Fernando Rubio: “Luzzy”


Por: Juanjo Frontera. 

Uno pudo llegar a pensar, en un pasado no muy remoto, que los discos en directo eran algo demodé. Pero, caray, estos tiempos parecen empeñados en demostrarnos que estábamos de lo más equivocado. Que sí Nick Cave, que sí Depeche Mode, que si los Radiadores y ahora también nuestro querido, nuestro queridísimo, Fernando Rubio. Y la verdad, precisamente por eso, porque es un músico tan, tan adorable, sobre todo en este formato, en el escenario donde se crece como un gigante, que precisamente él se empeñe en regalarnos un disco en directo, me parece la mejor de las noticias. 

Grabado en una noche de noviembre del año pasado (2024) en el marco del Cartagena Jazz Festival, o sea, en casa, este cedé (el músico humilde, lamentablemente, no puede permitirse otros formatos) muestra su espectáculo en el máximo nivel de esplendor. Como siempre ha merecido un músico que es excelencia pura. Tanto en su faceta de sideman (el disco está dedicado a la memoria del recientemente desaparecido Nacho Para en cuya Bantastic Fand, militó durante años), como en una carrera en solitario que ya cuenta con cuatro discazos y que, por tanto, merecía su correspondiente repaso. 

Y él se lo da (el repaso), a su público, como siempre: con esas maneras de honrado orfebre, de genio sin pretensiones de serlo que ofrece sus diamantes en envoltorio de caramelos. Pero un envoltorio de lujo, eso sí. El sonido del Salón de Actos del Centro Cultural Ramón Alfonso Luzzy de la ciudad murciana sin duda hizo justicia al sonido de una banda, los Inner Demons, que aquí estuvo especialmente pletórica. 

Desde el inicio, con un “Reborn again” que se recrea muy a gusto en su apertura, el repertorio es un diez sobre diez. En la mezcla que ha llegado al disco, la base instrumental está exquisita, permitiendo que la sedosa y cómplice voz de Fernando se explaye a través de maravillas pop como “It Ain’t over” o fabulosas revisitaciones del “Beast of burden” de los Stones. Por el camino, se mueven entre retazos de torch song (“Last Night I Dreamed of you”), coqueteos con el reggae (“Give what you don’t have”), lecciones de blues rock (“Get Down”), o plegarias al dios Dylan (“Cheap chinese guitar”), que dan fiel muestra de la talla del artista del que hablamos. Un gigante en piel de humilde (pero orgulloso) obrero de las seis cuerdas.

La cosa sigue. Y se arriesgan con más versiones, como el “Cry” del ahora tan celebrado músico de Nueva Orleans Jon Battiste, que representa, precisamente, el tipo de música americana que le gusta a Rubio: la que mezcla bien mezclado lo blanco y lo negro, sin necios distingos, sin tapujos. Lo demuestran “It won’t take too long”, el rescate de “Tides”, de su primer disco, la de nuevo blusera “Sad Sad Day”, la siempre infalible “Thank you for being there” o esa súper propina que se marcan con un “A town called malice” de The Jam, que cumple el dificilísimo reto de sonar a gloria, cuando eso, en cualquier otra voz que no sea la de Paul Weller, es normalmente misión imposible.

Con ella se cierra un disco en directo de esos que ya no se consideraban necesarios hace unos años y que ahora se han convertido en el más bonito de los souvenirs que uno compra a la salida de un concierto que le ha gustado mucho, como suele ser el caso en los de Fernando y su banda. Porque ahora la música rock, pop, o como quieran llamarla, vive, más que en ninguna otra época, en los escenarios. Es donde está más vigente, donde aún cuenta lo que tiene que contar. Y es más que justo que discos tan acertados como este dejen testimonio de ello.