Neil Young & The Chrome Hearts: “Second Song”


Por: Àlex Guimerà.

Decía Neil Young en una ocasión que no entendía por qué Bob Dylan no alternaba su versión acústica con su faceta eléctrica, algo cuya respuesta parece clara y evidente para todos pues sabemos que el genio de Duluth va por libre y se rige por otros parámetros creativos. Un consejo que para el propio canadiense le ha funcionado muy bien a lo largo de toda su carrera cuando ha ido alternando obras electrizadas galopando junto a sus Crazy Horse con obras mas íntimas desenchufadas. En este último bloque nos vienen a la mente los discos clásicos "After The Gold Rush" (1970), "Harvest" (1972) o "Comes A Time" (1978), pero también los ha seguido haciendo a lo largo de su carrera como el aclamado "Harvest Moon" (1992) o su reciente "Before And After", con el que hace tres años revisaba temas pasados con la acústica y la harmónica. Pero aquellos eran temas que ya conocíamos de su cancionero. 

No es que todas las canciones de este álbum las haya compuesto Neil expresamente para el nuevo trabajo, pues de las siete que encontramos cinco son nuevas y dos, aunque inéditas, son rescatadas de los años 1964-1965. Para grabarlo, el octogenario no quiso que le acompañaran sus Crazy Horse ni los Promise Of The Real y formó la banda The Chrome Hearts a base de algunos de sus habituales colaboradores como el hijo de Willie Nelson, Micah (guitarra), un peso pesado de los teclados como Spooner Oldham, Anthony LoGerfo (batería ) y Corey McCormick (bajo). Con ellos se metió en el estudio de Rick Rubin en Malibú ,Shangri-La, aunque la producción fue a cargo de Lou Adler y Niko Bolas junto al autor del disco. El resultado es un trabajo corto en cuanto a número de canciones pero no tanto en cuanto a desarrollo (42 minutos dura en total), complejidad instrumental y en el que el bardo reflexiona sobre la vejez y sobre el paso del tiempo, manteniendo su cuota para el amor y para el ecologismo. 

Sus lamentos se inician con "The Foggy Edge Of Time", que trata sobre la pérdida de la memoria, con un piano que marca el ritmo y esa estrofa "alcohol, alcohol...". Mas larga es "Day After Day" en la que acepta la monotonía de la vejez al son de unas guitarras que vienen de los mencionados discos clásicos de los setenta. La dulce intro de piano de "Earth Girl" nos mete de lleno a una balada de amor naif, dedicada seguramente a la que es su esposa: la actriz y activista Daryn Hanna. Más compleja es la que titula el disco ya que en sus más de once minutos de duración discurre a la deriva musicalmente que es precisamente lo que quiere expresar su letra: el dejarse llevar por su actual momento vital a diferencia de la juventud. Como si se tratar de una especie de rendición vital ante el destino en un momento en el que la muerte se le acerca.

En "Casting Me Away From You" adopta su versión country-rock en una de las reliquias de mediados de los sesenta, que es una canción de desamor adolescente cantada por un tipo que lo ha vivido casi todo. Lo mismo que "I'll Love You Forever" que compuso con apenas 18 años para su novia del instituto y que aparece publicada muchas décadas después tierna y frágil cantada por un tipo que ha hecho bandera a lo largo de su carrera del amor mas pasional. Un buen cierre para el paquete. No nos olvidamos de "Soon I Might Be Going" un corte incómodo de nueve minutos, para la que el autor de "Zuma" nos mete una guitarra eléctrica y nos expresa sus angustias vitales sobre la situación del planeta a la vez que acepta su mortalidad.

Un disco melancólico, angustioso a la vez que cálido, hecho desde la mirada que evoca la vejez de un tipo que ya lo ha dicho todo en su vida y poco o nada tiene que demostrar. Hay voces que dicen que Neil Young es demasiado prolífero en publicar discos nuevos de estudio, discos en directo o discos de rescates. Pero la verdad es que uno piensa que tipos como él a estas alturas de la película que hagan lo que les dé la gana, que sigan trabajando, componiendo, grabando y yéndose de gira hasta que el cuerpo les aguante, si es lo que desean. Por nuestra parte nos quedará gozar de un mundo en el que aún podemos ir a la tienda de discos y comprarnos su disco número cincuenta de su carrera. Un privilegio.