Monstruo Laberinto: “Negro Fosforito”


Por: Javier Capapé. 

El inquieto Manuel Cabezalí puso punto y final a su proyecto Havalina hace menos de dos años con una gira de despedida que recorrió trece ciudades españolas. En los meses siguientes le hemos visto embarcado en la gira de Zahara, con la que comparte escenario desde hace años, pero estaba claro que el músico no se iba a conformar con eso. Su labor como ingeniero y productor para bandas como Ginebras, Rufus T. Firefly, Second o Elem le ha dado grandes alegrías, pero su necesidad de expresión a través de composiciones propias tenía que explotar de alguna manera, y el resultado de esta inquietud se ha hecho realidad con su nuevo proyecto. Monstruo Laberinto es un dúo formado por el propio Cabezalí junto a su pareja Nieves Lázaro, conocida por su proyecto previo que lleva su propio apellido como emblema. Los dos han compartido los mandos de este monstruo de dos cabezas y han dado forma a once canciones que componen un debut tan arriesgado como inquietante: “Negro Fosforito”. Ya desde su título nos presentan un juego que se hace realidad a lo largo de todo su minutaje. La ambigüedad entre el color y la oscuridad y la mezcla de ambos ingredientes para abrir un camino nada convencional, pero repleto de aciertos.

Monstruo Laberinto se mueven en su debut entre la épica electrónica de los ochenta y el art-rock más experimental. En algunas canciones suenan penetrantes y oscuros, apoyados por esa electrónica muy marcada, y en otras parecen más orgánicos, aunque sin desviarse demasiado de las atmósferas densas que predominan a lo largo de sus once canciones. Entre ambos se reparten el protagonismo vocal, pues encaran algunas canciones en conjunto, pero en otras la balanza se inclina hacia uno de los dos opuestos, sumando en todo momento.

En apariencia, este “Negro Fosforito” es más duro y oscuro de lo que después encontramos cuando le dedicamos tiempo. Las distorsiones de las guitarras de Manuel se mezclan con los bajos sintéticos y los ritmos electrónicos para ofrecernos enigmáticas reflexiones a flor de piel. Tanto si se visten del pop electrónico de los primeros discos de Depeche Mode en temas como “Muerte por Arcoiris” (no podían presentar un título más distópico), como si lo hacen con un aire noisy violento en otros como “Grieta”, el resultado convence y suena creíble. Nieves y Manuel se atreven a casi a todo sin remilgos. Nos llevan al techno de la mano de “Humo Humano”, nos sumergen en riffs de sintes oscuros con “Gloom” o buscan aires minimalistas en “Interrupción”. No todo es velocidad como pueda parecernos al escuchar la acelerada “Alas con Membranas”, ya que hay momentos en los que se impone la calma y Monstruo Laberinto llegan a conmovernos, como en “Alquimia”, que camina lentamente mientras se reparten las voces principales, o en “Parte de mi”, en la que repiten ese atractivo juego vocal.

Si “KIK”, canción que abre el lote y primer single del mismo, puede suponer una carta de presentación a las claras del nervio y estilo de este experimentado dúo, “El Momento Culminante”, que lo cierra, sugiere desde su instrumentación más orgánica, que la delicadeza está presente en todos los surcos del mismo. Un disco que, a pesar de la apariencia, sabe tocar la fibra como si un leve susurro (en este caso representado por la voz de Manuel en ese “Momento Culminante”) nos recorriese y electrizase la piel, algo que ocurre especialmente en otra de sus canciones, en la más emocionante de todas. “Ven a verme” baja las revoluciones y nos sumerge en una atmósfera inquietante que deja abierto un universo por explorar que puede ser realmente rico, puesto que este dúo sabe muy bien lo que quiere y tiene entre manos. Su música se expande y puede llevarnos muy lejos, pero para esto habrá que dejar que nos seduzcan también con su directo, que se prevé muy estimulante. Juanma Padilla y Víctor Cabezuelo acompañarán próximamente a estos dos fieras que han soltado toda su garra en un álbum de reflejo oscuro, pero de luz desbordante.