“Que Dios reparta Suerte", 40 años de oscuridad y rock torero


Por: Javier González 

Gabinete Caligari era un grupo ya de sobra conocido en los ambientes más modernos de la música madrileña a comienzos de la década de los ochenta. En enero de 1982 se habían liado la manta a la cabeza publicando un single compartido con sus camaradas de Parálisis Permanente, cuya primera edición de apenas mil copias editó la compañía navarra Tic-Tac, siendo agotadas a toda velocidad, por lo que ambas formaciones tuvieron que crear su propia empresa, Tres Cipreses, para su posterior reedición, dando el pistoletazo de salida al nacimiento de las independientes en nuestro país, algo para lo que sería fundamental la aparición de DRO (Discos Radiactivos Organizados) que en pocos años logró reunir a gran parte de los nombres más excitante del período. 

En aquel single, convertido en mítico hoy día, la banda capitaneada por Eduardo Benavente, completada en su formación con los hermanos Canut, Nacho y Johnny, además de la presencia de Jaime Urrutia, quien se hacía cargo de las guitarras, incluyó dos composiciones, “Autosuficiencia” y “Tengo un Pasajero”, mientras que Gabinete, ya con su alineación histórica al completo, Ferni, Jaime y Edi, firmaba “Golpes” y “Sombras Negras”; una relación profesional inevitable que fue posible gracias a la amistad surgida entre los miembros de ambas bandas, tal y como nos comentaba años atrás Edi Clavo quien visiblemente emocionado resaltaba la importancia que para ellos tuvo el encuentro con Eduardo, “nos conocimos, vino a vernos a los ensayos, se entusiasmó y nos animó mucho. Íbamos a su casa del Pinar de Chamartín y ponía discos que había traído desde Londres de lo que se llamaba la “onda siniestra”. Eran bandas como Theatre Of Hate, Killing Joke, UK Decay, Bauhaus y Siouxsie & The Banshees, aquello cambió radicalmente la manera que teníamos de ver las cosas”. 

Quedaron así recogidos cuatro cortes para la posteridad, pertenecientes a dos bandas jóvenes, influenciadas por el espíritu punk británico, donde se fundían la oscuridad y el deseo por disfrutar de sus quince minutos de fama, eran la carta de presentación de una nueva generación de músicos, con ganas de romper con las generaciones anteriores, para dar paso a nuevas formas de expresión. Algo que no tardarían en volver a demostrar Gabinete Caligari con otros singles, esta vez en solitario, como “Olor a Carne Quemada”, cuya cara b era la fenomenal “Como Perdimos Berlín”, y “Obediencia”, con aquella icónica y provocativa portada en la que aparece Brian Jones luciendo estética nazi, que incluía el alegato antibelicista de la propia canción titular, “Su Vida es Cruel” y la opresiva “Gólgota” (Entre 2 Ladrones); de esta primera época cabría destacar otras composiciones mayúsculas como “Me Tengo que Concentrar”, que bien podría haber visto la luz en “Que Dios Reparta Suerte”, el posterior y más que prometedor debut de una banda que ya había comenzado a escribir una futura historia propia, acercando su propuesta a una vertiente popular que les arrancará de las fauces del rock siniestro de manera definitiva. 

En el Lp coexisten el pasado y el futuro de Gabinete, la transición entre dos mundos en los que la banda supo estar siempre a la altura. Fueron más que dignos exponentes del after-punk, defendiendo textos sobre asesinos, sadomasoquismo, obsesiones y belicismo, pero también supieron evolucionar al dictado de los tiempos, hasta ser el lado más chulo y auténtico del rock mainstream de la segunda mitad de los ochenta. Hoy día, tantos años después, sus composiciones siguen sin palidecer, sonando siempre frescas e inteligentes. Santo y seña de lo que fue la movida en su origen y una vez que el movimiento quedó institucionalizado, perdiendo frescura y convirtiéndose en negocio para muchos y en bandera política para los ayuntamientos socialistas del cambio, supieron canalizar su energía para continuar firmando canciones míticas, siempre apoyadas en textos rotundos y discos históricos capaces de llevarles al Olimpo de grandes bandas de nuestro rock. 

Pero, por favor, no desviemos la atención del lector, sigamos atendiendo a “Que Dios Reparta Suerte”, un trabajo que muestra una sorprendente paridad, encierra el sabor de la primera época en cortes fríos, con bajos retumbantes y guitarras soberbias como “Tierra de Nadie”, una historia de amor en pleno conflicto, “Héroes de la Unión Soviética”, perteneciente al universo de la II Guerra Mundial, el down tempo de “Perdidas Blancas”, su acercamiento al pshycobilly vitaminado de la adaptación de sus colegas Parálisis en “Un Día en Texas”, con un excepcional Santiago Ulises Montero, el cuarto Gabinete, soplando con vehemencia la armónica, y las referencias a las ceremonias masónicas que narran en “Grado 33”, donde observamos al trío madrileño enfrascado todavía en una primera etapa que aquí comienzan a despedir donde las influencias llegadas desde Londres pesan todavía.

Sirviendo como enlace entre los universos aquí recogidos tres canciones que abordan temáticas diversas, alejadas en cierta manera de lo que fue la época inicial, pero que todavía emparentan con la misma por quiebros sonoros como son “Maquis”, atendamos al importante detalle que ahora los personajes se acercan a nuestra tierra, concretamente a la sierra de Granada, quien sabe si tomando como referencia lejana la historia de los hermanos Quero, enfrentando su futuro a un triste final, acercando más el foco aún en dos cortes donde la tauromaquia es el centro, emulando el gusto de maestros como Federico García Lorca, tocando la superstición de este ritual de sangre y muerte, en un híbrido entre pasodoble y rock, llevado un paso más allá en el sin par swing “Sangre Española”, donde se aborda el suicidio de Juan Belmonte, “El Pasmo de Triana”, mito del toreo, de vida sentimental atormentada y cuya amistad y rivalidad con el tristemente desaparecido Joselito, marcó una época. Gabinete Caligari dibujan a la perfección la figura del mito, quien no habiendo podido emular a su mayor rival muriendo en la plaza, ni contentar a Valle- Inclán, quien en una ocasión le espetó que regar su sangre con el albero y fallecer era lo único que le quedaba, se enfrentó a los ojos negros del cañón de un revólver para pasar a la inmortalidad. 

Quizás la semilla de lo que vendría poco después, aquello que les convirtió en mitos, esté anunciada a través de temas que en una primera instancia parezcan menores, tales como “Mentir”, “Gresca Gitana” y “El Arte de Amar”, composiciones que deben ser consideradas anticipos de otras que figurarán más pronto que tarde en su discografía; quizás sin ellas nunca hubieran sido posible cortes como “Tango”, “Más Dura será la Caída” o “Profesional”, medios tiempos que la banda siempre trabajó a la perfección sustentados en letras provocativas y redondas, más desconocidas para el público medio, pero que cualquier buen aficionado a la banda citará entre sus favoritas con orgullo. 

Edi Clavo nos regaló su opinión sobre el álbum visto con la perspectiva que da el tiempo, siendo bastante crítico al respecto, “Es el típico primer disco, en él hay canciones interesantes que iban a marcar el futuro; “Gresca gitana” o “Sangre Española”. Una afirmación con la que estamos más que de acuerdo. Prosigue. “Personalmente no me gusta cómo suena, es un híbrido entre la época siniestra y el rock torero. La producción del disco no refleja bien cómo era el grupo en ese momento. Había muchas limitaciones técnicas, nuestras, como músicos, también del productor y hasta del propio estudio de grabación”. Puede que el tiempo le haya dado la razón, no en vano pocos años más tarde Gabinete redondeó el tiro con el álbum “Camino Soria“, donde una historia de desamor, una pulcra producción, unos textos brillantes y hasta el diseño y una fotos colosales, les llevaron a firmar su gran obra, sin embargo no se debe eclipsar la grandeza de este álbum que cumple cuarenta años ahora. De acuerdo, la producción no es espectacular, de la misma se hizo cargo de Ángel Altolaguirre, pero entendemos que el resultado final sienta como un anillo al conjunto de las canciones, en nuestras cabezas no concebimos que puedan sonar de otra forma. A veces el problema llega tras la comparación, es cierto que tras este álbum, llegaron “Cuatro Rosas”, el ya mencionado “Camino Soria” y “Privado”, un trabajo que, ahora sí, por motivos de producción nunca brilló tan alto como debería, pero que encerraba la actitud más chulesca y brava del trio madrileño. Tres trabajos potentísimos que están por encima objetivamente de este “Que Dios Reparta Suerte”, el cual ya hubieran querido firmar como propio el 99% de bandas de este país, todo sea dicho. 

Ahora, tras habernos vuelto a enfrentar una tarde entera a esta enorme colección de canciones queda la sensación que Gabinete Caligari nos siguen mirando desafiantes, apoyados en lo que parece el decorado de un spaghetti-western del desierto almeriense. Envueltos en una estética puramente rockera, habiendo abandonado el rigor del negro, perfectamente enmarcados por el saber hacer de Alberto García-Alix. Ahí está en primer plano el tupé de Jaime Urrutia, cigarro en boca, y justo detrás, encaramados a lo alto de una talanqueras, el derroche de actitud de Ferni Presas y a su derecha las patillas rockers del batería más castizo y auténtico del rock madrileño, Edi Clavo. Dios había repartido suerte y la suya era una mano ganadora que todavía nos depararía una serie de capítulos más que brillantes que no tardarían en ver la luz. Tras la estela del sin parangón de Gabinete surgieron muchos otros grupos, siempre detrás, a años luz, con la mitad de talento y sin tanto gracejo natural. Ninguno fue capaz de empatarles. Seguimos a la espera que alguien lo haga. Esperaremos sentados.