Por: Àlex Guimerà.
Situados en esa maravillosa “segunda división” del Brit Pop que injustamente no tuvo el éxito masivo que merecía, encontramos a nombres como The Auteurs, Gene, Boo Radleys o incluso otros algo más reconocidos como Ocean Colour Scene, Supergrass y nuestros protagonistas, Kula Shaker. En el caso de estos últimos siempre he pensado que si a los Oasis los comparaban con los Beatles, ellos aún merecían más dicha comparación ya que su propuesta pasaba por conectar el rock de los sesenta con la instrumentación y el espíritu hindú que trajo el bueno de George Harrison a la legendaria formación.
Con un imponente debut “K” cargado de sitars y una maravillosa y vibrante versión de “Hush” de los Depp Purple, la banda me dejó flipado allá en 1996. Sin embargo la formación no pudo gozar de las inercias del movimiento britpopero ya que cuando comenzaron a despuntar éste se encontraba en su recta final y solo les dio tiempo de publicar un “Peasants, Pigs & Astronauts” en 1999 antes de separarse. Si bien su líder Chrispian Mills formó ese artefacto tan formidable que eran The Jeevas, Kula Shaker volvieron a reunirse en 2007 y desde entonces han seguido publicando álbumes, girando y, sobre todo, siendo fieles a sus principios musicales. Aunque no fue hasta el anterior álbum de 2023, “Natural Magick”, cuando la formación clásica volvió reunir al teclista Jay Darlington, y eso es algo que, a mi modo de ver, se nota en positivo, pues las dos últimas entregas son lo mejor de la banda desde los dos álbumes de los noventa.
Es en este punto donde se sitúa este flamante “Wormslayer”, un álbum que profundiza en ese universo psicodélico, místico y atemporal que forma parte del ADN de los británicos y que nos trae la edad de oro del rock al nuevo milenio. De nuevo el arte de la portada es una de las señas de identidad de la banda, con referencias a la televisión de los años setenta y, cómo no, a la India. En el interior del libreto encontramos ilustraciones que remiten a un universo muy cercano al de Tolkien, reforzando ese aire fantástico y psicodélico que envuelve todo el proyecto.
Pero vayamos a la música, ya que solo poner la aguja nos encontramos con “Lucky Number”, el single más evidente del álbum: una canción festiva y pegadiza, construida para quedarse con la primera escucha. En “Good Money” aparecen ecos claros de “Lucy in the Sky with Diamonds”, con un aroma psicodélico muy marcado. La letra funciona como una sátira sobre el estrellato y la obsesión por la riqueza. “Charge of the Light Brigades” llega con un ritmo irresistible y un estribillo especialmente efectivo, de esos que invitan a corearlo mientras que con “Little Darling” bajan ligeramente las revoluciones con una pieza más sosegada, de producción pulcra y atmósfera ensoñadora.
Memorable es “Broke As Folk”, que se sostiene sobre una línea de bajo y unos teclados que parecen robados directamente de “Light My Fire” de The Doors. El estribillo estalla en color y armonías. Pura magia sixties. Cierra la cara "A" “Be Merciful” que nos mete de lleno en ambientes de la India: la bonita pieza desnuda e íntima, adornada con delicados punteos de guitarra, poco a poco, desemboca en una auténtica tormenta sónica.
La cara "B" arranca con la fábula del niño "Shaunie", en la que escuchamos unos coros que me recuerdan a los Who más armoniosos; la sigue "The Winged Boy", de lucida guitarra y que es pura psicodelia moderna para emparejarles con bandas como Temples o Tame Impala. Mas desenfadada es la desnuda "Day For Night", con Mills que parece que cante para el "White Album". Con el corte titular los Kula nos introducen en sus ritos, con un desarrollo instrumental que es una auténtica ceremonia rockera. El paquete se cierra con las reflexiones existencialistas de una "Dust Beneath Our Feet" que llega a sonar sunshine pop.
De nuevo Kula Shaker no se complica y continúa explorando su fórmula musical, sin dejar atrás la espiritualidad, los símbolos y el misticismo oriental con reflexiones sobre la vida terrenal. En esta ocasión, su propuesta funciona muy bien, quizás gracias a la madurez y a la experiencia de sus miembros, con este "Wormslayer" que, si bien no inventa nada, resulta del todo disfrutable. Esto es lo que significa tener personalidad y mantenerse fiel a los propios principios hasta el final.



