Luis Fercán: un encuentro compartido entre cerezos


Sala Luis Galve del Auditorio, Zaragoza. Viernes 20 de febrero de 2026. 

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

La vida se reduce a encuentros compartidos. Necesitamos relacionarnos, entrelazar nuestras historias, sentirnos acompañados. Y esto es lo que precisamente vivimos en cada uno de nuestros encuentros con Luis Fercán. Porque sus conciertos son acercamientos mutuos donde siempre nos sentimos acompañados por la sensibilidad de sus delicadas composiciones. En lo que dura un concierto del santiagués saciamos plenamente nuestra alma y, sobre todo, compartimos vida. Brota de sus canciones y la hacemos nuestra. Es un diálogo que sana desde la intimidad que nos brinda una sala o un teatro donde todo el foco queda dirigido en la dirección correcta, sin distorsiones.

"Cerezos en Flor" acaba de empezar a andar. Hace apenas veinte días salía a la luz y el pasado viernes Fercán comenzaba su gira de presentación en la ciudad de Zaragoza, dentro del marco del festival Inverfest. Durante esta semana, Santiago va a inundarse de su música en "os cinco de sempre", cinco locales donde presentará estas fantásticas canciones entre el martes y el domingo, con todas las entradas agotadas. Parecía lógico empezar la gira en su casa, pero por caprichos del destino fue en Zaragoza donde estrenó estas canciones y puso la primera muesca en el largo camino que comienza con esta nueva etapa en la carretera. Una gira que se presenta cargada de fechas, consolidando a este artista paso a paso y con firmeza. Estamos seguros de que "Cerezos en Flor" le va a traer muchas alegrías al gallego, y lo vivido en el concierto de presentación en Zaragoza nos dio buena muestra de ello.

Como privilegiados de excepción, partíamos de haber compartido previamente un café y unas palabras con Luis antes de entrar en la austera sala Luis Galve del auditorio zaragozano. Desde el Giradiscos sabíamos que el concierto iba a ser importante. Intuíamos su magia, como cada vez que le hemos visto en esta tierra. De hecho, no nos hemos perdido ninguno de sus bolos por aquí hasta la fecha y siempre ha colmado nuestras expectativas con creces. El reto en esta ocasión era ver cómo funcionaba su propuesta en la sala de un auditorio, que se presta más fría que las paredes de un local como la Rock and Blues, habitual en sus últimas visitas a la capital maña, así como decidir qué canciones de sus anteriores trabajos dejaba fuera del repertorio, ahora que empieza a acumular un número nada desdeñable de temas imprescindibles. Pero desde luego que Luis Fercán supo cómo lidiar con esto a la perfección. El hecho de que la sala Luis Galve no estuviera llena y Luis se encontrase en un gran escenario en el que le veíamos demasiado solo y algo lejos de su público no fue un impedimento para que se crease ese ambiente de intimidad que siempre logra. Acortó distancias y nos volvió a interpelar con sus sentimientos más crudos y desnudos en forma de canción. 

Los temas de su más reciente disco condujeron la velada. Ocuparon el grueso del concierto, que una vez más se hizo demasiado corto. Porque cuando algo se siente de veras, cuando te dejas llevar por cada verso como si estuviera saliendo de tu boca, el tiempo se detiene y todo lo que queda fuera de esa comunión hecha música deja de importar. Eso es lo que provoca Luis Fercán cuando se mueve, como queriendo contener sus impulsos, encima de la alfombra que le sirve de hogar desde el que soltar sus infalibles dardos emocionales en sus conciertos. Cantó con una intensidad contenida "La niebla" para abrir la velada, seguida de la pastoral "Frexulfe". Nos faltó en ambas el aporte del fliscorno que tanto nos seduce en sus versiones de estudio, pero Luis se presentaba solo, sin banda ni tampoco mano a mano con su inseparable Nacho Mur. Muchos de los conciertos de esta gira van a ser así, solo a guitarra y voz, pero con esas armas Fercán levanta templos y, sinceramente, no necesitamos nada más. La esencia pura.

"El año que cambiaste el tiempo" la presentó como una reflexión sobre la manera en que discurre el mismo según lo sintamos como bueno o malo. Y es que estas canciones también hablan del poder de lo efímero, algo que salió a relucir en "Fue como entender el mar", la primera que compuso de este disco. Algunas de las más desnudas de su repertorio, como la delicada y breve "Airecillo", el bolero desgarrado "Color Miel" o la evocadora "El Palmar", nos recordaron esa joya de su discografía que fue "Canciones Completas desde una Casa Vacía", el disco en el que más se detuvo de sus lanzamientos anteriores, dejando claro que el espíritu y sonoridad de aquellas canciones es la que más le define y la que, de alguna manera, mejor casa con las nuevas composiciones de "Cerezos en Flor". Con "Casas de apuestas" entramos en un pozo, como él mismo nos dijo, pero recuperamos la energía y el vuelo con "El otro lado", que sonó igual de convincente a pesar de echar de menos esos coros y ese aroma a banda que destila en su versión original.

Algo que llamó mucho nuestra atención en su anterior gira era la sonorización con un único micro de ambiente, que tenía el don de transformar con gran personalidad los matices de las canciones. En este caso, y debido al recinto en el que nos encontrábamos, era algo imposible y hubo que utilizar micros, así como conectar la acústica que se colgó al cuello la mayor parte del tiempo. Aún así, no se perdió el ambiente íntimo que genera la sonorización al aire y en unos pocos temas recurrió a la misma con muy buenos resultados, pues la guitarra es de esta manera como se siente más libre. La ya mentada "Color Miel", en la que se detuvo con gran acierto en los silencios, "Me estoy contradiciendo", con sus formas más ligeras, y "Esta vez", recurrieron a este sonido más puro. Y fue en ésta última en la que confesó que quería buscar de forma intencionada cómo escribir sin usar estribillos, luciendo una letra de la que se siente muy orgulloso.

Como siempre en esta ciudad, no pudo prescindir de tocar "Ella", aunque dijo que probablemente no sonase más en su gira, pero nos sorprendió por la forma en la que moldeó su estribillo, pasando de la energía más intensa en su primera vuelta a la calma más plácida y sugerente en la segunda. Ya solo quedaban su particular road-song "Busco", en la que nos habla de ese sueño que está viviendo de no parar de hacer canciones y rodar, la sensual "110", y la preciosista "Cristales", que cerró el concierto representando mejor que ninguna otra el carácter de su disco más reciente y quizá el más vivo. Un álbum que muestra sus contradicciones y dualidades, su dolor y entusiasmo, así como el aprendizaje de la soledad, algo que todos los que nos reunimos alrededor del fuego que desprende su carismática voz constatamos y compartimos con el corazón en un puño y las lágrimas contenidas en más de un momento. Pero como ocurre siempre que le escuchamos desde la verdad que aporta un escenario, salimos con el alma renovada y deseosa de que los brotes de los cerezos de nuestra pequeña parcela de vida se conviertan en flor y nos tiñan de color.

Puedo asegurar que Luis Fercán se fue de su primer concierto de este round más que agradecido por la acogida tan respetuosa de un público que cada vez entiende mejor su personal propuesta. La cantidad de seguidores que se acercaron al terminar para pedirle un autógrafo o darle un abrazo de agradecimiento dio muestras de haber constatado nuevamente el poder de una música tan honesta como necesaria. En estos acelerados tiempos necesitamos un remanso de paz para reconectar con nosotros mismos y concedernos tiempo, algo tan preciado y vital. Las canciones de "Cerezos en Flor" son buen ejemplo de ello y el camino que ahora emprenden a lo largo y ancho del país de la mano de su autor será el mejor regalo que podamos concedernos para volver a ser nosotros mismos, aunque sea por un instante. Un instante breve pero eterno al mismo tiempo.