Rhiannon Giddens: “Hope Is The Thing With Feathers”


Por: Juanjo Frontera. 

En opinión de quien esto escribe, pocas músicas o músicos han sabido escarbar en las raíces profundas de la música americana de la forma que lo ha hecho Rhiannon Giddens. Desde los tiempos de su participación en aquél súper grupo que fue Carolina Chocolate Drops su faceta de cantautora folk ha sido trascendida, poco a poco, por la de arqueóloga. Eso sí, una arqueóloga en absoluto anclada en el pasado. Sus discos nunca suenan como sacados del baúl más mohoso del desván, sino como vigentes testimonios de una cultura que nunca morirá mientras guardianas valientes como ella sigan en la brecha. 

Tras discos tan mayúsculos como el totémico "Freedom Highway" (2017), proyectos en colaboración con su ex-pareja Francesco Turresi, o ese acercamiento al pop que fue "You’re The One" (2023), con canciones por primera vez enteramente de su puño y letra, su nuevo álbum, "Hope Is The Thing With Feathers", constituye un retorno a sus raíces más profundas, una carta de amor a sus orígenes en Carolina del Norte y un certificado de pureza que una ganadora del Grammy y del Pulitzer no necesitaba, pero que ella más que nadie está capacitada para emitir. 

Grabado en The Cypress House de Louisiana y coproducido entre Giddens y su habitual Dirk Powell, este trabajo es resultado de una búsqueda de la perfección en el lado más orgánico de un registro discográfico. Los músicos -entre los que se incluyen el mencionado Turrisi, el guitarrista congoleño Niwel Tsumbu, o la hermana de Rhiannon, Lalenja Harrington - tocan todos en directo en el estudio buscando la más absoluta comunión y el respeto absoluto a todo lo que ocurra ahí dentro, incluídas pisadas, respiraciones o conversaciones casuales, que se convierten en un miembro más de la banda. 

Un “ni trampa ni cartón” que hace que el álbum respire de una forma muy especial. Cada melodía, cada voz, cada pulsación de una cuerda de la guitarra, se siente como algo carnal, totalmente presente, como si uno estuviera ahí. Y eso no resta mérito técnico a la grabación, todo lo contrario: lograr esta “respiración” no es en absoluto fácil, hay que saber tenerlo todo en su sitio de una manera que sólo los auténticos maestros conocen. Y la de Greensboro puede considerarse ya toda una catedrática en esto de hacer música y transmitirla a los demás. 

Se nota en un trabajo que a nivel conceptual parte de un poema de Emily Dickinson que comienza con "The Hope is the thing with feathers / That perches in the soul" ("La esperanza es esa cosa con plumas / Que se posa en el alma"). Según ha explicado Giddens, se encontraba en una habitación de hotel reflexionando sobre el estado actual del mundo cuando la melodía para adaptar estos versos "se descargó en su cerebro". Inmediatamente le cantó la idea al guitarrista congoleño Niwel Tsumbu, quien terminó de pulir el movimiento armónico de la canción.

Ese fue el germen sobre el que creció un disco que alterna las composiciones propias con adaptaciones de temas ajenos o tradicionales, todos ellos viajando bajo ese concepto común del que hablaba el poema de Dickinson: encontrar en la esperanza un acto de resistencia contra la sinrazón. Al primer grupo pertenecen la apertura, “Angel fire rise”, escrita a cuatro manos entre Rhiannon y Dirk Powell, una excepcional puerta de entrada que aprovecha toda esa carnosidad de la grabación en directo para meter de lleno al oyente en esa vuelta a las raíces que nos propone. 

También están compuestas por Giddens -algunas junto a sus colaboradores- la cruda y potente “Step away blues”, la sentida “Wish in vain” o una de las mejores del lote, “Carolina rain”, que reivindica a los mejores The Band. Básicamente, toda la primera cara del vinilo son originales, mientras que las situadas en la cara B son adaptaciones de canciones compuestas mayoritariamente por mujeres, como el clásico “Freight train”, de Elizabeth Cotten, la imponente “High on a mountain”, de Olla Belle Reed o “Going home” de la artista nativa americana Pura Fé. Mientras que “Cluck old hen” y “Walk with me” son dos piezas ancestrales que dan plena muestra de esa arqueología de la que hablábamos y que es tan importante en la música de nuestra protagonista. Ambas dan cierre a un álbum en que Rhiannon Giddens recupera su lado más puro y a la vez más reivindicativo, haciendo protagonista al blues sobre otra serie de elementos también presentes y procedentes de todas las tradiciones -del color que sean- americanas, para cincelar otra pieza más del imponente mosaico que es ya la obra de esta absoluta gigante de la música. Una necesaria guardiana de la tradición que defiende con uñas y dientes la cultura que nos salvará de la barbarie.