Un vendaval llamado Jeff Tweedy


Sala Palarl·lel 62, Barcelona. Jueves, 12 de febrero de 2026 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Siempre que hay una gira de un músico o banda internacional por nuestro país que me interesa, me cuesta mucho estar desconectado de las redes sociales para evitar caer en el peligro del spoiler y, sobre todo, para evitar llegar al concierto condicionado. Todo pasa por no leer las crónicas de los conciertos de las otras ciudades, aunque me resultan inevitables las valoraciones de algunos contactos míos que ya han podido gozar del directo esperado. Justo esto fue lo que me pasó en la gira española de Jeff Tweedy , que finalizó en Barcelona el pasado jueves 12 de febrero, a la que llegué tras leer múltiples elogios de sus conciertos en La Coruña, San Sebastián y Madrid, lo que no quise que predeterminara mi asistencia en la cita de presentación de su sorprendente triple álbum “Twilight Override” en la Sala Paral.lel 62 de Barcelona. 

Todavía reciente el recuerdo del concierto de junio del año pasado de Wilco en el Poble Español, en el que Tweedy capitaneó a su legendaria banda para desplegar sus grandes éxitos y demostrar su poderío instrumental, en esta ocasión, la presencia del músico de Chicago era en sala y con una formación de acompañamiento que incluye a sus hijos Spencer Tweedy (batería) y Sammy Tweedy (voces, teclados y sintetizadores), junto a tres nombres de la nueva escena de Chicago como son Sima Cunningham (bajo y voces), Macie Stewart (violín y voces) y Liam Kazar (guitarra), cinco veinteañeros con mucho talento y profesionalidad al los que Jeff llama sus “chicos”, y a los que visto el resultado dirige a la perfección dejándoles sus propios espacios de desarrollo.

Pero antes de todo pudimos gozar un breve set a cargo de la propia Sima Cunningham , quien sola con guitarra eléctrica en mano desplegó su imponente vozarrón para exhibir las canciones del que es hasta la fecha su único trabajo, “High Roller” (2024), evocando cierto magnetismo propio de nombres como Jeff Buckley o Laura Nyro. Temas como “Nothing” llenaron la sala sin ningún soporte a excepción del momento que compartió escenario con su compañera Macie en un bonito juego de voces y guitarras.

Interesante aperitivo de lo que veríamos las siguientes dos horas: hasta veinticinco canciones a cargo de un sexteto que se mostró compacto y pluscuamperfecto, dando la sensación de ser una banda que llevan años juntos tocando, cuando la realidad nos revela que es la banda del proyecto personal de Jeff. Un proyecto, por cierto, que está creciendo muchísimo hasta el punto de que el pasado año eclipsó su formación de referencia. Y es que el triple disco “Twilight Override” y sus 30 canciones traen de todo y bueno, profundizando en un universo sonoro personal que el líder de Wilco nos ha ido regalando a lo largo de los años y que sigue sorprendiéndonos y atrapándonos aún hoy en día.

Ese fue precisamente el eje de un concierto que, al igual que el de Madrid, se centró en su último trabajo y en sus canciones en solitario, a diferencia de los conciertos de Donosti y A Coruña en los que apareció solo sin banda y en los que mayoritariamente desplegó sus éxitos con Wilco, con presencia de sus otros proyectos. Pero a decir verdad, dio igual que la banda no interpretara los éxitos de la que es sin duda una de las mejores formaciones de los últimos treinta años, porque con las nuevas piezas el concierto despegó muy alto.

Con un arranque a cargo de cuatro temas que coinciden con los cuatro primeros del nuevo álbum, el bolo nos metió de lleno en esa intimidad que logra evadirnos de toda realidad. Hablamos de la delicada y mística “One Tinny Flower”, de los coros maravillosos de “Caught Up In The Past”, de la taciturna “Parking Lot” y de ese medio tiempo country tan fenomenal llamado “Forever Never Ends”. Otras del “TO” que sonaron fueron “Stray Cats In Spain”, según Jeff basada en un hecho real, o la reivindicativa “Feel Free”. Preciosa me pareció la acústica “Having Been Is No Way To Be”, del disco “Warm” (2018), del que si no fallan mis cálculos fue la única que sonó. De su anterior “Love Is The King” (2020) se dejaron ver la folkie que titula el disco y la popie “Gwendolyn”, con esa guitarra rítmica tan deslumbrante.

Todo ello nos hizo transitar de momentos vibrantes con solos de guitarra del frontman, hacia instantes más etéreos o frágiles en los que los instrumentos nos llevaban a volandas, o en otros en los que las descargas electrizantes resultaron auténticas locuras. Son las subidas y bajadas de ese universo de las canciones que este tipo de 58 años nunca deja de componer. Como ese divertido homenaje a uno de los grandes genios del rock de todos los tiempos titulado “Lou Reed was My Babysitter”, cuyo estribillo reza “rock 'n' roll is dead, but the dead don't die”, acompañado por unos aullidos que fueron el clímax final del set antes de unos bises que nos trajeron a Tweedy solo a la guitarra para abordar la propia “Twilight Override” y una sorpresiva “Spanish Bombs”, de los Clash, que fue la versión que tocó en este concierto. 

Muchos recordarán el pasado 12 de febrero como la jornada de las restricciones de movilidad en Catalunya ante la amenaza de fuertes vientos; el día en que los niños no fueron al colegio, en que muchas empresas impusieron el teletrabajo y en que la ventada dejó árboles caídos, semáforos arrancados y miles de desperfectos. Yo, en cambio, lo recordaré como la noche en que este genio llegado de la “Windy City” desató en Barcelona otro vendaval muy distinto: uno cargado de emociones, electricidad, sensibilidad y pasión. Colosal.