Por: Nuria Pastor Navarro.
Te levantas, vas a trabajar, te acuestas. Te levantas, vas a trabajar, te acuestas. Te levantas y repites una y otra vez lo mismo; los mismos pasos, los mismos “tic-tac” en la maquinaria mecánica y pesada que se ha vuelto la sociedad. Injusticias, contradicciones, absurdeces. La obediencia se premia, y lo demás… Ya lo sabemos. Vivimos como un caballo desbocado que lleva a su jinete hacia lo desconocido. ¿Huye o se dirige deseoso hacia algo particular? Los Strokes han vuelto, y dejan la respuesta a esta pregunta en nuestras manos.
Desde su debut allá en 2001 con “Is This It” estos chicos han dado que hablar. Salidos de un pequeño apartamento de Nueva York con la voz de Julian Casablancas como bandera, pronto empezaron a atraer miradas. Temas como “Last Nite” o “Someday” fueron aclamados, celebrados y escuchados como la nueva gran revolución del rock indie. Para entonces, todas las bandas querían ser como los Strokes.
La fiebre fue bajando a medida que lanzaban nuevos discos a lo largo de los años, hasta que volvió a subir en plena pandemia. “The New Abnormal”, lanzado en 2020, se vivió como una especie de resurrección épica. Un regreso que quizá nadie esperaba así y que pronto quedó marcado en los grandes hitos de la banda. Un disco difícil de superar, con canciones como “The Adults Are Talking”, cuyas guitarras parlantes y confusión de juventud cautivaron a público y crítica a partes iguales.
Quizá esta sea la razón por la que su séptimo álbum, “Reality Awaits”, haya sido tan difícil de encajar para algunos seguidores. La expectación había crecido como una burbuja, destinada a estallar sin dejar rastro con el lanzamiento de los dos primeros sencillos, acusados de abusar del auto-tune. Y sí, es cierto que “Going Shopping” y “Falling out of Love” recuerdan bastante a aquel Casablancas cantando para Daft Punk en “Instant Crush”, o a su proyecto paralelo The Voizd, pero probablemente hayan sido vapuleados en exceso. Si bien no suenan como mucha gente se esperaba, tras la primera oída y un poco de reflexión no son malas canciones.
Con más o menos decepción por parte del público, el álbum comienza con “Psycho Shit”, uno de estos temas que escalan poco a poco hasta reventar. Inquietante, algo oscuro, pero directo a lo que quizá sea el quid de la cuestión para los autores. “Only my beloved songs will define me / Can you be more than what you say?”. Entre tétricas críticas sociales y las clásicas ironías del grupo, los Strokes plantan una semilla que crece a lo largo del álbum. Y es que puede que eso sea todo: estas son mis canciones, las hago como quiero; mi música cambia cuando yo también cambio. Y eso no está mal.
Tras la obertura de “Psycho Shit” se suceden otros ocho temas que hacen del disco un viaje compacto, no muy extenso, que explora cuestiones como la decadencia moderna, la libertad o la propia historia de la banda. “Dine N´Dash” toma el testigo, mostrando también texturas tétricas —con algo menos de auto-tune esta vez— y acercándose más a esa “esencia Stroke” que quizá esperaba escuchar el público mayoritario.
La lista sigue con “Lonely in the Future”, canción que desde el comienzo reivindica el pequeño gran hueco de la banda en el panorama musical. “Ya hice eso hace años, cuando era un niño”, declara Casablancas, aludiendo a todos aquellos que tomaron referencia del grupo sin, al parecer, acreditarlos correctamente. Una llamada de atención, un “hey, nosotros inventamos aquello que tanto os gusta”, un vistazo a la historia de los Strokes con puya al crítico Anthony Fantano incluida. Y puede que uno de los mejores temas del álbum.
Continúan la apedreada “Falling out of Love”, melancólica y retocada, y “Going to Babble On”, algo más animada. Después podemos escuchar “Going Shopping”, single que encendió la mecha de la duda entre aquellos primeros fans que dieron al play hace algunos meses. Y sí, voz e instrumental están bastante tratados, pero si logras escuchar más allá de eso encuentras un tema que, en realidad, no es tan malo. Es pegadizo, colorido y desde luego nada desagradable para los oídos de aquellos que consiguen olvidarse del dichoso “debate auto-tune”.
El ritmo baja con “Liar´s Remorse”, de nuevo oscuro, pausado y sobrio. La reflexión sobre el conformismo, la obediencia y los tiempos actuales no suena mal en manos de estos chicos, aunque sí que es cierto que el tema se acaba haciendo algo repetitivo a lo largo de los casi cinco minutos que dura.
“The Fruits of Conquest” va anunciando el cierre, con ritmo y voz más fuertes, algún que otro falsete y un aire más atrevido. Y llegamos finalmente a la pista número nueve: “Tyrants of the Mellow Moon”. Esta suena a despedida, siendo la carta y quizá explicación (¿por qué tendrían que dar ninguna?) hacia fans, crítica y quién sabe qué más. “Here we are for the final time / And I hope you say that I made you laugh / Oh, I tried to make things right / Though it´s hard maybe I can, for just one night”. Poco más se puede decir.
Y entre sonidos tétricos y palabras algo crípticas, el álbum termina. Desde luego, “Reality Awaits” es un viaje curioso. Un resultado que puede que no fuera el deseado o esperado por muchos seguidores, pero que tampoco es tan terrible como se le ha pintado. Los Strokes han elegido este estilo para su trabajo, ¿y qué? Más allá de voces o guitarras robóticas podemos disfrutar de buenos temas y reflexiones interesantes. La realidad espera. ¿Huyes o la persigues? ¿Amenaza o esperanza? Está en tus manos.
En definitiva, quizá hagan falta más discos como este. Que descuadren, que se salgan de lo esperado. Que interrumpan la corriente y se sepan exponer a críticas. Sin ser blanco ni negro, y solamente ser. Esperar un eterno statu quo es un poco absurdo. Los artistas cambian, y su arte cambia con ellos.
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