Por: Javier Capapé.
No es la primera vez que hago esta afirmación. Juraría que ya con “Postales Perdidas” dije que Luis Fercán nos entregaba su disco más elaborado y personal, pero es que ahora, con este “Cerezos en Flor” me brotan esas mismas palabras. Un disco que además nos llega directamente como continuación de aquel, sin darnos ni un respiro, enlazando sus giras de presentación, fiel muestra de la gran capacidad del gallego para dejar que brote libremente su creación.
Aunque las guitarras acústicas sin artificios (pero sí encaradas con mucho cuerpo) siguen siendo su principal medio de expresión, en estas canciones hay sitio para agradables sorpresas, mucho más allá de tener a una banda completa arropándole en algunas de las canciones. El verdadero elemento que da color y emociona, casi al mismo nivel que la desgarrada voz de Fercán, es la introducción del fliscorno. Un instrumento que aporta ese toque de sutileza que tan bien le sienta a estas canciones. Iban Urizar se encarga del mismo en la mitad de los temas de la colección, clara muestra de que Luis se ha dejado llevar por esa sonoridad tan característica que aporta y ha querido teñir sus canciones de la magia de este sentido instrumento de viento. Por su parte, Nacho Mur, mucho más que un aliado para Fercán, va más allá de aportar dobles guitarras o banjos y se lanza con el sintetizador o el pedal steel en varias ocasiones, complementando a la perfección al mentado fliscorno.
El papel de Mur vuelve a ser clave. No solo porque ha ejercido nuevamente de productor del disco (además de arreglista y de encargarse de la mezcla y la masterización), sino porque se convierte en el complemento perfecto para dotar de la sensibilidad que requieren las enérgicas canciones del gallego. Podría decirse que Nacho y Luis forman un auténtico tándem complementario, que los discos de Fercán no son los mismos sin las manos de Mur. Y esto es algo que se ha ido forjando desde la inestimable asociación que emprendieron con el personalísimo “Canciones completas desde una casa vacía” y que se materializó a las claras (si es que alguien todavía dudaba de ello) con el directo publicado hace menos de un año grabado en el madrileño Teatro Lara. Definitivamente, las canciones de Luis no son las mismas sin contar con Nacho cerca, convirtiéndolas en pequeñas obras de arte que adquieren todo el sentido a cuatro manos.
Por su parte, Karlos Arancegui, habitual en las grabaciones de los estudios Gárate, donde se han registrado la mayor parte de estas canciones, se hace cargo de las percusiones o de la potente batería del tema de cierre, junto a Sara Zozaya y Nacho García, que se ocupan de los coros repartidos por todo el disco. Estos son los nombres que forman el equipo de “Cerezos en Flor”, junto a Juan Regueira, que se encargó de la grabación adicional en El Nido Estudio, además de Izan Serrano y Pedro Ramírez, que registraron los múltiples sonidos de ambiente que aparecen en los tiempos de espera entre canción y canción, como queriendo dar cierta continuidad al lote en su conjunto.
Esta es la familia de Luis Fercán, sus estrechos cómplices y aliados. Con todos ellos ha conseguido que este disco vaya todavía un paso más allá de lo que nos ha ofrecido hasta ahora y que estas canciones se nos presenten con la solidez del que está convencido de que su carrera no es para nada flor de un día. Luis sabe muy bien lo que quiere. Sabe cómo expresar todo lo que lleva dentro en forma de canción e interpelar a todo aquel que se acerca a su música, que queda plenamente herido o enganchado para siempre a su espíritu, tan sensible como decidido y, ante todo, libre.
Como viene siendo habitual en estos tiempos, el disco ha sido precedido de hasta cuatro singles, que han formado un EP previo. Las cuatro canciones que lo formaban se han ido dejando escuchar en los últimos conciertos de su más reciente gira (aún recuerdo con gran nitidez cuando nos presentó “Crtistales” en su última parada en la capital maña), hasta su puesta de largo en los primeros compases de este recién estrenado 2026 dando forma a un LP imprescindible. Ya no solo para los amantes de la música de autor, sino para todo aquel que busque la palabra precisa en un contexto desprovisto de todo lo innecesario. Fercán suena al cantautor de siempre tanto como al enamorado de la música de raíz americana o al buscador del alma del norte, pudiendo emparentarse con facilidad con compañeros de profesión de Escocia o Irlanda. Es inevitable que me vengan a la cabeza el Quique González más crudo así como el Glen Hansard más desnudo o el intenso Damien Rice. Luis Fercán tiene su propio carisma, pero no puede ocultar las raíces de las que bebe, lo cual es honorable.
“Cerezos en Flor” transita desde esa comentada crudeza, presente en la visceral “Alguna noria”, hasta el clasicismo del artista únicamente necesitado de lo básico, mostrado a la perfección en “Cristales”. Pero como comentaba desde el principio, atreviéndose a llevarnos un paso más allá y, sin perder ese punto de delicadeza, introduciendo algún sintetizador o efectos, como los que aparecen en “La niebla”, así como adornando con los matices de un sugerente pedalsteel la pastoral “Frexulfe”, la acústica “Esta vez” o la emotiva “Fue como entender el mar”. Aunque es el mentado fliscorno y sus arreglos tan bien encajados entre los surcos de estas canciones lo que verdaderamente consigue reforzar ese nudo en la garganta que siempre nos dejan las canciones del gallego. En las citadas “La niebla” y “Frexulfe” aporta los matices justos para conmovernos casi sin que nos demos cuenta, pero también consigue vestir levemente la desnudez de “Casas de apuestas” o la crudeza de “El año que cambiaste el tiempo”, además de aportar ese toque orgánico que contrasta con la guitarra eléctrica de “Está gritando”. Iban Urizar ha conseguido dotar a este disco de una sutileza y sensibilidad que trasciende los moldes transitados por Fercán y eleva mucho más allá los arpegios de guitarra a los que sirve de complemento.
Hay otro atrevimiento que esperábamos hace algún tiempo sus seguidores, como es la primera canción en su lengua materna contenida en uno de sus discos. Me estoy refiriendo a la delicada “Meniña linda” que, sin embargo, se queda algo agazapada entre el resto, ya que no encontramos en ella algo que la haga destacar más allá de la lengua que abraza Fercán. Sin embargo sí que consigue captar nuestra atención con el gran trabajo coral que presentan canciones como “Me estoy contradiciendo” (ésta también con aportes de acordeón muy acertados) o la tremenda “El otro lado”, un derroche de intensidad que deja el disco en lo más alto gracias a la participación de la banda al completo aportando fuerza y dramatismo a la par que unas buenas dosis de camaradería. Una canción que demuestra que este disco es un proyecto coral, compartido y hecho realidad gracias a la magia de un gran equipo que ha remado en la misma dirección.
Luis Fercán vuelve a ser sinónimo de pureza, de emoción bien canalizada y compartida. La esencia pura de la canción de autor. Sincero y siempre creíble. Con “Cerezos en Flor” ha conseguido plasmar en forma de canción un ejercicio de lucha entre la belleza y la violencia, una combinación de emociones que transitan desde el amor apasionado hasta la ansiedad tras la pérdida. Canciones que son el reflejo más puro de nuestra sensibilidad con las que Luis consigue que sigamos creyendo en el poder de la música y la palabra. ¿Su consagración? No sé si es la mejor forma de calificar a este disco, aunque encontraremos pocas canciones más certeras y apasionantes en este ejercicio que comienza, pero a buen seguro que “Cerezos en Flor” seguirá llenando nuestros días de ese cálido abrazo al que siempre volver.



