Gluecifer: “Same Drug New High”


Por: Kepa Arbizu. 

El tránsito hacia el siglo actual, en el ámbito del rock, se desplegó a través de un puente especialmente rocoso promovido desde Escandinavia, bandas que bajo el apellido de "high energy", y armadas de imponentes riffs y el descaro punk, zarpaban furiosas con destino a revalorizar el idioma eléctrico. Una escena que, como toda virulenta explosión, pronto se diluyó perdiendo su unidad, lo que no impidió donar un legado todavía hoy constantemente recuperado por nuevos miembros de la familia musical. Pero más allá de su categoría como donantes, durante estos últimos años hemos visto constantes rebrotes, unos más merecedores de aplausos que otros, de algunas de las más significativas de sus representaciones. Una de las últimas, y especialmente lograda, fue la resurrección discográfica de Hellacopters, posiblemente quienes representan el mascarón de proa de de este catálogo. Un viaje desde los escenarios, espacio que ya habían conquistado previa edición del álbum fechado en 2025, “Overdriver”, hacia el estudio de grabación realizado ahora también por Gluecifer. Avalados por sus incendiarias actuaciones recientes, el siempre incierto reto, para quien ha permanecido en barbecho más de dos décadas desde aquel "Automatic Thrill", de engendrar nuevo material concluye con la aparición de “Same Drug New High”, un trabajo que despeja las dudas como la banda noruega sabe hacer, con la virtud del frenesí.

Si no bastase para traducir el espíritu que pretende recoger este trabajo con el primer plano de un desafiante gallo asomando en su portada, el explícito título del álbum, en clara alusión a la recuperación de aquella vieja receta aunque conjugada con renovada maña, completa la lista de propósitos encarnada. Objetivos de los que no se puede desprender el carácter histórico de un retorno respaldado por sus cuatro componentes clásicos -Biff Malibu, Captain Poon, Danny Young y Raldo Useless- más el perfectamente atemperado a la naturaleza del combo, Peter Larsson. Una fotografía de la formación que ilustra su pasado y que invita al presente, dos espacios temporales citados en estas once canciones que se presentan como una ruidosa y flexible procesión. 

A modo de tambores de guerra anunciando la llegada de las hordas en sus barcos vikingos, el golpeo de batería solicita la cooperación de unos riffs de crujiente distorsión para completar juntos el comité de bienvenida a un primer tema, “The Idiot”, que en su papel de ujier que introduce al oyente a esta rentrée, ejemplifica las virtudes de la banda, coronadas con un crudo pero empático estribillo que recoge el abolengo de quienes interpretaron el punk antes de ser bautizado, llámense Stooges o MC5. Celebridades en ese árido decálogo sonoro invocadas igualmente en “Mind Control" bajo una rugosa celebración que tiene como portavoz a la figura de su cantante Biff Malibu, poseedor de un preciado desparpajo recitativo. Un llamamiento a la confraternización colectiva diseñada para aglutinar el furor de los estadios, o las salas, en una "Made in the Morning" que adopta su propia extensión de la férrea consistencia definida por AC/DC. Cánticos que representan el aullido de regreso de unos hijos pródigos a los que no les sirve únicamente la experiencia del retorno, su intención es tender un renovado idilio con una población sedienta por poner sus gargantas al servicio de himnos fogosos.

Con el fin de no equivocar lo que supone un recorrido atravesado con vigor y potencia y no la mera recreación de un relato homogéneo y romo, la banda noruega maneja con perfección la alternancia de intensidades, nunca huérfanas de voltaje de alta gradación pero sí lo suficientemente heterogéneas como para no instalar el repertorio en un espacio monocorde, por muchas revoluciones que sea capaz de desarrollar. Una marcha que asume el jadeante ritmo del rock and roll para hacer de “1996” el retrato de esa eterna alianza entre precarios que alimenta la historia de este tipo de música, o que lleva hasta el máximo la aguja que señala su predilección por el punk, hermanándose con propuestas tan alteradas como las de New Bomb Turks, con el fin de conseguir que “Armadas” sea el retrato perfecto de una época caótica y salvaje donde “los psicópatas ocupan el tiempo de emisión”. Equilibrios sobre el filo desplegado por sus bulliciosas guitarras que repuntan melódicos en el tema titular y se orientan hacia la épica desgarrada para dirigir “The Score”, huellas posadas por estilos y ambientes que descansan entre el glam más vigoroso a la hora de firmar “"Pharmacity” o una “I’m Ready” que adopta el necesario tono melancólico para ofrecer un romántico camino conjunto entre sueños rotos y luces de ciudad.

“Same Drug New High” no es un un trabajo entregado como ofrenda a la persistencia mostrado por sus seguidores reacios a firmar el óbito discográfico de la banda; tampoco es un ejercicio de nostalgia de quien se niega a habitar las paredes del olvido, este álbum representa la muestra de poderío de un grupo capaz de trasladar la comprobada pasión ofrecida sobre las tablas del escenario hasta el estudio de grabación. El resultado es una enmienda a ser valorados en relación a su hoja de servicios y una vindicación del presente como su estado natural. Solo así se puede entender un repertorio inapelable en su fabricación de un rugido creativo que representa el artefacto perfecto para enfrentar un tiempo actual que demanda cerrar con fuerza los puños.