Sala Rock and Blues, Zaragoza. Viernes, 13 de febrero de 2026
Texto y fotografías: Javier Capapé.
Resulta difícil no tomar notas en un concierto del que pretendes dar fe y convertirlo en justa crítica, pero volver a encontrarme con Rubén Pozo después de unos años bien merecía una disposición adecuada y atenta. Con los oídos bien abiertos y sin interferencias. A pesar de la intención inicial, era importante dejar testimonio en forma de instantáneas robadas al vuelo o de breves apuntes que intentasen plasmar la emoción desprendida por la grasa del rock imperecedero y el buen hacer de nuestro querido pirata, habitual en estas páginas y muy apreciado por todos los que formamos la familia del Giradiscos.
Con la sintonía de la "Pantera Rosa" los Chicos de la Curva tomaron posiciones y la sala Rock and Blues al completo ovacionó con mucho cariño al bueno de Rubén nada más poner un pie en el escenario y lanzarse con la base contundente de "Efímero". Sin darnos un mínimo respiro enlazaron con ese himno cargado de buena vibra como es "Estamos como queremos" y comprobamos como Rubén se siente más cómodo que nunca y destila elegancia con esta banda que le arropa. "Pelos de punta" nos llevó hasta los años de Pereza sin perder ni una pizca de su intensidad canalla y pudimos constatar como encaja a la perfección con sus más recientes criaturas como "Fuera de Quicio". Canciones que se encuentran en el que quizá sea su mejor disco, y no tanto por su madurez, sino por mostrar con más credibilidad que nunca su descaro rockero. Pero no todo iba a ser "50town" y así vimos como todo su público recibía con los brazos bien abiertos canciones que ya se han convertido en clásicos para sus fieles, como ese "Rucu Rucu" que sonó a gloria.
"Gracias por elegir Aerolíneas 50town. Esperamos que el vuelo sea de vuestro agrado". Con esas palabras nos invitó a formar parte de una noche sin freno a orillas del Ebro. Una ciudad, esta de Zaragoza, a la que Rubén le tiene mucho cariño, por eso admitió que era un verdadero placer y honor tocar aquí, ya que en su corazón va una parte del barrio de Torrero de la capital aragonesa.
En "Dispárame" sentimos ese flechazo como a fuego lento, y en su parte central Rubén se creció con un solo con mucho estilo, más Keith Richards que nunca, y en ese estado sostenido arremetió a continuación la muy oportuna "Tonto de tanto r'n'r". Rubén presentó muchas de las canciones que forman parte de su último disco, y abordó la que le da nombre reconociendo que a dos años de cumplir los cincuenta le dio palo eso del "cincuentón" y tiró del hilo hasta dar con estas canciones. Ahora parece que ya no le da palo, que disfruta de este dulce momento, y con la calma que se avista en su horizonte cargado de vida nos sumergió en esa canción tan honesta y sentida, sin duda una de las más emocionantes de su cancionero.
"La chica de la curva" nos entregó su toque "dylaniano", con doble armónica incluida, y en ella aprovechó para presentar a esta solvente banda que le acompaña, cuyo nombre relacionamos con esta misma canción. Charly Bastard con su guitarra punzante, nos regaló un solo con actitud cercana a la del mismísimo Slash, Ángel Herranz marcó la pauta con su bajo bien asentado al igual que en el resto del concierto donde lo sentimos siempre sólido, y el imprescindible Loza, al que algunos conocemos por ocuparse también de las baquetas en Sex Museum o Corizonas, nos sorprendió con un vibrante final, que sirvió para dejarnos muy arriba y así recibir de buena gana toda la chulería y potencia que rezuma "El puto amo".
"Grupis" sonó, como siempre, muy "stoniana", y "Margot" volvió a dejarnos en éxtasis, como si se tratara del cénit de la noche, con un desarrollo en las guitarras que nos hizo recordar el sonido punzante y la distorsión de Tom Morello. Literalmente quedamos en estado de shock. Por eso, tras tanta intensidad, los músicos nos brindaron una "Chavalita" más suave antes de despedirse.
No podía haber llegado el final. Todo había pasado demasiado rápido. Por eso respiramos aliviados cuando la banda volvió con Rubén reivindicando la alegría de "cantar" con una de las canciones más ligeras de este "50town". Nos recordó que "el que canta su mal espanta" y eso es lo que hicimos con toda la fuerza que nos quedaba tanto en ésta como en su clásico "Madrid". Una canción legendaria que lleva el nombre de su ciudad, pero que todos podemos hacer nuestra. Mi rincón favorito de Zaragoza, en este caso, estaba siendo la sala Rock and Blues, de donde nadie quería retirarse, y menos teniendo a esta banda haciendo grande el rock más puro y certero, el que no busca grandes efectos sino la verdadera esencia que nos mueve a todos los amantes de este género eterno. Por eso, alargaron su fantástico "T Rex" gracias a la entrega de un público que disfrutó hasta el último acorde lanzado desde la telecaster de Rubén, que se contoneó por todo el escenario como ese T Rex del experimento, protagonista de la canción. Versos que todos cantamos una y otra vez intentando que no se extinguiera la noche. Porque aquí está de nuevo Rubén Pozo. Imbatible, invencible, seguro de sí mismo, feliz con sus cincuenta y haciéndonos más felices a todos con sus canciones. Pero, aunque no lo supiéramos, aún quedaba lo mejor de la noche. Rubén bajó del escenario, saludó y se mezcló entre todos los que supieron esperarle, regalándonos todo su cariño de forma sincera entre amenas conversaciones, copas compartidas y sabiduría callejera de alma rockera.





