Por: Juanjo Frontera.
Liverpool no es singularmente conocida como una ciudad de tradición soul, sino más bien, como no hace falta ni mencionar, por ser cuna del pop tal como hoy lo entendemos. Pero eso no quiere decir que puedan surgir de allí hoy en día, en tiempos en que todo está globalizado, alguien capaz de interpretar la música eminentemente afroamericana como si hubiera nacido en Memphis. Ese podría ser el caso de Michael Thomas Jones, un joven natural de la ciudad cuyo debut, este "Joy" del que vamos a hablar, es una de las grandes sorpresas del año en términos de soul.
Nacido en Ellesmere Port, pero formado en la ciudad de los "Fab Four", MT fue un chaval prodigio: comenzó a tocar el piano con 8 años, a componer con 13 y con algo más de edad entró en el prestigioso LIPA (Liverpool Institute Of Performing Arts), donde recibió una instrucción musical que le permitió desde bien temprano ejercer como músico de sesión y aspirante a compositor en Londres, a la par que iba enamorándose perdidamente de la música afroamericana. Gente como Ray Charles, Bill Withers o Curtis Mayfield, empezaron a llenar su cabeza.
Quizás por ello decidió embarcarse en la gira mundial de su gran amigo, el americano afincado en UK Jalen Ngonda, seguramente el principal talento retro-soul de hoy en día, como bajista y sideman. Con él aprendió -y se nota en estas canciones que pueblan su debut- a utilizar el corazón y el instinto antes que el cerebro o lo aprendido académicamente, para que esta música funcione como debe.
Pronto empezó a situarse como talento incipiente: en 2022 llegaba un single en clave deep soul titulado “I won’t ever say goodbye”, que junto a un primer EP autotitulado que llegó en 2024 y contenía maravillas como “Wasting my time” o “All I do”, situó a nuestro protagonista como una de las promesas a seguir dentro de un ámbito, el del soul hecho a la manera tradicional, que cada vez cuenta con más seguidores a nivel internacional.
Tal vez por esa alianza que formó junto a Jalen Ngonda durante un tiempo, su sonido guarda bastantes similitudes con el que el Maryland desplegó en su celebrado debut "Come Around And Love Me" (2023). Sin duda ambos tienen una visión de cómo deben ser las cosas muy parecida, con un tratamiento orgánico y no necesariamente mimético de los clásicos que es el que parece refulgir sobre todas las cosas en "Joy".
El álbum, se nota, es producto de una reflexión madura y muy prolongada. Poco o nada se ha dejado al azar en un conjunto de canciones que es, en su totalidad, brillante. Desde la exuberancia modern soul (ya saben: aquella especie de sucedáneo del northern soul que tiende a ser mucho más reposado) de la inaugural “I don’t understand”, una pletórica celebración del amor que invita a bailar y anda en perfecta comunión con el título del álbum (disfrute), todo va dirigido a hacer diana en tu corazón.
Cocinado en los míticos estudios RAK de Londres que inaugurara el productor Mickie Most en los setenta, Jones ha contado además con la ayuda, tanto en la producción como en la instrumentación, del reputado Jonathan Quarmby, junto al que ha intentado por todos los medios encontrar un sonido que respete la tradición, pero a la vez suene moderno, orgánico y cálido.
Una de las tácticas para conseguirlo ha sido algo que no suele fallar: tocar todos los músicos implicados en las sesiones juntos en la misma habitación, prácticamente en directo. De esta forma canciones tan carnales como “Why I cry” o “Gentle reminder” recuperan el espíritu de grabaciones míticas como What’s Going On, Just As I Am o Curtis, pero sin desatender el presente ni parecer un simple intento de facsímil. Y es que, retro-soul es una cosa, pero de ahí al término “revival” u “homenaje” hay un trecho que algunos no están dispuestos a recorrer.
Por eso este álbum suena como suena, pletórico, inspirador y sobre todo, lleno a rebosar de buenísimas canciones. MT se considera a sí mismo como un cantautor soul y es un concepto que encuadra perfectamente con la concepción de canciones como “Easy” o “Tastes like you”, con una base en guitarra de palo que entronca con aquél celebrado debut de Kiwanuka y que marca la diferencia.
Hay una tensión en su contención que realmente logra comunicar mucho, igual que cuando nos pasea con sensualidad por la pista de baile (“You don’t love me now”, “So lost”) demuestra una personal capacidad para la melodía que es quizás lo que marca la diferencia (al final, lo de ser de Liverpool tendrá su aquél) en un disco que ofrece exactamente lo que prometía: una brillantez y maestría fuera de órbita. Sin duda, una de las brisas más refrescantes que acariciarán tu cara este verano. No lo dudes: éste es el mejor ventilador de todos.



