Por: Juanjo Frontera.
Este nuevo trabajo del bilbaíno -aunque afincado hace muchos años en Valencia- Txema Mendizábal, es el resultado de unir sus dos anteriores trabajos en uno sólo. Dos epés que se titularon "La Madriguera del Valiente" (2022) y "Nada Más, Nada Menos" (2025) y que ahora pueden ser degustados en limitadísima (150 copias) edición en vinilo, gracias, entre otras cosas, a la cobertura del recientemente fletado sello de la web Exile SH Magazine.
El ensamblaje de ambos epés tiene su lógica: pese al largo período que los separa ambos han sido grabados en el mismo lugar, los estudios Río Bravo regentados por Xema Fuertes y Cayo Bellveser (Ciudadano, Maderita, Josh Rouse) y con unos colaboradores similares, como Amadeo Moscardó (teclados), Víctor Vila (batería) o Virginia Iranzo (violín). Además, ambos epés llegaron tras dos álbumes largos que supusieron la consagración del vasco como cantautor -"Golpe de Estado" (2016) y "Disparo Revelador" (2019)- y que merecían ser completados, a modo trilogía, con otro larga duración que llegará para confirmar el alto talento de este multiinstrumentista y especialmente sensible compositor.
Mendizábal es un cantautor que bebe de fuentes muy concretas, como Neil Young o Tom Petty en lo foráneo y Quique González o Enrique Urquijo en lo nacional, pero no por ello carente de una fuerte personalidad que muestra a través de unos autorretratos sentimentales que toman forma de canción y de los cuales aquí tenemos diez de sus mejores ejemplos.
Cada cara de "Fuerte" corresponde a uno de los epés en cuestión, así que por orden cronológico en la A encontramos las canciones de "La Madriguera del Valiente", un trabajo que fue el resultado de la obstinación de Txema por componer, trabajar y publicar canciones muy personales en un entorno especialmente hostil para el artista que se autogestiona y busca ser él mismo por encima de todas las cosas. Y es que ahí, precisamente en ese lugar, es donde él se siente más a gusto.
Se nota en unas canciones de las que jamás diremos que son sensibleras, pretenciosas, ni innecesarias. En la sencillez desarmante de “Cicatrices”, “Está mal”, la abrumadora historia de “Remedios” o esa especie de bossa que envidiaría Kings Of Convenience que es “Brandy”, queda perfectamente reflejada la capacidad de su autor para llegar al corazón de las cosas y lo bien que ha hecho, en cuanto remate sónico, colaborando con las personas de que se ha visto rodeado. Se nota que ha encontrado su sitio.
Esto que digo se certifica definitivamente en la cara B, la dedicada a "Nada Más, Nada Menos", que se abre con la hermosa canción que da título a este conjunto, “Fuerte”, un himno a la resiliencia y al amor que es como una ventana a la luz mediterránea pero sentida con ojos cantábricos. Una faceta pop-soul que abre miras respecto a las cartas mostradas en la primera parte del disco y en la que se profundiza en la soberbia “Supernova”, que además aporta tintes latinos. Una de esas canciones perfectas solo al alcance de unos pocos que a Txema parece que empiezan a caérsele de los bolsillos.
Sensación que se completa con otra diana, en este caso más enraizada en la “americana” como es “Podría estar mejor”, dejando esa intimidad que Mendizábal sabe manejar soberanamente bien para un autorretrato tan bien pintado como “El guindo” o para el gran final que brinda algo tan enorme como “Perder el hilo”, una de esas composiciones (y grabaciones) que deberían situar a quien las perpetra en el escalón alto del podio de los campeones olímpicos de la canción. Txema lo es, aunque esa obstinación de los románticos empedernidos por hacer las cosas a la suya y alejados de los focos lo convierta en solo un triunfo a voces y no en toda una ovación, que sería lo merecido. Aunque desde aquí, humildemente, esperamos entonar lo bastante fuerte nuestro “hurra”, como para que nos oiga y siga haciendo canciones tan maravillosas como estas.



