Fontaines D.C. en el momento perfecto


Movistar Arena, Madrid. Jueves 22 de octubre de 2026. 

Texto y fotos: Javier González.

El pasado jueves Fontaines D.C. demostraron sobre las tablas del madrileño Movistar Arena que son la banda del momento en lo que al panorama rock internacional se refiere. Su concierto resultó absolutamente rotundo en lo tocante a las canciones, sin regalar apenas momentos de tregua a un respetable que desde primera hora dejó claro que los irlandeses gozan de un predicamento que solamente los más grandes son capaces de arrastrar tras de sí. 

Y es que el público que sigue a la banda de Dublín es totalmente transversal en edad, estética y gustos aparentes, siendo el único elemento vertebrador entre aquellas personas que sigue su música la comunión mesiánica que comparten hacia la banda capitaneada por Grian Chatten, quienes parecen haber encontrado el secreto de alquimia poniendo la banda sonora ideal a un mundo decadente al que cantan con una síntesis que reúne un enorme poder de evocación, análisis crítico y una visceralidad repleta de poesía que cala bien hondo. 

El concierto que presenciamos anoche no fue perfecto, ni mucho menos, radicando en dicho aspecto parte de su radical belleza. De hecho, podríamos criticar tanto la duración, apenas hora y media, como el sonido, manifiestamente mejorable en ciertas fases, algo que no restó un ápice de emoción a la enorme catarsis que vivimos en cada uno de los temas que se interpretaron. 

Otro detalle mejorable podría haber sido la elección de unos teloneros distintos. Realmente, Chalk, el voluntarioso dueto procedente de Belfast que tuvo la fortuna de abrir la velada no llegó a calentar al personal con su post-punk electrónico, a ratos bailable y por momentos distorsiono, ni tan siquiera con la calidad de canciones interesantes como “Pain”, “Static” y “Longer”, con la que dieron por concluido su corto set-list. 

La espera hasta que las luces se desvanecieron para dar paso al plato principal se hizo relativamente larga, pero mereció la pena, vaya si lo mereció, puesto que el público respondió en cuanto los Fontaines arrancaron con los primeros acordes de “Tongue”, atacando la superficialidad de la sociedad actual con su teclado juguetón, antes de que el abrasivo riff inicial de “Here´s the Thing” pusiera a arder casi literalmente el viejo palacio de los deportes capitalino, a la que siguió la crudeza de “Nabokov”, los teclados etéreos y el bajo retumbón de la genial “Marianne”, con su innegable parentesco con algunas de las mejores piezas del “Disintegration” de The Cure, y la muy celebrada “Boys in the better land”, alejada sonoramente de su actual propuesta con la que, sin embargo, comenzó un pogo colectivo que nos quitó unos pocos años de encima de un plumazo. 

Siguieron sacando lustre a su discografía con la interpretación de “Jackie Down the Line”, enorme trallazo que sigue funcionando como la primera vez que la escuchamos, la opresiva belleza poética que encierra “You Miss Me” y “Roman Holiday”, momento en que ya teníamos la certeza de que la banda había adquirido un nuevo estatus. 

Ahora al observarlos se ve una mayor seguridad, marcada por una actitud en escena que les sienta como anillo al dedo. Con un Conor Curley a la guitarra parapetado tras sus gafas con gesto serio, respetando los cánones de cualquier rock-star que se precie, Connor Deegan III, al bajo, poniendo la nota exótica con su estética, Tom Coll, llevando el peso de la maquinaria a la batería, ajustado y sin alardes innecesarios, siempre efectivo; y un Carlos O´Connell, para quien siempre es un placer tocar en la ciudad que le vio nacer y al que los hijos del foro miramos con especial cariño al reconocerle uno de los nuestros, todos ellos al servicio de Grian Chatten, quien, haciendo gala de un furibundo orgullo irlandés a través de símbolos patrios como el trebol y la bandera tricolor que portaba en su micro, sabe arengar a las masas con unos pocos pero efectivos trucos, pese a encontrarse todavía a muchos kilómetros de distancia de grandes mitos y prestidigitadores escénicos como el chamánico Nick Cave. Tiempo al tiempo. 

“In the Modern World” sonó rotunda y mayúscula, robándonos el aliento a miles de personas mientras hacíamos nuestros los delicados coros que con tanto mimo regalaron Connor y Carlos, las maneras góticas del desamor patente en “Happy for You” nos rompieron por dentro, cerrando tan bien escogido tridente con el fascinante epílogo representado por “Big Shot” dotada de un ritmo arrastrado magnético. 

Convirtieron el enorme recinto capitalino en una auténtica pista de baile con la novedosa “Mimesis”, donde miran directamente a los ojos a bandas a propuestas tan reivindicables como The Lords of New Church y su “Dance With Me”, y con “Bug”, otra de las tonadas que no necesitan presentación alguna y cuyos fenomenales coros supusieron un karaoke colectivo, a la que siguió “Favourite”, dejando como última canción antes del bis a “Where is Gone?”, la oscura balada en la que colabora nuestra Rosalía, retrotrayendo inequívocamente a clásicos como Nancy Sinatra y Lee Hazlewood, lástima que no pudiéramos disfrutar de la presencia de la catalana, pese a lo cual la composición consiguió relucir con abrumadora grandeza. 

Excesiva se hizo la espera para que regresaran al escenario, compensada de sobra con los ambientes crepusculares y melancólicos de “Japan”, un bello anticipo de la no menos genial “I Love You”, de entre las favoritas del público, y un cierre un tanto desigual donde interpretaron la bestial “Starbuster” y “Six Shot Morning”, que probablemente hubiera lucido más en otro pasaje de la noche, con la que ahora sí dieron por concluida la actuación ante el clamor del público capitalino.

Pasará el tiempo y muy probablemente todas las personas que estuvimos presentes en el concierto del pasado jueves recordaremos haber visto a Fontaines D.C. justo en el momento perfecto que representaba dicha noche, cuando eran una máquina de facturar himnos que ponía banda sonora a nuestros días más inciertos. Aunque pensándolo bien, cabe la posibilidad de que la próxima vez toquen dos horas y cuarto, como se exige a la grupos de su categoría, incluyendo en el set-list otra buena tanda de hits que anoche se quedaron fuera del listado final. Sea así o no, muy probablemente la mayoría repitamos experiencia en su próxima visita, pero mucho nos tememos que serán en un recinto con aforo mayor, porque de lo que no cabe la menor duda es que Fontaines D.C. continuarán con su ascenso durante un tiempo más.