Nick Cave & The Bad Seeds: “Live God”


Por: Javier González. 

Vaya por delante que uno se enfrenta al nuevo artefacto de Nick Cave & The Bad Seeds con cierto escepticismo, básicamente porque este “Live God”, extraído casi en totalidad de su actuación en París en noviembre de 2024, no deja de ser uno más de los álbumes en directo de lo que ya es un amplio catálogo de grabaciones en vivo firmados por los australianos, con la particularidad de que aquí se hace una parada significativa en los temas del que representa el último disco de estudio de la banda (“Wild God”), complementados por un puñado de clásicos imperecederos y mayúsculos que, sin embargo, no ocultan la sensación de que la verdadera magia de Nick Cave y sus muchachos reside en la fuerza que destilan sobre las tablas, lugar en que muestran el carácter chamánico, volcánico, indómito y redentor de una propuesta difícilmente trasladable en su totalidad a los surcos de un vinilo. 

Dicho esto, tampoco voy a negar la mayor, “Live God” es un disco muy disfrutable, qué duda cabe. Contiene un conjunto de temas potentes, interpretados brillantemente tanto en lo musical, sabida es la prestancia y versatilidad instrumental de The Bad Seeds, como en lo relativo a la interpretación vocal, donde Nick Cave sigue aportando carisma, teatralidad y amplias dosis de dramatismo a sus sangrantes textos, arropado por unos coros que balancean y acunan las melodías con sumo cuidado, elementos que sientan a las mil maravillas no solo a las composiciones más pretendidamente “celestiales” sino también a aquellas que presentan texturas más crudas o desnudas. 

Se abre monumentalmente con las instrumentadas “Frogs” y “Wild God”, cuya segunda parte resuena como si estuviéramos en mitad de un juicio divino, apenas un instante antes de abrirse para nosotros las mismísimas puertas del baptisterio de Florencia, apeladas por Miguel Ángel como dignas “del paraíso”, amplificadas por una sutil, aunque no carente de pegada, “O Children”, en todas ellas el trabajo de Warren Ellis y las coristas, Janet Ramus, T Jae Cole, Subrina McCalla, Miça Towsend y Wendi Rose, es inmejorable. 

La tensión y el nervio propio de épocas pasadas queda recogida en “From her to Eternity”, contrastando con la sutileza celestial de “Long Dark Night” y “Cinnamon Horses”, volviendo a subir el carrusel de las emociones con la mesiánica y tormentosa “Tupelo” que precede a las notables “Conversion”, “Bright Horses”, con la fenomenal y desgarradora intro a cargo de Mr. Ellis, “Joy” y “I Need You”, tan dolorosa y certera como siempre. 

El medio tiempo de “Carnage” antecede a una “Red Right Hand” que pese a haberse popularizado hasta el exceso sigue representando uno de los grandes momentos de los conciertos de Nick Cave, tan solo con escuchar la participación del público se entiende que sigue conservando todo su carácter sacro, tensión y oscuridad hasta romper en ese maravilloso solo “sin punteo”, un crescendo que continua con “White Elephant” y “O Wow O Wow” (How Wonderfull she is, una composición en apariencia menor dedicada a Anita Lane, pero que encierra un sincero agradecimiento y un profundo amor para quien fuera pareja y luz que guiaba los inseguros pasos del bueno de Nick

La ceremonia va tocando a su fin con una notable revisión de “Papa Won´t Leave you”, la inevitable “Into My Arms”, interpretada tan solo a piano y voz, recogiendo toda la delicadeza de esta monumental pieza, y cerrando con la góspel “As the Waters Cover the Sea”- 

Como ya se ha comentado con anterioridad, “Live God” es un bonito y disfrutable directo que verdaderamente no aporta gran cosa a la discografía de Nick Cave and the Bad Seeds, si acaso su principal virtud radica en ponernos los dientes largos mientras descontamos días en el calendario antes de la próxima visita de la banda a nuestra país, la cual tendrá lugar en el verano de 2026 en el marco de Mad Cool Festival, será allí donde podamos ver fundirse la oscuridad más densa con la luz celestial y observar obnubilados una vez más como nuestro querido Nick se muestra sobre las tablas como el animal de escenario que verdaderamente es. Lo dicho, la espera será larga, pero ni cotiza que merecerá la pena.