Querido: “¿Qué seré yo?”


Por: Javier Capapé. 

Debemos prescindir de lo inmediato. Dejar que nos lleve el corazón, pero sin olvidar la cabeza. Dejar espacio a la duda y no apresurarse. Hace tiempo que Querido son mucho más que la banda del hijo de Iván Ferreiro. Han trabajado, desde su salto a la palestra hace poco más de dos años, en conformar una sólida personalidad que representa a una generación que se expresa desde la reflexión y la calma, buscando la autenticidad desde la introspección y la emoción profunda más que desde la inmediatez y el estímulo instantáneo instalado en nuestras caóticas vidas de animales del siglo XXI. Si con estas palabras podemos definir al joven cuarteto vigués, su más reciente disco no va desencaminado. “¿Qué seré yo?” se apoya en la duda y no para de plantearnos preguntas abiertas, porque cada canción se escucha entre interrogantes y solo se entiende desde la paciencia de aquel que no pretende encontrar respuestas inmediatas. Querido provocan a sus oyentes pidiéndoles que se salgan del guión establecido y se entreguen al “algoritmo honesto”, por encima de las absurdas modas de fórmula fácil que abraza la mayoría de la juventud. Andrés Ferreiro, Antón Vigara, Roque Vázquez y Raúl López son jóvenes, pero no dan la espalda a la herencia recibida y se nutren de ella gracias, en parte, al buen hacer de Sergio Martínez Puga a los mandos. Junto a él permiten que el poso de esta experiencia deje huella en sus composiciones y las aleje de la vacía mecanización preestablecida de la que adolece gran parte de la música creada por los artistas de su generación.

“¿Qué seré yo?” plantea todas estas dudas desde su portada, dando unidad a todo el conjunto. Una portada desconcertante que muestra a una figura que no refleja su rostro en los espejos que le rodean. Una imagen que representa la dificultad de encontrar compresión en una sociedad cada vez más alejada de la juventud que no se deja arrastrar por lo convencional. Esta identidad no reconocida sobrevuela entre estas canciones y se nutre de una lírica valiente y decidida que, junto a un cuerpo sónico de lo más sugerente y nada convencional, nos arrastra para descubrirnos ante un grupo que solo se deja llevar por sus impulsos y se regocija de ello. No es el grupo al que todos querrán escuchar, ni aquel que estará en boca de cientos de instagramers. Es una banda tan creíble como única, que deja al lado las modas y abraza la duda como punto de partida desde el que trazar interesantes caminos.

Cuando les preguntábamos en nuestra primera entrevista con la banda tras presentar su debut nos aseguraban que ellos eran una banda de discos, que eso les motivaba más que el lanzamiento compulsivo de singles. Por eso mismo, este disco sigue en la línea que iniciaron con “Una Nueva Esperanza IV”. De entrada no es un álbum fácil. Requiere tiempo y atención por los detalles. Inquietud y búsqueda. Pero el trabajo compensa, y en “¿Qué seré yo?” conseguiremos encontrar más de una respuesta, aunque no lo creamos en un primer momento. Respuestas de cuatro jóvenes que siguen teniendo las cosas muy claras y que siguen defendiendo las canciones como su verdadero vehículo de expresión. Ellas contienen todo lo que necesitamos saber del momento en el que viven. Funcionan como un libro abierto a sus emociones e inquietudes, que aunque se muevan entre dudas, siguen buscando esa conexión sincera con sus oyentes, esa familia en crecimiento alrededor de Querido.

Para escribir esta reseña rescaté en profundidad su enigmático debut. En aquel se veían bien sus intenciones, las de una banda joven pero exigente, que no elegía el camino fácil, y ahora, en esta continuación se aprecia una mayor cohesión, un trabajo más pulido y que, sin perder su ideario y sonido, vira hacia terrenos más accesibles, aunque también autoexigentes. Tal vez esta sensación de cohesión resida en la forma en la que plantean las canciones. Todas bajo interrogantes, unidas por esa duda y recorridas por los tres capítulos a modo de interludios que son sucesivamente “¿Qué”, “Seré”, “Yo?”. Estas pausas presentan conversaciones de amigos y familiares de la banda o de ellos mismos que muestran algunas de sus trampas y devenires diarios y, entre ellas, los ocho temas que conforman el disco en sí mismo. Es en esos ocho temas donde está implícito ese viraje que comentábamos hacia terrenos más accesibles, pues la mitad de los mismos se nutren de colaboraciones con otros artistas de la escena, desde David Ruiz de La M.O.D.A. al inevitable mano a mano con el padre de Andrés, el propio Iván Ferreiro. En la entrevista ya comentada que hicimos con el grupo hace apenas dos años nos confesaban que su intención era hacer colaboraciones que sumaran al proyecto, no esas que suenan de lejos a estrategia de marketing. La verdad es que llama la atención, porque ahora son la mitad de las canciones las que se mueven en estas coordenadas y, salvo Merino, los artistas que les acompañan son de sobra conocidos. Pero no dudaremos de su criterio, pues es cierto que todos estos invitados suman.

Tras una confesional “¿Solo quiero estar?”, con frases tan definitorias como “Solo quiero estar en un mundo sin mentiras” o “Solo quiero estar dónde ya no estés lejos, dónde miro y me miras”, que se mueve entre sonidos repetitivos de juguetería y donde se olvidan del estribillo, llega una arrebatadora “¿El Corazón?” donde el piano la sostiene y su estructura se asienta en unas formas más pop con la emoción a flor de piel que desprende un estribillo redondo y el aporte vocal del citado David Ruiz.

Aunque para emocionante, casi consigue apretarnos más el pecho “¿Cómo no conocí a vuestra madre?” con Merino. Su estribillo dominado por las seis cuerdas y el arrojo de Andrés primero y de Sandra después (hasta unirse de forma magistral las dos voces en el último tramo) se complementa con el órgano que lleva las estrofas o el característico riff de piano, para hacer de esta una pieza imbatible, etérea y ligera a la vez. “¿Y si puedo soportarlo?” cuenta con Veintiuno para mecernos en un pop fresco y directo, de corta duración (algo a destacar en esta banda que gusta de desarrollos algo más largos y menos convencionales). La suave voz de Diego Arroyo contrasta con la más rasgada de Andrés, aunque sin perder su fuerza e intensidad. Eso sí, quizá hubiéramos agradecido algo más de espacio para soltarse ambos en el dúo.

Estas colaboraciones vienen todas en el primer tramo del álbum, salvo la sorpresa final, así que tras la mentada pausa en forma de conversaciones telefónicas quedan otras tres canciones de digestión lenta. Sugerentes y desafiantes. “¿Quizá es así?” sigue la línea de su disco debut con esos teclados envolventes y, sin duda, puede ser la más personal hasta el momento. Andrés sugiere que el dolor cicatriza finalmente, aunque sea de una forma un tanto extraña, como nos dicta su letra. En “¿Capacidad?” apelan a “la carencia de lo importante” y encontramos algún arreglo más de guitarra (siendo éste un grupo en el que no proliferan las seis cuerdas), aunque se impone lo electrónico de fondo junto a un piano elegante y una batería contundente que se descomponen en el puente en un bucle que podría recordarnos al “pater familias”.

La cadencia suave y la elegancia están presentes en “¿Ser un robot?”. Una canción con esos aires galácticos que nos hace retroceder hasta la épica de “Ultraligera”, porque Andrés Ferreiro no esconde sus costuras, más bien presume y saca pecho. En esta postal adictiva llega incluso a admitir que “a veces desearía ser Elton John”, para dejar claro que siguen persiguiendo los desarrollos pop. Sin embargo, algo que todos esperábamos en nuestro inconsciente, se hace realidad al pasar el tercer interludio, ese dúo padre e hijo que se convierte en lema o referencia. “¿Qué va a pasar?” es un regalo que llega antes de concluir el viaje. Un pasaje más que emotivo, pero que no pierde fuerza ni empalaga. Todo lo contrario. Los teclados lo sostienen todo y nos hacen viajar con el fabuloso empaste de esas voces tan personales y únicas de la familia Ferreiro. Pone los pelos de punta escucharlos juntos y nos hace quedarnos flotando entre las muchas preguntas que nos ha ido planteado el disco.

Tras esto solo queda escuchar de nuevo esos tres interludios en una única pista que lleva por título la misma pregunta que el disco global, “¿Qué seré yo?” ¿Qué somos nosotros, los que nos dejamos perder entre estos surcos, los que nos reconocemos en esos soliloquios planteados por los cuatro músicos de la formación y sus familias o amigos en esa pista sacada de la vida real? Difícil respuesta para una pregunta que es más un juego existencial con el que convivir que una meta a la que aspirar, pues nuestro yo está hecho de todos esos pedacitos y preguntas que se pierden como lágrimas en la lluvia mientras seguimos avanzando. ¿El misterio de una vida o la pregunta definitiva? Nos queda, como remedio infalible, sencillamente vivirla.