Una oda sentimental a The Strokes


Palau Sant Jordi, Barcelona. Martes, 20 de octubre del 2026. 

Texto: Elisenda Hernández Janés. 

Fotografía: Christian Bernard.

Mientras nos preparábamos para el concierto de The Strokes en el Palau Sant Jordi, mi pareja me confesó que le daba cierta pereza. No pude evitar picarme. Si no le hacía ilusión, podría haberse quedado en casa y nos habríamos ahorrado el canguro, dije, y ya en ese momento intuí que mi tono destemplado escondía algo más a lo que no supe poner nombre. Lo dejé correr: Yo misma había descuidado a los Strokes durante estos últimos años y si bien tenía muchas ganas de verlos, mi ilusión no era la misma de antes. Yo tampoco lo era: ya cumplidos los cuarenta, con la cabeza llena de preocupaciones domésticas, suponía menor el espacio mental disponible para el fervor de otros tiempos. ¡Me equivocaba! 

Llegó la hora y los de Nueva York tomaron posiciones en un escenario que se mantendría en brumosa penumbra durante toda la actuación, una decisión deliberada a la vista de la indefinición de las imágenes que proyectaban las pantallas. Sorprende el aspecto de Julian Casablancas: gabardina negra, gafas y guantes oscuros, la estrella del rock del crepúsculo, el rugido implacable al caer el sol. Una figura enigmática entre sus compañeros de atuendo más mundano: Fabrizio Moretti a la batería, Albert Hammond Jr tras su guitarra, también Steve Schiltz, en sustitución de Nick Valensi, que ha dejado el grupo por un tiempo. El toque de color lo daba el chubasquero fluorescente del que, paradójicamente, siempre ha sido el más discreto del grupo: el bajista Nikolai Fraiture.

Desde el arranque con "Tyrants of the Mellow Moon" ("Reality Awaits", 2026) se intuye, por la contundencia y precisión de la interpretación, que se avecina un conciertazo. Pero al margen de los méritos de ese último disco 一que los tiene y se multiplican a cada escucha一 son los temas antiguos los que palpitan más fuerte por dentro. Bailoteos, estribillos a voz en grito y, en mi caso, combustible que pone a funcionar a todo trapo la maquinaria de los recuerdos. Me dispongo a darle cancha, mis disculpas de antemano por ello. 

Las guitarras dialogantes de "Reptilia" me envían de cabeza a las sesiones de dj Amable en el Razzmatazz: algarabía, chaquetas de galones, Converse que se resisten a despegarse del suelo pringoso. "Automatic Stop" me devuelve una imagen muy concreta: la de mi hermana y yo con la mirada enterrada en el librito del CD de "Room on fire" (2003) aprendiéndonos de memoria la letra de esa canción como quien estudia para un examen. Corrían los tiempos de la guerra de Irak, los móviles sin internet; en mi caso, los primeros pasos por las aulas universitarias y los amplificadores en el comedor de casa tocando 12:51 (Yo la guitarra de Albert Hammond Jr, Ana la de Nick Valensi). Nos preparábamos para el concierto en la Vall d’Hebron en el que los veríamos poco después, con los teloneros de lujo British Sea Power, ante un público sorprendentemente apático entre el que nos esforzamos por mostrar nuestro alborozo. Queríamos que Julian nos viera y mi hermana asegura que así lo hizo, ¡bendita estupidez de juventud! 

Un año atrás, recién detonada la explosión del "Is this it" (2001), había intentado ir a verlos en su paso por Barcelona. No pudo ser: la amiga que se encargaba de comprar las entradas volvió de El Corte Inglés con el rabo entre las piernas. La cola era la misma que la de la gira de OT y daba la vuelta a la manzana. ¿Que por qué no las compramos en alguna tienda de la calle Tallers, en las que no habríamos tenido ese problema? Porque éramos unas pardillas de diecisiete años, imagino. De nada sirve lamentarse a estas alturas: los hits atemporales de su debut salieron al encuentro, tanto tiempo después. "Last nite", convertida en indiscutible himno generacional. "Take it or leave it 一And girls act too much, and boys act too tough, enough is enough!" 一 "New York City Cups", "Someday", con su bullicio de barra de bar y cigarrillos entre risas, como los del videoclip que siempre pasaban por la MTV2 y que yo veía al caer la noche en casa de mis padres. En una de esas veladas los descubrí: interpretaban en directo "Hard to explain", la primera canción que conocí de ellos y, tal vez por eso, mi favorita. Recuerdo el desconcierto ante ese bramido, el contraste entre los trajes chaqueta y la voz asalvajada. Poco después, mi amiga Karina me la grabaría en un recopilatorio 一¡qué buena, me encanta esta canción! 一 La cantaríamos con la letra equivocada 一"Listen Caroliiiiiiiiiiiina" 一porque eso era lo que creíamos que decían por entonces. 

Sonó "Juicebox" y recordé cuando estrenaron el videoclip en la televisión inglesa el año en que me fui de Erasmus. Lo anunciaron a bombo y platillo: ¡Esta noche emitimos lo último de The Strokes! Mi amiga María y yo lo contemplamos en silencio, con la atención devota de un feligrés en su iglesia. Nos sorprendieron todos esos cambios melódicos y la sordidez del videoclip, con gente medio follando. Comentamos la jugada, ¿Qué te ha parecido? Coincidimos en que era raro y nos fuimos a dormir, ya era tarde. Comprendo nuestra reacción: aquello era diferente a lo que habían hecho hasta ahora. Más crudo, menos accesible. Sonaba como una apisonadora y así lo hizo de nuevo la otra noche en el Palau, con la alfombra del bajo y la batería abriendo paso en una espera casi angustiosa, el alambre de la guitarras y el puente in crescendo tras el que Casablancas se despeña sin mirar atrás. Sonaron varias de ese otro gran disco que es "First impressions of earth" (2006) 一"Heart of cage" , "You only live once"一 lo pedí para reyes aquel año y me lo llevé de vuelta a Nottingham, paseaba por las calles lluviosas con el discman en el bolsillo del abrigo al ritmo de "If I can see the sunshine… I’ll be waiting for you baby".

Pasaron de largo por el disco "Angles" (2011), que la crítica dejó por los suelos pero que a mí siempre me gustó. En especial, por ese bombazo llamado "Taken for a fool", que no sonó en el Sant Jordi pero sí en el Primavera Sound del 2015, en el que Julian salió con pelos de macarra extraño y la camiseta de la segunda alineación del Barça. ¡Sigamos! Suena "One Way Trigger" ("Comedown machine", 2013) y sus agudos imposibles, que disfruté de lo lindo a pesar de no haberlo hecho cuando salió. ¿Pero qué es esto?, recuerdo comentar por entonces. ¡Es una mezcla de A-ha y "El muelle de San Blas"! "The adults are talking" me traslada a los tiempos de la pandemia en el que sacaron su estupendo "The New Abnormal" (2020). No hacía mucho que me había convertido en madre, pero me las arreglé para poder ir a verles al Primavera Sound del 2022, una edición especial que se dividió en dos fines de semana consecutivos. Su cancelación por un brote de covid fue un golpe doloroso, más aún que a los que teníamos abono de tres días no se nos permitiera asistir al concierto de la segunda ronda, que sí acogió a los que tenían abono de un día. Tremenda injusticia, pero no nos hagamos mala sangre. 

Las canciones siguen una tras otra, eternas y efímeras como todas las cosas buenas de la vida y me reencuentro con los Strokes y con la exaltada melomanía: conmigo misma, en definitiva. Entiendo ahora que mi malestar de hacía unas horas no tenía nada que ver con esa canguro que podíamos habernos ahorrado sino con el sentir menospreciado algo íntimo y valioso. Me giro con intención de decírselo a Joan, pero la expresión de satisfacción de su rostro, completamente entregado al abrazo de los de Nueva York, hace absurda cualquier aclaración. El concierto llega a su fin, ¡no, por favor! El primer bis es "Ode to the Mets": el domador de fieras contiene su propio rugido, que suena ahora a súplica y a partida. "Listen one time, it’s not the truth, It’s just a story I tell to you". Tampoco esta es la verdad de lo que sucedió la otra noche, tan solo la historia que yo viví y llevaré conmigo. A veces uno deja de reconocerse en las cosas que un día le hicieron feliz. Otras, basta con el empujón del reencuentro. Me remito de nuevo a Julian y a su lamento de despedida : "I needed you there, I needed you there, but I didn’t know, I didn’t know".