El glorioso infierno de La Perra Blanco


Sala Oasis, Zaragoza. Viernes, 6 de marzo del 2026 

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

¿Quién dijo que en el infierno se sufre? Sí, quema, pero sabe a gloria. No conocía a La Perra Blanco sobre un escenario, no era consciente de lo que me estaba perdiendo, pero el pasado viernes, en forma de inesperada visita, como la caprichosa fortuna, se presentó ante mí la posibilidad de reparar en su particular festín. Cual Dionisio invocando a los placeres mundanos, aquellos que más nos atraen, los que ponen la pasión incontenida por delante, me dejé llevar por este auténtico portento del rock. No hizo falta más que unos pocos segundos para darme cuenta de que el convite iba a ser de altura.

Alba Blanco es un torrente de poderosa energía, un portento con alma del blues más brumoso y corazón de rockabilly y garaje que late desbocado para hacer del clásico espíritu del rock del Delta (que un día vendió Robert Johnson al diablo) una realidad actualizada sin perder ni un gramo de autenticidad. Lo de la Perra Blanco es estratosférico. Puedo asegurar que una vez te agarra entre las dolientes y afiladas cuerdas de su guitarra ya no te suelta y te conduce hasta ese glorioso infierno que, pese a lo que podamos creer, está lleno de luz y fraseos eléctricos que suenan a gloria.

Trataba de buscar un calificativo a lo experimentado en mi insustituible Oasis, pero solo me venía una exclamación a mi mente. ¡¡La hostia!! Cuando no se imponen las expectativas, la verdad aflora, y puedo asegurar que lo del viernes fue auténtico. No hay otra forma de encontrar las palabras. Ahí estaba yo, entre aguerridos rockers de mi ciudad (no podía faltar el gran Cuti Vericad entre el público), dejándome llevar y sin parar de dibujar una mueca de asombro en mi rostro unida a la satisfacción, porque no dejé de gozarlo ni por un instante. Sin necesidad de tomar notas, ni de mirar a la cámara. Sólo electricidad y comunión. Entrega y verdad. Una bomba.

Leí en algunos medios que el directo de la Perra Blanco era uno de los mejores de rock and roll que se podían ver en España. Pensé que quizá había mucho marketing en esa afirmación, pero una vez vista a la banda en acción, no sabría decir si son los mejores, pero sí unos de los más auténticos. Guillermo "la bestia" González, Jesús López, Gérard Vercher y Nelo hacen brillar a Alba, porque todo gira en torno a ella y su guitarra, pero no podemos olvidar la fuerza que desprende "la bestia" al contrabajo o la precisión de Jesús a la batería. Eso sin olvidarnos de la complicidad entre el saxo de Gérard y la guitarra de Alba, que hasta nos concedieron el honor de presenciar un dúo de altura entre el público dando rienda suelta a sus impulsos más primarios.

"Raining Love" abrió con pulso marcado la velada para dar paso, poco a poco, al carisma de Alba y su guitarra rosa, de la que brotaron fantásticos solos durante los más de noventa intensos minutos que nos regalaron. "It's fun but it's wrong" llegó pronto pero dio buena muestra de la intensidad que aguardaba la noche, para seguidamente mostrar todo el nervio que escondía la más acelerada "Down and Bound". "Number one fool" nos llevó hasta el rastro de Amy Winehouse y su aire a banda sonora de los años cincuenta, para demostrarnos después, con "Treat Me", que se podía bajar el pulso para ser más sensual, algo que se llevó al extremo en esa "Sin Amor" con aromas de western despechado. Los temas en castellano, como "Devil in my Bed" pasaron más de puntillas que el resto (al fin y al cabo son novedad en el repertorio de la linense), pero con las más blueseras "Hold Me" o "I Feel Fine" se lució con creces en las seis cuerdas, recordando a Muddy Waters o Howlin' Wolf como en su día encarnaran los primerizos Rolling Stones.

Hubo tiempo para dar rienda suelta a adictivos instrumentales como "La Furia", además de disfrutar de improvisaciones en muchos de los temas que daban vida al sueño de cualquier rockabilly inquieto, como ocurrió con "New Lover New Sweetheart". Si en "Barracuda" se marcó el clasicismo más rockin' de la noche (podríamos rememorar con ella a los Surfaris de "Wipe Out"), en otras como "Why don't you love me" demostró que lo suyo también está en el dominio del fingerpicking.

Antes de terminar y de alabar a todos sus músicos, "Supersonic Lover" mostró las cartas que mejor definen a La Perra Blanco, esos destellos de autenticidad que tan bien maneja con las seis cuerdas de su guitarra, así como el incomparable apoyo de una banda que es un contundente cañonazo de energía. Lo de que La Perra Blanco es una artista irrepetible no hace falta que lo repitamos, pero que es una artista que maneja un cancionero de rock inconmensurable y puro sobre un escenario, que en ocasiones se muestra algo reticente a este clasicismo que mueve toda esa amplia (y en ocasiones mal entendida) escena del rock patrio, es un hecho. Pero lo que más importa, y quizá mueva a esta web con alma rockera, no es lo que piense y opine la mayoría, si no lo que provocó en este humilde redactor esta artista mayúscula, cuya pequeña estatura no oculta la alta talla de su categoría escénica. Un portento, sí. Un auténtico meteoro.