Brigitte Calls Me Baby: “Irreversible”


Por: Javier González. 

Había muchas ganas de escuchar el nuevo trabajo de Brigitte Calls me Baby, la fenomenal banda estadounidense liderada por el carismático Wes Leavins, en buena medida gracias a las gratas sensaciones que nos dejaron hace casi un par de años con su debut, “The Future is our Way Out”.

Por aquel entonces, hablábamos de un trabajo llamativo, repleto de canciones notables y efectivas que individualmente funcionaban a la perfección, siendo capaces de recoger desde su particular interpretación influencias tan diversas como las de Elvis, Roy Orbison, The Smiths, el propio Morrissey en solitario, The Cure y nombres tan aparentemente alejados de sus postulados como Soda Stereo, pero que, sin embargo, escuchadas en su conjunto carecían de unidad, mostrando a una banda con enorme potencial que todavía debía decidir cuál era el viraje sonoro que tomaría definitivamente, elemento que considerábamos esencial para medir su potencial real a la hora de poder llegar a un público que por hechuras, estilo y calidad podría ser potencialmente muy amplio. 

Y en parte parece que los de Chicago han recogido el guante con este “Irreversible” en el que muestran una mayor seguridad y madurez como banda, dotando a la nueva colección de patrones relativamente más cercanos entre unas composiciones y otras, sin abandonar por ello una variedad que va desde la herencia guitarrera setentera al pop ochentero más abierto, reivindicando tanto a aquel que apostaba por guitarras cristalinas como al que jugaba con las secuenciaciones y bases, buscando asentarse en una sonoridades decididamente más modernas sin desdeñar una elegante accesibilidad, donde sus referencias siguen mostrándose presentes, sin ser evidentes, pero arriesgando al ser más decididamente bailables entre otros matices.

Si a ello le sumamos las habituales dosis de romanticismo con que regaron a su predecesor, una capacidad instrumental mayúscula y la prestancia vocal de un Wes Leavins que se postula en cada tema como un cantante de época, el techo de Brigitte Calls Me Baby parece poder estar muy arriba, algo de lo que parecen ser conscientes y que estar persiguiendo con humildad y tesón, no en vano en fechas relativamente recientes se les ha visto abriendo para Fontaines D.C. y Morrissey, palabras mayores, pero que bien podrían anticipar un futuro subidón en el escalafón, algo evidente a poco se rastree ciertas plataformas de escucha, donde sus números de reproducción se han duplicado en apenas unos meses. 

Dejemos las elucubraciones a un lado, vayamos a lo que realmente importa que se llama “Irreversible” y contiene auténticos bombazos como la inicial “There Always”, donde alrededor de la imposibilidad del amor abren fuego con un tema emocional y plagado de romanticismo, “Slumber Party” es una maravilla, mostrando a una banda con una pegada inusitada hasta el momento, flotando en el ambiente las ráfagas eléctricas de Television, abordando temáticas como el aislamiento, la ansiedad y el miedo con una interpretación llena de vulnerabilidad que retrotrae al mejor Morrissey, para a continuación empaquetar auténticos hits de pop-rock de alta escuela llamados “I Dance with another Love in My Dream”, donde la lírica pivota sobre los sentimientos inconscientes que llevan a pensar en otras personas cuando se está inmerso en una relación, y “The Pit”, en el que las secuenciaciones llevan el peso de un tema donde se coquetea decididamente con esa oscuridad que les emparenta con Depeche Mode, rematando un tema mayúsculo, en una línea similar se moverá “These acts of Which we´re Designed”, sin llegar a alcanzar cotas tan altas, todo sea dicho.

Girarán la mirada a los “dosmiles” con “Truth is Stranger Than Fiction”, aportando unas guitarras que buscan la herencia de los primeros The Strokes, previa al interludio que supone “Sillage”, anticipo nada velado para “I Can´t Have you all to Myself”, una canción relativamente minimalista que funciona a modo de balada, sutil y delicada, que a buen seguro tendrá un momento especial en sus conciertos, calma que antecede a otro tema con hechuras de bombazo llamado “I Can Take the sun out of the Sky”, un descarado rompepistas que funciona de principio a fin, adictivamente peligrosa y de la que es imposible escapar hasta la cuarta escucha seguida; “The Early Days of Love”, continúa ampliando la senda de las guitarras cristalinas retrotrayendo a lo mejor de la sociedad Morissey/Marr, escarbando con precisión en la pulsión interna de dos corazones que apelan a los primeros y puros días de amor, cerrando con “Send Those Memories”, donde la inseguridad, soledad y desamor vuelven a aparecer en un tema que se cierra con uno de esos quiebros vocales del bueno de Wes que nos rompen el alma en mil millones de pedazos. 

Es más que probable que libra por libra “Irreversible” no sea un disco que contenga mejores canciones que su predecesor, algo que paradójicamente no convierte al nuevo artefacto en un paso atrás en la carrera de la banda, sino todo lo contrario. Hay en estas once composiciones una concreción y unidad que muestran determinación y convicción, algo que debemos poner en el haber de los productores, Yves y Laurent Rothman. Elementos todos ellos que hacen pensar en una banda que ha compactado su sonido, afinando el tiro con precisión, remarcando sus virtudes, reafirmando sus postulados y opositando para jugar con sobrados argumentos en una liga de sonoridades más alternativas y modernas donde cuentan con cartas en la manga de sobra para poder ser muy tenidos en cuenta desde ya. 

Pero, sobre todo, lo más importante es que hay tras ellos una factoría de temas con un romanticismo exacerbado, sobrada calidad instrumental y lírica exuberante, capaces de potenciar las virtudes de una banda con tablas suficientes para hacerse respetar ante miles de personas en noches para el recuerdo, así como una estética que guarda los cánones del género rock, elemento echado a perder que algunos seguimos considerando de especial peso en la ceremonia musical. Y por si fuera poco están capitaneados por un líder con hechuras de mito que se ha visto una y otra vez las películas de guapos como Alain Delon y James Dean, guardando anotaciones cuidadas sobre cómo comportarse en escena. Un cóctel explosivo que estamos deseando ver como cabezas de cartel en tierras europeas, donde su música será más que bien recibida por un público que sabrá apreciar en sus letras sobre desamor, soledad y falta de adaptación una fina decadencia nostálgica a la que agarrarse en estos tiempos convulsos.