Coque Malla. "Aunque estemos muertos"


Por: Javier Capapé

Es imposible cansarse de la música de Coque Malla. No miento si digo que es uno de nuestros músicos más inquietos, siempre investigando y queriendo ir un paso más allá. Cada uno de sus discos desde que terminase su historia con Los Ronaldos es diferente al anterior. Discos conceptuales, orquestales, minimalistas, temáticos, directos irrepetibles, grabaciones desde casa, acercamientos a la salsa, transformaciones femeninas... quien no haya conseguido quedar atrapado alguna vez por al menos una de sus propuestas no es de este mundo.
Esta vez Coque Malla nos regala un viaje existencial (que no místico) con la muerte como protagonista. Un disco temático que podría ser demasiado oscuro, pero que brilla y respira libertad por todas sus costuras. Las cuestiones sobre la muerte, el final o la trascendencia están ahí, pero sin duda no es un disco pesimista. Está cargado de mala leche en algunos momentos y de contundencia en todos ellos, pero ante todo se deja entrever a un Coque valiente, que nos interpela y remueve, entendiendo la temática misma como una oportunidad de reflexión hacia la vida.
La premisa que asienta la base de este "Aunque estemos muertos" es la experimentación pero con los elementos básicos de una banda de rock. Cinco tipos entregándose con sus instrumentos e imprimiéndoles carácter. Ganan peso las guitarras afiladas o los bajos que asientan atmósferas. Aquí hay una banda de rock con cuerpo que consigue crear un viaje infinito, como reza "El saco de los sueños", despojándose de lo accesible y yendo a la raíz que más nos perturba y conmueve.
Sus canciones se suceden con una planificación perfecta desde la oscuridad de "Bailo con los muertos", que nos va introduciendo de forma pausada pero contundente en este universo freudiano y existencial, hasta "Como la mañana", que engaña con su ligereza inicial para terminar con paso fúnebre este camino entre la vida y la muerte.
Coque afirma que se ha inspirado o apoyado para dar salida a estas canciones en el grupo paralelo de Johnny Greenwood y Tom Yorke, The Smile, y es algo que podemos apreciar en la experimentación de canciones como "Bla bla bla", un tratado sobre la banalidad y el discurso excesivo tan en boga en la actualidad teñido de cierta electrónica. Esas atmósferas menos evidentes también aparecen en el paso arrastrado de "Bailo con los muertos", pero en muchas otras canciones del lote se respira mucho más rock, como el muy afilado y casi glam de "Místico", donde Amable Rodríguez se marca un solo a las seis cuerdas atropellado pero magnético. ¡Qué derroche eléctrico!
"El saco de los sueños" es un regalo coral donde la mano de Álex Olmedo (encargado de los arreglos vocales) se nota con giros y cambios en la forma de encarar las líneas vocales, ofreciéndonos unas melodías líricas de gran altura, pero no es la única, pues la gran sorpresa en esta materia la encontramos en "Como los gatos salvajes", con ese magnífico planteamiento góspel de la mano de Anni B. Sweet, Araceli Navarro y María Ovelar que la convierte en una apoteosis crepuscular ("y vuelvo a ser ceniza").
"Aunque estemos muertos" tiene una estructura más clásica (de nuevo con esos coros sedosos al final) y crece con estilo, quizá es en la que mas destacan las teclas del piano de David Lads, que en estas canciones se ha dejado llevar más por los sintes y las atmósferas. En este tema titular Coque se nos presenta más cercano al crooner, pero con garra y convicción, mientras que en "¿Volverá?" le encontramos más ligero e ingrávido para ofrecernos un pequeño elixir contra el pesimismo en una canción brillante y muy luminosa. Reconfortante.
La hipnótica "Baila en la oscuridad" juega con los toques progresivos y crece hasta desbocarse en un tramo final fascinante, pletórico. También crece con cierto toque cercano al sonido Bristol "El dragón", uno de esos temas densos con los que le gusta deleitarnos y exigirnos y en el que cobra protagonismo de nuevo la sugerente voz de Anni B. Sweet, acompañada de una sección rítmica a cargo de Gabriel Marijuán y Héctor Rojo tan contenida e insinuante por momentos como desgarrada y potente en otros.
Si decíamos que el disco se abre con "Bailo con los muertos" de forma sugerente, hipnótica y con cierto aire lúgubre, se cierra casi de la misma manera con "Como la mañana". Una canción que despista al comenzar con poco peso, pero que se va tornando más oscura en su tramo instrumental final, donde se va apagando con cierta hondura cambiando por completo su planteamiento inicial. Eso no quiere decir que el disco nos deje abrumados por su densidad, ya que pesa más su aire experimental y abierto, pero sin duda nos exige. No es un disco fácil, con canciones cercanas a los cinco minutos de duración en estos tiempos donde prima el consumo rápido, pero es de los que más se disfrutan, ya que sus recovecos están llenos de sorpresas, de matices en la producción a cargo de José Nortes, que nos hacen descubrir algo nuevo en cada escucha. Nortes también se encarga de una fantástica mezcla donde hay sitio para todos y el espacio se deja notar entre los instrumentos, que fluyen por su interpretación directa pero a la vez se recrean en su precisión. Por supuesto que hay algo de The Smile, pero también de su admirado Neil Hannon, así como del rock más afilado de los setenta e incluso del sugerente trip-hop de los noventa.
El resultado, júzguenlo ustedes mismos, pero cuanto más escuchen estas canciones menos podrán reprocharles. Entrarán en este viaje y degustarán cada escala porque son todas necesarias e imprescindibles. ¡Qué obra! ¡Cuánto talento en sus canciones! ¿Su mejor disco? No estamos aquí para juzgar eso, porque tampoco podemos echar en cara opiniones personales en la discografía de Coque, pues todo en ella es digno de mención. Pero este "Aunque estemos muertos" va a ser difícil de olvidar. Nos resultará imposible dejarlo aparcado porque desde el momento que entras a formar parte de él ya no te suelta nunca. Hasta el final.