El pasado viernes llegó a nuestras estanterías la reedición de “Todos Están Muertos”, el disco más crudo y directo de Ilegales. Fiel reflejo de un país en llamas donde la delincuencia, el abuso de sustancias y las consecuencias de la reconversión industrial que afectó al norte de nuestro país, dejó un panorama que la banda asturiana supo trasladar fielmente a un conjunto de canciones urgentes y vibrantes, escritas desde la privilegiada posición que tenían como espectadores de lujo los miembros de la banda, quienes en la cresta de la ola de su poder de convocatoria, vivían una vida a mitad de camino entre la cruda realidad de muchos de sus conocidos y los excesos propios que iban implícitos al rock del período, una realidad que supieron llevar adelante sin volver jamás la cara ni a la realidad más próxima ni al peligro más extremo.
Una reedición llevada adelante por petición expresa de Jorge Martínez antes de su triste fallecimiento hace ahora casi un año, por lo que las labores de control del proceso final han recaído en la figura de Willy Vijande, quien se ha encargado de seleccionar las tomas en directo que acompañan al disco complementario, las cuales muestran la fiereza y el carácter espídico que tenía la banda sobre las tablas, como atestiguan añadidos como el “Medley Borracho” incluido entre el material finalmente elegido.
Aprovechamos esta magnífica oportunidad que nos brinda la reedición para volver a contactar con Willy, a quien guardamos especial cariño por las noches compartidas años atrás en su etapa como técnico de sonido de la sala “El Sol”.
Allí nos lo encontrábamos cada noche, siempre serio, sin esbozar la más mínima sonrisa y parco en palabras. Fiel al mito que hablaba de él como un tipo poco accesible, chulo y lleno de actitud, pero al que podías acudir siempre con la seguridad de poder mantener una agradable charla que versara sobre las mejores condiciones de sonido y música de calidad. Alguien que en las noches de mayor aforo no se hacía el interesante, ni miraba para otro lado, y si era necesario te invitaba sin vacilar a subir junto a él, a la zona de la mesa de mezclas, para enseñarte con orgullo un par de trucos maestros sobre cómo debía sonar una sala que se preciara. Lo suyo eran los hechos, no las palabras.
Hemos utilizado la oportunidad para hablar de “Todos Están Muertos”, también de su entrada en la banda y de los dorados y locos años ochenta. A ratos la pena ha aparecido y creo que no miento si digo que ha habido algún momento de silencio tan incómodo como duro. El golpe todavía nos duele y dudo que deje de hacerlo. Aún así, hemos entrado de lleno en su complicada relación a lo largo de los años con Jorge, recogiendo con fidelidad las palabras que con orgullo y admiración dedica a su hermano de mil batallas, prometiéndonos que más pronto que tarde nos volveremos a ver para abrazarnos por los viejos tiempos. Ojalá sea con la excusa de volver a verlo sobre las tablas. Sintiendo cómo nos perdona la vida una vez más, protegido tras unas Ray-Ban aviador negras, mientras aporrea el bajo con descaro y su pose más macarra.
Quiero agradecerte mucho que nos concedas esta entrevista porque intuimos que los últimos meses no han debido ser fáciles para ti. Lo primero que quiero saber es ¿cómo te encuentras? ¿A qué has dedicado los últimos meses más allá de la preparación de esta reedición?
Willy: La verdad es que la preparación de la reedición tuvo lugar en 2021, desde entonces no he hecho mucho más al respecto. Y desde que murió Jorge lo que he hecho ha sido vivir la vida. Estoy ubicado en un sitio donde me contratan para hacer pequeñas producciones de música, además mi pareja tiene un restaurante donde hecho una mano. Vivo bastante bien, la verdad.
“En Ilegales todo era una especie de película, no paraban de pasar cosas raras y exóticas”
Me gustaría hablar de “Todos Están Muertos”, pero no solamente como reedición, sino desde su génesis, cuando Ilegales tocaba el cielo después de la gira de presentación del primer disco y la edición y posterior gira de “Agotados de Esperar el fin”. ¿Qué recuerdos tienes de los días de vino y gloria? ¿De qué forma viviste todo aquello con la insultante juventud a cuestas?
Willy: La verdad que es cierto lo que dices. Era entre seis y siete años más joven que David y Jorge cuando me incorporé a Ilegales. Ellos llevaban más tiempo tocando a nivel profesional, yo lo hacía, pero de una forma mucho más amateur. Entré a finales del 1983 y el 84 fue un año de mucho trabajo. Recuerdo que al empezar todavía íbamos nosotros con el equipo, teníamos que llegar a los recintos, montar y desmontar antes de salir para otro lado. La verdad es que ganamos mucha pasta. Al año siguiente, 1985, con la gira de “Agotados”, ya éramos más señoritos y no hacíamos nada, ya íbamos en la furgoneta con road-mánager y chofer. El equipo viajaba en un camión Capitoné con un montón de gente, debíamos ser como catorce o quince de gira. Recuerdos tengo de cosas concretas, pero vete a saber si tienen algo que ver con la realidad o estar distorsionados por los años. Todo era una especie de película, cuando te están pasando cosas raras y exóticas habitualmente te parece que es algo normal, hasta que no pasa el tiempo y lo piensas no te das cuenta que vivíamos en una auténtica película.
“En “Todos Están Muertos” el mensaje es más consistente y coherente con el tipo de banda que éramos”
¿Cómo se gestó el cambio del tipo de producción del disco anterior, “Agotados de Esperar el Fin” a “Todos Están Muertos”?
Willy: Ilegales nunca entró en el estudio con la idea de sonar como en directo, Jorge huía de aquello. Nos metíamos para experimentar las locuras que a él se le ocurrían fundamental, luego salía lo que salía. En “Agotados de Esperar el Fin”, salió una producción un tanto esquelética. Por fortuna en “Todos Están Muertos” la cosa es mucho más consistente y coherente con el mensaje y el tipo de banda, pero no se parece mucho a cómo sonábamos en directo.
En los documentales se suele retratar la convivencia con Jorge Martínez como un equilibrio complejo de disciplina casi militar y paternalismo. ¿Cómo recuerdas tu dinámica personal con él a la hora de armar la base rítmica de los discos?
Willy: Nosotros lo que hacíamos era ensayar muchísimo, nos gustaba. “Todos están Muertos” se gestó en la gira de presentación del disco anterior, piensa que por aquel entonces no había móviles que pudieran hacer spóiler, las canciones se podían tocar en pruebas de sonido y directo, las tocábamos para ver cómo funcionaban ante la gente. Al llegar al estudio, todo estaba muy masticado. En todas las canciones de mi primera etapa con la banda hasta “Chicos Pálidos para la Máquina”, teníamos claro que íbamos a hacer cada uno. Otra cosa es que luego a Jorge le apeteciera probar cosas y lo hacía sin tenerlo pensado, sin que formara parte de la canción. De igual modo que había una sola guitarra en directo, pero siempre se metían más durante la grabación. Los discos de Ilegales encierran la presentación de las canciones bajo el prisma de Jorge en el momento concreto, nunca intentamos plasmar lo que hacíamos en directo.
“Creo que en “Todos están Muertos” está mucho más cerca del mundo en que vivíamos, nos movíamos y el ambiente que nos rodeaba”
Veníais del éxito masivo de “Agotados de esperar el Fin”, pero al entrar a grabar “Todos están Muertos”, el sonido se volvió mucho más afilado y frío. Como bajista, ¿cómo se planteó la base rítmica junto a David Alonso para sostener canciones tan desasosegantes como “El norte está lleno de Frío” o tan frenéticas como “Bestia, Bestia”?
Willy: Precisamente en este disco tuve mucho que ver con la base rítmica. Me llevaba bien con David y Jorge delegaba bastante durante este período. David es un tío muy práctico y veía claro hacía donde había que llevar la canción. Nunca había problemas de egos ni tonterías de ningún tipo con él.
¿Qué recuerdas de la edición del disco? ¿Qué ocurrió una vez que ya estaba en la calle?
Willy: A la gente le gustó, se vendió bastante. Este trabajo coincidió con la aparición del formato CD. Personalmente, tengo un problema, todo aquello en que he participado en mi vida como productor y músico siempre me ha parecido una mierda que te cagas. Tardo unas cuantas escuchas en reconciliarme y verlo con objetividad. Y si procede, lo disfruto. Recuerdo que al salir me parecía una basura, aquello sonaba como el culo, comparado con los discos internacionales de la época que sí tenían masterización. En España no se masterizaba, si acaso te lo pasaban por un compresor, algo que no ocurría habitualmente en los ochenta. El disco se ha masterizado ahora de cara a la reedición.
Muchas de las composiciones que han formado parte del repertorio histórico de la banda aparecen en este trabajo: “El Norte está Lleno de Frío”, “Enamorados de Varsovia”, “Eres una puta”, “Ella Saltó por la Ventana”, “Bestia, Bestia”, “¡Qué mal huelen los Muertos!”, “Hacer Mucho Ruido” y “Todo lo que Digáis que Somos”. ¿A qué crees que se debió? ¿Crees que el mejor disco de la banda?
Willy: A mí me lo parece, personalmente. Tiene una dura lucha también con “Ilegales” y “Agotados”, puesto que hay mucha gente a la que le gustan ambos. Pienso que “Ilegales” y “Todos están Muertos” está mucho más cerca del mundo en que vivíamos, nos movíamos y el ambiente que nos rodeaba. “Agotados de Esperar el Fin”, aunque no lo parezca, tiene canciones más antiguas que el primero y otras compuestas para la ocasión, pero “Todos están Muertos” tiene una composición más cercana y directa, además de contar con la posibilidad de rodarlas en vivo. Creo que es un trabajo con un discurso muy coherente con la banda, por eso le gusta más a la gente. Y por eso se ha defendido este repertorio mucho en directo.
“Sonábamos bien porque invertíamos mucho en ensayar y tocábamos todos los fines de semana”
Quienes os vieron en esa gira aseguran que el grupo sonaba como una apisonadora. Escuchando las grabaciones que has restaurado, ¿cuál era el secreto de Ilegales para mantener esa precisión milimétrica en directo en mitad del caos que rodeaba al día a día de la banda?
Willy: Respecto a la primera pregunta decirte que las sustancias nunca ayudan ni a sonar ni a hacer nada mejor. Sonábamos bien porque invertíamos mucho en ensayar y tocábamos todos los fines de semana. Y luego pasábamos tres o cuatro horas de lunes a jueves, tocando el repertorio y canciones nuevas. En los ochenta también invertimos dinero y teníamos nuestro propio equipo. Llegamos a tener un equipo Martin Modular que compramos a Víctor Manuel y que había sido anteriormente de Pink Floyd, venía rotulado todavía con su nombre, inclusive. Claro, todo eso te obliga a llevar un mantenimiento y gente que sea capaz de sacarlo rendimiento. Había una obsesión por sonar lo mejor posible, nos gustaba ir a conciertos y ver que sonaban bien, lo valorábamos.
“Al repasar las cintas del 84-85, escuché las cosas que decía Jorge en directo en aquellos tiempos, pienso que hoy día nos hubieran supuesto ir a la cárcel en el mismo momento”
¿Qué recuerdos tienes de aquel periódico tan etílico, químico y sexual que os llevaba a dar más de 80 conciertos al año tanto dentro como fuera de nuestras fronteras?
Willy: El tema de los recuerdos es una cuestión onírica. Al repasar las cintas que llevaba sin escucharlas décadas y décadas, el mismo tiempo que ha pasado desde que las grabamos básicamente. Pues bien, al oír alguna me puse malo físicamente del mal rollo que me dio recordar los momentos tan salvajes por un lado y tan… no sé cómo decirte. Era un desbarajuste bastante serio aquello. Valía todo y nadie se enfadaba con lo que pasaba. Al repasar las cintas del 84-85, escuché las cosas que decía Jorge en directo en aquellos tiempos, pienso que hoy día nos hubieran supuesto ir a la cárcel en el mismo momento. Eran unos tiempos tan extraños y peculiares que parecen un sueño. Sinceramente, me alegro de que eso no vuelva a estar en mi vida.
Ilegales venían inmersos en una dinámica de reeditar parte de su histórico legado.
Tras el triste fallecimiento de Jorge, te has encargado personalmente de la selección, digitalización y restauración de las tomas en directo de la gira 1985-86 para el segundo CD y de supervisar que todo saliera conforme a lo que dejo escrito Jorge. ¿De qué manera has llevado a cabo todo?
Willy: Las grabaciones en vivo las elegí todas. Jorge me nombró encargado y ya te digo, tuve que dedicar un montón de horas y me dio hasta algún mareo por escuchar aquello. El resto de lo que se ha metido no ha tenido que ver ha sido cosa de Jorge y Warner.
“En aquellos tiempos nos decían: “sois una puta mierda”, “un grupo basto que no tiene la sensibilidad de La Mode””
Hay algún que otro añadido con respecto al álbum original. De las canciones que se han incluido ahora como novedades. ¿Cuáles te hacen más gracia?
Willy: Me hacía mucha gracia “Western”, la toqué con un bajo Fender de seis cuerdas. Me gustaba el rollo en aquel momento, pero Jorge no la supo encontrar letra hasta principios de los dos mil. También escuché el otro día “Melmoth” que me moló mogollón el rollo. Son canciones que se grabaron y salieron hace unos años con alguna reedición.
De entre todas las canciones de Ilegales. ¿Cuál o cuáles se encuentran entre tus favoritas y por qué? Personalmente, de este trabajo me sigue emocionando como el primer día escuchar “Enamorados de Varsovia” y “Ella Saltó por la Ventana”.
Willy: Hay dos tipos de favoritas. Las favoritas que representan algo, las que me llevan a otro sitio como “Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes”, creo que está muy bien hecha y la letra me gusta mucho, me encanta. Y luego tengo otras como “Cara al Peligro” y “En el Pasado”, más frikis y psicodélicas que por eso me gustan bastante. Si te digo la verdad, me gustan todas, salvo las más pop. Me costaba vernos y escucharnos tocando canciones como “Me Gusta como Hueles”, no me hacía mucha gracia. “Enamorados de Varsovia” también es una de mis favoritas. Es una canción que mejoró a base de quitar notas, vas dejando lo que de verdad suena y es mucho más interesante.
“Ilegales durante nuestra época de máxima gloria despertamos muchos recelos”
Durante tu larga estancia en Ilegales, coescribiste himnos imperecederos junto a Jorge como “Soy un macarra” o “Dextroanfetamina”. ¿Erais conscientes en el estudio de que estabais componiendo la banda sonora de la cara más oscura y real de la España de los 80?
Willy: No, en absoluto. Ilegales durante nuestra época de máxima gloria, desde el 83 al 86, despertamos muchos recelos. Nadie se fiaba de nosotros, ni las discográficas, que no se la querían jugar con nosotros, ni las empresas de management, que no querían saber nada de nosotros. Siempre sentimos una gran aversión, algo muy palpable. Era una especie de cruzada tonta, por un lado, y por otro, era hacer el gamberro. Jamás pensé que aquello pudiera tener la más mínima repercusión y mucho menos cantando “soy un macarra/soy un hortera”. Manda cojones. En aquellos tiempos nos decían lo contrario: “sois una puta mierda”, “un grupo basto que no tiene la sensibilidad de La Mode”.
“Íbamos adelante en movidas en las que casi siempre salimos bien, pero podríamos haber acabado mal”
¿Era la cosa tan salvaje como se ha contado?
Willy: La banda era muy cruda. Éramos muy impredecibles. Habíamos aceptado que podía pasar cualquier cosa. Éramos bastante temerarios, la verdad. Íbamos adelante en movidas en las que casi siempre salimos bien, pero podríamos haber acabado mal.
“En el año 85 me partieron la cabeza con una tubería en Zaragoza”
En la época en que coincidíamos a diario en la sala “El Sol” recuerdo que una noche me hablaste de un par de peleas potentes con la gente de Fuerza Nueva.
Willy: Una fue muy gorda, tuvo lugar en Zaragoza. Me partieron la cabeza con una tubería. Fue después de un concierto de la gira del 85, donde la gente se puso borde a mitad de concierto y nosotros más. De hecho, nos fuimos a los tres cuartas partes del bolo. Se quedaron calientes y mosqueados. Por la noche salimos de copas y fuimos a una discoteca donde tocaba Divine, aquel transexual rubio y gordo. Llegamos muy borrachos y pasados, armamos una que te cagas. Se corrió el rumor de que estaban Ilegales y la gente que nos tenía ganas se presentó. Venía alguna escuadra de Fuerza Nueva, ya no existían, pero llevaban las insignias y emblemas. A mí me dieron con una tubería en la cabeza por detrás, no recuerdo nada. Aquella noche hubo hostias y fue la única vez que salió medio mal en mi época de Ilegales.
“Cuando me presentaron a Jorge lo hicieron como “el loco””
Y luego me hablaste de otra historia donde encañonaron a Jorge con un arma y finalmente los agresores acabaron corriendo.
Willy: Eso fue cuando Jorge estaba estudiando en la universidad en la facultad de Derecho de Oviedo, todavía tocaba en Madson. No sé quién pegó carteles encima de quién. Si Jorge a Fuerza Nueva o al revés. Tuvo un lío. A Jorge le encañonaron y le quitó la pistola y los persiguió, aquello fue bastante sonado. El día que me presentaron a Jorge me lo presentaron como “Jorge el loco”, imagina.
“Me lo he pasado mejor yendo de técnico en gira que como músico”
Mucha gente te asocia exclusivamente al escenario, pero durante décadas has sido el cerebro del sonido directo en la icónica Sala El Sol de Madrid y técnico de bandas como Los Ronaldos o Lagartija Nick. ¿Qué te daba la mesa de mezclas durante aquellos años que no te daba el bajo?
Willy: Toda la vida he pensado que no soy músico. Soy un rockero que aprendió a tocar el bajo porque era lo máximo a lo que podía aspirar un chaval como yo en aquellos tiempos. A mí me gustaba el ambiente musical. Siempre me gustó mucho el sonido. En Ilegales traté de aprender sobre ello. Y al reincorporarme a mi vida civil, cuando fui a Madrid, después de Ilegales, tuve la oportunidad de buscar y encontrar trabajo y lo desarrollé. Eché cara, dije que sabía, cosa que no era así, pero me fui fijando y aprendí. Llegué a estar de moda. En los veranos de 2006-2007-2008 tenía que ir pasando trabajo a los colegas. Me lo pasé mucho mejor yendo de técnico en gira que siendo músico. Estas fuera del foco y a tu rollo. En la última etapa de Ilegales decía que lo echaba de menos. El escenario una vez que has estado muchas veces se convierte en tu oficina.
“La música es actitud y poca vergüenza”
Si una banda de chavales de 20 años entrase hoy a un estudio queriendo sonar con la crudeza de “Todos están muertos”, ¿qué consejo técnico les darías? ¿Es una cuestión de equipo analógico o de actitud al tocar?
Willy: Fundamentalmente es actitud. Hay que llevar a la música a tu propio rollo, aunque, la potencia sin control no tiene sentido, como decía aquello. Nosotros tocábamos nuestras líneas con la idea de llevar la canción donde queríamos. Hay que tener un poco de escuela, cierto, pero fundamentalmente es actitud y poca vergüenza.
Como productor y técnico, ¿qué virtudes crees que faltan a las producciones de rock actuales en comparación con el sonido directo y analógico de tu época?
Willy: No estoy al corriente de lo que hay. De lo nuevo, me llama más la atención los que recrean cosas del pasado. Ahora parece que se lleva el trap, que no lo considero como música artística, que sea un vehículo de expresión digno y para bailar y pasarlo bien, no lo discuto. A nivel de rock no sé lo que hay por ahí. Me gustan unas chavalas que se llaman Nova Twins, son muy cañeras. Con las producciones actuales, con tantas herramientas, todo el mundo consigue unos niveles estratosféricos, pero todo suena muy parecido. Para mí gusto la mejor época se dio en los años setenta, cuando el estudio era un auténtico animal. Lo de ahora me suena muy alto, brillante y muy parecido, la verdad.
“Los últimos tiempos con Jorge e Ilegales fueron maravillosos”
Willy tu relación con Jorge siempre estuvo marcada por una tensión interna que de vez en cuando florecía. De hecho, hubo muchos años en que no os dirigíais la palabra. Sin embargo, al fallecer Jandro, fuiste tú quien volvió a la banda. ¿Cómo fueron los últimos años juntos? Y sobre todo. ¿Qué sientes ahora que sabes que nunca más volverás a cruzarte con él?
Willy: No ha sido cosa de un día para otro. Creo que estoy terminando el proceso y ya va casi un año. Los últimos tiempos fueron maravillosos, pese a que ya éramos más mayores, no teníamos ni la misma energía ni frescura, pero Ilegales seguía manteniendo las mismas intenciones y actitud. Jorge, sobre todo él, se había tomado en serio que esto era un trabajo. La gente paga un ticket y no podemos salir borrachos un día detrás de otro, aquellos tiempos pasaron y ya no haría gracia aquella actitud. Una vez que toda la maquinaria se puso a funcionar en la misma dirección, estaba encantado de la vida. Era lo que siempre quise, pero en los ochenta era imposible. Antes, Jorge y yo, habíamos tenido muchas luces y sombras. En fin. Estos últimos tiempos, desde el primer día nos pusimos de acuerdo que nos íbamos a respetar, cosa que así fue. Estuvimos cómodos y bien hasta el final. Fue divertido. Estaba metido en eso y me sentía orgulloso. Ahora, que ha pasado más tiempo, escucho a Ilegales y me suena distinto. Pienso “¡coño eso lo he tocado yo!”, antes me sonaba más mediocre. Ahora que sé que Ilegales no van a volver entiendo el grado de afición de los fans. Me ha costado. Decía “si Ilegales sale a insultar y cagarse en todo”. Ahora entiendo mucho mejor la fidelidad y aprecio del público.
“Tener que escuchar a Jorge darme su diagnóstico por teléfono fue bastante duro”
¿Tuviste la oportunidad de tener una última charla con Jorge?
Willy: Sí, claro. Jorge me llamó un día en septiembre del año pasado. Me dijo lo que creía que no sabía, pero yo lo sabía. Estaba en contacto con la persona que lo cuidaba y su mánager constantemente. Me dijo: “me han detectado un cáncer en el páncreas de grado cuatro con metástasis en el hígado y otros órganos, no me dan para pasar el año”. Tener que escuchar a Jorge decirme eso por teléfono fue bastante duro. Toda una vida de sal y pimienta, altibajos, luces y sombras. En ese momento, todo lo malo desaparece. Te quedas con que la persona con que has compartido tantas cosas es evidente que se va a ir, pese a que todavía estaba. Fue una cosa bastante compleja.
“Me da una pena enorme saber que nunca más tendré a Jorge a mi izquierda”
Sigo yendo a conciertos, pero cada ciertas semanas siento una punzada en el corazón al saber que nunca más veré a Ilegales en directo, nos pasa a toda mi familia. ¿Cuál crees que es el legado más rotundo de Jorge Martínez e Ilegales para la posteridad de nuestra historia cultural?
Willy: Te entiendo. A mí saber que nunca más tocaré “Tiempos Nuevos, Tiempos Salvajes”, “Enamorados de Varsovia” o “Chicos Pálidos para la Máquina” con Jorge, aquí a mi izquierda, es una cosa que me da una pena enorme. Me parece el colmo del desperdicio del talento no poder volver a hacerlo. Por eso me he negado en redondo cuando han venido con las milongas típicas de los homenajes que no me gustan nada. A mí ahora me das a elegir entre cualquier guitarrista, vivo o muerto, para salir a tocar a un escenario dos canciones de Ilegales y te diría que tocaría con Jorge. No te escojo a ninguno de mis héroes: Jimmy Page, Jimi Hendrix, Ritchie Blackmore. El mejor legado de Ilegales es que fuimos un grupo bastante autónomo y auténtico, también autogestionarios, indies, cuando no se llevaba. El legado es muy particular por la forma de Jorge de entender y reproducir la música. Creo que tiene un lugar único porque no hay nada cerca ni parecido. No hay muchos artistas que gocen de la capacidad de ser inimitables. Se pueden tocar versiones, pero no igualar. Pasa también con Jimi Hendrix, ¿quién puede seguir esa corriente? ¿Cuántos grupos pueden imitar su rollo?
¿Podremos volver a verte sobre un escenario en el futuro?
Willy: No he decidido retirarme, lo ha decidido la vida. Después de tocar en Ilegales es difícil. ¿Dónde voy ahora? No por mí, estaría encantado de tocar con alguien que pague bien, me trate bien y me guste medianamente y entienda su música. Pasan varias cosas, la primera es que me he retirado a un pueblo de la costa asturiana, donde vivo como un general. Me jubilo el año que viene, ya que tengo cotizado un montón de años. He tocado con una de las bandas con las que mejor me he podido pavonear y chulear encima de un escenario, que era lo que más me gustaba. Se ha cumplido una cosa que en su día no fue ni un sueño. Me gustaría seguir tocando y sentir el rugido de la batería y los instrumentos. Ahora mismo, prefiero ser práctico, que no conformista, y adaptarme a la vida que tengo. Para ir a Oviedo tengo que hacer cien kilómetros, cerca de aquí no hay músicos. Mi retiro tuvo lugar el 2 de agosto de 2025 en San José del Valle, el último concierto que hicimos Ilegales. Voy a estar pendiente, por si acaso, no lo descarto del todo. Si estoy haciendo entrevistas y mantengo el Instagram es por la posibilidad de que alguien piense en mí para salir de gira. No por otra cosa.
“Espero poder estrenar mi nuevo bajo con alguien”
Muchas gracias por todo, Willy. Y tú sabes por qué te las doy. No me olvido de las noches muchas noches en “El Sol”. No fueron pocos los conciertos de “sold out” en los que no cabía un alfiler, donde me dejaste acompañarte junto a la mesa de mezclas. Y también muchas las conversaciones sobre música y vida que me han marcado.
Willy: Hay que dar lo que se recibe. Ya he dicho que no quiero hacer más entrevistas. Si alguna vez quieres hacer una entrevista conmigo, estaré encantado de responderte cuando quieras. Me están haciendo un bajo, me lo están rematando, así que tengo un bajo que estrenar, espero poderlo hacerlo con alguien sobre el escenario.
Un abrazo grande, Willy. Te queremos. Larga vida a Ilegales, historia eterna de nuestro rock.
Willy: Un abrazo grande.

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