Por: Nuria Pastor Navarro.
Hace ya muchos siglos que Psique y Eros protagonizaron una de las historias de amor más célebres de todos los tiempos. Jóvenes, enamorados en secreto, levantando la envidia e ira de los dioses. Una mortal y un dios, y la promesa (rota) de jamás ver el rostro de su enamorado. Pero como todos los mitos, a este le ha tocado el turno de reinventarse… Y es que el amor tiene un nuevo rostro, y no es otro que el de Stephen Sanchez.
Son muchas las cosas que separan al joven cantante de los antiguos griegos, pero una la que los une sin ninguna duda: el amor. Desde que comenzó su carrera musical en 2020, Sanchez se ha decantado siempre por canciones de amor. Fue precisamente un cover de “Cigarette Daydream”, tema de Cage The Elephant, el que empezó a atraer oídos y miradas en redes sociales. De forma bastante discreta, el californiano se hizo un hueco en la escena, lanzando su primer álbum en 2022. “Easy On My Eyes” habría pasado desapercibido de no ser por la última de sus pistas: “Until I Found You”.
Esta no era, efectivamente, una canción cualquiera. Con ella te transportabas a los años 50, oías casi a Elvis y volvías a sentir un amor que quizá queda lejano en nuestros tiempos. No tardó el reventar las redes sociales, y, de pronto, Stephen Sanchez sonaba allá donde fueras.
Tras consolidar su estilo retro y su gran capacidad autoral con su segundo álbum “Angel Face” (2023) —disco conceptual que cuenta otra historia de pasión y venganza muy potente—, Sanchez regresa abogando una vez más por el amor con “LOVE, LOVE, LOVE”. El título ya lo deja adivinar: este es un trabajo sin rodeos, que va como una flecha al centro del asunto, que no es otro que el amor. “IT MIGHT BE LOVE” es la encargada de abrirnos el oído. Con su inconfundible estilo vintage y su voz tan versátil, Sanchez nos anima a querer con esos pequeños gestos románticos. Los acompañamientos a casa, las flores o las llamadas inesperadas son las armas que nos recomienda al son de sus pegadizas melodías.
“SWEET LOVE”, primer single en su momento, sigue una línea quizá algo más personal. En ella, al ritmo de la pandereta, el cantautor reconoce que solía esconderse tras su guitarra, rompiendo corazones y sintiéndose muy asustado… Hasta que la conoció a ella. Un toque personal y, a la vez, tan universal. El viaje continúa con “HOME TO MOTHER”, la única colaboración presente en el disco. Junto a Stephen Day, Sanchez consigue pintar una especie de fantasía tecnicolor más cercana al pop esta vez, y justo después regresa a su clásico gusto por lo vintage con “CHUCK THE MONEY”. Esta es sin duda una de las joyas del álbum: una trama a lo Bonnie y Clyde, un estribillo pegadizo y hasta vídeo musical incluido. Un perfecto ecuador en esta ensoñación sobre el amor.
“ALREADY GOT ME”, “OOO BABY (I LOVE YOU)” y “DANCE AWAY THE MUSIC” siguen los pasos de sus predecesoras, con versos de enamorado que suenan a una llamativa mezcla entre The Beach Boys y Elvis. Y sin salirse de este particular camino, el disco cierra con la balada “YOU ARE SO BEAUTIFUL”, que pone una tirita de parte del artista a todos los corazones heridos.
Como la historia de Eros y Psique, este álbum tiene sus luces y sus sombras. Musicalmente es muy disfrutable, breve, conciso y sin alejarse del estilo que tan bien le queda a Sanchez, si bien esta vez se acerca algo más al pop. Sin embargo, temáticamente reluce menos que su anterior trabajo. “Angel Face” nos regaló un concepto y argumento muy sólidos e interesantes, y es difícil evitar la comparación al escuchar “LOVE, LOVE, LOVE”, que gira alrededor única y exclusivamente del amor y queda algo más justo.
Es cierto que una temática directa y centrada no es algo negativo, pero en este caso puede hacerse algo monótono pista tras pista, acercándose más a una especie de recopilatorio que podría titularse “Stephen Sanchez: all the love songs!”. A pesar de esta repetición temática, y como ya declaraba antes, el álbum se disfruta sin ningún impedimento al oído, y mucho más si estás enamorado. Porque, al fin y al cabo —y aquí al joven Stephen Sanchez no el falta razón— en este mundo en el que vivimos nunca es mal momento para abogar por el amor.



