Mink Deville: Cuarenta años de “Coup de Grace”


Por: Javier González 

Allá por 1981 el icónico William Borsay, más conocido para el gran público por el sobrenombre de Willy Deville, llevaba ya una serie de años capitaneando la nave de Mink Deville, un fantástico combo de rhythm and blues de sonido callejero, atemporal y apasionado; eran la comidilla de todos los que solían pasarse por el CBGB a ver sus incendiarios directos hasta convertirse en una solvente banda cuyo éxito tuvo más que ver con escenarios europeos que con su país de origen, tal y como había demostrado la gira que acompañó la presencia en tiendas de “Le Chat Bleu”. 

Junto a ellos, el siempre peculiar Willy, se había encargado de firmar tres álbumes como la copa de un pino; el seminal “Cabretta”, una fantástica continuación llamada “Return to Magenta” y el mencionado anteriormente “Le Chat Bleu”, donde su amor por todo lo que tuviera aroma francés comenzaba a hacerse más que patente; en todos ellos la personalidad y la amplitud de miras de una banda barrial quedaba acreditaba, mientras desplegaba un inusitado abanico de influencias que paseaban por el rock, el soul y el doo-woop para disfrute de paladares musicales selectos. 

A tan impresionante trilogía le siguió “Coup de Gráce”, un trabajo de gestación convulsa que vino precedido por cambios en la formación de la banda, del anterior álbum solo permanecerá Kenny Margolis, siendo la baja más sensible la de Louis X. Erlanger que deja su puesto como guitarrista principal a Ricky Borgia, problemas contractuales, los cuales derivaron en la búsqueda de una nueva discográfica, finalmente Atlantic se llevó el gato al agua, que unidos a la ya más que evidente adicción de Willy bien podrían habernos brindado un álbum mediocre y no el que a la postre sería el último gran disco de la formación, para el que contaron con la producción de un viejo amigo personal de la banda como Jack Nitzsche quien ya había trabajo en sus dos trabajos más exitosos. 

El disco se abre a la perfección con un “Just Give Me one Good Reason”, donde se observa elegancia y un cierto afán épico, y tiene varios trallazos que le acercan al notable como la adaptación de “Help Me Make It (Power of a Love Woman)”, “Maybe Tomorrow”, donde uno percibe a un Willy jugando ser a un vendedor de amor de una sola noche, la brutalidad de “Love & Emotion”, donde vuelven a apreciarse esos matices tan típicos de las composiciones del neoyorkino, en un corte icónico que a día de hoy cuenta hasta con su camiseta conmemorativa, fácilmente rastreable a poco que se de un paseo por la red, y otra de esas composiciones que siempre se ha encontrado entre las favoritas de quien suscribe, se trata de “Love Me Like You Did Before”, quizás sea por los coros descarados, el fino rasgueo de teclas o los guitarrazos que asoman in crescendo, o tal vez porque personalmente siempre he pensado eso, que el bueno de Willy solamente hubiera deseado que todos le hubiéramos amado más de lo que lo hicimos en vida. 

Visto con perspectiva es un trabajo que resiste el paso del tiempo y que bien puede ser entendido como el último de la banda, cada vez más convertida en un proyecto personal, que hasta entonces se encontraba engrasada y en perfecto estado de forma compositivo e interpretativo, comenzando tras éste trabajo con un periplo que le fue llevando por otros derroteros musicales, hasta terminar renunciar hasta a su propio nombre, en virtud del nombre de la cabeza visible del mismo.

Valga esta humilde nota conmemorativa de los cuarenta años de “Coup de Grace” -el que quizás sea el cuarto disco en importancia de Mink Deville, pues conviene volver a remarcar que cualquiera de los anteriormente citados le superan en calidad y emotividad- como guiño y recuerdo para una banda y un vocalista que merecieron mejor suerte comercial. 

Algún día, bajo el nombre de El día que conocimos a Willy Deville, pormenizaremos la anécdota que tuvimos en nuestro único cara a cara con él. Fue allá por un 5 de Julio de 2008 en la murciana localidad de Lorca. Por casualidades del destino nos topamos con su autobús y decidimos abordarle al verle bajar. No dudamos un segundo y con descaro juvenil le dijimos en su cara: “Willy, you are the best”, a lo que él, en mitad de una apresurada firma de discos y mientras nos tomábamos un par de fotos a toda velocidad contestó: “One, one of the best”. Visto con perspectiva, nos llevamos uno de los mejores recuerdos de nuestra vida, pero seguro que a Willy, coqueto y canalla a partes iguales, el comentario le haría ilusión. Y sí, no deja de ser curioso, porque trece años después de aquel encuentro sigo pensando que sí, que era uno de los mejores de siempre. Al menos cuatro grandes discos de su repertorio lo reflejan. Lo que vino después es otra historia que contaremos en próximos capítulos. Hoy tocaban reivindicar y recordar la figura del rey pachuco que gobernó los callejones con mano diestra junto a sus eternos Mink Deville.