya habían definido una identidad clara, guitarras,
bajo, batería y sintetizadores con mucha rabia, que van del pop a la
electrónica, del Berlín nocturno al amor doméstico, de la ansiedad a la
pista de baile, de la escritura irónica, crítica y retorcida a la nostalgia
como forma de vida.
El universo del disco se amplía con nuevas composiciones: en
“Mitología pop” y “Pretérito imperfecto”, ambas con la colaboración de
la cantante Nat Simons, el imaginario cultural del siglo XX y XXI se
convierte en inventario emocional, ídolos, mitos y símbolos
contemporáneos para recordarnos que todo lo que amamos lo
perdemos, tarde o temprano. A ellas, se les unen “Paraíso Low Cost”
que disecciona el capitalismo afectivo y la felicidad impostada con un
estribillo luminoso y afilado, y “Ostinato en Abisinia”, que se adentra en
la memoria, la cancelación y la identidad desde una narrativa más
oscura y obsesiva, donde el spoken word y la electrónica buscan nuevos
caminos compositivos.
Co-producido por Luca Petricca, el álbum consolida el sonido de Nueva
Tragedia con una producción precisa y atmosférica. En definitiva, nueve
piezas que capturan el ruido, la furia y la emoción de nuestra época.
Lejos de resignarse, deciden bailar en medio de la tragedia
contemporánea: intensa, irónica y absolutamente irresistible.



