Melomanía: Kike Turrón

Se confirman los rumores que habían llegado hasta nuestra reacción. Hoy por fin podemos decirlo, sin miedo a errar el tiro. Kike Turrón, es un Melómano.

Teníamos serías sospechas de que lo era, pero no podíamos acusarle de tal delito sin pruebas. Ya se sabe, uno es inocente hasta que se demuestra lo contrario, por lo que no teníamos nada que hacer, a priori. Pero nosotros no somos de darnos por vencidos fácilmente, ni partidarios de arrojar la toalla a las primeras de cambio. Turrón escondía algo y había que sacarlo a la luz pública.

Fueron horas, semanas, días y noches persiguiéndole, muchas madrugadas haciendo guardia en un coche con las luces apagadas, buscando cualquier indicio para desenmascarar su peligrosa adicción. Nuestra investigación fue ardua. Nuestro exiguo presupuesto quedó reducido a cero, tratando de conseguir información de aquí y de allá. Nos hemos tenido que mover por callejones oscuros, en los mentideros más peligrosos de la ciudad, sobornando bajo cuerda a muchos conocidos del Turrón. Nos la hemos jugado hasta límites insospechados. Temimos por nuestra integridad y hasta pensamos en abandonar, pero finalmente lo conseguimos.

Ha sido una labor costosa pero hemos logrado nuestro objetivo. Ahora están en nuestro poder las pruebas incriminatorias que declaran al de Hortaleza como culpable. Culpable de una pasión musical totalmente desmedida.

Esta mañana, alrededor de las diez cuarenta, Kike Turrón nos ha pedido papel y bolígrafo, por fin había entrado en razón. Sin coacciones de ningún tipo y por su propia voluntad, ha decidido contar toda la verdad de su puño y letra.

Ahora, leyendo todo lo que ha escrito de primera mano y mientras fumo el enésimo cigarrillo del día, me siento satisfecho. Hemos hecho confesar todo lo que escondía a un tipo que sabe valerse por sí mismo. Capaz de cumplir sus sueños. Cantante, guitarrista y escritor. Crítico musical y biógrafo de alguna de las más grandes bandas de este país. Un tipo que una mañana se inventó que viviría de algo relacionado con la música y así lo ha hecho. Leyendo su confesión creo que estoy empezando a entender pequeñas cosas…”La canción Helter Skelter… lo blanco de Bo Diddley, lo negro de T.Rex y las verrugas del que canta en Motorhead”, son algunas de ellas.


Discos.

Leonard Cohen, “The Best” (1975).

Las mejores canciones de sus primeros discos juntitas y revueltas. Además me encanta la portada, esa foto que gasta de actor permanente, de conquistador irremediable y de cata vinos caros. Hace nada me lo compré de segunda mano en un rastrillo en Mojácar (Almería) y me hizo una ilusión de la hostia.


Tom Waits, “The Black Ryder”.(1993).
Adoro a Tom Waits, mi hijo se llama Tom por su culpa. Este disco es la banda sonora de una obra de teatro, creo, que dirigía su mujer. En el disco colabora recitando William Burroughs. Tengo el CD machacado, creo que, al cabo del año, es de los discos que más pongo… sutil, misterioso y a la vez festivo, como el día de los muertos.


Jon Spencer, Blues Explosion. “Extra width”.(1993)
Para mi Jon Spencer supuso la revolución del blues, su adaptación a los tiempos actuales, pero sin perder cercanía, sin dejar de ser un lamento.


Neil Young, “Rust Never Sleeps”. (1979).
Un directo que se disimuló al hacerlo pasar por grabación de estudio eliminando los ruidos del público. Tuvo su película posterior. En él Neil muestra sus dotes multiinstrumentistas y la puta Crazy Horse crea una base sonora que apabulla. Se notan las hostias de Young a su guitarra. Una obra de arte.


El Ángel, “Los Planos de la demolición”. (1994).
El Ángel pertenecía a un grupo llamado Los Escaparates. Después desapareció del mundo mediático y se perdió por la ruinas de la heroína. Muchos años después regresó con este disco y con un libro, anunciando que se estaba muriendo de sida. Aún tuve tiempo de verle dos veces en directo, una en acústico y otra en la mítica Revolver con banda a todo trapo. Cada canción es la caricia de una hoja de afeitar, cada verso una despedida, cada estribillo una hostia en los morros.


Canciones.


“Blank Generation”, de Richard Hell.
Esta generación, que da título al disco, creo que da paso al punk adulto, es decir, el punk deja de ser un juego de pose para pasar a ser algo serio y contundente, del colorido de los Pistols pasamos al rollito amenazador de Richard Hell, una navaja andante.


“War”, de Bob Marley.
A mi me dio por Marley cuando era un adolescente, pasé de Parchís a Marley. Esta canción me concentra y me hace meterme en ese sonido de graves como si fuese el embudo de la propia vida. Bob, en este tema se mantiene sobrio y sentido sin hacer sus clásicos gallitos.


“London Calling”, de The Clash.
Energía al límite, adrenalina. Los Clash molan todo y esta canción es un himno generacional de los pocos que disfruté abiertamente. Me llama la atención la simplicidad, eso, precisamente, la hace irrepetible e imprescindible.


“Space Oddity”, de David Bowie.
La atmosfera, el “you´re not alone”, del susurro al grito. La versión en estudio es de mis favoritas, aunque hay varias en directo e incluso una en italiano que molan. Esta canción también me enganchó bien joven y si la escucho sonando, no me muevo hasta que termina. Por cierto, ¿está enfermo Bowie? Algo he oído.


“Sister Morfine”, de Rolling Stones.
Otra canción emocionante y escalofriante. Un piano que suena helado, que suena a síndrome de abstinencia. Pertenece al disco Sticky Fingers y muestra la etapa en la que los Rolling se estaban haciendo millonarios y yonkis al mismo ritmo.