Teatro de las Esquinas, Zaragoza. Sábado 7 de febrero de 2026
Texto y fotografías: Javier Capapé.
Con tanto desparpajo como contención. Con descaro, pero sin perder la suavidad. Así nos encontramos con la extremeña Bebe tras demasiado tiempo fuera de los focos. La cita de Inverfest quedaba dentro de esa celebración que está llevando al directo por los veinte años de su explosión con el imperecedero "Pafuera Telarañas". Aquel disco de debut le cambió la vida a ella, pero también a muchos de los que llenaban el Teatro de las Esquinas, mostrando fidelidad y entusiasmo por unas canciones por las que parecía que no hubieran pasado los años.
Se trataba de celebrar, sin limitaciones. De celebrar y agradecer, porque Bebe se pasó medio concierto dando las gracias a todos los presentes por esperarle durante todo este tiempo para celebrar la vida. Compartió con todos que le debe a su madre que estos conciertos se estén llevando a cabo, pues ella misma le invitó a celebrar esta efeméride porque se lo debía. Quizá en su momento no disfrutara de verdad de todo lo vivido, por eso ahora era la ocasión para celebrarlo y sentirlo de veras. Con una banda de impecable factura, entre los que se encontraba Javier Rojas al bajo, que acompaña a la extremeña casi desde el principio, Bebe afrontó un repertorio centrado en "Pafuera Telarañas" (no esperábamos menos), pero que a la vez se escoró hacia algunas canciones también brillantes del resto de su discografía que ocuparon la parte central del show.
La emoción condujo la noche encima y debajo del escenario. El público, que en algunos momentos pidió que Bebe elevase su tono de voz para poder escuchar mejor sus discursos, se entregó coreando todas y cada una de las canciones, incluso las menos evidentes, demostrando que la música de la autora de "Malo" sigue muy viva.
"El golpe" dio comienzo al espectáculo, pero a pesar de su energía dominaron los medios tiempos y el intimismo en el resto de la velada, que rápidamente nos regaló esas pequeñas joyas acústicas como "Revolvió" o "Siempre me quedará", en la que la guitarra eléctrica tomó protagonismo con un solo arrebatador. "Men señará", que en su versión original tenía esa personalidad electrónica que le confirió Carlos Jean con su producción, sonó muy actual y con sutiles aires funky. Además, su aura de carretera, en la que se detiene en esos viajes en los que siempre alguien nos espera, nos sedujo gracias a una Bebe que poco a poco se iba soltando haciendo suyo el escenario. Así nos llevó a temas menos esperados como "Mi Guapo", de su malogrado "Un pokito de Rocanrol", o "La Bicha", en la que, con la provocación por bandera, terminó en el suelo contoneándose con su sugerente sensualidad.
Una de las secciones más intensas del concierto vino de la mano de tres canciones casi perfectas, en las que vimos disfrutar de verdad a su compositora. "Me fui", en la que se mostró más que agradecida con su paciente público, "Respirar", en la que se acordó de tanta gente que nos ha dejado convertidos en estrellas que nos guían y que se transformó en la más acertada muestra de la celebración de la vida, que se nos escurre entre los dedos, y "Busco-me", donde jugó con las atmósferas y la búsqueda de aquello que nos mueve y que no debemos perder.
Las canciones que parecían más evidentes en esta celebración no se hicieron esperar y así llegaron "Malo", en la que nos hizo ver que en veinte años desde su composición apenas hemos aprendido nada, y "Ella", que sonó desde la calma y consciencia de quien sabe lo que tiene entre manos. Una canción soberbia, pero en la que se mostró mucho más serena que reivindicativa.
A continuación se mostró juguetona en "Siete horas" y seductora en "Con mis manos", demostrando que en aquel disco tan alabado que venía a celebrar había mucho más de lo previsible. El público cantó a pleno pulmón "Con mis manos", casi con más fuerza que las anteriores, en una explosión colectiva que se remató en "Como los olivos", en la que se perdieron entre el swing en su parte central y Bebe volvió a agradecer a todos los presentes por "hacer mi música vuestra y cambiar mi vida".
Ya nos advirtió que no habría bises, que esto se cerraba con un derroche de oxitocina, que es lo que fue "Pa mi casa". Una canción perfecta para cerrar, pegada a su realidad. "Que las llanuras de mi tierra se juntan con el cielo". Así nos invitó, para concluir, a buscar la grandeza en lo pequeño, en lo terrenal. Porque Bebe es grande, por si alguien lo dudaba, pero se agarra a la esencia, a lo pequeño, y como bien demostró el pasado sábado, lo magnifica.
"Que nunca nos cansemos de amar y dar las gracias". Esas fueron las últimas palabras de agradecimiento de la extremeña que sin ninguna duda convirtió en su casa todo el teatro rendido a sus pies, emocionados por el derroche de energía que se llevaban a casa como regalo por estos veinte años en la brecha.





