Por: Javier Capapé.
Hace un mes escaso, U2 nos entregaba por sorpresa un EP rompedor y totalmente pegado a la actualidad, aunque a tenor de los acontecimientos quizá se haya quedado ya obsoleto tras los modos megalomaníacos del presidente de los Estados Unidos. Sus políticas y desgraciada actualidad por las actuaciones del ICE son protagonistas de una de las seis canciones que conforman este EP (aunque se les adelantase "el Boss" para alzar esta bandera), pero los tiempos van tan deprisa que en este momento nos faltaría otra muesca en esta colección de canciones tan politizadas. Israel y su conflicto con Gaza también aparece en uno de los temas, al igual que la guerra de Ucrania y las violaciones de los derechos humanos en Irán. Estas canciones (cinco más un interludio con forma de poema musicado) son tan potentes y desgarradas como los temas de los que tratan. Una patada encima de la mesa como llamada de atención que intenta remover conciencias, porque sería una lástima que solo formaran parte de nuestro particular hilo musical de fondo. Bono y los suyos siempre han estado cerca de los problemas que azotan la actualidad. En ocasiones han sido criticados por ello, pero quizá debamos centrarnos en lo estrictamente musical (aunque sea algo bastante difícil) para adentrarnos en estos “días de ceniza” si queremos extraer lo mejor del EP.
¿Son estas canciones un soplo de aire fresco en la carrera de U2? ¿Son necesarias? ¿Renuevan su sonido? Todas estas preguntas las hemos podido leer en diferentes medios en las semanas que han pasado desde su lanzamiento, y quizá cuando hablamos de un grupo con casi cincuenta años a sus espaldas es inevitable plantear las mismas. No sabría decir si son necesarias, ni siquiera si es necesario un nuevo disco de los irlandeses (que ellos han anunciado para este mismo año), pero desde luego que estas canciones no molestan ni desentonan en su currículum. Más bien se muestran frescas, urgentes y bien construidas. Son un acierto, sobre todo si nos fijamos en los lanzamientos más vacuos que han protagonizado en este nuevo milenio. Tampoco es que nos retrotraigan a sus mejores años, esos que les llevaron hasta su cénit con “Achtung Baby”. De hecho, el que sus espectáculos en la residencia en el Sphere de Las Vegas giraran en torno a ese disco no es que les haya llevado a buscar ese punch, pero al menos el EP nos recuerda a los momentos más sólidos de aquel “How to Dismantle an Atomic Bomb”, su último largo explosivo, su más acertada colección de canciones en conjunto de sus últimos veinticinco años. Es más bien una entrega salvaje, incendiaria por momentos, aunque sin asumir excesivos riesgos, pero sí, consigue convencer. Tal vez a esto ayude que sea una entrega concisa y ajustada, que no se va por las ramas como sí ocurría con la interminable lista de revisiones que nos llevó hasta el hastío en “Songs of Experience”. “Days of Ash” gusta porque no empacha, pero puede que le siga faltando algo para hacerlo más grande.
El riff con el que arranca “American Obituary” es en sí mismo una declaración de intenciones. Muestra la furia contenida en un tema que duele y desgarra, pero que sobre todo se nos muestra con furia, como esa que el pueblo lanza contra la mala praxis del ICE en sitios como Minneapolis, contra su existencia en sí misma. El pueblo en boca de Bono es el protagonista de estas proclamas y la furia tras las cuerdas de la guitarra de The Edge es el hilo que las conduce. Un bajo musculoso por parte del elegante Adam Clayton domina las estrofas, con un Bono que recita más que canta, hasta que la guitarra recrudece un acertado estribillo. No es “Vertigo”, pero se le acerca, aunque más bien podría emparentarse con aquel divertimento que fue “Hold Me, Thrill Me, Kiss Me, Kill Me”. “The Tears of Things” pretende ser más poética desde su concepción, con una guitarra acústica que le da ese aire profundo que va adquiriendo cuerpo al entrar Larry Mullen con su pegada y los brillos eléctricos de The Edge se sienten más presentes, aunque para ello haya que esperar un poco. Está planteada como una conversación entre “David” y su autor Miguel Ángel para plantearnos el concepto de la violencia entre los pueblos. Abarca demasiado y tal vez no aprieta lo suficiente porque su fuerza queda tapada, de alguna forma, por un desarrollo algo pesado y contenido. La que sí se muestra más convincente desde su ligereza es “Song of the Future”, en la que es protagonista Sarina Esmailzadeh, asesinada por las fuerzas de seguridad iraníes durante las protestas juveniles de “Mujer, Vida y Libertad” en su país. En ella se siente el activismo como sostén y esperanza y se acompaña de un estribillo que resuena fácilmente en nuestras cabezas, aunque sin llegar a las cotas de estándares activistas previos del grupo como el que protagonizase en “Pride” Martin Luter King. Tampoco es que queramos compararla con ésta, pero es inevitable por su mesianismo intrínseco. Cumple y, sin que nos demos cuenta, la estamos tarareando de forma enérgica, que no es poco.
“Wildpeace” es un poema israelí de Yehuda Amichai que interpreta a modo de interludio la artista nigeriana Adeola Fayehun recordando los conflictos que también manan del continente africano, nunca demasiado lejos de todo este sinsentido internacional. Una reflexión global sobre la paz y el absurdo que flota alrededor de cada conflicto que la trastoca. El poema se sostiene sobre una base sintética a cargo de Jacknife Lee, que lleva también las riendas de la producción en el resto de los temas del EP. Una producción que no arriesga, pero intenta sonar actualizada, como ocurre en “One Life at a Time”, con unas guitarras bien procesadas (desde luego el trabajo de The Edge es el que más destaca del conjunto y el que les mantiene unidos a la marca U2), pero con un resultado global más bien tibio. Un comienzo etéreo que camina lento y que no consigue resaltar más allá de las subidas vocales de Bono para intentar conferir cierto tono épico, pero sin explotar. De nuevo es el mensaje el que se impone a la pegada, resaltando el conflicto entre Israel y Palestina a través del asesinato Awdah Hathaleen en Cisjordania por un colono israelí.
“Yours Eternally” cierra este breve lote con el pop de masas por bandera, algo a lo que ayuda que colabore en la misma Ed Sheeran. También participa el músico ucraniano Taras Topolia, convertido ahora en soldado, fiel reflejo de la deshumanización de la guerra, concretamente en el enquistado conflicto ruso-ucraniano. Posee una melodía brillante y colorista que se apodera de estrofas y estribillos provocando tanta atracción como escasa novedad. Un tema de estadio, sí (de hecho su final es calcado al de “A Sky full of Stars” de Coldplay), para corear con los brazos en alto mientras flota el confeti y los fuegos artificiales, pero que suena algo impostado. Demasiado evidente y de estructura fácil que te arrastra, aunque sin llenarnos realmente. Palabras obvias que pretenden conmovernos, pero que terminan olvidándose demasiado pronto.
En definitiva, “Days of Ash” es el nuevo contenido de un grupo que siempre estuvo en nuestro radar, pero que no termina de levantarnos del letargo en el que nos dejaron hace ahora demasiado tiempo. Más allá de su mensaje, con el que han pretendido no quedarse lejos de lo que mandan los cánones de su adquirido compromiso, nos dejan algo indiferentes. Mejor de lo que cabría esperar tras sus últimos lanzamientos, pero definitivamente fríos. Quizá haya esperanza en su anunciado nuevo disco, pero también habría que poner en barbecho esta afirmación hecha a la ligera como respuesta a este inesperado lanzamiento. ¿Habrá nuevo disco, finalmente, de la banda irlandesa? No seré yo quien me lance a contestar a bote pronto, pero mientras eso llega será mejor que busquemos el asombro como siempre hemos hecho con ellos, donde las calles no tienen nombre. Esas que si se encuentran seguirán alumbrándonos el camino correcto.



