Teatro Joy Eslava, Madrid. Jueves, 8 de enero del 2026.
Texto y fotografías: Guillermo García Domingo
(Ariel) Rot es sinónimo de rock en nuestro país. El músico lleva muchos meses repasando por las salas el disco “En vivo mucho mejor”. El pasado jueves recaló en Madrid en el marco del Festival Inverfest y en el recinto con forma de concha teatral de la Joy, una sala realmente singular, idónea para la propuesta del argentino, entre otras cosas porque el guitarrista vive en Madrid desde hace casi cincuenta años. Así lo cuenta en “El vals de los recuerdos” que abrió el recital. Seguramente debido a ello su cancionero evoca en muchas ocasiones los rincones de esta ciudad y en este concierto no faltaron “Bruma en la Castellana” ni “Geishas en Madrid” que sonaron esplendorosas, por cierto.
Esta canción a la que acabamos de referirnos no estaba en el álbum grabado en directo en Galapagar en 2001, y es que el guion del concierto del jueves no siguió exactamente la pauta del disco. De hecho se quedaron fueron el medley y las canciones de Tequila, y la versión de “El pistolero”, sí que se acordó, en cambio, de su etapa de Los Rodríguez: “Dulce condena”, “Me estás atrapando otra vez”, “La milonga del capitán” y “Mucho Mejor”. ¿Qué levante la mano quien pueda reprochar algo a cada una de estas canciones ya legendarias e inagotables?
Suponemos que por culpa de esta rememoración de canciones noventeras, alguien poco precavido se acordó de Andrés (Calamaro) sin venir a qué, pero fue contestado inmediata y contundentemente por un tipo que exclamó con mucha razón, “¡Qué dices, loco!”. Porque Rot tiene argumentos de sobra para reivindicarse, sus discos en solitario y las canciones que estos contienen en lugar de perder lustre lo ganan con el paso de los años: estuvieron presentes “El mundo de ayer” (ausente en el disco), o “Adiós Carnaval”, que acreditaron que no solamente fueron dos discos de estudio, “Hablando solo” y “Cenizas en el aire”. “Vicios caros”, merece una mención aparte, está en lo más alto. Hubo que pedir un silencio reverencial a algún despistado cuando Rot anunció las primeras notas de este tema.
He leído recientemente una afirmación atribuida al filósofo griego Anaxágoras: “el hombre piensa porque tiene manos”. El desempeño de las manos en la guitarra ha debido de contribuir a exaltar la inteligencia de este icono del rock. En la entrevista que le hicimos al músico para nuestra revista hace algo más de un año brilló la afilada inteligencia, cada pregunta era devuelta mejorada por la respuesta de Ariel Rot. El rock ha sacado partido de esta interacción entre las manos y las seis cuerdas. Nadie mejor que Rot ejemplifica este idilio. A diferencia del último concierto al que asistí de Rot en la sala But, esta vez la guitarra elegante del artista, una Fender Telecaster maravillosamente elocuente, ejerció un papel solista más acentuado, y no porque no tenga confianza ciega en el otro guitarrista que le acompañaba, Ricardo Marín, quien además ya le escoltaba en el concierto en el barrio de Tribunal. El estilo de “brazos caídos” de Ariel que recuerda a Keith Richards es inconfundible, y despertó la admiración del público que llenaba la sala y que se distribuyó en sus tres pisos. Junto a ellos estuvieron sobre las tablas Tito Dávila a los teclados, Toni Jurado a la batería y Reguilón al bajo. En su día Ariel Rot recurrió a The Attractions de Elvis Costello para grabar “Hablando solo”. Esta banda con el paso del tiempo se ha convertido en algo muy parecido a aquella y el talento de Rot cada vez se parece más al del británico. Son elegantes incluso cuando tiene que dar por concluida una canción. Ahora es a mí a quien le corresponde terminar esta crónica.




