Sala But, Madrid. Viernes, 23 de enero del 2026.
Texto: Guillermo García Domingo.
Fotografías: Marián Bujanda Bravo.
El grupo sevillano Vera Fauna actuó en la sala But el pasado viernes dentro de la programación del Inverfest, una de tantas propuestas con las que el festival pretende sembrar en el desierto y en la “cuesta” de enero. Las noches madrileñas de este mes son tan frías como el desierto, pero la calidez andaluza de Vera Fauna contribuyó a combatir el frío de la ciudad. También hizo lo propio Ruto Neón, desde Murcia.
Es un acuerdo tácito, un párrafo para los teloneros y el resto para el grupo principal, sin embargo, el desempeño de Ruto Neón la pasada noche hace que nos preguntemos si no serían merecedores de un espacio mayor en esta crónica. El joven quinteto abordó varios géneros, a saber, el bolero, el reggae, el rap o la salsa impulsados por una poderosa energía. El frontman del grupo, Bruno Laencina, dispone de una voz espectacular, el bajo hiperactivo está en primer plano, y el trompetista irrumpe con la personalidad que suele demostrar este instrumento. Kike Suárez, el vocalista de Vera Fauna, apareció por sorpresa en el tremenbundo tema “shoegaze” titulado “Pensando en la muerte”, que ya grabó junto a ellos en su día (el vídeo promocional es casi tan necesario como la canción).
Después de un cambio de set realizado a contrarreloj en apenas cuarto de hora comparecieron los Vera Fauna. Kike Suárez (voz, guitarra y letras), Javi Blanco (guitarra), Juanlu Romero (batería), Jaime Sobrino (bajo) y Alejandro Fernández (teclados y saxo) son músicos de primera que tienen bien aquilatado su repertorio, que no solo incluye temas de “Dime cómo estamos” sino de sus discos anteriores. No se les puede hacer un solo reproche. Los puentes musicales son tan bonitos y llenos de gracia como los puentes que cruzan el río Guadalquivir de su ciudad natal; sin su riqueza humana y musical es imposible concebir el poderío de esta banda. Si no fuera así Kiko Veneno no los habría elegido para recrear “Échate un cantecito” treinta años después de su publicación. Kiko y Kike tienen bastante en común, se les caen del bolígrafo las canciones contagiosas como virus benéficos que componen rehuyendo la grandilocuencia, y descubriendo, en cambio, aspectos de la cotidianeidad que los demás pasamos por alto. De hecho, una de las mejores canciones del concierto fue “Martes”, que grabaron con su padrino Kiko Veneno hace unos años.
Ambos K están tocados por el duende que acuñó Lorca. Aunque Veneno es más hierático sobre las tablas, y para animar la fiesta suele contar con el maravilloso Tomasito. Kike Suárez, al igual que el cantaor y bailaor citado antes, es divertidísimo sobre el escenario, se contonea y recorre el escenario, y al hacerlo nos recuerda a aquellos artistas que han dejado huella en el escenario por sus movimientos. Lástima que de vez en cuando tenga que coger la guitarra para dar más empaque a las canciones.
Kike cantó las seis primeras canciones (algunas fueron “Un atraco”, “Los años mejores”, “Los naranjos”, “Un día más”), pero fue la séptima la que se convirtió por derecho en uno de los mejores momentos del concierto, cuando invitaron a su amiga Ängeles Toledado conn el fin de interpretar “Me destruye”, aunque la voz principal junto a la jerezana la puso el bajista Jaime Sobrino. A partir de aquí el concierto fue creciendo en intensidad, los temas susceptibles de ser coreados llegaron a su debido tiempo. La banda actúa como un solo componente, así es su solidez y su coordinación. La atmósfera electrónica que genera Alejandro Fernández con sus teclados es extraordinaria. Mejora las canciones, sin que por ello pequen de un sonido épico impostado. Sobre las cabezas de los asistentes se formaron bucles de sonido hermosos y frágiles como pompas de azahar. Víctor Cabezuelo y su guitarra también fueron invitados a actuar en “Los grillos”. Los bises de “Sale el sol”, “Tu voz”, “Casa Carreras y “No me digas la verdad” terminaron de convencer, si no lo habían hecho ya, a todos y cada uno de los que estábamos allí, porque las canciones de Vera Fauna, hacen que uno sienta una discreta fiesta en su interior mientras baila por fuera.
En una reciente entrevista con Ángel Carmona, Kike Suárez decía que Sevilla no suena como sonaba antes, que sus barrios están dejando de sonar. Es algo inquietante, aunque también es cierto que mientras Vera Fauna estén ahí, y otros músicos sevillanos a los que esta revista admira, el sonido de Sevilla, el ruido de sus calles y de su intensa vida, seguirán sintiéndose en cualquier parte.




