Sala La Riviera, Sábado 27 de Diciembre 2025
Texto y fotografías: Fran Llorente.
Los Lendakaris volvieron por sus fueros en un show muy bullanguero y sudoroso donde no dejaron títere con cabeza y mostraron un estado de forma muy puntero, abarrotando el espacio ribereño al Manzanares con muchas ganas de dar batalla y no dejar indiferente a una parroquia entregada a la causa desde los primeros compases.
Los madrileños Barracüda, un combo emergente que ya lleva tres discos publicados (un elepé reciente llamado “Nada que oir” (2023) más dos EP’s anteriores publicados a principios de esta década) abrieron fuego a las ocho de la tarde con muy poco público todavía en la sala. Dejaron muy buenas sensaciones gracias a canciones etílicas como “Calles borrachas”, “Yo soy de bar”, que unidas a otros cortes más comprometidos como “Deshauciado” o “Inmigrante” ponen el contrapunto perfecto de fiesta y conciencia social para un cuarteto que no da su brazo a torce pese a lo difícil que está el percal para las bandas noveles. Desde “Ciempozuelos” y con mucho amor, regalaron piezas contundentes como “Paraíso Natural”, “Como el cristal”, “Tirao” y “Dispara tu mierda” con la que cerraron una descarga sin complejos, pero sobrada de energía y bravura.
Por su parte, los Lendakaris hilvanaron una treintena de bofetadas sonoras, presididos por un gigantesco cartel con la efigie de nuestro querido presidente de gobierno, que también ilustra la portada de su último disco. Aitor Ibarretxe como infatigable cantante muy bien arropado por Asier Aguirre a la guitarra, Jokin Garaikoetxea al bajo y Potxeta Ardanza a la batería, mostraron ser un combo muy sólido que alumbra canciones como una gallina pone huevos, con regularidad métrica. Con nueve elepés a sus espaldas, entre los que se cuenta el reciente “Mucho asco (casi) todo”(2024) son un consolidado referente del punk-rock, un redondo revelo generacional para cuando Evaristo, el rey de la baraja, decida jubilarse, circunstancia que aun vemos lejana, afortunadamente para todos los amantes del rock contestatario, ahora que Robe ya está en el Olimpo de grandes figuras que pasaron a mejor vida.
De forma feroz y acelerada, mostrando buenas cartas desde el principio, comenzaron un show que no dio tregua. “Cerveza sin alcohol”, “Estamos en esto por las drogas”, “El último txakurra”, “Esto nos es punki”… pusieron al personal a cien en una función ‘muy heavy’ que siguió al ritmo de “Cabrón”, “Cóctel molotov al chivato del balcón”, “Fuimos ikastoleros” y “Pasau de Rosca”, títulos explícitos del punk gamberro y básico que se traen entre manos. “Una tormenta” de pogos y agitación por doquier, con supuesta “Violencia en acción” y apología de la mala vida, hasta que espetan a sus amados súbditos: “Cómeme la raja de Gaza”.
El trasiego sudoroso y huracanado continuó con rolas como “Detector de Gilipolleces”, “Pablo Echenique”, “Se dice Taitanic” o la pieza que da título a su último álbum. Llegados a ese momento, es tiempo de los platos fuertes del show, empezando por la siempre risible “Veteranos de la kale borroka”, donde exigen su paga o te parto la boca. “Centro Comercial” para los tontos del consumismo, “Drogopropulsado”, “Policía Si” o la desternillante “Húngara Chúngara” pusieron nuevas dosis de mordiente a una velada donde la temperatura iba subiendo según avanzaba la función y las gotas de sudor iban calando en las camisetas empapadas en cerveza y kalimocho de los más efusivos.
En el último tramo, hubo espacio para el sarcasmo sin disimulo y las armas de destrucción más IVA en andanadas como “Urrusolo Sistiaga. Héroe de barrio conflictivo”, mientras la peña cantaba alegremente y con desenfado: ‘esto no va para nada de política, esto no va de apología del terror…’, acostumbrados a burlarse de lo divino y lo humano como en “Sanchista y Jujano” o “El 4k se llevó a mi chica”, mientras Aitor Ibarretxe se daba un baño de masas entre el enfervorecido público. Como postre, regalaron “Eta, deja alguna discoteca”, “Modo dios / diosa” y “Oso panda”, más conocida como ‘ojeras farloperas”, con Aitor embutido en un disfraz de la mascota del grupo. Con el Himno de la extinta Unión Soviética como alegre Outro, pusieron la guinda a una noche inolvidable. Sudados pero contentos, salimos con una sonrisa de oreja a oreja después de tan aterradora, agitada y divertida función.
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