Javier Corcobado: “Este es mi mejor disco y el que mejor me define”


Por: Javier González
Fotografía cabecera: Aintzane Aranguena.
Fotografías interiores: Vladi Calavera.

Son fechas ajetreadas en casa de Javier Corcobado, qué duda cabe. Hace apenas unas semanas veía la luz su último trabajo de estudio, “Solitud y Soledad”, un álbum doble, mayúsculo e imperial, que hace el número veinte en la sin par trayectoria del artistas madrileño, que por cierto anda cumpliendo cuarenta años en estos días, efeméride que promete celebrar por todo lo alto en este recién estrenado 2026. 

Se trata de un vinilo que contiene dos plásticos bien diferenciados, el primero, “Solitud”, encierra diez canciones totalmente inéditas que nos muestran a un Corcobado luminoso y certero, escribiendo textos a corazón abierto, algo que es costumbre de la casa, pero que en esta ocasión alcanzan cotas muy altas que los emparentan con lo mejor de su ya extensa obra. Y por otra parte encontraremos “Soledad”, donde regraba una pequeña muestra de su repertorio más laureado y celebrado con el acompañamiento de amigos y amigas de la categoría de Andrés Calamaro, Nacho Vegas y Alaska, entre otros. 

Semanas antes de que comience esta celebración, cuya primera parada tendrá lugar en el Teatro Eslava de Madrid el próximo 30 de enero en el marco de Inverfest, nos ponemos en contacto con Javier para hablar de “Solitud y Soledad”, pero también para charlar sobre la vida y otros proyectos que asoman en la distancia más corta, tales como la edición de “Canción de Amor de un día” y la publicación de un nuevo libro que esperaremos con la misma avidez con que siempre recibimos cualquier obra que lleve la firma de Javier Corcobado, puesto que no mentiremos a nadie al decir que disfrutamos como pocos con el poder hipnótico de cada uno de los “Besos de Cianuro” que nos regala nuestro verso más libre. 

¿Cómo estás, Javier? ¿Qué tal va todo? 

Javier: Va mejor que nunca, la verdad. He venido a Madrid a ensayar y promocionar “Solitud y Soledad”. Todo está en orden y tengo mucha ilusión por este proceso. 

Tenemos el enorme placer de volver a hablar contigo con motivo de la publicación de “Solitud y Soledad”, un álbum que es la perfecta celebración de tus 40 años como artista. ¿En algún momento del camino llegaste a pensar en cumplir una cifra tan redonda?

Javier: No, la verdad. No tenía una visión a la larga del futuro. Comencé pronto, el primer disco lo grabé con 20-21 años. Vivía más bien el presente que es una manera muy acertada de vivir. Según van pasando los años te das cuenta que solo existe este presente eterno y lo mejor es disfrutarlo. No me hacía a la idea de estar cuarenta años grabando discos y haciendo música en aquellos tiempos. 

“Este es un disco que da muy buen vibra” 

Con tu permiso vamos a hablar un poco “Solitud y Soledad”, lo primero que me sale decirte del disco es que es un trabajo que suena a Javier Corcobado por los cuatro costados. Hay tradición, hay vanguardia. Los textos supuran crudeza y riesgo, sentimiento y vitalidad. Desde fuera da la sensación de que andas muy afinado compositivamente y bastante feliz. ¿Estamos en lo cierto? 

Javier: Estás en lo cierto. Es un disco en el que he insuflado mucha vitalidad, he intentado hacer mis canciones más pop, sobre todo en “Solitud”. Por otra parte, en “Soledad” se ha buscado dotar de una energía más de directo a las composiciones antiguas que se han reinterpretado y regrabado en el estudio. He tratado de poner la energía más poderosa en este trabajo en todos los sentidos, no solamente en la grabación, también en la composición y en el arte, con ayuda de Aintzane. Creo que es un álbum que, como dicen en allá en México, da muy buena vibra, pienso que es mi mejor disco y también el que me mejor me define. Si alguien no conociera la música de Javier Corcobado se le podría decir que escuchara “Solitud y Soledad” para saber de qué va el asunto. 

“En mis directos se incrementa la ternura, el poder sonoro, la energía, el ruido y el rock and roll” 

Y también se transmite la sensación de que has trabajado muchos las canciones, producción y unas letras que rayan a un nivel muy alto. ¿Crees que es uno de tus trabajos más completos? 

Javier: Muchas gracias por lo que dices. Has hecho y respondido la pregunta tú mismo. Creo que sí, en todos los sentidos. A nivel compositivo, sonido e intención. Ha habido discos en los que al terminar la grabación he dicho “es el mejor”, no en todos, eh. Hablo solamente de algunos. Me pasó con “A Nadie” en 2008-2009. Muchas veces lo he escuchado para repasar letras y repertorio. En este álbum a la hora de hacer el repertorio del directo, he tenido que escuchar las canciones para cantarlas en casa en playback junto a Aintzane y la verdad es que las he disfrutado mucho. Ahora las he estado ensayando junto a los músicos, Jesús Alonso, Juan Pérez Marina y Gustavo Villamor en Madrid, aquí la cosa crece, se incrementa la ternura, el poder sonoro, la energía, el ruido y el rock and roll. 

De un lado encontramos “Solitud”, diez nuevas canciones, y de otro “Soledad”, regrabación de viejos himnos en ocasiones perfectamente acompañado por compis del mundo musical. ¿A qué se debe que estemos por un lado ante un disco doble que se mueve en dos ámbitos distintos? 

Javier: No son dos ámbitos tan distintos. “Solitud” es el presente eterno y “Soledad” es recurrir al pasado para traerlo hasta hoy. También es cumplir viejos pactos que había existido, hablo de los duetos con Alaska, Andrés Calamaro y Nacho Vegas, con quienes tienes asuntos pendientes. Compañeros y artistas con los que he convivido en mi historia. Con Olvido compartimos casa durante casi dos años, nos conocemos muy bien y en un reportaje para “El País” nos hicieron unas fotos, en aquel momento, hablo del año 1995, pactamos hacer un dueto que ha sido posible en este disco con la canción “Dame un Beso de Cianuro”, incluida en “Corcobator”, el trabajo favorito de Fangoria. De hecho, versionaron en electro-disco “Coches de Choque”, cosa que me gustó muchísimo. En el caso de Calamaro fuimos vecinos en Malasaña, teníamos conversaciones largas sobre música y cine, grabábamos juntos e improvisábamos. Había mucha conexión. Andrés era muy distinto al de la época de Los Rodríguez y a su personaje, descubrí a un tipo cultísimo, multiinstrumentista y con una capacidad para componer pasmosa. Nos hicimos amigos en el barrio y hasta grabamos una versión del Tango “Tormenta” de Rodolfo Lesica que quedó perdido. Ha sido una gran oportunidad de cantar a dúo. En ambos casos las canciones están bien elegidas. Andrés cantando alto “Susurro” me gusta mucho. Y con Nacho Vegas nos comimos una gira de 20 conciertos juntos en 1996-97. Recuerda que Corcobado y Manta Ray grabamos el disco “Diminuto Cielo”, donde Nacho estaba como guitarrista, ahí ya nos hicimos amigos. La colaboración de Nacho y Andrés viene a colación de “Canción de Amor de un Día”, los invité a colaborar y ahí están. Estoy muy feliz de las facilidades que me han dado para aportar su voz. Nacho colabora en “Cine de Verano”, me encanta. Han quedado muy bien los duetos, la verdad. 

Te me has adelantado a próximas preguntas, por lo que, si te parece, vamos a hablar del primero de ambos si te parece, “Solitud”, un conjunto de canciones que tienen bastante de autobiográfico, del Corcobado enamorado y apasionado de hoy, pero también del viejo Javier, quizás más canalla, peligroso y adictivo. ¿Compartes mi valoración? 

Javier: Sí, claro que la comparto. El disco se abre con canciones desesperadas, algunas son de desamor, abandono y hablan de la muerte, a ratos son melancólicas y rabiosas. En las actuales se puede palpar el amor. 

Me ha gustado ese pasodoble-punk llamado “No tengo remedio”, que retrotrae a los mejores Gabinete Caligari de la primera época. ¿De dónde surge ese temazo? 

Javier: En el período compositivo que arranca en el otoño de 2024, quería hacer un riff de guitarra eléctrica, finalmente di con él y me parecía muy bien. Realmente no me recordaba a un pasodoble, me recordaba más al sonido “Caño Roto” de Las Grecas, Los Chorbos, El Luis en trabajos como “Gitano Soul” y del productor de todos ellos, José Luis de Carlos. La letra vino sola de alguna manera, habla de amor y también de la lucha con la tentación perpetua. Tenemos al diablo tentándonos y erotizándonos. La melodía y letra al acabarlo sabía que tendría que explicarlo que es un homenaje a todos esos grupos que me fascinaban. Cabe recordar que uno de los primeros singles de Los Chorbos fue “Vuelvo a Casa”, un tema fascinante donde cantaba el enorme Manzanita. 

Y la obsesiva “En la sombra de una copa”, donde haces una peculiar reflexión sobre el alcohol, que creo recordar no es la única del álbum. 

Javier: Esa canción la escribí yendo a visitar a mi amigo Javier Arnal a Almería, mientras le esperaba en un bar mientras tomando una copa de agua, por aquel entonces llevaba unos cinco meses sin beber alcohol, a día de hoy voy a hacer tres años sin probarlo. La letra está dedicada a mí, a mi abstinencia, algo que me encanta ahora mismo. Disfrutar del mundo de la sobriedad es explorar nuevas euforias como dice la canción. La otra referencia está en “Inundaciones de Amor”, cuando digo la “abstinencia obstinada también es una adicción”. Has entendido el disco, me está encantando, casi no te hago falta. 

Hay otros dos temas muy potentes como “Ying Yang Jung Venus” y “Errigoitin”, la primera suena totalmente tántrica, y la otra cantando en euskera, sobre el terruño que te acoge amablemente desde hace años.

Javier: Sí, “Errigoitin” es un poema para Erriogiti, un pueblo que descubrí en la Vizcaya profunda. Al llegar me di cuenta que era un paraíso donde iba a echar raíces como un roble, algo que se comenta en la letra. De hecho, llevo más de 15 años viviendo, aquí me quedaré sin duda. He estudiado algo de euskera, no lo sé hablar, entiendo un 5% de las conversaciones. Me gusta mucho la sonoridad, como me gusta también el alemán. Vivo entre euskaldunes, allí la gente habla casi toda en euskera. Es un tema que salió muy influido gracias a cinco personas que están acreditadas en el disco, entre ellas Aintzane, que me ayudaron a adaptarla. “Ying Yang Jung Venus” es una especie de salmo-hechizo para llamar a la abundancia. Ying es un gato negro, Yang una gata blanca, Jung, como el filósofo, es su primo que es tambíen blanco y Venus es una gata medio salvaje. Son los nombres de nuestros gatos, cada vez pedimos atraer la abundancia, ya sea dinero y la felicidad, los citamos en alto. Es mi interpretación más cercana a la actual música urbana, el ritmo es como de reggaetón, parecida a “Adiós Estrellas de Dolor” de Los Chatarreros. La letra está tomada de un soneto que aparecerá en un libro que verá la luz en otoño, pero eso es otra historia. 

“Ante todo, hay que ser libre” 

No para de citar a Aintzane con G de Gloria, tu confidente, pareja y una parte fundamental de este disco con unos coros que son maravillosos. 

Javier: Aintzane está en la banda, estamos juntos en todo. Trabajamos codo a codo en todos nuestros proyectos. Estamos muy unidos. Juntos y revueltos. 

Acerquémonos a “Soledad”, la parte donde regrabas parte de tus mejores canciones, solo unas pocas todo sea dicho, puesto que el material es infinito. ¿Por qué estas y no otras? Echo a faltar bombazos como “Caballitos de Anis”, “La Navaja automática”, “Coches de Choque”, entre otras… 

Javier: Le di muchas vueltas también a esto. Prácticamente son los singles que han salido de cada disco. Solo podía poner diez canciones y hay veinte discos oficiales con este último. Tuve que descartar las etapas de Mar Otra Vez y Demonios Tus Ojos. Fue muy difícil. Elegí los himnos, quedan muchos más fuera, evidentemente. Es posible que algún día se reediten. Hay trabajos que no están editados en vinilo, algo que habrá que subsanar en algún momento. Ya me gustaría que “Arco Iris de Lágrimas” y “A Nadie” estuvieran en vinilo, que para mí es la escucha con mejor calidad que existe, algo que no ha superado lo digital. Además, la industria del vinilo ha evolucionado tanto que cuando escuché este trabajo dije “wow, cómo suena”. Vengo de escuchar los discos de la época en que comprábamos singles, casetes y cds. 

Me acabo de levantar para coger una cinta de casete de Corcobado y Chatarreros de Sangre y Cielo donde aparece “Arco Iris de Lágrimas”. 

Javier: Qué bueno. Es verdad. Salió en casete. Me encantaría tenerlas, tengo una pletina en mi estudio.

¿Qué le has hecho a “Carta al Cielo” para que suene tan maravillosa? 

Javier: Tocarla con los músicos que llevan quince años tocando conmigo, la hemos interpretado en infinidad de veces. En México hemos tenido que abrir con ella siempre. “Arco Iris de Lágrimas” fue un trabajo que se editó por Warner, de los pocos que tuvo edición mexicana. Es de los raros casos que no ha sido pirateado ni importado. Durante los conciertos la gente estaba todo el rato pidiendo “Carta al Cielo”, cosa que era bastante molesta, así que tomamos la determinación de abrir con ella para que nos dejaran tranquilos y que el resto pudiera fluir. Esta banda que llevo es especialmente buena, nos compenetramos muy bien. Era la banda adecuada para grabar este disco. 

Antes ya me has hablado de parte de los colaboradores del disco, solamente nos faltaría citar Marc de Dorian y Jorge Martí de La Habitación Roja, además de la ya mencionada Aintzane. 

Javier: Son compañeros de sello, Intromúsica. Al ser un aniversario, Máximo Lario me dijo “invita a alguno de nuestros artistas”, dije “cómo no”. Pensé las canciones bien… Dorian me gusta mucho en su rollo bailable. A Marc le puse en un pequeño problema, básicamente porque tiene una parte muy Stooges y luego una parte más acústica. Me encanta el resultado. Se hace unos coros así mismo que me fascinan. “La Libertad” era un reto y Jorge Martí lo dio todo. Demostró ser un Nino Bravo del indie, las partes que canta están muy bien. Y de cierre “El Mar es mi Corazón” que es de la letras que más me emociona, hacerla con Aintzane como colaboradora, aunque ella es una invitada especial más. Es un disco de autoversiones que gana mucho con estas voces que enriquecen las canciones. 

“No nos preparan para vivir en un mundo que nunca ha sido cómodo y siempre ha estado en guerra” 

Si algo ha caracterizado tu trayectoria es una independencia radical en lo artístico, donde nunca has sentido atadura de ningún tipo. ¿Cómo de complicado es desarrollar una carrera como la tuya en este país? 

Javier:
La complicación es la misma para todo el mundo. Es la supervivencia. Llevamos generaciones y generaciones donde nos enseñan lo mismo en los colegios, pero no nos enseñan a vivir en un mundo que nunca ha sido cómodo y siempre ha estado en guerra. Todos tenemos la complicación. El tema es cambiar el chip, la educación y pensar libremente. Tener el genio suficiente para vivir y no sobrevivir, desarrollando el don que has traído de fábrica, porque de lo contrario llevas una vida de frustración y no merece la pena. Nuestro tiempo es corto. En todos los ámbitos hay que luchar, ceder, pero ante todo hay que ser libre. Y ser libre no solo implica tener el alma y pensamiento libre, también es necesario tener cuerpo. Todos los seres humanos somos un ente, cosa que no nos gusta, porque tendemos a separarnos. Somos un ente maravilloso al cual yo he detestado durante mucho tiempo y no sé si llegará un día en que pueda amar con transparencia y profundidad, pero te prometo que lo intento. 

“Trato de escribir, componer y crear músicas que me gustaría oír” 

En tu caso siempre te has movido entre el fino hilo que marca la tradición, tanto musical y lírica de profunda huella hispánica, y una clara vocación cercana a la vanguardia y por momentos al más puro ruidismo. ¿De qué forma se consigue encontrar el equilibrio entre dos mundos aparentemente tan alejados? 

Javier: Lo hago para no aburrirme a mi mismo y no aburrir a los demás. Trato de escribir, componer y crear, una palabra muy fuerte, músicas que me gustaría oír. Busco cubrir mis carencias externas. Si te soy sincero al cien por cien, me gusta y me excita más la parte del ruido, a la que me voy dirigiendo paso a paso, año a año. Es donde más voy a estar inmerso. Me pierde también la canción con melodía, tradicional e hispanoamericana; el tango, bolero y ranchera. También los crooners. ¿Cómo se mezcla eso? No lo sé, no tengo una receta. Si crees que lo he hecho, ahí está para quien lo quiera disfrutar. Mezclar esos ingredientes es algo que me puede caracterizar, quizás. 

De entre todos los pasos de este camino, en ocasiones pedregoso. ¿Cuál es el período, pasaje o disco que miras con más orgullo? 

Javier: “Solitud y Soledad”, sin duda. El presente eterno. (Risas) “Canción de Amor de un día se podrá escuchar a partir del 26 de enero” 

¿Por qué “Canción de Amor de un día” no está al alcance de todo el público de una manera sencilla? 

Javier: No se ha publicado realmente, si alguien tiene algo es pirata. Porque la publicación se podrá escuchar a partir del 26 de enero, momento en que se editará junto al libro que acompaña la canción. 

Sabemos que en poco más de unos días estarás festejando la efeméride en Madrid, en el marco de un concierto que será de lo más especial. ¿Qué sorpresas puedes desvelarnos del mismo? ¿Habrá posteriormente una gira más o menos extensa que permita al público verte en vivo? 

Javier: En ese concierto… quien no me haya visto, prometo que se va a ir de allí queriendo volver. Daré lo mejor y máximo que pueda dar de mi mismo. Estaré con una energía renovada, con mi banda de acompañamiento real y un repertorio que es demoledor, además de un espectáculo maravilloso, luminoso y muy bello. Espero que haga entrar en trance a la gente. El día 30 de enero es el inicio de una gira que se va a prolongar, pero ahora solo quiero hablar de la fecha del teatro Eslava. Me están pidiendo conciertos en toda España, prometo que iré a las principales ciudad, sitios donde hace años donde no voy a cantar. En México estaré en abril. En cuanto se puedan anunciar los siguientes conciertos, seré el primero en decirlo en redes sociales, que para eso están. 

Hace no tanto tiempo nos deleitaste con “La música prohibida”, una particular y extensa biografía que recoge parte de los pasajes más crudos de tu vida. ¿Tiene el Corcobado escritor algún proyecto asomando en el horizonte? 

Javier: Hay un proyecto, un libro de poemas que saldrá en otoño, escrito en 2024. Hay algo especial, hay un capítulo de sonetos. Tengo otro proyecto, pero con tanta cosa por presentar, tanto artefacto artístico, no tengo tiempo. Es otra novela que tengo pendiente, será ficción, pero a ver cuándo encuentro el momento. 

Para la fecha del día 30 me voy a permitir el lujo de invitarte a redondear el cartel. ¿Qué te parecería invitar a Carlos Ann como telonero? 

Javier: Carlos Ann, no sé si estará en México ahora mismo. Tengo que llamarle, hace tiempo que no hablamos. Está en “Canción de Amor de un día” con dos piezas preciosas. Carlos es encantador, una bellísima persona y muy gracioso. Dale un abrazo si hablas con él. 

Gracias, Javier. Siempre es un placer hablar contigo. Espero ir a verte a finales de mes con todo mi familia y disfrutar de tu música en vivo. Va a ser todo un acontecimiento. 

Javier: Espero verte, te mando un abrazo y te doy las gracias. Seguimos en contacto.