Courtney Barnett: "Creature of Habit"


Por: J.J. Caballero. 

 Ser joven, lista y talentosa no es algo tan positivo en la práctica. La teoría parece asegurarte, o al menos vaticinar, un éxito de efecto incierto, pero los avatares y tumultos personales suelen jugar un papel clave en la evolución y el devenir de una artista de esas características aparentemente tan favorables. El caso de la australiana Courtney Barnett es uno de esos en los que el peso de su propia historia intenta equilibrarse con el de una obra artística normalmente condicionada por las circunstancias. 

En “Creature of habit”, el cuarto trabajo discográfico de una carrera hasta ahora algo irregular, hace balance de daños recapitulando causas y efectos y sin necesidad de mostrarse innecesariamente explícita. Sí deja sin embargo claves de por dónde han ido los tiros en sus vaivenes emocionales en los cinco años transcurridos desde su anterior entrega, un disco indefinido y agotador en el que su carrera parecía derivar por sendas indefinidas. Ya en el magnífico documental “Anonymus club” se desvelan tormentas y nubarrones varios, marcados entre otros hechos por su mudanza a Los Ángeles y la ruptura con pareja y sello, precisamente el que fundó junto a ella. Si todo, o al menos una buena parte, parecía perdido, lo mejor que podía hacer –y lo hizo- era ponerse a escribir canciones y grabarlas en cuanto todo encajara de nuevo.

Tener grandes amistades y tirar de ellas cuando la ocasión lo requiere sí es algo realmente apreciable. La buena de Courtney recurre en este disco a vínculos artísticos tan propicios como los de Stella Mozgawa (batería de Warpaint), músicos de Floating Points o la mismísima Waxahatchee, otra outsider dispuesta a echarle un cable en la resultona “Site unseen”. Pero lo que pocos esperábamos era la colaboración del reciclado Flea en una pieza más electrificada que la media titulada “One thing at a time”, a la que aporta bajo y presencia.

El recorrido sonoro se detiene en rotondas de tránsito tranquilo como “Wonder”, casi la nueva marca de fábrica de un sonido a veces destartalado, a veces potente en melodías como sucede en la casi perfecta “Sugar plum” o la modélica “Mantis”. Los graves atemperados de “Stay in your lane” o el atractivo pop de “Great advice” hacen la ruta aún más placentera, sin grandes sobresaltos y con paradas en paisajes raquíticos como el de “Mostly patient”. Cuando en “Same” decide dejarse arrastrar por la modernidad de los sintes y bases electrónicas, algo que no parecía encajar con sus principios, resulta ciertamente encantadora, lo mismo que si añade un gorjeo de aves y cielos cristalinos a la estampa final de “Another beautiful day”. Son distintas formas de adorar lo que hace y lo que escribe.

Dudas disipadas, no tanto a nivel personal, donde su tradicional fragilidad sigue exhibiéndose a sus anchas, como en el ámbito artístico, para el que a partir de ahora debemos tenerle reservado el lugar de privilegio que mereció casi desde el principio. En el lado más alternativo de nuestra discoteca siempre habrá un hueco para que el despiece emocional que nos plantea Courtney Barnett nos haga plantearnos eternas preguntas que sólo ella sabe responder. O no, que en verdad es lo de menos.

Niña Polaca: “Ya no tenemos que convencer a nadie, nos hemos permitido el lujo de hacer pensar un poco más al público a la hora de escuchar las nuevas canciones”


Por: Javier González. 

Vuelven Niña Polaca, una de esas bandas que ya nadie duda a la hora de ubicar entre las más punteras de nuestro panorama. Han logrado tocar el cielo con mucha humildad, haciendo camino al andar, aprendiendo en el recorrido, mientras unían al talento una innegable capacidad de trabajo cercana al estajanovismo. Ahora, tras innumerables días picando piedra y dejándose la piel sobre el escenario, otean en el horizonte recintos míticos como el Movistar Arena, fecha que ya anunciaron en redes semanas atrás. 

Llegarán al mismo con un nuevo disco bajo el brazo, “¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, un álbum que es fruto de la experiencia y madurez que ha ido acumulando la banda a lo largo de todo el proceso, donde observamos a unos Niña Polaca más reflexivos y conscientes de la realidad de su entorno, que, sin perder la capacidad evocativa y la genialidad para condensar los sentimientos en frases cargadas de efectividad y gracejo que describen las vivencias cotidianas, se nos van haciendo mayores mientras su vigencia permanece intacta. 

Descolgamos el teléfono para hablar con Álvaro Surma, principal compositor, guitarrista y vocalista de la banda, quien nos atiende tan majo y cercano como siempre, demostrando que aunque las circunstancias cambien, para bien en lo respectivo a Niña Polaca, todavía quedan héroes románticos con los pies bien anclados al suelo. 

Han pasado camino de tres años desde la edición de “Que adoren tus huesos”, un trabajo que, si bien continuó la senda de crecimiento que tenía Niña Polaca desde sus comienzos, supuso un crecimiento a nivel de fechas en directo y también en repercusión, algo que supuso otro aldabonazo a la carrera de la banda. ¿Qué sentisteis tras la edición del disco y durante estos dos años de larga y exitosa gira? 

Surma: Fue un cambio drástico. La base de nuestro público ha crecido y la propia repercusión del álbum también fue muy amplia. “Que adores tus huesos” ha sido el disco que nos ha permitido profesionalizar todo el proyecto. Además, ocurre en un momento particular de la banda donde habíamos cambiado de componentes y más tarde supuso la adaptación a una nueva realidad que nos ha encantado. Recibir tanto cariño de tanta gente, de forma tan continua, durante tanto tiempo, ha sido una maravilla, todo un sueño. Hemos podido colaborar con artistas que han sido referentes para nosotros como Amaral, Carlangas o Travis Birds, gente que nos ha gustado siempre y decidieron participar en las versiones que hicimos del disco. Para nosotros fue una alegría, una maravilla y un honor. Hemos tenido un crecimiento personal muy amplio, tanto en nuestro conocimiento de la industria musical como del directo, de todo en general, e inclusive de nosotros mismos como personas. 

En nuestra última charla que versaba sobre el álbum ya comentado me decías que era el primer trabajo en el que buscabais una intención artística. Pensando en este “¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, ¿cuál consideráis que es la nueva vuelta de tuerca? 

Surma: Si con “Que Adoren tus Huesos” ya teníamos una intención, ahora en “¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, hemos tenido tiempo e intención. Hemos podido componer un disco durante dos largos años, buscando un discurso que se entiende bien y goza de una estructura concreta. Le hemos dado un discurso, acompañado de una estética que nos ha llevado tiempo plantear. Creo que hemos perfeccionado un poco lo que hicimos con el anterior. 

Personalmente, tras la primera escucha, lo primero que sentí fue que este es un disco hecho con más calma, algo paradigmático viendo la auténtica montaña rusa que habéis vivido, pero. en todo caso, percibo cambios, no sé si como reflejo de una mayor madurez, donde las composiciones no buscan la inmediatez y que incitan a que el oyente ponga un poco más de su parte para que los detalles afloren en sucesivas escuchas, puesto que creo que la producción de este trabajo también es más cuidada. ¿Lo veis desde una perspectiva similar? 

Surma: Sí, estoy completamente de acuerdo. En los discos anteriores llegábamos al estudio mucho menos trabajados de lo que hemos llegado ahora. Hemos tenido dos años para trabajar, alquilar un chalet, hacer un retiro y preparar los arreglos de la música una y mil veces. Ha habido jornadas maratonianas de composición entre nosotros, pensando en qué queríamos decir y cómo decirlo. Hemos huido del hit y de una forma de hacer canciones que entren rápida. Pensando en esta nueva colección, creo que tiene que haber intencionalidad por parte del oyente para sentarse y escuchar este disco. Ya no tenemos que convencer a nadie y nos hemos permitido el lujo de hacerles pensar un poco más a la hora de escuchar. 

No sé si voy en la dirección correcta, pero son canciones concebidas para contar una historia, la de Wiwa, que desembocan en una tormenta emocional donde el amor y el desamor se funden en un escenario que es nuestro mundo ruinas, el lugar donde transitan todas las composiciones de este disco. ¿Cuándo surge la idea de hacer un álbum conceptual que cuente una aventura casi épica? 

Surma: Es al revés. La historia vino después de tener las canciones, la hizo Rubén una vez terminado el disco, servía de introducción a la persona que lo vaya a escuchar. Pasas de una Niña Polaca anterior, donde vienes de un mundo adolescente en el que te preocupas un poco menos por el entorno, algo que se muestra en la cara “A”, donde se habla de amor/desamor y el propio desarrollo sentimental, a la cara “B”, que ya muestra otras preocupaciones más relacionadas con el contexto del mundo actual. Dos caras diferencias. La cara “B” se introduce en la última frase de “Suena Abba” que es donde se empieza a hablar un poco de las sociedad y el mundo de hoy. 

El disco es en sí mismo una atracción donde hay subidas y bajadas emocionales, ¿han ayudado las temáticas de las canciones a la hora jugar con las intensidades de las distintas canciones? 

Surma: Realmente enfocamos el disco de otra forma, más como una línea temporal. “El Bosque” y “Olvidarme de ti” son composiciones que estás más cercanas a “Que Adoren tus Huesos”, básicamente porque se escribieron después de editar el disco y quedaron en barbecho hasta ahora que las hemos decidido rescatar. El resto van de forma bastante cronológica con respecto a cómo ha avanzado nuestra vida. Hemos querido dar un tono más rápido y lento en función de que acompañara a la letra. 

¿Podemos decir que es el disco menos cañero de la banda hasta ahora y quizás el más profundo? 

Surma: Tiene canciones bastante cañeras como “William Wallace” y “Policía-Hachís”, igual que te diría que en el resto de discos hay canciones más lentas también. Quizás sí es menos “hitero”, tiene letras más desarrolladas. Personalmente, “Que Adoren tus Huesos” tampoco creo que sea un disco cañero. Aquí hay temas más madurados, no había necesidad de hacer un hit de guitarras. Hemos jugado con los teclados, dando espacio a las cosas, buscando no saturar la composición. El hecho de que Claudia haya entrado de lleno en la composición desde el principio hace que se tenga muy en cuenta a los teclados, cosa que en otros trabajos ha entrado a traspiés. Aquí hay solos de pianos, algo que consigue que todo se “desenguarre” un poco. 

“William Wallace en Lancaster” habla de esa sensación de flotar y sentirnos invencibles cuando tenemos un nuevo amor. 

Surma: La considero prima hermana de “Mucho tiempo contigo”. Tienes un amor tan fuerte que no quieres nada más en la vida. Hay una plenitud en el amor que busca reivindicar las cosas pequeñas y los sentimientos. Quieres tu espacio para vivir y llegar a viejo con nietos. Es una canción de anhelo y esperanza. 

“Siempre pongo las venas en la composición de los discos” 

“Bosque” ya cambia el tercio hablando de ese momento en que se echa de menos la relación rota… 

Surma: Como te decía antes, todo tiene una cierta cronología (Risas). “William” es el punto álgido y “Bosque” es el bajón, diciendo “te he querido todo”. Se muestra el vaivén emocional de la propia relación. Es un poco dame veneno que quiero tres tazas. Siempre pongo las venas en el disco. En mi caso personal, la cosa se torció en cierto momento y luego volvió a su sitio. Actualmente estamos en el momento “ABBA”. (Muchas risas) 

En “Sería Perfecto”, toma la voz cantante tu compañera Claudia Zuazo. 

Surma: Sí, se ha hecho con naturalidad. Al empezar a componer ponemos siempre en común las canciones que tenemos. En este caso, vine con más composiciones e ideas claras. Clau vio que era una tema que podía entrar en ese momento del disco. A todos nos pareció increíble, ya que podíamos sacar mucha chicha de la canción, por eso la incluimos. Es un honor porque Claudia es de las cabezas compositivas más increíbles que conozco. Me ha hecho mucha ilusión su inclusión. Es reflejo de que se siente parte de esto. Es un verdadero honor. 

“Claudia tiene una cabeza muy completa, imaginativa, loca y con mucho gusto para la composición” 

Por cierto, Claudia que también acaba de editar su primer trabajo en solitario. ¿Qué opinión tenéis a nivel de banda del mismo? ¿Le habéis dado mucho la tabarra durante el proceso de composición y grabación para que os dejara escuchar cosas? 

Surma:
Rubén y yo somos sus managers. A Claudia la quise meter desde el principio en Niña Polaca. Me parece que tiene una cabeza muy completa, imaginativa, loca y con mucho gusto para la composición. Es de las personas más talentosas que me he encontrado nunca. Tenía canciones guardadas desde hace muchos años, se ha producido todo ella y ha decidido lanzarse a la piscina. Estamos apoyándole, trabajando juntos y dándole al mundo algo que no hay mucha gente que esté haciendo tal y como lo hace ella. 

En “La Platería” se recupera el amor y a continuación “Suena Abba cuando enciendes el motor”, que es donde asoma la patita ese temor al futuro de este mundo en llamas, que a todos no atenaza. 

Surma: Justo. La última parte tiene un toque coral, representa el enamoramiento de “La Platería”, donde encuentras a alguien que te hace ser persona, cuando sientes que estás casado y piensas que eres algo más gracias a esa persona. “ABBA” es la continuación de vivir eso, mientras lo haces en una estructura que está a punto de caerse como es el mundo. 

“Me niego a asumir que esta mierda que nos están dejando es lo máximo a que podemos aspirar” 

“CSI Alicante” me encanta, tiene un toque en la apertura a The Who, donde hacéis mención a ese futuro denegado de nuestra generación, expresando una serie de deseos entre otras que dimitiera el canalla de Mazón, como finalmente ha hecho. 

Surma: Por eso se llama “CSI Alicante”. Es lo que dices, es la muestra de un futuro robado. Echar de menos la vida que conocí de pequeño. Es una arenga de pelear por ello y de no asumir que esta mierda que nos están dejando es lo máximo a que podemos aspirar. Vivimos en un sistema que se está autofagocitando a sí mismo y me niego a pensar que soy una mera víctima del mismo sin intentar al menos hacer algo. 

“El pasado”, es un tema muy crudo que refleja el temor a la partida de un ser querido. 

Surma: Básicamente… no lo he llegado a pasar, gracias a Dios. No llegó a fallecer, pero la hice cuando pensé que fallecía. Ya he hablado de la muerte en algunas letras anteriores, es algo que me da pánico. Por suerte no he tenido que enfrentarme aún a la pérdida de una persona cercana. Esta fue la primera vez que lo sentí. Es algo que no sé cómo colocar en mi cabeza y cómo me va a afectar cuando pase, que pasará y habrá que asumir como parte de la vida. Es algo que me da mucho miedo e intranquilidad. 

“La Codicia y capital de las fuerzas extranjeras”, tiene un poso vitalista y optimista, pese a lo rotundo del título. 

Surma: Es una canción que habla del turismo a grandes rasgos. A raíz de tener la banda y de estar girando durante cuatro años casi sin parar. Creo que hemos estado en casi toda la geografía de España, no queda provincia por tocar. Me parece que tenemos un país tan increíble, con tanta historia y cultura, tiene algo tan particular e irrepetible. No recuerdo un país tan rico en casi todo como España en lenguas y tradiciones. El hecho de tener cinco lenguas que me parece algo tan positivo, no veo nada bien que se intente defenestrar y politizar. Me parece que somos un país mágico. A lo largo de los años he odiado mucho Alicante, básicamente porque haciendo cosas culturales te ataba mucho las alas, pero según hemos salido nos hemos hecho de nuestra patria chica. Ahora vemos cómo nos han ido echando de la ciudades, convirtiéndolas en un espacio poco habitable, en un meadero para ingleses, me duele. Nos hemos vendido a un dinero tan barato, tan mal pagado, que creo que es indigno. Ver la costa de Alicante está convertida en un bosque de cemento feo, siendo un paraje increíble del Mediterráneo, que nosotros hemos convertido en un inodoro para ingleses que pagan cinco euros, vienen, mean y se van, me parece feo. Me da mucha pena haber quedado como pueblo para eso. Esta canción busca poner en valor lo que tenemos y hacerlo respetar. Al final hacemos una mirada a cambiarlo. 

“Se nos ha negado desarrollarnos como personas” 

“¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, cosa que nos preguntamos muchos a menudo tiene frase acerca de las vidas que eran mentiras estudiadas en el cole, algo que me ha hecho pensar en los estereotipos que nos han vendido sobre ciertos personajes que tienen más aristas de las que nos han vendido. 

Surma: Realmente, aunque entiendo la interpretación, el sentido era otro. La frase concretamente va contra todas las cosas que nos decían sobre estudiar y llegar lejos, viendo cómo hay mucha gente que lo ha hecho bien, pero el sistema les ha dejado por el camino. Se nos ha negado desarrollarnos como personas, la frase va por ahí. 

“Las letras son mi diario, un retrato de lo que voy viviendo” 

No sé si es el cancionero con menos localizaciones concretas de Niña Polaca, algo que siempre ha sido santo y seña de la banda. 

Surma: Realmente creo que no, lo que ocurre es que son lugares que están fuera de Madrid, por eso quizás sean menos conocidos. Hay muchas referencias. Las letras son mi diario, un retrato de lo que voy viviendo, nunca hay una intención de poner un sitio en una letra, pero todos tenemos nuestro propio decorado y nuestra arquitectura emocional. Siempre me he permitido incluirlos en mis letras y la gente las hace suyas, sacándolas de contexto. Esos sitios son parte de las cosas que vivo y los lugares donde las vivo. Ahora paso menos tiempo en Madrid que antes. Ahora hay más de volver al mar y a la tierra en que nací. 

Surma, ¿sigues siendo un currante 24 horas? ¿O ya has abandonado el curro de oficina que compaginabas con la banda? 

Surma: Rubén y yo hemos montado una agencia de management y booking. Dejé hace tres semanas el trabajo de oficina, aunque se puede decir que tengo oficina todavía, pero todo relacionado con la música. Somos muy inquietos. Se llama Pontiac, llevamos a Luis Brea, Nadie Patín, McEnroe, La Milagrosa, Claudia Zuazo, además de a ciertos grupos de Subterfuge que nos ha cedido el booking. Son quince bandas, por lo que no me aburro. 

¿Cómo se presenta el verano de conciertos?

Surma: Estará calentito. Empezamos en Alicante la semana que viene, en casa. Creo que luego hay pocos días libres en verano. Anunciaremos en breve la gira de salas que nos vas a permitir volver a lugares más pequeños que nos apetece a todos. Queremos tener a la gente cerquita. Las salas se echan mucho de menos. Hay que darle, darle y darle, para tocar un montón, que es lo que nos encanta. 

“Ha sido un camino largo, tocando en pueblos y haciéndolo en salas pequeñas solo por gusto, imagina tocar en un sitio tan mítico y tan enorme como el Movistar Arena” 

¿Qué tal va la venta de entradas para vuestro concierto del Movistar Arena”? ¿Qué sensaciones os embriagan ahora mismo? 

Surma: Llevamos un mes de venta y va súper bien. Estamos contentos y emocionados. Es un sueño para nosotros. Tú nos conoces, ha sido un camino largo, tocando en pueblos y haciéndolo en salas pequeñas solo por gusto, imagina tocar en un sitio tan mítico y tan enorme. 

Por mi parte es todo, Surma. Mil gracias. Ya sabes lo que siempre digo, espero no haberte preguntado las mismas preguntas que todo el mundo. 

Surma: Siempre me haces entrevistas muy buenas, tenía ganas de charlar contigo. Es un placer que me hayas llamado. Muchas gracias. Un abrazo grande.

Eric Clapton en 10 discos


Por: Àlex Guimerà

Este inicio del mes de mayo tenemos visita a nuestras tierras de "Manolenta", en concreto el próximo día 7 actuará en el Movistar Arena de Madrid y el 10 en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Unas actuaciones que muy probablemente serán su despedida por los escenarios españoles, debido a su edad y a su estado físico. Lejos queda su primer concierto que tuvo lugar en la Plaza de Toros de Ibiza el 5 de agosto de 1977, pero también su última visita del 24 de marzo de 2004 en Barcelona. Hasta 13 conciertos ha dado por nuestras ciudades, en los que ha desplegado todo su arsenal bluesero y su inigualable carisma al mando de sus guitarras.

Por ello, y para abrir boca antes de gozar de su directo, queremos hacer un pequeño repaso a su larga y fructífera carrera a través de los que consideramos sus diez mejores discos. Grandes proyectos y enormes canciones para una carrera inigualable. 

1.THE YARDBIRDS: "FIVE LIVE YARDBIRDS" (1964)

El primer álbum de los Yardbirds contaba con un joven Clapton de apenas 19 años fanático del blues, quien ya se había hecho famoso entre el circuito de música en vivo londinense, apareciendo en un muro la célebre pintada que rezaba "Clapton Is God". Junto a sus amigos Keith Relf, Chris Dreja, Paul Sanmuel-Smith y Jim McCarthy grabaron este álbum con canciones de Chuck Berry, Bo Didley, Howlin Wolf y John Lee Hooker, dejando fuera hits como "You Can't Judge a Book by Looking at the Cover" o "Boom Boom". Un disco que mezclaba el rock con el blues y que catapultó a una banda que tras la marcha de Clapton tuvo a otros dos monstruos de la guitarra en sus filas como Jeff Beck y Jimmy Page


2."BLUESBRAKERS WITH ERIC CLAPTON" (1966) 

 El segundo álbum del bluesman John Mayall y primero de los Bluesbrakers contaba con un Eric Clapton que ya era famoso tras su paso en los Yardbirds a los que había abandonado por alejarse del Blues. Ahora los dedos de Clapton estaban al servicio de la banda de Mayall para crear una obra maestra del blues-rock en el que aparte de los temas propios se interpretaron grandes versiones de Ray Charles, Willie Dixon, Freddie King, y cómo no, del pionero Robert Johnson. Los Bluesbrakers que aparecen en la portada los completaban John McVie (futuro Fleetwood Mac) al bajo y Hughie Flint a la batería. 



3.CREAM: "DISRAELI GEARS" (1967) 

 El segundo trabajo de la superbanda que el guitarrista montó junto al batería Ginger Baker y al bajista Jack Bruce, es uno de los grandes hitos del rock de los sesenta y un precursor de la experimentación psicodélica. Si bien su debut, "Fresh Cream" (1966), mostró su virtuosismo y base blues, con "Disraeli Gears" (1967) el trío se consolidó con un sonido más elaborado y canciones emblemáticas como "Sunshine of Your Love", "Strange Brew" o " Tales Of Brave Ulises". La banda conectó con la juventud hippie y llevó el blues a nuevas audiencias en EE. UU., actuando en festivales clave como Monterrey y Fillmore. Sin embargo, las tensiones internas, el agotamiento de las giras y problemas de gestión llevaron a su disolución en 1968. 



4.BLIND FAITH: "BLIND FAITH" (1969)

Tras cerrar la etapa Cream, Eric y Ginger Baker formaron otra superbanda junto a Steve Winwood (ex Spencer Davis Group y Traffic) y Ric Grech (Family). El único y homónimo álbum de controvertida portada ofrece seis extensos temas - el que cierra el disco sobrepasa los 15 minutos - surgidos de unas fructíferas Jam Sessions y en donde los desarrollos instrumentales fueron el eje central. Como curiosidad, la banda únicamente ofreció su primer concierto y único en el Reino Unido que tuvo lugar el 7 de junio de 1969 en Hyde Park, un mes antes de que los Rolling Stones dieran su legendario concierto tras la muerte de Brian Jones



5.DEREK AND THE DOMINOS: "LAYLA  AND OTHER ASSORTED LOVE SONGS" (1970)

  Derek and the Dominos es el primer proyecto en que Clapton se erige como cantante principal. En los grupos en los que había estado antes era reconocido como guitarrista principal, cantando ocasionalmente. Para ello se juntó con Bobby Whitlock, Carl Radle y Jim Gordon, dando una única producción discográfica, este legendario "Layla and Other Assorted Love Songs" en la que destaca la emblemática canción "Layla", inspirada en el amor (por entonces) no correspondido del propio Clapton por Pattie Boyd, esposa de su íntimo amigo George Harrisson. El disco combinaba potentes guitarras, melodías emotivas y letras llenas de pasión. A pesar del talento y la conexión artística entre los músicos, la banda duró poco debido a las tensiones entre sus miembros y a las fatídicas adicciones. 



6.ERIC CLAPTON: "461 OCEAN BOULEVARD" (1974) 

Este disco marca el regreso de Clapton tras superar su adicción a la heroína, consolidándose como uno de sus discos más destacados de su discografía y siendo su primer número 1 en solitario. A diferencia de la intensidad de "Layla and Other Assorted Love Songs", este álbum refleja un Clapton más relajado y juguetón. Incluye temas propios junto a versiones memorables como "Willie and the Hand Jive" de Johnny Otis y "I Shot the Sheriff" de Bob Marley, esta última su único sencillo que alcanzó el número 1. El disco combina virtuosismo con un aire desenfadado, mostrando al de Surrey cómodo en su nuevo rumbo musical, en un sonido accesible y elegante que convirtió el disco en un clásico del rock de los setenta. 

 


7. ERIC CLAPTON: "SLOWHAND" (1977)

El quinto trabajo en solitario de Clapton lleva su sobrenombre de título y esconde grandes temas como la country "Lay Down Sally" y la bonita balada "Wonderful Tonight" que compuso inspirada por su ya esposa Pattie Boyd, mientras aquella se estaba arreglando para ir a una cena. Pero el disco es sobre todo recordado por la versión que hizo de "Cocaine" del gran JJ Cale, una canción que tuvo problemas con la censura. A pesar de todo, el disco tuvo un gran éxito entre público y crítica gracias a ese equilibrio entre virtuosismo guitarrístico y sensibilidad melódica que junto a la pulida producción erigieron a un maduro y versátil Clapton como músico de referencia. 



8. ERIC CLAPTON: "JOURNEYMAN" (1989)

Tras una década de los ochenta irregulares a nivel artístico y en los que tuvo que superar sus adicciones a la heroína y al alcohol, con éste álbum volvía un músico rehabilitado para recordarnos su maestría en el blues y rock contemporáneo. El disco combinaba canciones propias con versiones, destacando "Pretending", "Bad Love", "Anything for Your Love" y sobre todo esa final "Before You Acuse Me (Take A Look Yourself)" de Bo Diddley con el que demostraba sus dotes innatas para seguir con el legado del Blues. "Journeyman" es un disco de rehabilitación en el que aunaba virtuosismo técnico con melodías accesibles y letras reflexivas y emocionales, fusionando blues tradicional con elementos del rock moderno de la época. 



9. ERIC CLAPTON: "UNPLUGGED" (1992)

Grabado en Windsor (Inglaterra) el 16 de enero de 1992 y publicado escasos meses después, el Unplugged de Eric Clapton es uno de sus discos que primero nos vienen a la cabeza con el momento lacrimoso de "Tears In Heaven", single recién estrenado y que dedicaba a su hijo Conor fallecido tras caer de un rascacielos un año antes. La belleza de la composición junto con el sentimiento de la interpretación de "Mano Lenta" es uno de los hitos musicales jamás habidos en directo y que aparece muy bien rodeado con sensacionales blues clásicos como "Before You Accuse Me" de Bo Didley o "Walkin' Blues" de Robert Johnson, a los que se suma una formidable "Leyla" perfectamente alejada de los cables y efectos. No cabe decir que el álbum batió récords de venta y propulsó al estrellato por enésima vez a este genio de la guitarra. 



10. ERIC CLAPTON: "CLAPTON" (2010) 

Para elegir un disco reciente, ponemos este Clapton de 2010, aunque habríamos podido incluir "Me And Mr. Johnson" (2004) dedicado a Robert Johnson o sus notables colaboraciones con el gran maestro del Blues, BB King, ("Riding With The King" de 2000) o JJ Cale ("The Road To Escondido" de 2006). Sin embargo este disco de 2010 resulta mas personal aunque en él aparezcan composiciones originales en unas versiones mayoritariamente blues pero también Jazz y Folk. Un disco de madurez muy interesante.

Tracey Thorn: "My Rock And Roll Friend"


Por: Juanjo Frontera. 

Viniendo de la mano de un hombre, esto va a parecer frívolo, oportunista, hasta pueril. Pero la verdad es que ya era hora de que un libro así fuera escrito. El anterior traducido al castellano de su autora, Tracey Thorn (Everything But The Girl), titulado "Otro Planeta" y editado aquí por Alpha Decay, ya fue todo un alegato sobre lo que representaba para una mujer abrirse paso en el mundo de la música en un tiempo, los años ochenta del siglo pasado, en que nada sobre la faz de la tierra ponía fácil ese objetivo. 

Pero este que ahora publica la siempre recomendable editorial Liburuak, y que relata la relación de su autora con otra de las mujeres que en el sobrepoblado Londres pop de los ochentas intentó ser tomada como música seria y no como “la chica en la banda”, es aún más necesario. Su protagonista es Lindy Morrison, batería de una banda liderada por dos hombres de carácter fuerte que no dejaban espacio para nadie más.

The Go Betweens fueron una maravilla, nadie lo duda. Un secreto a voces que con los años se ha hecho hueco en el corazón de muchos fans de la música, tanto los de entonces, como los de ahora. Pero ella tuvo que conformarse con ser el secreto más anodino dentro de ese secreto. Y esta es su historia. O mejor, la historia de la preciosa relación de amistad entre ella y Tracey. 

Evitaré aquí usar las palabras “sororidad”, “empoderamiento” o “resiliencia”, que empiezan a parecerme algo redundantes cuando se tratan estos temas, y hasta un poco insultantes para la inteligencia, si me apuran. Pero no dejaré de usar “feminismo”, palabra y concepto que muchos querrían tirado a la basura y que libros como éste, tanto situados en contexto como aplicados a los tiempos que corren -no tan diferentes de aquellos, por desgracia- ponen de manifiesto que de eso nada, que ahora hay que ser más feminista que nunca y que en este mundo de hombres descerebrados, de autoritarismo, de guerras gratuitas y de vuelta al medievo, o tenemos claros los conceptos o estamos más perdidos que Travolta en uno de sus memes.

Ya les anticipo que para un fan de The Go-Betweens al uso, o más bien uno que haya comprado el concepto de la banda como “una alianza entre dos amigos”, este no va a ser el libro más confortable para leer. Los de Brisbane han sido una de las bandas más mitificadas, con los años, que han existido jamás en eso que un día se dio a conocer como indie rock. Y su historia, su leyenda, ha sido construida a partir de sus dos compositores principales y cantantes, Grant McLennan y Robert Forster, pero olvidando, o relegando a un segundo (o tercer) plano, a la mujer que con su empuje y ritmo les ayudó a funcionar como banda, Lindy Morrison

Tal como la describe Tracey aquí, Lindy siempre fue un carácter fuerte, seguro de sí mismo, hasta excesivo. Y eso, tratándose de una mujer, nunca fue cómodo. Incluso para dos chicos pálidos, románticos y sensibles como Grant y Robert, que para distanciarse de otras bandas querían a toda costa una mujer en la suya, pero que en cuanto esa mujer quiso ser tomada como algo más que un objeto decorativo, empezaron a verla como un estorbo. Y sí, eso vale incluso para Robert, que fue su pareja durante varios años. Por tanto, el concepto de la banda tal como lo conocemos habitualmente, no sale muy bien parado, tenganlo en cuenta. 

Tracey y Lindy se conocieron en 1983: “Cuando la vi por primera vez encima de mi hombro en el espejo del camerino vi un contorno, dibujado a grandes rasgos. Sin detalles, sin contradicciones. A esta guerrera, que parecía abalanzarse para salvarme, yo iba a utilizarla como armadura. Me lanzaría a la batalla llevándola ante mí como un escudo de oro”. 

Cómo cambia la perspectiva cuando es la de una mujer. Por eso este relato, realizado por una música sobre otra música, por una mujer sobre otra mujer y por una amiga sobre otra amiga, es tan importante, porque desvela muchas cosas sobre cómo nosotros, los hombres, hemos sometido su identidad durante años a ser las musas, las amantes, las madres o las meras ejecutantes de nuestras ideas. Y ni en este caso, ni en otros muchos, esto es así. En absoluto: todas tienen una historia que contar tan sólida como la de cualquier persona del sexo opuesto. Y eso es lo que demuestra este libro, que no lo había dicho todavía pero tiene un título chulísimo, que parafrasea una canción de The Go-Betweens: "My Rock’n’Roll Friend". Canción compuesta por Robert, por cierto.

Thorn se centra sobre todo en la historia de The Go-Betweens, sobre cómo intentaron buscar, sin éxito, un reconocimiento en vida que vieron concederse a muchos compañeros de generación sin tantos méritos. Su supervivencia precaria en el Londres de los primeros ochenta, con Lindy limpiando casas para pagar un alquiler al que sus dos compañeros de piso y banda raramente contribuyen. O todas las tensiones que hubo que afrontar al final de su andadura cuando Lindy dejó a Robert y también Grant se emparejó con Amanda Brown, otra de las miembros del grupo, hasta que todo saltó por los aires y ellos dos empezaron a contar la historia por su cuenta. 

Pero también nos habla de la infancia de Lindy, de su adolescencia, de su madurez y de la profunda amistad que, con distancias y distanciamientos por medio, las ha unido a Tracey y a ella hasta el día de hoy. Habla de detalles íntimos, de muchos hechos que hasta ahora se desconocían de ella y que construyen a la perfección la visión de su persona como alguien tremendamente fuerte y con una indudable capacidad de superación y liderazgo. Un ejemplo, en definitiva, en el que muchas pueden verse reflejadas. Una historia que cuenta la de muchas mujeres en el mundo del rock. 

Está escrito, además, con la habitual pericia de esta excelente cantante y compositora metida también a periodista y escritora desde hace años. Y puede considerarse un buen complemento a los también excelentes y autobiográficos "Bedsit Disco Queen" (2013) o "Another Planet" (2016), en los que también reivindica la figura de la mujer en la música desde su experiencia. Al fin y al cabo, ella es también, en parte, la protagonista de este necesario y más que recomendable libro. 

Nos quedan Paco Ibáñez y la palabra


A Carmen de la Ossa 

Teatro Real, Madrid. Lunes, 27 de abril del 2026. 

Texto y fotografías: Guillermo García Domingo. 

El pasado lunes 27 de abril actuó en el Teatro Real el cantautor Paco Ibáñez. En este escenario operístico el músico valenciano y su guitarra se desenvolvieron con la familiaridad con la que uno habita su propia casa. El cuadrilátero rojo sobre el que actuó parecía la alfombra de su domicilio. Es la consecuencia de la actitud desenfadada y modesta del veteranísimo Ibáñez (1934) y la acogida fervorosa que el público le brindó, que le conoce y le espera como si se tratara de alguien muy querido de la familia que regresa al hogar después de mucho tiempo. Y es que él es mucho más que el más provecto de los trovadores de nuestro país, se trata de una personalidad social y política que ha acompañado a los “españolitos” en los momentos más cruciales de nuestra historia reciente. Pocos españoles “han hablado de su tierra”, como lo ha hecho Paco Ibáñez, y volvió a hacerlo con algo menos de aliento, pero con la misma fe laica que profesa por ella, entonando el poema de Cernuda. Ibáñez no ha abandonado su coraje político ni ha dejado de luchar contra “los (nuevos) caínes sempiternos” que acaudillan el odio de siempre. En nuestras sociedades ha llegado el momento de rescatar el orgullo revolucionario del Che, por este motivo interpretó “Soldado boliviano”, ahora que el siniestro señor “zanahorio”, como proclamaron desde el escenario pretende conquistar el mundo. El respetable, al término de esta canción, aclamó al pueblo palestino, que resiste contra todos, y ante la indiferencia de la mayoría. 

La naturalidad con que asume sus inevitables achaques, sus encantadores distracciones y olvidos, no hacen sino humanizar más si cabe a un ser humano, que, ya de por sí, atesora un legado existencial y musical realmente extraordinario, del que en la velada del lunes solamente ofreció una parte muy pequeña, y sin embargo, suficiente para emocionarnos, renovar nuestra pasión política y el amor por nuestro trágico país. Antes de dar comienzo el concierto, en la pantalla al fondo del escenario, pudimos ver un mosaico con los retratos de los mejores poetas de la literatura española (que no sólo escribían en castellano, por supuesto) y en el centro se podían leer las palabras eternas de Blas de Otero: “Nos queda la palabra”. Era algo muy revelador, teniendo en cuenta que la completa trayectoria de Ibáñez ha consistido en el propósito prometeico de musicalizar las palabras más bellas compuestas en los idiomas de nuestro territorio simbólico.

Cuando este redactor no había nacido todavía (lo hice en 1975), Paco Ibañez ya gozaba de un éxito considerable, llenaba el Olympia de París. Nunca se le ha subido el éxito a la cabeza, mi acompañante y amigo José Manuel me comentó que había presenciado un recital suyo ante una multitud en el Pozo del Tío Raimundo, en Madrid. Paco Ibáñez es y será cantor del pueblo, al igual que Miguel Hernández, de quien interpretó “Andaluces de Jaén”, en uno de los momentos más importantes del concierto. O debería decir interpretamos, porque el público sostuvo, y aupó, al bueno de Ibáñez, queriendo ignorar que él permanecía sentado por obligación, al contrario de lo que siempre ha hecho. En el escenario contó en todo momento con el imprescindible apoyo del gran Mario Mas, quien puso sus brazos, sus manos y su memoria musical al servicio del valenciano. No fue un detalle menor del concierto el amor y el respeto que el guitarrista demostró por su maestro. No fue el único que arropó a Paco Ibáñez, también lo hizo Joxan Goikoetxea y su acordeón, así lo requirieron los dos temas en euskara, uno de ellos fue “Txoria Txori”, hermosísima elegía a un pájaro y sus alas irrenunciables, e incluso vimos pasar a la vaca del caserío vasco en el que vivió Ibáñez con su familia materna. Antes que él, subió al escenario Soleá Morente que adoptó con su excelsa voz: “Nana de la mora” y “Quisiera esta tarde divina” (de otra mujer Alfonsina Storni); ambas nos sobrecogieron. Pep Pascual arregló con sus modestos instrumentos, “Yo vuelvo por mis alas” de Lorca, y de veras que escuchamos el agua bajar por los arroyuelos de Granada. Hizo lo propio con la canción de cuna dedicada a Julia de José Agustín Goytisolo. Los etéreos sonidos concitados por Pascual nos hicieron “soñar”. En el repaso deliberado por todas las lenguas que se hablan en nuestro país, quedaba por escuchar la galega “Que ocorre na terra?” de Antonio García Teijeiro.

Antes de que empezara el concierto un grupo de asistentes entonó “A galopar”, y el concierto concluyó de la misma manera, fundiéndose el público, Rafael Alberti y Paco Ibáñez en una sola voz. La compuso el poeta de El Puerto de Santa María en 1938 durante la guerra civil, que ganaron los que se sublevaron. Su líder, Franco, durante el concierto Ibáñez se refirió a él como “la bestia”, solía asomarse a la Plaza de Oriente donde se encuentra el Teatro Real a arengar a sus partidarios. Pero el lunes, en el mismo lugar, fue el poeta el que acalló a “la bestia” con sus canciones. Ya los “enterramos en el mar”, gracias al sacrificio de tantísimos luchadores por la libertad, y lo volveremos a hacer si ellos se empeñan en regresar al pasado.

Hace unos años, otro inolvidable cantautor, Luis Pastor, se preguntaba retóricamente, y con mucha sorna, “¿Qué fue de los cantautores? Preguntan con aire extraño cada cuatro o cinco años despistados periodistas/ Que nos perdieron la pista y enterraron nuestra voz ”, Pues aquí están los cantautores, con Paco Ibañez a la cabeza, digno y libre, pese a la edad que ostenta. “¿Qué fue de los cantautores? ¿De los muchos que empezamos? ¿de los pocos que quedamos?/¿De los que aún resistimos? ¿de los que no claudicamos?/ Aquí seguimos, cada uno en su trinchera/ Haciendo de la poesía nuestro pan de cada día…

Deniz Tek: "The Beat"


Por: Txema Mañeru. 

No cabe ya ninguna duda de que el australiano Deniz Tek es el buque insignia internacional del estupendo sello italiano Wild Honey Records. No he sacado cuentas exactas, pero los italianos The Peawees, muy queridos aquí, también tienen un buen puñado de vinilos recomendables en el sello. Pero creo que el ex guitarrista de los legendarios Radio Birdman tiene todos sus últimos y recomendables LPs bajo esta marca y a eso hay que añadir una colección de recuperación de archivos cuya última y recomendable recuperación es el doble LP “Collection Vol. 3: Outside”, que incluye temazos como el acelerado, urgente y guitarrero arranque con "Blood Form A Stone", la estupenda toma acústica de "Searching", "Day To Ride" o la impactante "Condition Black". Otra gozada es la versión instrumental de "Rough Slide Drag" con sus espectaculares punteos, pero también con un órgano ácido que es una jodida maravilla. Este y otros discos de Deniz y de Wild Honey Records, los puedes conseguir también en www.folcrecords.es que son sello amigo y más que recomendable.0 Dentro de su incesante trayectoria de los últimos años, su último disco “oficial” fue el más que destacado “Long Before Day” (Wild Honey Records). Un disco más que disfrutable con ecos a sus Radio Birdman, pero también a los Rolling Stones más blues, The Stooges, Velvet Underground o el blues de Howlin’ Wolf o Son House. Lo presentaron en la Kutxa Beltza del Kafe Antzokia y fue una velada espectacular que ojalá repitan pronto con las canciones de su nuevo disco y con algunos clásicos de sus Radio Birdman. También pueden repetir su fantástica recreación del "Oh, Well", de los Fleetwood Mac de Peter Green, que por cierto viene en los bonus tracks de la edición digital de este “The Beat”.

Un disco que supone un sentido homenaje a su batería de muchos años, Ric Parnell (Atomic Rooster, Wayne Kramer, The Deviants, Spinal Tap), que, desgraciadamente, ya no está entre nosotros. Eso sí, junto a Deniz continúa su bajista de siempre, Bob Brown , y le sigue acompañando en las guitarras su compañera, Anne Tek. Se conocieron en 2010 por mediación de su productor entonces, Ron Sanchez, que fue quién los presentó. Desde entonces se convirtieron en inseparables y grabaron recomendables discos como “Detroit”, “Mean Old Twister” y “Lost For Words”. Murió en 2022, pero Deniz ha considerado que le debía un disco como este “The Beat” (Wild Honey Records).

Ric no era mucho de ensayar y cuando Deniz le mostraba alguna canción, enseguida cogía el punto y la llevaba a su terreno para sorpresa del propio Deniz. El caso es que durante la grabación del “Mean Old Twister” en 2015, ambos se marcaron algunas jams que grabaron y Ron Sanchez se las envió a Deniz. No las había escuchado en una década y fueron una absoluta y agradable sorpresa para él. Entonces decidió meter esos temas en un nuevo disco (este “The Beat”), manteniendo sus guitarras y las baterías de Ric y, al mismo tiempo, escribiendo y arreglando algunas nuevas canciones para las baterías guardadas de Ric. Algo completamente nuevo para él y su manera de componer. Ha mantenido guitarras rítmicas, pero la mayor parte de las guitarras y sus partes vocales son nuevas. Por supuesto, Bob Brown y Anne se sumaron al invento y crearon este buen disco al revés de cómo siempre los había hecho Deniz. Como es habitual en el sello el vinilo viene con una cuidada y gorda funda interior con guapas fotografías y con los textos y la especial dedicatoria para Ric, de un emocionado Deniz que está seguro de que le habría excitado y hecho realmente feliz.

El trabajo comienza de manera formidable con una emotiva "Going Home" y la gran guitarra de Deniz sobre ese ritmo creado por Ric y Bob que es puro Radio Birdman, en sus buenos tiempos. Tenemos aquí también los primeros y destacados punteos de Denik. Continúan con una agresiva "War Is Over" con destacados riffs, más destacados punteos y una buena melodía vocal. La melódica y reposada "Shot Of Truth" es una gozada que nos recuerda a unos Radio Birdman a cámara lenta. Cierra la cara A una excitante "Kua Bay" con aires surf en las guitarras y hasta con toques hawaianos a lo Elvis Presley. Genial instrumental en el que Deniz demuestra su finura y versatilidad con las 6 cuerdas.

La cara B arranca también de manera brillante y potente con "Here And Gone" y una abrasadora armónica y buenos destellos con la slide. Tiene hasta algún aire al "Peter Gunn" de Henry Mancini, pero vía Emerson, Lake & Palmer. "Girl On Ice" es una sorpresa más que caliente con esa voz suya casi narrando al estilo del mejor Lou Reed, combinada con momentos de improvisación entre su guitarra y esa muy presente sección de ritmo, sobre todo con la batería de Ric. "Forgiveness" vuelve a arañar con unas guitarras muy destacadas y variadas a lo largo del tema. Magia pura encontramos en la breve "Magic", con acústicas, armónica y aires entre country y folk justo antes de acabar, ¡cómo no!, con otra breve, pero estupenda "The Beat". Puro ritmo en la batería y potentes guitarras en un espectacular lento de nuevo con aromas Lou Reed. Si tiene más jams guardadas de ambos con este nivel no dudaría que volviera a entregarnos algún otro disco hecho “al revés”. ¡Ojalá que venga a presentárnoslo aquí y que repita en la batería el gran Keith Streng (The Fleshtones, The Split Squad), ahora que Ric ya no le podrá acompañar nunca más!

Kokoshca: “Hemos buscado el tesoro escondido en alguna de nuestras canciones”


Por: Javier González. 

Kokoshca son un “Divino Tesoro” dentro de nuestro panorama musical. A estas alturas de la película ha quedado claro, llevan casi veinte años a su bola, moviéndose sin ataduras entre la amplias etiquetas que van del rock más cavernario al pop de guitarras limpias, haciendo paradas en estilos como el krautrock y el lo-fi, siempre sonando efectivos y autosuficientes, jugando a contracorriente como vuelven a demostrar en su última referencia, donde lejos de caer en tópicos manidos como elaborar un “grandes éxitos” o un disco de “colaboraciones”, toman distancia y se lanzan a la aventura de regrabar algunas de las mejores canciones que contienen sus primeras referencias, aquellas que grabaron con menos medios técnicos, dotándolas de nuevas sonoridades, estructuras y letras para que vuelvan a disfrutar de una segunda vida. 

Lo presentan otra vez bajo el paraguas de su disquera, Sonido Muchacho, en una cuidada y elegante edición en vinilo doble capaz de poner los dientes largos a cualquier buen aficionado que se precie. Sorprendidos por la valentía con que llevan a cabo este nuevo salto al vacío, nos ponemos en contacto con la banda, personificados en Amaia Tirapu, guitarra y vocalista del combo pamplonés, quien nos sorprende por su cercanía, franqueza y un humor de lo más contagioso, capaz de brindarnos un entrevistón en toda regla con el que no nos queda más remedio que decirte a ti, amigo desconocido, que te vengas con nosotros, sé uno más. “Únete a Kokoshca porque brilla más que el oro este Divino Tesoro”. 

Han tenido que pasar casi veinte años desde vuestras primeras grabaciones para que podamos tener entre nuestras manos este “Divino Tesoro”, un trabajo donde recopiláis algunas de vuestras canciones con motivo del Record Store Day. ¿En qué momento surge la posibilidad de dar vida a un trabajo de esta índole? 

Amaia: Desde hace tiempo pensábamos que había canciones del principio que sonaban muy mal, ya que estaban grabadas en casa con pocos medios y siempre existían conversaciones en torno a ellas. Al acabar la gira de “La Juventud” hablamos con Sonido Muchacho, quienes nos comentaron que quizás era pronto para ponernos a componer un disco nuevo y grabarlo. Plantearon que quizás sería bueno darnos un poco de reposo para pensar en un trabajo con material fresco. Nos comentaron la posibilidad de sacar un “greatest hits”, pero no lo veíamos. Entre Sonido Muchacho y nosotros pensamos en regrabar esas canciones que sonaban mal, algo así como buscar el tesoro escondido de las canciones de Kokoshca en una edición bonita piensa. Al final es un trabajo que ha salido con una edición Deluxe donde todo ha quedado muy chulo. Era un momento ideal para sacar este recopilatorio. 

“Queríamos mejorar el sonido, estructuras y letras de algunas canciones” 

Es palpable que se ha procedido a llevar a cabo una regrabación de muchas canciones, que en su momento, en algunos casos, tenían un encanto cierto encanto underground y naif. ¿Había una espina clavada en la banda al escucharlas en su antiguo estado? 

Amaia: Es inevitable que al gustarte una canción y escucharla de una determinada manera la relacionas con momentos vividos y experiencias. Siempre estará la duda sobre la nueva versión, que nunca te parecerá la otra, pero en nuestro caso las vemos mejor. Quizás tenemos una visión del asunto menos de oyente y más cercana a la figura del creador. Estaba claro que había que mejorar el sonido, estructuras y letras, que es lo que hemos hecho. Quizás se pierde la inocencia del principio, pero piensa que tampoco somos los mismos que las grabamos. Ojalá desde el minuto uno hubiéramos podido tener acceso a un estudio para que todas las canciones sonasen bien y poder ser escogidas para una película. Hicimos lo que pudimos con lo que teníamos a mano, pero sentíamos que se podían mejorar. Ahora las hemos podido sacar guay. 

¿Cuál ha sido el proceso de selección de las canciones que habéis incluido finalmente? 

Amaia: Lo que más costó fue elegir. Contando canciones tenemos casi 130. Hicimos reuniones con Sonido Muchacho y nos aconsejaron sobre cómo desarrollar el proceso. Hicimos listas con las elegidas para ver cuáles se repetían. Teníamos algunas claras: “La Fuerza”, “No Volveré” y “Mi Chica”, básicamente, varias de las que más se repetían. Una vez que estaban decididas, había que pensar qué se hacía en cada canción. Unas tenían bien la estructura, pero otras no. Otras pedían ampliar letras, como en el caso de “Los Domingos”, donde hemos metido mi parte. Algunas pedían arreglos nuevos. Composiciones como “Nena” necesitaban una vuelta entera. Hubo muchas reuniones, conversaciones, listas y ensayos para poder llegar al estudio con todo pensado. Ha sido un trabajo totalmente diferente, muy interesante. Creo que el proceso ha estado muy bien. 

Sí, porque al final habéis hecho algo que era común en bandas como Kraftwerk, a quienes no les temblaba el pulso a la hora de llevar a cabo nuevas versiones de sus grandes temas, algo poco común en nuestro país, donde el formato suele ser más conservador con grandes éxitos al uso. 

Amaia: Sí, llevas razón. Quizás en España es algo que no se estila. Ahora mismo está de moda que otros grupos versionen tus canciones, hacer un recopilatorio tocando los temas de otra banda, pero no queríamos hacer algo así. 

Hay canciones de “Únete a Kokoshca”, “Hay una luz” y de “Gernika”, y también de Ep´s como “La Fuerza”, no así de vuestros últimos discos, la respuesta parece clara, pero formularé la pregunta. ¿Por qué precisamente de esos cuatro trabajos y no de los últimos? 

Amaia: Básicamente a que los últimos discos están grabados bien. Están grabados en estudio y nos encantan. No tenía mucho sentido. Hemos contado con Raúl Pérez y Kaki Arkarazo como productores. De ahí surge la decisión. 

También me ha llamado la atención la inclusión y revisión de uno de vuestros himnos, una de las canciones más celebradas por el público en los conciertos y, por qué no decirlo, uno de esos temas que no solo conoce vuestro público como es “No Volveré”. ¿A qué se ha debido? 

Amaia: Nos pasaba que después de tocarla tantas veces en directo y tan rápido, al oírla en el disco parecía que era muy lenta en la versión original de “Hay una Luz”. Creíamos que había que acercarla a la forma en que las tocamos en nuestros conciertos. No la hemos variado mucho realmente. Y luego hay otra cuestión, el vinilo de “Hay una Luz” está agotadísimo, por lo que hay mucha gente que no la podía tener en formato físico. Nos parecía que era una buena forma de que el público pueda tenerla. 

Vamos a hacer la pregunta incómoda. ¿Cuál sería tu top tres de temas favoritos de “Divino Tesoro”? 

Amaia: Me encanta cómo ha quedado “Los Domingos”, una canción que siempre me ha gustado mucho, por otra parte. Ahora al añadir una parte se completa más y adquiere un toque misterioso. Además, nos encanta lo de hacer chico/chica para que las historias parezcan una telenovela. También me gusta “El Bosque”, tiene ese lado oscuro de Kokoshca, añadiendo un arreglo de batería plagiado de Can que me fascina. Y la tercera… no sé… “Prefiero Golpes”, ha quedado muy cruda, macarrilla. Es difícil. En tres meses te diría otra composiciones totalmente distintas. 

“La Fuerza” os ha quedado muy Franco Battiato. 

Amaia: ¿Sabes qué pasa? Igual esto no se puede decir, pero la tenemos un poco de manía. La hemos tocado todo tanto. Es una canción a la que realmente tenemos mucho cariño. Además, la ha vuelto a cantar Javi, batería original de Kokoshca, que luego lo dejó y era su cantante original. Ya me cansa esa canción. (Risas) 

Antes hablabas de pasada de la cuidada edición que os habéis marcado de este “Divino Tesoro” junto a Sonido Muchacho. 

Amaia: Al tomar la decisión fue de forma conjunta, había que hacer una edición chula, ya que los anteriores vinilos eran una edición normal. Aquí hemos apostado por una edición doble con carpeta dura y plateada por fuera. El diseño es cosa de Lucas Malcorra. Por dentro está muy chulo, tiene mil detalles, hay diamantes, todo pensando para que el comprador piense que tanto el disco como nosotros somos un tesoro. (Risas)

La banda ha tenido varias formaciones, salidas y entradas, hasta dar con la actual, la más histórica, donde estáis Iñaki, Álex, Iñigo y tú. Se qué es complicado, pero ahora que te tengo delante. ¿Cuáles serían las distintas etapas que habéis pasado a tu juicio? ¿Qué las definiría? 

Amaia: Diría que el inicio lo representamos Iñaki y yo. Empezamos a ensayar, nos intercambiamos instrumentos, todo muy precario y comienzan a salir conciertos, uno de ellos en Madrid, por lo que necesitamos un batería. Se une Javi, nos convertimos en trio, todo sigue siendo muy precario, pero conseguimos seguir adelante durante cuatro años, con mucha ilusión, viajando a veces en autobús, siendo unos críos que no teníamos ni idea de nada, pero nos divertíamos. 

Perfecto, vamos con la siguiente etapa. 

Amaia: La segunda etapa empieza cuando Javi deja la banda para irse a trabajar a Londres. ¿Qué hacemos? Buscamos otro batería y aparece Álex. Empezamos a pensar que hace falta darle más contundencia al sonido y buscamos un bajista, Íñigo, al que conocíamos de otros grupos de Pamplona. Nos dice que sí. Nos entendemos muy bien musicalmente. Es una etapa de transición, donde nos vamos conociendo que a mí se me hizo complicada, necesitaba coger confianza para los ensayos y componer. Me costaba soltarme e improvisar. Con Javi e Iñaki me soltaba, pero con ellos no. No sé cuánto dura esta etapa, tres o cuatro años, ya que Álex no sabía si se iba a quedar. Su entrada coincide con nuestro fichaje por parte de Sonido Muchacho. 

Sospecho que viene la última. 

Amaia: A partir de ahí empezaría la última etapa, sí. Nos profesionalizamos, notamos una subida paulatina en cuanto repercusión, vamos teniendo mejores condiciones y tocando mejor. Hubo un salto con el disco “Kokoshca”, grabado en La Mina, donde conectamos personalmente y musicalmente con el productor. Un disco que fue un salto, nos encantó, creemos que es un trabajo mejor. Esta sería la última etapa hasta ahora. Ese sería mi resumen. 

“Nuestro estilo es no tener estilo” 

Cuando uno monta una banda tan heterodoxa y alejada de cualquier pretensión comercial como la vuestra, ¿se llega a pensar en que veinte años después puede seguir existiendo gozando de la salud que goza el proyecto? 

Amaia: La verdad es que no. Si ahora a aquellos chavales de veinte años que empezaban a tocar nos dijeran que estaríamos aquí, hubiéramos dicho que no. Nos hubiera encantado, pero vivíamos los momentos exprimiéndolos. A nivel personal, tener un grupo es guay, pero es cansado. Es una familia a la que a veces quieres matar. Hay momentos en que el grupo pesa. Nunca ha habido una conversación para hablar de acabar, pero sí momentos en que he notado que estábamos cansados. Nos hemos mantenido haciendo lo que decías: música de estilos variados sin pretensión comercial. Es lo que nos sale. Nuestro estilo es no tener estilo. 

“España es un país donde quien persiste tiene premio” 

La vuestra es una historia de empeño, furgoneta, picar piedra y buscar vuestro propio público. 

Amaia: Sí, además España es un país donde quien persiste tiene premio. Es duro. Nosotros ahora notamos que el trabajo ha dado sus frutos. Vamos a sitios donde crees que nadie te conoce y hay gente que canta tus canciones. 

En 2027 Kokoshca llevará veinte años en activo. ¿Habéis preparado algún tipo de gira especial para conmemorar la efeméride, por ejemplo, en Pamplona?

Amaia: No lo hemos pensado, la verdad. En Pamplona no sé si lo haríamos. Tenemos muchos amigos, pero no es un lugar que nos acoja tan fuerte como otras ciudades. Nadie es profeta en su tierra. Si hiciéramos eso, lo haríamos en Madrid o Donosti, que nos han acogido muy bien siempre. Algo habría que hacer. Veinte años, da miedo y todo. ¡Qué viejos! 

Un trabajo de esta índole tiene de forma evidente una mirada atrás que se proyecta hacia el futuro. ¿Cuál es el siguiente paso de Kokoshca? 

Amaia: Vamos a intentar vivir muchas cosas para que nos salgan buenas canciones. Haremos unos conciertos presentando “Divino Tesoro”, además de otras composiciones más antiguas que también rescataremos. Tenemos ya confirmada una actuación en Donosti, concretamente en “Jazzaldia”, donde tocaremos la playa. Es algo que nos hace mucha ilusión porque es un festival al que llevamos yendo desde que éramos críos. Tocaremos en Madrid el 11 de junio en el marco de “Sound Isidro”, organizado por Alan Queipo y Javi Ferrara. Ya hay ideas de canciones nuevas saliendo, así que estamos en esa onda. Cuando grabas un disco tienes que llenarte de ideas para hacer otro. 

¿Qué dicen el aita y la ama de que su hija lleve casi veinte años como vocalista y guitarrista de una banda de música? 

Amaia: A mis padres les mando el disco, pero no tienen tocadiscos, así que nunca sé si lo escuchan entero (risas). Les hace mucha ilusión cuando me ven en el periódico, en el “Diario de Navarra”. O cuando se encuentran con un amigo y les cuenta que su hijo es fan, ahí dicen: “fíjate”. Siempre te ven como el titiritero. En las comidas familiares te ves esquivando la pregunta de los tíos: “¿Qué haces ahora?” (Risas). Realmente siempre me han apoyado, no puedo decir otra cosa, aunque supongo que no es lo que más les gusta, les gustaría más que fuese abogada. 

“Del underground también se sobrevive” 

¿A día de hoy Kokoshca os permite vivir exclusivamente de la música? 

Amaia: Iñaki y yo durante mucho tiempo, sí vivimos de la banda. Ahora lo compaginamos con otras labores musicales porque tenemos otras responsabilidades familiares que generan más gastos. Si eres una persona austera, se puede vivir de la música. Del underground también se sobrevive. (Muchas risas) 

Por mi parte es todo, Amaia. Espero no haberte hecho preguntas comunes y tópicas, soy consciente de que las semanas de promo son pesadas. Me ha encantado la entrevista. Eres muy divertida. 

Amaia: Ha estado guay. Estás un día entero haciendo lo mismo, así que cambiar nunca viene mal.