Arctic Monkeys: "The Car"


Por: Jesús Elorriaga

Los de Sheffield con “The Car” no han venido a hacer amigos, sino a demostrar que son una banda adulta, capaz de huir de lo convencional o de lo que los adictos a la plúmbea nostalgia pueden esperar de ellos. “Tienes que seguir tus instintos de la misma manera que lo hiciste en primer lugar”, confesaba recientemente Alex Turner, líder de la banda. Y es en esas directrices de coherencia evolutiva donde se asientan las 10 canciones que conforman su séptimo disco de estudio, compuesto por Turner y producido por un habitual de los ingleses, James Ford, grabado en Paris y Londres durante el verano del 2021.

El éxito de sus anteriores discos, en especial “A.M”, les ha aportado la libertad necesaria para seguir en una línea creativa muy particular, haciendo las cosas a su manera y a su tiempo, de ahí estas largas esperas de sus dos últimos discos (5 y 4 años, respectivamente). Entre giras y conciertos masivos (antes y después del parón forzoso de la pandemia), han encontrado el espacio necesario para probar nuevas maneras de afianzar su discurso sonoro, rompiendo definitivamente cualquier cadena que le pudiera condicionar desde la maquinaria del establishment. 

Sus primeros singles, lanzados el pasado verano, "There’d Better Be A Mirrorball" y "Body Paint", ya avisaban del estilo continuista del anterior disco “Tranquility Base Hotel & Casino”, alejado del sonido más garagero y enérgico de sus primeros trabajos, y más cercano a los páramos de un rock más reposado. Canciones lentas con ritmos pesados, minimalistas (casi prescindibles las baterías en algunos temas), casi abstractos en otras ocasiones, bañadas en una orquestación que nos aleja de cualquier atisbo de aquel rock más chulesco de antaño, excepto algún que otro arranque en modo amplificado, como sucede a mitad de canción de la propia "Body Paint". Como en el primer adelanto, este tema te sumerge en un interminable traveling circular alrededor de la verborrea de Turner, reconvertido desde hace años en una especie de Marc Almond o Bryan Ferry rockero en modo en su versión más crooner. 

La segunda canción del disco (tercer single del disco) "I Ain’t Quite Where I Think I Am", con esa guitarra que juega tímidamente a ser funky, quizás sea el tema más accesible de todos. En cambio, "Sculptures Of Anything Goes", tiene un inicio y progresión bastante oscuro, inquietante pero tan atractivo que no puedes dejar de avanzar en su minimalismo rítmico. Experimentar, progresar…tal vez soñar. Con neones latentes y viajes al fin de la noche, Alex. Cuéntame más, no me des estribillos pegadizos ni convencionalismos de festivales de verano. Entremos con "Jet Skis On The Moat" en ese ambiente de reservado con sofás de piel gastada, con olor a cigarrillo Morland y Dry Martinis mezclados-no agitados, y un piano que desmonta cualquier muro de fuzz en su limpieza y claridad para ese baile agarrado en la pista de baile semi vacía a altas horas de la madrugada.

Esos teclados y las sempiternas cuerdas aparecen de nuevo en "Big Ideas", con las guitarras que tratan de entrar en ese entorno aterciopelado de pantalones campana y chaqueta dorada en la orquesta de la boite. "The Car" marca el cénit del disco homónimo, y es otra declaración de no querer ponértelo fácil con estructuras in crecendo, más cercano a la banda sonora de una película, pero que mantiene un pulso firme que te lleva, casi sin darte cuenta, hasta las últimas canciones, donde Turner sigue a lo suyo, y la batería de Helders suena igual de lánguida y continua, tanto en "Hello You" como en "Mr Schwartz". «Perfect Sense» sería un tema que encajaría bien en los créditos finales de esta película, rebosante de orquestación en diferentes capas y ejerciendo de epílogo de un disco poco predecible que quiere vestirse elegante para encontrar una identidad propia en una banda todavía joven que empieza a sentirse ya veterana.