The Forty Nineteens: “The New Roaring Twenties”



Por: Skar P.D.

En un momento en que "las fiestas" tienen la consideración de ilegales, que un disco lleve por nombre "The New Roaring Twenties", o sea Los nuevos locos años veinte, casi que se le puede atribuir cierta incitación a saltarse la ley. Eso o resulta que es un visión optimista y llena de confianza en futuro mejor y cercano que así a lo tonto llevamos dos años perdidos. O, que puestos a darle una interpretación renacentista, creer firmemente en el poder curativo del rock'n'roll, convenientemente diseccionado en pequeñas rodajas de ritmos de innegable factura fiestera, como el garage vaya, por poner un ejemplo presente en sus surcos, aunque no el único. Lo mismo solo son buenos deseos, pero un disco con ese título se merece un poco de filosofía predictiva acerca de su posible significado. El furor postpandémico en plenos años veinte, bien mirado, puede ser de auténtica locura.

John Pozza (voz, guitarra), Nick Zeigle (batería) y Chuck Gorian (guitarra) fundaron The Forty Nineteens hace diez años, y el nombre de la banda (4019's en cifras) hace referencia a un código legal que viene a significar un permiso extra carcelario a reclusos con buen comportamiento. No en vano John Pozza y Chuck Gorian son abogados defensores allí en California. Una guiño legal, cierto, aunque bien mirado da cierta tranquilidad contar con dos abogados defensores, no sea que en los nuevos años veinte se desfase más de la cuenta. Matt Colleran (guitarra) y Kevin Barber (bajo) completan el quinteto. 

"The New Roaring Twenties" es a la sazón el quinto álbum de la banda, después del muy estimado "Good Fortune" allá por el 2017, si bien se ha ido adelantando a través de sendos singles publicados el año pasado en su nueva discográfica Big Stir Records.

“Nuestros temas son alegres”, dice Ziegler. “No somo pesados. Nuestro objetivo es simplemente salir y divertirnos, ¿eso es porque somos mayores ahora y miramos hacia atrás?, no estoy seguro. Cada disco se ha vuelto un poco más divertido ". Con estas premisas la conclusión es obvia, vamos a pasarlo bien que estamos en los nuevos años veinte.

"It's For Fun (That's All We're Living For)" abre el disco con un mensaje claro, vivimos para divertirnos, y nada mejor que la utilización de esos acordes atemporales que identifican a las canciones que parecen destinadas a revolverte las neuronas. Como el ritmo inicial de la batería en "Tell Me", inspirado en el “Bo Diddley beat" pero que desemboca en unas melodías simples y efectivas que tienen su máximo esplendor en un estribillo adictivo, como casi todas las canciones que usan un estribillo tarareable, sí, de esos de "na na na". No hay que dar más importancia a las conversaciones de amores suplicantes oídas en las barras de los bares y más a través de un teléfono móvil. Te tienes que imaginar que dice la persona que está al otro lado de la línea y a la que no oyes. De esto va la canción. 

"Late Night Radio" es un cover del original grabado y compuesto en 2015 por Dan Markell y Tony Valentino, si, el de aquellos seminales y garageros The Standells de mediados de los sesenta, y de hecho Tony Valentino aparece como invitado en la grabación de los californianos. "Fuimos a su casa y le hicimos muchas preguntas. Nos dijo 'tengo una canción para vosotros'. Le dijimos que sería un honor hacerla" Dicho y hecho, garage en estado puro.

"We're Going To Las Vegas" y "Go Little GTO" forman una especie de subconjunto dentro de la estructura del disco. Desde el "C`mon baby" inicial de la primera, el espíritu original del rock'n'roll de Gene Vincent o del mismísimo Elvis en la segunda, toma carta de naturaleza incluso con aquellas incursiones al doo wop que tan bien mezclaban con el ambiente festivo inherente a esas primeras grabaciones allá por los cincuenta.

Mucho más pop suena "Time Marches On", deudora de melodías cuyos parámetros definieron The Beatles también en los sesenta, y arreglada con unos silbidos campestres y una guitarra, hacia el final de la canción, que responde al estribillo. Hablar de los viejos tiempos con los amigos siempre te produce una sensación mezcla de felicidad y añoranza que no por ocurrir en el pasado deja de ser real.

Emparentada con aquella new wave que entroncó con el punk, "You've Got Stardust Eyes" encuentra un acomodo perfecto de ambos estilos, al margen del sabor a glam del nombre, y es como si los más melódicos Stiff Little Fingers se fusionaran con los Buzzcocks menos agresivos. Y hablando de new wave, "I'm Always Questioning Days" tira directamente de influencias evidentes, y como no podía ser de otra manera desde un punto de vista californiano, el influjo de Tom Petty también se intuye en una canción que te recuerda que el hedonismo festivo no está reñido con señalamientos evidentes :“Algunos tienen las respuestas, o eso dicen, pero no revelan todos los secretos. No me dicen lo que necesito saber".

A través del desarrollo del disco es palpable que las canciones transcurren, en su mayoría, por un terreno intermedio y no solo por los tiempos rítmicos. Ese terreno que se encuentra entre la new wave y el power pop y que tanto "It's The Worst Thing I Could Do" como "You're The Kind Of Girl" son fieles representantes. O sea, ritmos agiles, estribillos tarareables y con la suficiente impronta guitarrera. Se diría que The Forty Nineteens hubieran ido a la escuela en que Nick Lowe o Dave Edmunds daban clases.

El fin de fiesta, como ocurre en la realidad, anuncia el momento de recogerse: “No lo quiero, tú no lo quieres, nosotros no lo queremos”, dice el estribillo, de esos de cantar a coro, de "We Can't Change", con ese tono melancólico que te acompaña cuando, una vez más, vuelves solo a casa y con la esperanza de “a ver si la próxima vez…”.

"The New Roaring Twenties" es un disco que hace honor a lo que se puede esperar de su nombre y The Forty Nineteens la banda idónea para llevarlo adelante. Esto quiere decir que para nada es un disco monolítico y que amalgama las influencias suficientes para que lo ofrecido sea reconocible y lo suficientemente ecléctico como para que cuestione la mera consideración de banda de garage, no suficientemente contrastada, con la que se conoce a los 4019's. Canciones que, influenciadas por la new wave, suenan enérgicas pero sin estridencias y melodiosas sin caer un ápice en la ñoñería. Un buen disco sin duda. The New Roaring Twenties puede que sea la banda sonora perfecta para cuando, si nos portamos bien, nos dejen salir a tiempo para que los años veinte del siglo XXI hagan honor a sus predecesores del siglo XX.