Bon Iver: "Selections from Music Concerts 2019-2023 (6 Piece Band)"


Por: Javier Capapé. 

Una gira emocionante. Diez tremendas canciones seleccionadas. Seis músicos en escena. Este primer volumen en directo de Bon Iver es una experiencia tan energizante y motivadora como lo fue la gira que trata de resumir para aquellos que pudieron ser afortunados testigos de la misma y, por supuesto, para los que no pudimos estar ahí. Nos deja la puerta entreabierta para, de alguna manera, sentirnos como si también hubiéramos sido parte de ella. Una gira a lo largo del globo que fue truncada por ese aciago 2020 y que por eso mismo se alargó esos cuatro años que refleja el propio título de la colección. Justin Vernon selecciona diez canciones de diferentes escenarios y momentos de la gira con su banda. Algunos en los orígenes de la misma (de este periodo son los conciertos de Los Ángeles o Toronto) y otros con todo el engranaje bien rodado casi en sus postrimerías (como los de Adelaide y Chicago).

Lo primero que hay que decir es que el disco se queda corto. Sabe a poco. Cierto es que es un primer volumen y que en este momento donde se imponen los discos concisos entra mejor, pero nos deja cortada la experiencia en vivo de un concierto del de Wisconsin. Como se trata de una selección fabulosa, el disco se sostiene y logra su fin, que está más cerca de buscar la emoción que desprende la interpretación en directo de estas canciones que su perfecta ejecución (aunque esto también destaque).

Los seis músicos que se reunieron en ese espectral escenario dividido en cubículos luminosos de los que ninguno de ellos salía, se entregan cada uno en su justa medida, pero aportando lo que exactamente se espera de ellos mismos. Sin sobresalir demasiado ninguno (salvo el propio Vernon y su particular voz, que es la que lo lleva todo) y remando en una misma dirección, esa que pone siempre por encima a la canción.

Sean Carey, encargado de batería y teclados, Andrew Fitzpatrick, de las guitarras principales y numerosos samplers, Michael Lewis, de los bajos y muy especialmente en momentos puntuales del saxo tenor, Matthew McCaughan, de la electrónica y más baterías, y Jenn Wasner, de más teclados y guitarras. Todos ellos arropan además a Justin Vernon con sus coros creando una sensación de conjunto plenamente integrado, donde todos aportan y destacan por y para la canción. Sólo hay una excepción dentro de este aparato instrumental, esa emotiva versión de "A satisfied mind" que Justin Vernon afronta en solitario. De hecho, la canción no formaba parte de la gira que reúne al resto de los temas. Es de una gira previa en la que Vernon se presentaba en solitario, concretamente en 2017, por lo que no sabemos muy bien por qué la ha encajado en esta colección. Aún así no desentona en absoluto con las versiones en vivo de los temas de "i,i", disco que estaba presentando y del que mayor número de canciones reúne entre estas diez. Algunas en versiones sensiblemente diferentes a las originales, como ocurre con "We", que gracias a la colaboración de Bizhiki se transforma en un cántico semi tribal con aromas de rock crudo y compacto, muy de los setenta. Otras como "Jelmore" se renuevan entre su ruidismo original y sus derivaciones hacia el jazz con toda la banda en su tramo final y "Sh'DIAH" explota esas mismas trazas con su maravilloso, a la par que doliente, arreglo de saxo. "Hey, Ma", sin embargo, no difiere tanto de su versión de estudio, pero igualmente nos conmueve, porque escuchar a Bon Iver interpretando en directo ya es de por sí estar un paso más cerca del éxtasis. 

También hay espacio para aquel experimental "22, A Million" con "666" (una de las más melódicas de aquel álbum) y "33 God", ambas saliéndose mínimamente de sus formas al buscar un camino más orgánico para el directo. Y bien es cierto que dan resultado, destacando los momentos en los que Vernon deja el falsete y se entrega desde la hondura de su grave, y a la vez quebradiza, voz. "P.D.L.I.F", que viene a significar "Please don't live in fear", de sus singles pandémicos, también aparece como susurrante en medio del metraje, justo después de la arrolladora "Heavenly Father", semi oculta en el cancionero del de Wisconsin, pero que podemos encontrar en la banda sonora de "Wish I was Here" de 2014. Una canción tan conmovedora como intrigante. Bajo su pulso sintético se esconde una interpretación desgarrada e incisiva. Aunque si con esta interpretación en la que toda la banda termina elevándola con gran acierto no tienen suficiente, pueden buscar en la versión a capella que se encuentra en el espectáculo "Cercle" del Sidney Opera House, que todavía les dejará más exhaustos. Una canción simplemente magnífica que supieron elegir con gran tino como adelanto de este disco en directo porque condensa parte de esa atmósfera tan especial que parecieron encontrar todos sus espectadores. Una atmósfera en la que cabe desde el miedo al valor pasando por la amarga decepción y la esperanzadora pasión. Sentimientos sin barreras que trascienden las canciones y nos aprietan entre el pecho y la garganta, principalmente por el efecto que la interpretación de Vernon y compañía provoca en cada una de ellas. Es hipnótica e insustituible. Un torrente de emoción desbordada que capta como pocos la angustia y el coraje en cada una de sus obras.

Tal y como nos sugieren, habrá una segunda parte. Ojalá haya espacio entonces para alguna canción de sus dos primeros discos, que se echan en falta. Por otra parte, esperemos que el versátil formato de seis miembros para su banda sea el elegido nuevamente, aunque si esto se convirtiera en una serie de lanzamientos de diferentes giras a lo largo de su carrera, estamos abiertos a otros formatos, ¿por qué no? Porque el mundo de Bon Iver es infinito, porque nos regala momentos inolvidables cada vez que presenta una nueva criatura, y porque desde su particular atalaya nos confirma una vez más, con esta increíble selección de joyas en directo, que es el músico más transgresor, único e imprescindible de este siglo XXI.