Por: Kepa Arbizu.
Agazapados discográficamente durante un lustro, la banda Rojo Omega se despereza de ese letargo con un álbum, “Deseo concedido” (Ghost Highway Recordings), pleno de rabia y supurando ritmos descarnados a través de unas heridas que brotan desde lo más íntimo hasta las ejercidas por la presión de un contexto global caótico. Con un pie en el rocoso high energy escandinavo, otro en ese punk-rock con denominación de origen del barrio donostiarra de Buenavista y un aliento de rock and roll clásico, sus fieras composiciones no eluden buscar agilidad por medio de dibujos melódicos. Bajo los mandos de Dani Alcover en la producción, este trabajo significa, más allá del manido recurso narrativo del paso adelante acometido, una exhibición de poderío y contundencia. Valores que no pueden pasar desapercibidos como tampoco su lírica desgarrada, elementos sobre los que charlamos con su compositor, cantante y guitarrista, Bruno Fuente.
“Deseo concedido” es vuestro nuevo disco, el quinto en una trayectoria de 30 años, lo que delata el alto intervalo de tiempo entre trabajos, ¿esa situación es consecuencia de las circunstancias y disponibilidad o refleja vuestra dedicación a la hora de componer?
Bruno Fuente: Realmente no es por la dedicación o el tiempo a la hora de componer —que, además, tampoco es que seamos muy rápidos en ese aspecto—, sino sobre todo porque venimos de otra generación. Ahora parece que los grupos, desde el primer disco o incluso el primer EP, ya tienen que pegar el petardazo y tocar en recintos grandes.
Nosotros empezamos en el año 96 y estuvimos tres o cuatro años tocando en garitos, incluso saliendo de Madrid y grabando maquetas. En aquella época era carísimo y muy difícil conseguir grabar una. Entonces, solamente desde el 96 hasta el 2001 pasaron cinco años en los que estuvimos simplemente tocando.
Luego ya cogimos muy buen ritmo, también hasta el último disco, "Elixir", que salió con un "timing" malísimo, porque se publicó unos meses justo antes del confinamiento.
Estamos ante un disco que en todos sus aspectos destila rabia y crudeza, y que musicalmente además es vuestro trabajo más potente y rocoso, lo que ha coincidido con varios cambios en la formación...
Bruno Fuente: Sí, la verdad es que no ha sido algo premeditado, pero nos lo está comentando mucho la gente: que hemos subido un punto de dureza, de caña y de crudeza. En este disco es cierto que los cambios de formación seguro que han tenido algo que ver.
Han entrado en la banda Klavo y Giralde, que son dos chicos jóvenes, excelentes músicos y mejores personas. Viven por y para la música, y eso ha generado una retroalimentación muy fuerte entre nosotros en el local de ensayo.
Y ha debido ser perceptible, ya que la mayoría de las opiniones nos dicen que respecto a "Elixir", este disco es más cañero.
Supongo que también habrá sido muy importante a ese respecto el trabajo en la producción de Dani Alcóver, ¿el origen de las canciones ya tenían esa crudeza o tras pasar por sus manos incrementaron ese aspecto?
Bruno Fuente: La producción de Dani es increíble. Es un placer y un honor poder trabajar con alguien así; "Elixir" ya lo grabamos con él, así que entiendo que la naturaleza del disco actual proviene más de nosotros que de él.
Más que intervenir mucho en el sonido del grupo, lo que consigue es llevar a la realidad lo que tú tienes en la cabeza y hacer que todo suene perfecto. Te eleva totalmente las canciones.
Además, en este último disco hemos grabado casi todo en directo y, precisamente, Dani utiliza las ayudas tecnológicas para que no tengas que estar pendiente ni pierdas en la ejecución. Es decir, que tú estés tocando con todo el sentimiento y con toda la fuerza, sin estar preocupado por equivocarte, porque si hay una pequeña cosa, él te la puede corregir.
Pero, precisamente por eso, este disco suena tan directo, porque está casi todo grabado de esa forma. Aun así, yo creo que el sentido musical del trabajo responde más a nuestra idea, al resultado del local de ensayo, que de la propia producción de Dani.
En consonancia con ese sonido crudo, tu forma de cantar también ha derivado bajo mayor crudeza, ¿fue fácil dejarse llevar por los ritmos o hubo un trabajo de adaptación a ese tono?
Bruno Fuente: Tengo la sensación de que ha sido de manera natural la forma en que he adaptado mi voz al estilo de estas nuevas canciones. Me acuerdo que una vez el Indio, dueño del Gruta 77, me decía que mi voz siempre sonaba como muy de niño travieso, de un chico travieso cantando sobre temas muy rockeros, y que eso creaba una contradicción que conformaba nuestra identidad.
Es verdad que ahora escucho algunos de los discos del principio y me noto con esa voz muy infantil. Creo que en este disco he conseguido sentirme más a gusto cantando.
Vuestros ritmos pueden mezclan el punk-rock, con el rock and roll o incluso el pop, pero en este caso parece haber una influencia muy determinante, que es el high energy escandinavo, ¿bandas como Turbonegro, Gluecifer son tan importantes como parecen a la hora de perfilar el sonido del disco?
Bruno Fuente: A ver, nosotros, para empezar —y por el hecho de cantar en castellano—, siempre nos hemos sentido totalmente deudores de ciertas formaciones. La primera, yo, que soy de La Elipa, de Burning; pero luego también de muchos otros grupos: ya sea Tequila, Parálisis Permanente, Enemigos, Ilegales, Leño o Nuevo Catecismo Católico. Para nosotros eran referencias claras.
Uno de mis grupos favoritos siempre ha sido Social Distortion, que es otra referencia muy importante. Y luego están los clásicos: para nosotros el ABC es AC/DC, Black Sabbath, Thin Lizzy, toda esa música nos encanta.
Pero es verdad que, por generación, estábamos en una época en la que creo que mucha gente estaba buscando su identidad, y ahí aparecieron todos estos grupos que mezclaban precisamente punk con rock clásico. Y yo creo que a nosotros nos influyeron muchísimo Hellacopters, Turbonegro, Gluecifer, The Hives... toda esta hornada de bandas.
Lo curioso es que, estilísticamente, siempre nos comparaban con ese tipo de bandas, pero musicalmente yo creo que no se reflejaba tanto. Y en este disco sí que hay dos o tres canciones donde dijimos —no de manera quizá premeditada—: "Oye, si nos llaman high energy, esto va a sonar a high energy". Yo creo que éste es el disco en el que hemos hecho esto ya de manera consciente: las canciones más heavies van a ser más heavies, las canciones punk van a ser más punk y las canciones más high energy, más high energy.
Lo que siempre ha sido una de nuestras debilidades a la hora de avanzar en la música es que no teníamos una definición estilística clara; era como decía Lemmy: «demasiado punk para los heavys, demasiado heavy para los punks».
En este disco hemos decidido convertir esa debilidad en una fortaleza y llevarlo al extremo.
No sé, creo que en este trabajo nos hemos ceñido más a cada estilo.
Aunque hablamos de la contundencia del disco, un elemento identificativo de la banda es que pese a la dureza que asume vuestro sonido, siempre hay un espacio muy marcado melódico, ¿para vosotros la canción perfecta es la que sepa buscar el equilibrio perfecto entre contundencia y melodía?
Bruno Fuente: Absolutamente de acuerdo. A mí siempre me ha gustado ese tipo de composiciones. Somos melómanos y nos encantan todos los estilos de música, pero la melodía es algo imprescindible en una canción.
Fíjate que siempre me viene a la cabeza un recuerdo de una entrevista a Keith Richards donde decía que, para saber si una canción era buena, tenías que poder silbarla. Y yo creo que eso es precisamente lo que ocurre con la melodía. Cuando termino de componer una canción siempre intento que pase esta prueba.
Quizás mi tema preferido del disco sea precisamente el que baja algo las revoluciones, “Rápido”, pero que se alza imponente, ¿para el rock esos medios tiempo siguen siendo una herramienta que bien utilizada son pura pasión y desgarro?
Bruno Fuente: Pues esto sí que ha sido una sorpresa en cuanto a las entrevistas que estamos haciendo, ahora que nos están empezando a pinchar en la radio. Creo que está siendo la canción que mejor está funcionando, la que más está gustando y la que más está destacando de todas.
Y esto a nosotros sí que nos ha pillado totalmente por sorpresa. No era la que teníamos más en mente. A mí es una canción que me encanta. De hecho, cuando la estábamos grabando, Dani Alcover me hizo parar la grabación y la dejamos durante unos meses porque no le convencía. Tuve que reescribir toda la letra y volver a trabajarla pasado un tiempo.
Cosa que le agradezco muchísimo, porque me decía que así se iba a quedar como una canción de relleno. Y creo que al final ha merecido la pena trabajarla más. Le ha dado un punto, incluso más maduro y más reflexivo.
Verdaderamente, yo estoy muy orgulloso de cómo quedó la letra y muy contento de que la canción esté gustando.
La portada del disco es obra de un mítico ilustrador como Leviathan, que, de alguna manera, continúa una estética audiovisual vuestra común entorno a la ciencia ficción o el noir, ¿comentasteis con él la posibilidad de mantener esa estética o fue casualidad?
Bruno Fuente: Trabajar con Leviathan ha sido un honor. Nosotros somos fans de su trabajo; tenemos camisetas suyas desde hace muchísimo tiempo. Además, yo también me dedico al mundo del libro —trabajo en una editorial— y entré en contacto con él para hacer la portada de un libro sobre Chuck Berry.
En cuanto se nos planteó cómo íbamos a hacer la portada de este disco —ya estábamos grabando—, para mí no había ningún tipo de duda: tenía que contactar con él y hacerlo con él. Me parece un artista de los que quedan pocos ya. La palabra que mejor le define es "auténtico".
Y sí, respondió perfectamente al concepto. Fíjate que en el disco hay muchas referencias a la ciencia ficción. En la canción "Rápido" se utilizan algunas frases de "Fahrenheit 451"; "A cabeza descalza" es una novela de Brian Aldiss de los años 60... Ya solo el personaje de Zoltar de la portada.
Eso sí, nosotros se lo sugerimos, pero luego él lo trabajó a su manera y con total libertad. Pero vamos, en definitiva, para nosotros es un honor que nos haya hecho la portada.
Entre las muchas heridas e incertidumbres que plantean los textos del disco, éstas se manifiestan tanto en un plano social como íntimo, ¿son el reflejo de malos tiempos personales y también globales?
Bruno Fuente: Respecto a los textos del disco, creo que ha cambiado un poco mi forma de escribir para este trabajo. Antes solía escribir de dentro hacia fuera y utilizaba bastantes clichés de la vida del rock and roll, de la noche y de la diversión. Creo que, a nivel de letras, éste es el disco más maduro.
Y, si bien no es un mal momento personal para mí —para nada—, sí que ha sido un periodo muy complicado en lo artístico: con todos los cambios en la banda, los retos y todo ese concepto de renacimiento, destrucción, muerte y volver a empezar que atraviesa el disco.
También es verdad que es la primera vez, en la historia de Rojo Omega o en la mía como escritor, en la que me han influido mucho los temas globales y los asuntos que vienen de fuera, incluso algunos muy personales.
"Imparable", por ejemplo, habla del bullying que sufrías en el colegio cuando eras un poco más rarito. Me acordaba mucho de cómo me marcó escuchar aquella frase de Leño —"es solo una canción y me siento mejor"— y de cómo la música puede salvarte de situaciones desagradables.
"Rápido" habla más de la sensación de extrañeza que nos produce a mucha gente de nuestra generación cómo es ahora la sociedad o cómo funcionan las cosas. Y "La revolución", que fue la última letra que escribí, es curioso porque hace dos años jamás me habría imaginado que hoy tendría tanta vigencia viendo lo jodido y perdido que está el mundo.
También retratas en algún momento a la música como ese refugio para los que se sienten diferentes, ¿es la sensación que despierta en ti la música?
Bruno Fuente: Efectivamente, frente al caos que nos rodea está el arte y la música como vías de escape; es un poco lo que te comentaba antes.
Y esto enlaza también con el tema de "Imparable". Aquí hay bastante de autobiográfico. En la época del colegio, los niños un poco más raretes o más sensibles muchas veces nos sentíamos apartados o excluidos de los rituales de la masa.
Al final, en mi vida el gran asidero fue —junto a un amiguete que tenía— la música y el arte: escuchar discos, hablar de pelis... Eran otros tiempos, pero fundamentalmente para mí fue una auténtica tabla de salvación.
Ese caótico paisaje social, por medio de un tema como “Rápido”, también aparece enunciado por algoritmos y pantallas digitales, ¿lo que nació como una forma de democratización se ha convertido en nuevas esclavitudes?
Bruno Fuente: Totalmente de acuerdo con lo que dices, es contradictorio que algo que sirve para tener más información derive en eso.. Yo recuerdo, por ejemplo, la canción "Black Betty", la versión de Ram Jam, me pasé años desde que la escuché una noche en un garito hasta que descubrir de qué grupo era.
Ahora está todo al alcance de un clic y creo que, al final, nos hemos convertido un poco en esclavos de esto. Cada vez que me sale el tiempo de uso del teléfono móvil a la semana me doy cuenta de que va a llegar el momento de tomar decisiones.
Y luego, con el tema de los usos de la inteligencia artificial, más que un futuro distópico, casi vivimos ya un presente distópico. Por eso creo que encaja tan bien el uso de tantos elementos de ciencia ficción en este disco.
Y por acabar como empezamos, “Deseo concedido” es vuestro nuevo disco, ¿cuál es el deseo que te gustaría que se cumpliera, tanto para la banda como para el oyente que se acerque a este disco?
Bruno Fuente: ¿Qué deseo me gustaría que se cumpliese para la banda? Claramente, volver a las raíces: disfrutar de la música, de los ensayos, de los conciertos, de las composiciones y de la pureza de la música. En los peores momentos de la banda, lo que más rabia me daba era tener que dejarlo con una sensación de mal rollo. Para mí esto ha sido —y es— una parte fundamental de mi vida. Y si algún día tengo que dejarlo, quiero hacerlo como decía Hunter S. Thompson: totalmente lleno de moratones, cicatrices, derrapando, con la ropa rasgada y diciendo: "Joder, qué bien me lo he pasado".
Y para el oyente, lo que me gustaría es que lo pase bien y que disfrute de canciones hechas desde las entrañas, sin artificios, sin pretensiones. Algo así como una botella de náufrago que ha atravesado el tiempo: algo totalmente ajeno a la industria y hecho con mucho corazón. Que lo disfrute y que lo sude.
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