Rufus T. Firefly a la velocidad del Trueno Azul


Sala Oasis, Zaragoza. Viernes 30 de enero de 2026.

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

Empiezo a perder la cuenta de las veces que he visto a la banda de Aranjuez en directo, pero siempre me sorprenden. Su naturaleza está hecha para el directo porque en cada uno de ellos se crecen. La del viernes fue la segunda cita de la gira "Todas las cosas buenas" en Zaragoza y anunciaron que iban a volver más pronto de lo que creíamos. En el pasado concierto del mes de mayo su nuevo disco estaba muy reciente y se centraron en presentar esas canciones con mimo, otorgándoles todo el protagonismo y en un tono más sosegado, como queriendo detenerse en todos los detalles con ahínco. Sin embargo, tras estos meses de rodaje, el show ha ido mutando y, aunque el grueso del repertorio sigue ocupándolo su más reciente creación, dejan espacio para un setlist menos encorsetado y, por encima de todo, mucho más potente. Las canciones con más garra de sus anteriores discos roban parte del protagonismo a las nuevas y la guitarra de Víctor está mucho más presente, mostrando su cara más afilada.

Tras arrancar con el tema que da título a disco y gira, anunciaron que éste iba a ser un concierto para viajar por todas las etapas de la banda, y así lo corroboramos al detenerse en los primeros compases de la noche en la inspiradísima "Tsukamori" (una de mis debilidades) o en la lisérgica e hipnótica "Pompeya".

El comienzo no pudo ser más fuerte, con toda la banda explotando frente a un público más que entregado, por eso "Camina a través del fuego" y su tono más relajado, aunque sin perder esos fantásticos toques funk, nos sentaron de maravilla para tomar aire y seguir con "El Coro del Amanecer" y sus precisos arreglos vocales sobre una base tecno-pop favorecida por los bajos sintéticos a cargo de Miguel de Lucas. Pura catarsis que terminó con los coros sostenidos de Manola en su recta final tras habernos seducido previamente con los sintes. 

El protagonismo de Julia Martín-Maestro sabemos que lo tiene ganado al mando de la contundente pegada de su batería, pero esta vez también pudimos verle tomar las riendas al frente de la banda con "Ceci N'est Pas Une Pipe". Su voz sonó discreta, pero se lanzó sin pudor al frente del escenario. Una parte de las tablas que apenas pisaron más que en algunos momentos puntuales, ya que la banda se presenta compacta, tocando todos muy cerca los unos de los otros, como al fondo, para contemplarlos como si estuvieran en un ensayo en su propio local, pero con un público privilegiado observando por una rendija.

La vuelta al pasado y la distorsión tras la suavidad desprendida por Julia llegó con "El problemático Winston Smith", y ¡menuda sorpresa! Además vino acompañada de un desatado solo de eléctrica por parte de Víctor en su tercer acto, donde flotamos juntos. Él mismo dijo que era una canción para "súper fans", pero es que se les vio disfrutarla como si fuera su mayor éxito. Todo un acierto que, en referencia directa a su letra, supo "cómo acortar todas las distancias" con su público.

Todos sabemos que el disco que más alegrías les trajo en un momento en el que pensaban que Rufus T. Firefly no iba a dar más de sí es "Magnolia" y, cual homenaje, se marcaron su canción titular con su desarrollo lisérgico que nos lleva al infinito, para doblar seguidamente la apuesta con la intensa "Lafayette", con Julia redoblando como nunca y el resto de la banda más acelerados que en anteriores ocasiones con esta interpretación, que sonó casi rozando el hard rock en lugar del soul setentero que se respiraba en su versión original.

En esta segunda parte de la gira se atreven con algo que nunca les había visto hacer antes. Tocar alguna de sus canciones como se crearon, solo con la guitarra. Víctor agarró la acústica y entonó "Lumbre" en una versión básica que la alejó de la enorme joya con la que cierran su más reciente disco. Quiso hacerla así porque, a pesar de reducirse a la esencia, nos confesó que sigue resumiendo a la perfección el espíritu del disco, ese que invita a aferrarse a las cosas buenas, que suelen ser sencillas. El público la escuchó con un respeto sobrecogedor (¡bienvenido el silencio!) y Víctor no pudo mostrarse más agradecido. Cierto es que me quedo con su versión más elaborada, ya que ésta casi se sintió demasiado en el límite, pero es un gesto valiente cuando lo habitual en Rufus es presentar las canciones con todos sus arreglos de frente. A ésta le siguió una de las favoritas de su creador, "Trueno azul", en la que nos dijo que le gustan las cosas y la gente que resiste, como su viejo Hyundai que da nombre a la canción, que se aceleró también en su desarrollo instrumental dándole cierto aire a Daft Punk. Enlazada llegó "Dron sobrevolando Castilla-La Mancha", que sonó a rave desbocada con el grupo en trance, casi tanto como el público de la sala Oasis, que se dejaba llevar sin frenos al ritmo de su electrónica ochentera. 

La irreemplazable "Nebulosa Jade" sugería que el final estaba cerca, pero tanto en ésta como en la colorista "La Plaza" Víctor estuvo más "disfrutón" que nunca. Acercándose al filo del escenario, tumbándose en el mismo o dando la mano al personal mientras se dejaba la piel con uno de sus temas más explosivos y desprejuiciados como es ese particular homenaje a los Smiths y su admirado Morrisey. "El principio de todo" fue en este caso el final, pero un falso final como todos sabemos, porque quedaba aún una buena dosis de éxtasis compartido. "Canción de paz" sirvió de agradecimiento a la sala Oasis, a la que querían volver cuanto antes después de su última parada, que coincidió con la quiebra de su ticketera. 

"Sé dónde van los patos cuando se congela el lago" y la imprescindible "Río Wolf" conformaron el apoteosis con el que se despidieron por todo lo alto. Dos de sus canciones que se han convertido en emblemas, cargadas de rotundos versos y no menos afilados fraseos a las guitarras apoyados en la contundencia rítmica que define a esta formación encabezada por Víctor Cabezuelo y Julia Martín-Maestro, que una vez más se fundieron en un abrazo eléctrico para terminar ese himno que lleva el nombre en el que se perdió el rastro del gran Jeff Buckley. Lo que tienen entre manos Rufus T. Firefly sigue siendo un diamante en bruto que van puliendo en cada alto de su gira interminable. Dentro de poco podremos escucharles en la mítica Riviera madrileña, pero mientras tanto los de Aranjuez seguirán dejando huella en cada escenario que pisen, haciéndolo suyo y consiguiendo que cada espectador saboree esas "cosas buenas", sencillas y aferradas a la esencia, pero que pueden hacerse algo muy grande y llevarnos al más allá.