Entrevista: L.A.


“Me he redescubierto disfrutando con lo que hago” 

Por: Javier González 

No hay como un tortazo en la cara para espabilar y darse cuenta de que el camino correcto está mucho más cerca de lo que podemos imaginar. Una simple escapada a la sierra, estar en un paraje incomparable, rodeado de tu familia, con la calma y la certeza de que ir detrás del siguiente “sold out”, no es más que un espejismo que contribuye a fomentar una espiral de destrucción revestida de éxito; unas falsas apariencias disfrazadas de cantos de sirena en las que L.A. se vio sumidos durante el final de la anterior etapa del proyecto. 

Hoy el grupo capitaneado por Luis Albert Segura, más timonel que nunca, se echa a un lado, recogiendo la emoción y la necesidad de parar, respirar aire puro, mirar por la ventana, disfrutar de la naturaleza y de los suyos para entregar “Evergreen Oak”, un disco que conecta con el alma silenciosa que llevamos dentro para entregarnos un compendio de canciones, por momentos cercanas y casi confesionales, donde paradigmáticamente lo único que asoma es lo mejor de L.A. 

Contactamos con este viejo conocido recién salido el disco, recordando aquel instante inicial, donde andaba presentando el exitoso “Heavenly Hell”, para encontrárnosle disfrutón, jovial y realmente agradecido de haber recuperado la senda correcta, reencontrándose consigo mismo y entregando de paso un discazo que sus miles de seguidores sabrán apreciar a buen seguro. 

¿Cómo estás? ¿Qué tal va todo Luis Albert? 

Luis: Estoy muy contento, viviendo un momento muy feliz. Ando leyendo las reacciones de la gente con el disco y está gustando. Para mí es una victoria personal. Un reto asumido y sacado con nota. Poniendo en la mesa el timeline final del año, estar aquí hablando contigo sobre mi nuevo trabajo me parece ciencia ficción. Es algo a celebrar constantemente, casi como una boda gitana (Risas). 

En 2017 entregaste “King of Beasts”, un trabajo que musicalmente exploraba nuevos senderos, y en 2019 te lanzabas en solitario con “Amenaza Tormenta”. ¿Podemos afirmar que vienes de una temporada con necesidad de buscar nuevos caminos y experiencias? 

Luis: Aquí hay varios aspectos a tener en cuenta. Mi último trabajo se entregó en 2017 como L.A. y hasta finales de 2018 estuvimos de gira, haciendo todo lo que podíamos y más. Veníamos de ir a intentar conquistar Italia, Alemania y Francia. Todo muy loco, acabando exhausto, física y emocionalmente. Fueron diez años de sacar disco, hacer gira y de nuevo misma dinámica, cada con vez más sitios donde ir, con muchas expectativas. Después decidimos parar con L.A., hacer el disco en castellano. Más tarde vino la pandemia y toco estar recluidos en casa. Ahora pienso que no hice las como tenía que haberlas hecho, por aquel entonces sentía necesidad de hacer algo, pero de una forma totalmente diferente. No tengo nada que ver con el L.A. de 2017, he cambiado mi forma de ver las cosas. Ahora tengo una necesidad emocional y visceral de seguir transmitiendo lo que vivo y me gusta hacer, que no es más que hacer melodías y música. No voy por la venta de tickets, ni por likes ni los followers, ya no voy a conquistar a nadie. Y que dure muchos años esta sensación que defino como “malvivir de la música”, en el fondo es mi medio y lo siento de forma natural, porque cuando te dejas llevar por la vorágine de la industria, todo es voraz. A veces veo una imagen de esos coches que pasan por las carreteras eternas de Estados Unidos dejando la lata girando. Me he sentido como la lata, sin saber dónde estás. Me he sentido así. Ya no quiero. Si tengo que buscar un curro para seguir en la música, lo haré. Hace años quería llenar las mismas salas durante varias noches, ahora no tengo la necesidad que tenía antes.

“Evergreen Oak” es un disco que nace de una huida a la sierra de Tramuntana junto a tu familia, en plena pandemia, allá por el mes de Septiembre de 2020. ¿A qué se debió? ¿Las canciones fueron buscadas o surgieron sin más? 

Luis: Diría que el disco vino después de plantearme huir. Sentí la necesidad de hacerlo tras el confinamiento, después de las primeras salidas a la playa, viendo que Palma ciudad tenía un ambiente de inseguridad. Quiero situar al lector para que vean porqué me fui a la montaña. Lo necesitaba. Soltar a los niños, quitarme la mascarilla, dejar los contagios de lado y las noticias. Quería dejar de ver a gente mirándome mal por no echarme gel. Necesitaba irme. La excusa fue grabar el disco nuevo de L.A. Engatusé a toda la gente de mi agencia, Emerge, también a Miguel de Altafonte. Les dije que me iba a la sierra y que era imposible no volver con el disco bajo el brazo. En mi interior pensaba más me vale volver con algo grabado, porque me iba tres meses a una cabaña de puta madre con la familia, pero necesitaba entregar el trabajo que justificara el gasto. Casi la necesidad de huir era primero y la excusa fue el disco. Muchos amigos me odian por ello. El adelanto de distribución fue un farolazo para ir a un sitio privilegiado. Bendito farolazo. 

Lo digo porque a lo largo del mismo se trasluce una sensación de calma y de que todo fluye, que no es muy habitual cuando se escuchan discos. 

Luis: Estoy de acuerdo, me gusta que me lo digas. Es realmente lo que pretendía sin tener nada preconcebido. Una vez llevando un mes y medio en la casa, recuerdo pensar que necesitaba que la gente se acercara a lo que yo sentía allí. Era la libertad. Fantaseábamos con la idea de que los seguidores pudieran visitar la casa, comer con nosotros y que pudieran entender todo el disco. Es inviable evidentemente. Una locura. Tú escuchas “Spend My Time”, ves la portada y quiero que te pierdas en el bosque de la portada, algo que hice personalmente con mis hijos y mujer. Esa sensación tan necesaria. Estamos tan necesitados de espacio. Me gustaría que el oyente escuche el disco en casa y cierre los ojos para oler a pino mojado. 

“Spend My Time”, quizás es la perfecta definición de todo lo que comentas.

Luis: Sí, la elegí, como adelanto porque creía que era el primer guiño a lo que viene después. Creo que es un golpe en la mesa para decir el disco os llevará a este sitio, dejaros llevar. Abrir la puerta y sentiros en mi jardín. Me gusta lo que dices. De momento vamos muy bien con la entrevista. 

Las primeras frases son muy descriptivas. 

Luis: Lo primero que transmito al principio del disco es donde estoy, lo que quiero a mi familia y también al oyente. Creo que es importante decirnos las cosas. Quiero mucho a la gente y me parece importante sentir y hacer sentir. Es una buena carta de presentación. 

¿Crees que es el disco en el que más se muestran todas las facetas de lo que son las canciones de L.A.? 

Luis: Tiene sentido porque he sido muy libre en este disco. No solo a la hora de tomar decisiones. No he tenido un mediador. He recibido la inspiración que es algo muy hippie como el amor a la montaña, a la tierra y a mi familia. Las dos cosas que tenía generándome sensaciones. No ha habido productor, ni ingeniero, ni músicos ni mánager. Yo solo con un ordenador, tarjeta de sonido y protools. Cero. Casa con lo que dices. Es puro. Soy yo. Son doce canciones que te llevan a mis recovecos. Hay cosas muy abiertas y otras canciones que soy yo solo con una guitarra. Es muy puro, a riesgo de que a la gente no le guste. De momento vamos bien, la gente está contenta. Nadie me ha hablado de impostación. 

Entiendo, de hecho si le quitáramos ciertas capas, quizás solamente fuera un disco de folk. 

Luis: Tal cual, la verdad. Si el folk lo desnudamos y describimos como algo de la tierra, orgánico, sencillo y simple. El folclore no deja de ser algo con guitarra y tambor, muy básico. Este disco está criado con los pies dentro de la tierra. Ha habido pocos medios para grabarlo, no quise tener más. Lo concebí como guitarra y voz. “King of Beast” no era un disco folk, todo lo contrario. Era un disco pensado para tocarlo en festivales. “SlntFlm” también. Este disco se parece a mis tres primeros discos, los que nadie conoce. Aquello era yo en casa de mis padres, en la habitación de mi hermana, con cuatro pistas, que en realidad eran dos, tirando de micro y guitarra. He vuelto a eso disfrutando. Es la base de toda esta historia. No hay más. 

Qué preciosidad es “Judy”, puro pop hecho canción. 

Luis: Sí, es pop o quizás folk. Está Dylan o Woody Guthrie. Es difícil tomar la decisión de dejarla desnuda. Y más ahora que abres el ordenador y tienes lo que antes eran millones de dólares en reverbs y compresores. Renunciar a eso, dejarla con una guitarra, bombo, caja y plato, con un bajo y la voz de mi mujer es riesgo. Es el riesgo de dejarla y que pueda quedar sosa. 

¿Te acuerdas de los tiempos de “Heavenly Hell” donde comenzaste a contar con el cariño y reconocimiento de un público sensiblemente mayoritario? 

Luis: Sí, hay un L.A. de casi seis años de carrera, con tres discos, uno de ellos doble. Mis colegas de Mallorca, que conocen la discografía, me dicen que este disco podría ser la continuación de “Welcome Halloween”, mi tercer autoeditado. Todo cambió al hacer “Heavenly Hell” que cayó en manos de Universal y el resto es historia. Ese Luis Albert de casa de mis padres sigue estando ahí. Me he redescubierto disfrutando de nuevo. 

Te veo convencido de que el gran público conozca al L.A. de antes. 

Luis: Más que probable, cuando das la vuelta al círculo, te das cuenta de dónde has estado y donde estas mejor. Quiero pensar que será así. Puede que me dé por hacer un disco de electrónica. Ahora mismo estoy muy cómodo aquí, es mi sofá de toda la vida. Me gusta estar aquí. No lo voy a vender porque es tan cómodo. Llevo muchos años con este sofá y estoy cómodo. 

¿Te ha dado tiempo a colarte en festivales y conciertos para este año? 

Luis: Va a haber en directo, pero menos de lo que pensaba. Vivo al día desde hace un año. Vivo con lo que tengo. Hay promotores intentando crear eventos con grupos del año pasado. Llego muy tarde, con disco nuevo cuando se debe bolo a alguien todavía del año pasado. Es el año de escuchar el disco y que vaya a tu casa a tocar con la acústica. El año que viene será el de tocar con banda.