Courtney Barnett: "Creature of Habit"


Por: J.J. Caballero. 

 Ser joven, lista y talentosa no es algo tan positivo en la práctica. La teoría parece asegurarte, o al menos vaticinar, un éxito de efecto incierto, pero los avatares y tumultos personales suelen jugar un papel clave en la evolución y el devenir de una artista de esas características aparentemente tan favorables. El caso de la australiana Courtney Barnett es uno de esos en los que el peso de su propia historia intenta equilibrarse con el de una obra artística normalmente condicionada por las circunstancias. 

En “Creature of habit”, el cuarto trabajo discográfico de una carrera hasta ahora algo irregular, hace balance de daños recapitulando causas y efectos y sin necesidad de mostrarse innecesariamente explícita. Sí deja sin embargo claves de por dónde han ido los tiros en sus vaivenes emocionales en los cinco años transcurridos desde su anterior entrega, un disco indefinido y agotador en el que su carrera parecía derivar por sendas indefinidas. Ya en el magnífico documental “Anonymus club” se desvelan tormentas y nubarrones varios, marcados entre otros hechos por su mudanza a Los Ángeles y la ruptura con pareja y sello, precisamente el que fundó junto a ella. Si todo, o al menos una buena parte, parecía perdido, lo mejor que podía hacer –y lo hizo- era ponerse a escribir canciones y grabarlas en cuanto todo encajara de nuevo.

Tener grandes amistades y tirar de ellas cuando la ocasión lo requiere sí es algo realmente apreciable. La buena de Courtney recurre en este disco a vínculos artísticos tan propicios como los de Stella Mozgawa (batería de Warpaint), músicos de Floating Points o la mismísima Waxahatchee, otra outsider dispuesta a echarle un cable en la resultona “Site unseen”. Pero lo que pocos esperábamos era la colaboración del reciclado Flea en una pieza más electrificada que la media titulada “One thing at a time”, a la que aporta bajo y presencia.

El recorrido sonoro se detiene en rotondas de tránsito tranquilo como “Wonder”, casi la nueva marca de fábrica de un sonido a veces destartalado, a veces potente en melodías como sucede en la casi perfecta “Sugar plum” o la modélica “Mantis”. Los graves atemperados de “Stay in your lane” o el atractivo pop de “Great advice” hacen la ruta aún más placentera, sin grandes sobresaltos y con paradas en paisajes raquíticos como el de “Mostly patient”. Cuando en “Same” decide dejarse arrastrar por la modernidad de los sintes y bases electrónicas, algo que no parecía encajar con sus principios, resulta ciertamente encantadora, lo mismo que si añade un gorjeo de aves y cielos cristalinos a la estampa final de “Another beautiful day”. Son distintas formas de adorar lo que hace y lo que escribe.

Dudas disipadas, no tanto a nivel personal, donde su tradicional fragilidad sigue exhibiéndose a sus anchas, como en el ámbito artístico, para el que a partir de ahora debemos tenerle reservado el lugar de privilegio que mereció casi desde el principio. En el lado más alternativo de nuestra discoteca siempre habrá un hueco para que el despiece emocional que nos plantea Courtney Barnett nos haga plantearnos eternas preguntas que sólo ella sabe responder. O no, que en verdad es lo de menos.