Dinosaur Jr. :”There Near”


Por: Àlex Guimerà. 

Apenas ha transcurrido un lustro desde el anterior "Sweep It Into Step" (2021) para que la formación clásica de los dinosaurios haya vuelto a la carga para robarnos los corazones por enésima vez. Pues esta banda simboliza todo lo que a uno le atrae del rock y de la música independiente en general, ya que lejos de buscar la comodidad en la nostalgia y en el fácil autoplagio, el decimotercer disco de estudio de los de Massachusetts vuelve a dar en el clavo ofreciéndonos una dosis de energía salvaje de rock alternativo. Para eso ha sido decisiva la obsesión de J Mascis en recuperar la mesa Boogie de los años setenta que utilizaron en la grabación de su álbum de debut allá hacia mitades de los ochenta. Así, en distintas y largas sesiones en los estudios "Bisquiteen", que el guitarrista tiene en su Amherst natal, se ha ido configurando un trabajo que han querido (y logrado) que sea espontaneo y fresco. 

De nuevo las nuevas canciones surfean entre el ruido más crudo y la melodía dando ese contraste tan encantador típico del combo. Algo que observamos desde el preciso momento en el que ponemos la aguja al vinilo (o apretamos el botón de spotify) para escuchar esa maravilla titulada "Several Got Away", en la que la frenética sección rítmica con la batería de Murph y el bajo de Lou Barlow dejan paso a los pegadizos riffs y a los solos melódicos del gran guitar hero del indie americano. Con "No Friends" volvemos directamente hacia finales de los ochenta y principios de los noventa y hacia la pasión de esos días en los que éramos jóvenes. Una melancolía que crece en "Walk Me Back", gracias a la melodía y a esa cálida voz de Mascis que nos tiene encandilados. Son los redobles sin descanso de las baterías, los solos de imposibles, la poesía cálida de las letras y ese sentimiento de libertad que teníamos con 20 años. ¿Y qué podemos decir de los rasgueos abrasivos de "Take Me With You" de las guitarras enmarañadas de "Gone Off" o de los cambios de esa pseudo-balada que es "Put It Down"? Simplemente que son sensacionales.

Con "Everything At One" se salen un poco del guión para meternos unos teclados de fondo a cargo de Ken Mauri que casan muy bien entre la distorsión guitarrera. Por su parte, Barlow aporta dos temas para dar ese perfecto contrapunto en la composición y en la voz con Mascis. Es la melódica "Blowin' Up" que parece robada del otro proyecto del bajista, Seabdoh, y que fue single de adelanto del disco. La otra es el medio tiempo acústico "No One's Ready" que cierra el paquete de forma campestre. 

"There Near" no nos descubre nada que no supiéramos, pero no podemos dejarlo de escuchar. Simplemente es una lección para las nuevas generaciones de lo que es el rock, un refugio ante tantos proyectos fallidos de otras bandas de su recorrido que nos confirman que los Dinosaur Jr. son un valor seguro por el cual apostar.

Susan Santos: "Un músico siempre está en constante aprendizaje"


Por: Kepa Arbizu.

Fotografías: Juan Pérez Fajardo.

Todos los caminos, estén escritos sobre el asfalto o alumbrados por la imaginación, comparten una condición común respecto a su significado existencial, pero del mismo modo, cada uno conserva sus rasgos particulares y expresión identificativa. Son esas carreteras que separan Estados Unidos y México las que han supuesto conceptualmente el mapa geográfico sobre el que ha desplegado sus dos últimos discos Susan Santos, dando continuidad con su actual "Camino diablo" al previo "Sonora". Un territorio con especial pedigrí y mística para el lenguaje del rock.

Instalada en esa confluencia de fronteras, la guitarrista y compositora extremeña firma un álbum, el séptimo de su carrera, que avanza poderoso y orgánico atravesando horizontes a lomos de un rotundo boogie sureño que igualmente se detiene en parajes protagonizados por el folk-country, los ritmos de Nueva Orleans o el soft rock. Un viaje, donde las bujías hierven entre riffs y las historias se debaten con su pasado, presente y futuro, al que asistimos como copilotos del talento y la energía de Susan Santos.

Tanto tu anterior disco, “Sonora”, como el actual, hacen mención a un espacio geográfico común, a ese territorio árido y desértico que separa EEUU y México, ¿qué tiene esa frontera que te atrae tanto? 

Susan Santos: Es verdad que para mí tiene una magia especial y siento una gran conexión con ese espacio, aunque este disco en concreto lo entiendo más como la banda sonora de un viaje en carretera. Se trata de algo parecido a una road movie personal, una travesía en la que cada kilómetro te transforma, donde las decisiones que tomas alteran el rumbo y el pasado va quedando atrás y lo miras desde el retrovisor, pensando en lo que está por venir. Ojalá este trabajo sea también esa banda sonora que acompañe a mucha gente en su propio camino y en muchos viajes. 

Aunque sonoramente domina el boogie sureño, es un disco abierto a géneros diferentes, ¿había una intención de que esta road movie fuera también un itinerario por las diversas estaciones de la música americana? 

Susan Santos: Primero escribí las canciones con la única idea de grabar un nuevo disco, pero sin ningún concepto claro preconcebido, solamente componer. Según fueron saliendo y fui seleccionando los temas que quería que formaran parte del disco surgió la idea del título y todo empezó a tener un sentido común: el título, las canciones escogidas de entre todas las compuestas… No pensé en ese sentido en darles un estilo u otro, simplemente compuse aquello que me apetecía en el momento y me quedé con las que me sentía más a gusto, descarté otras, y las grabé... 

Cada uno de tus discos suele adoptar una identidad propia, este suena orgánico y directo, ¿te sientes necesitada de cuando acabas un trabajo explorar un nuevo camino para el siguiente? 

Susan Santos: Sí, es como una necesidad personal, hacer canciones y contar de manera lo más honesta posible la música que quiero hacer en cada momento determinado. Un músico siempre está en constante aprendizaje, nunca lo puedes saber todo y siempre se aprende de otros estilos, escuchando nueva música, otros artistas. La música que yo hago está muy relacionada con el directo y me parece lo más real y sincero hacerlo de esa manera.. 

Y en este itinerario, ¿existió un primer paso que sirviera de desencadenante para el resto? 

Susan Santos: Cuando compuse "El camino" encontré la narrativa y el título perfecto para el álbum. A partir de ahí se fue convirtiendo en la banda sonora de esa road movie imaginaria que comentaba antes; todo el concepto de libertad, polvo y supervivencia nació de ahí. 

¿El tipo de sonido de una canción te condiciona a la hora de aquello que quieres contar?

Susan Santos: Para mí sí, depende hacia dónde se dirija la música, la letra puede variar en función de eso. También depende de la manera de componer, si hago primero esa parte instrumental y luego el texto, o si primero me surge la idea o la letra de lo que quiero contar. Las historias de este disco están contadas unas de forma más real, y otras más encubiertas a través de un personaje que narra la historia, y hay muchos de mis sentimientos y pensamientos personales en cada canción. Las canto en primera persona, y tras ella están muchas de mis propias historias y vivencias. 

El disco se abre con “El Camino” y se cierra con “El Diablo’s Goin’ On”, formando así el título del disco, ¿el orden de los temas buscaba dar un sentido concreto a este recorrido? 

Susan Santos: Eso es algo que surgió de manera improvisada, porque de hecho "El Diablo's goin on" la compuse la misma mañana antes de ir al estudio de grabación, la ensayamos allí y la grabamos sobre la marcha. Una vez añadida al disco, sí vi claro esa forma de ordenarlas, quería poner la primera “ El Camino” y la última “ El Diablo's goin' on”, el resto lo ordené poco tiempo antes de pasarle el texto al diseñador. 

Las carreteras también son una presencia común en tu vida, habiendo hecho giras por muchos lugares, ¿esos viajes y recorridos te aportan a nivel emocional y vital?

Susan Santos: Todas las experiencias de la vida nos influyen, y de todo se aprende, y por supuesto toda la gente que he conocido, todos los lugares que he visitado durante las giras y toda las personas que, de una manera u otra, forman parte de mi vida, me aportan algo cada día que pasa. 

Alguna vez te he leído declarar que incluso has llegado a dar más entrevistas para medios anglosajones que para españoles, ¿sientes que una mujer haciendo un sonido tan crudo y ligado a la tradición todavía hoy sigue siendo difícil?

Susan Santos: Supongo que en este caso concreto lo que menos ayuda es hacer una música como la que realizo, para minorías. No me muevo en estilos que vayas a escuchar en las radios o en los medios de comunicación donde suenan los artistas más de moda o vinculados a tendencias actuales.

River Shook: “River Shook”


Por: Héctor Neira. 

Admiro y mucho a aquellos/as músicos/as que deciden en un momento determinado de su carrera romper con su banda de siempre o abandonarla, y emprender un camino en solitario. Hay algo osado y valiente en esa decisión, un impulso innato por la aventura y el riesgo, y también un notable grado de confianza en tus propias capacidades. Ser parte de una banda te acota, pero eres parte de un colectivo que te arropa. Lanzarse en solitario eres tú solo ante el mundo, aunque ganando en libertad y autoafirmación. La ruptura de Sarah Shook & The Disarmers era algo que se venía venir años atrás. Se estaban deshaciendo cual azucarillo en un café. Nos han dejado varios discos que van permanecer en nuestra memoria y eso ahí quedará para siempre. Pero River Shook, haciendo gala de ese atrevimiento al que hacía referencia antes, ha dado este año el primer pequeño gran paso en su nueva andadura como solista. Y no han sido pocas personas a las que he recomendado entusiasmado el resultado.

Titulado inteligentemente como “River Shook”, estamos ante un disco cautivador, realizado por quien se conoce al dedillo todos los códigos del country-rock y que además ya cuenta con un bagaje a sus espaldas que la hace pisar fuerte, tirando la puerta, mostrándose abierta y ofreciendo al oyente un estado de las cosas de su propia vida sin caer en los clásicos convencionalismos del género y la música de autor. Su pareja, el talentoso Blake Tallent, le procura todo el armazón instrumental necesario para que nuestra protagonista pueda caminar firme y posar sus pies en terreno estable. El trabajo de Blake también en las labores de producción resulta intachable. 

La estupenda y acertada “Free At Last” abre la colección a modo de necesaria declaración de intenciones. River suelta un buen peso de su mochila y decide romper con los lazos que le unen a su pasado reciente. Con “Country Angel” entramos en terrenos más amables, nostálgicos, a lomos de una melodía irresistible con sabor a clásico instantáneo. Nada en este disco resulta baladí. Hay una intención clara de la autora de mostrarse más “desnuda” al oyente, aferrándose a su propias vivencias y a sus propios sueños. “Lost Without Your Love” insufla al disco un guiño tierno en forma de declaración de amor, de necesidad de cobijo hacia Blake. Caminar sólo esta bien pero si detrás está la persona correcta, aquella que debe amarte, cuidarte y protegerte, todo es más llevadero. “Venom & Gold” es a criterio personal una de las piezas claves de la colección. Intensa, sentida, de hermosa hondura a modo de última y dolorosa mirada al pasado. No todo ha sido un camino de rosas en la vida y trayectoria de River, y lo vuelve a plasmar en “Fading”, otra de las canciones favoritas para un servidor. Personal, imponente y de nuevo muy autoreferencial: “Nunca te hice daño. Yo no me dejaba pisotear, pero tampoco causaba mal a nadie. Sin embargo, ahora lloras como si yo fuera el arma humeante. Creo que te gustaba más cuando tenía una aguja en el braz , colocándome hasta el infinito”. Devastadora. “Blue Vervain” baja la pulsaciones en forma de cálido abrazo a su bien ganada libertad al lado de su pareja: “Eres sangre en mis venas, miel en mi lengua”.

“If We Got A Chance” rezuma clase por todos sus poros. La autora de Rochester, NY (aunque es la tierra de Carolina del Norte la que ha hecho de ella ser quien es) reflexiona sobre los sacrificios que implica ejercer el oficio de músico en la pieza con más clara orientación al rock clásico dentro del lote. “Beater Car” es otra composición de enorme calado emocional que te agarra y no te suelta. Contiene unas de sus confesiones más conmovedoras y sinceras al referirse a su hijo y su deuda para con él: “Mi orgullo y mi alegría, un regalo del cielo. ¿Cómo puedo perdonarme por no tener nada que ofrecerte?. He desperdiciado demasiado tiempo persiguiendo mi propio sueño.”. Hay dolor, arrepentimiento pero también una honesta necesidad de redención. Con “Running To Georgia” nos aproximamos al final en forma de clásica pieza estándar del género. El viaje, las carreteras infinitas, la aventura como escapismo y necesidad vital tan propia de la tradición americana. Si el inicio del disco era una mirada directa al pasado, con la canción que cierra el álbum, “Loving Me Is Like Rolling A Big Old Rock”, River observa el nuevo horizonte que se abre ante ella. Toca seguir remando, nadie regala nada a nadie. Es momento de olvidar el pasado para celebrar el futuro.

River Shook se ha convertido con los años en una de las puntas de lanza del country-rock alternativo. Y con este sensacional “debut” (sin olvidar la soberbia “Widlands” que incomprensiblemente no entró en el disco) ya vuela sola y está despegando. Debemos cuidarla y mimarla, porque talento le sobra y estoy convencido que nos seguirá entregando discos de semejante nivel en los próximos años. Discos de esos que acompañan y que no te abandonan. En especial a los que amamos el género. O mejor dicho, a todos aquellos que aman la buena música.

Fontaines D.C. en el momento perfecto


Movistar Arena, Madrid. Jueves 22 de octubre de 2026. 

Texto y fotos: Javier González.

El pasado jueves Fontaines D.C. demostraron sobre las tablas del madrileño Movistar Arena que son la banda del momento en lo que al panorama rock internacional se refiere. Su concierto resultó absolutamente rotundo en lo tocante a las canciones, sin regalar apenas momentos de tregua a un respetable que desde primera hora dejó claro que los irlandeses gozan de un predicamento que solamente los más grandes son capaces de arrastrar tras de sí. 

Y es que el público que sigue a la banda de Dublín es totalmente transversal en edad, estética y gustos aparentes, siendo el único elemento vertebrador entre aquellas personas que sigue su música la comunión mesiánica que comparten hacia la banda capitaneada por Grian Chatten, quienes parecen haber encontrado el secreto de alquimia poniendo la banda sonora ideal a un mundo decadente al que cantan con una síntesis que reúne un enorme poder de evocación, análisis crítico y una visceralidad repleta de poesía que cala bien hondo. 

El concierto que presenciamos anoche no fue perfecto, ni mucho menos, radicando en dicho aspecto parte de su radical belleza. De hecho, podríamos criticar tanto la duración, apenas hora y media, como el sonido, manifiestamente mejorable en ciertas fases, algo que no restó un ápice de emoción a la enorme catarsis que vivimos en cada uno de los temas que se interpretaron. 

Otro detalle mejorable podría haber sido la elección de unos teloneros distintos. Realmente, Chalk, el voluntarioso dueto procedente de Belfast que tuvo la fortuna de abrir la velada no llegó a calentar al personal con su post-punk electrónico, a ratos bailable y por momentos distorsiono, ni tan siquiera con la calidad de canciones interesantes como “Pain”, “Static” y “Longer”, con la que dieron por concluido su corto set-list. 

La espera hasta que las luces se desvanecieron para dar paso al plato principal se hizo relativamente larga, pero mereció la pena, vaya si lo mereció, puesto que el público respondió en cuanto los Fontaines arrancaron con los primeros acordes de “Tongue”, atacando la superficialidad de la sociedad actual con su teclado juguetón, antes de que el abrasivo riff inicial de “Here´s the Thing” pusiera a arder casi literalmente el viejo palacio de los deportes capitalino, a la que siguió la crudeza de “Nabokov”, los teclados etéreos y el bajo retumbón de la genial “Marianne”, con su innegable parentesco con algunas de las mejores piezas del “Disintegration” de The Cure, y la muy celebrada “Boys in the better land”, alejada sonoramente de su actual propuesta con la que, sin embargo, comenzó un pogo colectivo que nos quitó unos pocos años de encima de un plumazo. 

Siguieron sacando lustre a su discografía con la interpretación de “Jackie Down the Line”, enorme trallazo que sigue funcionando como la primera vez que la escuchamos, la opresiva belleza poética que encierra “You Miss Me” y “Roman Holiday”, momento en que ya teníamos la certeza de que la banda había adquirido un nuevo estatus. 

Ahora al observarlos se ve una mayor seguridad, marcada por una actitud en escena que les sienta como anillo al dedo. Con un Conor Curley a la guitarra parapetado tras sus gafas con gesto serio, respetando los cánones de cualquier rock-star que se precie, Connor Deegan III, al bajo, poniendo la nota exótica con su estética, Tom Coll, llevando el peso de la maquinaria a la batería, ajustado y sin alardes innecesarios, siempre efectivo; y un Carlos O´Connell, para quien siempre es un placer tocar en la ciudad que le vio nacer y al que los hijos del foro miramos con especial cariño al reconocerle uno de los nuestros, todos ellos al servicio de Grian Chatten, quien, haciendo gala de un furibundo orgullo irlandés a través de símbolos patrios como el trebol y la bandera tricolor que portaba en su micro, sabe arengar a las masas con unos pocos pero efectivos trucos, pese a encontrarse todavía a muchos kilómetros de distancia de grandes mitos y prestidigitadores escénicos como el chamánico Nick Cave. Tiempo al tiempo. 

“In the Modern World” sonó rotunda y mayúscula, robándonos el aliento a miles de personas mientras hacíamos nuestros los delicados coros que con tanto mimo regalaron Connor y Carlos, las maneras góticas del desamor patente en “Happy for You” nos rompieron por dentro, cerrando tan bien escogido tridente con el fascinante epílogo representado por “Big Shot” dotada de un ritmo arrastrado magnético. 

Convirtieron el enorme recinto capitalino en una auténtica pista de baile con la novedosa “Mimesis”, donde miran directamente a los ojos a propuestas tan reivindicables como The Lords of New Church y su “Dance With Me”, y con “Bug”, otra de las tonadas que no necesitan presentación alguna y cuyos fenomenales coros supusieron un karaoke colectivo, a la que siguió “Favourite”, dejando como última canción antes del bis a “Where is Gone?”, la oscura balada en la que colabora nuestra Rosalía, retrotrayendo inequívocamente a clásicos como Nancy Sinatra y Lee Hazlewood, lástima que no pudiéramos disfrutar de la presencia de la catalana, pese a lo cual la composición consiguió relucir con abrumadora grandeza. 

Excesiva se hizo la espera para que regresaran al escenario, compensada de sobra con los ambientes crepusculares y melancólicos de “Japan”, un bello anticipo de la no menos genial “I Love You”, de entre las favoritas del público, y un cierre un tanto desigual donde interpretaron la bestial “Starbuster” y “Six Shot Morning”, que probablemente hubiera lucido más en otro pasaje de la noche, con la que ahora sí dieron por concluida la actuación ante el clamor del público capitalino.

Pasará el tiempo y muy probablemente todas las personas que estuvimos presentes en el concierto del pasado jueves recordaremos haber visto a Fontaines D.C. justo en el momento perfecto que representaba dicha noche, cuando eran una máquina de facturar himnos que ponía banda sonora a nuestros días más inciertos. Aunque pensándolo bien, cabe la posibilidad de que la próxima vez toquen dos horas y cuarto, como se exige a la grupos de su categoría, incluyendo en el set-list otra buena tanda de hits que anoche se quedaron fuera del listado final. Sea así o no, muy probablemente la mayoría repitamos experiencia en su próxima visita, pero mucho nos tememos que serán en un recinto con aforo mayor, porque de lo que no cabe la menor duda es que Fontaines D.C. continuarán con su ascenso durante un tiempo más.

Una oda sentimental a The Strokes


Palau Sant Jordi, Barcelona. Martes, 20 de octubre del 2026. 

Texto: Elisenda Hernández Janés. 

Fotografía: Christian Bernard.

Mientras nos preparábamos para el concierto de The Strokes en el Palau Sant Jordi, mi pareja me confesó que le daba cierta pereza. No pude evitar picarme. Si no le hacía ilusión, podría haberse quedado en casa y nos habríamos ahorrado el canguro, dije, y ya en ese momento intuí que mi tono destemplado escondía algo más a lo que no supe poner nombre. Lo dejé correr: Yo misma había descuidado a los Strokes durante estos últimos años y si bien tenía muchas ganas de verlos, mi ilusión no era la misma de antes. Yo tampoco lo era: ya cumplidos los cuarenta, con la cabeza llena de preocupaciones domésticas, suponía menor el espacio mental disponible para el fervor de otros tiempos. ¡Me equivocaba! 

Llegó la hora y los de Nueva York tomaron posiciones en un escenario que se mantendría en brumosa penumbra durante toda la actuación, una decisión deliberada a la vista de la indefinición de las imágenes que proyectaban las pantallas. Sorprende el aspecto de Julian Casablancas: gabardina negra, gafas y guantes oscuros, la estrella del rock del crepúsculo, el rugido implacable al caer el sol. Una figura enigmática entre sus compañeros de atuendo más mundano: Fabrizio Moretti a la batería, Albert Hammond Jr tras su guitarra, también Steve Schiltz, en sustitución de Nick Valensi, que ha dejado el grupo por un tiempo. El toque de color lo daba el chubasquero fluorescente del que, paradójicamente, siempre ha sido el más discreto del grupo: el bajista Nikolai Fraiture.

Desde el arranque con "Tyrants of the Mellow Moon" ("Reality Awaits", 2026) se intuye, por la contundencia y precisión de la interpretación, que se avecina un conciertazo. Pero al margen de los méritos de ese último disco 一que los tiene y se multiplican a cada escucha一 son los temas antiguos los que palpitan más fuerte por dentro. Bailoteos, estribillos a voz en grito y, en mi caso, combustible que pone a funcionar a todo trapo la maquinaria de los recuerdos. Me dispongo a darle cancha, mis disculpas de antemano por ello. 

Las guitarras dialogantes de "Reptilia" me envían de cabeza a las sesiones de dj Amable en el Razzmatazz: algarabía, chaquetas de galones, Converse que se resisten a despegarse del suelo pringoso. "Automatic Stop" me devuelve una imagen muy concreta: la de mi hermana y yo con la mirada enterrada en el librito del CD de "Room on fire" (2003) aprendiéndonos de memoria la letra de esa canción como quien estudia para un examen. Corrían los tiempos de la guerra de Irak, los móviles sin internet; en mi caso, los primeros pasos por las aulas universitarias y los amplificadores en el comedor de casa tocando 12:51 (Yo la guitarra de Albert Hammond Jr, Ana la de Nick Valensi). Nos preparábamos para el concierto en la Vall d’Hebron en el que los veríamos poco después, con los teloneros de lujo British Sea Power, ante un público sorprendentemente apático entre el que nos esforzamos por mostrar nuestro alborozo. Queríamos que Julian nos viera y mi hermana asegura que así lo hizo, ¡bendita estupidez de juventud! 

Un año atrás, recién detonada la explosión del "Is this it" (2001), había intentado ir a verlos en su paso por Barcelona. No pudo ser: la amiga que se encargaba de comprar las entradas volvió de El Corte Inglés con el rabo entre las piernas. La cola era la misma que la de la gira de OT y daba la vuelta a la manzana. ¿Que por qué no las compramos en alguna tienda de la calle Tallers, en las que no habríamos tenido ese problema? Porque éramos unas pardillas de diecisiete años, imagino. De nada sirve lamentarse a estas alturas: los hits atemporales de su debut salieron al encuentro, tanto tiempo después. "Last nite", convertida en indiscutible himno generacional. "Take it or leave it 一And girls act too much, and boys act too tough, enough is enough!" 一 "New York City Cups", "Someday", con su bullicio de barra de bar y cigarrillos entre risas, como los del videoclip que siempre pasaban por la MTV2 y que yo veía al caer la noche en casa de mis padres. En una de esas veladas los descubrí: interpretaban en directo "Hard to explain", la primera canción que conocí de ellos y, tal vez por eso, mi favorita. Recuerdo el desconcierto ante ese bramido, el contraste entre los trajes chaqueta y la voz asalvajada. Poco después, mi amiga Karina me la grabaría en un recopilatorio 一¡qué buena, me encanta esta canción! 一 La cantaríamos con la letra equivocada 一"Listen Caroliiiiiiiiiiiina" 一porque eso era lo que creíamos que decían por entonces. 

Sonó "Juicebox" y recordé cuando estrenaron el videoclip en la televisión inglesa el año en que me fui de Erasmus. Lo anunciaron a bombo y platillo: ¡Esta noche emitimos lo último de The Strokes! Mi amiga María y yo lo contemplamos en silencio, con la atención devota de un feligrés en su iglesia. Nos sorprendieron todos esos cambios melódicos y la sordidez del videoclip, con gente medio follando. Comentamos la jugada, ¿Qué te ha parecido? Coincidimos en que era raro y nos fuimos a dormir, ya era tarde. Comprendo nuestra reacción: aquello era diferente a lo que habían hecho hasta ahora. Más crudo, menos accesible. Sonaba como una apisonadora y así lo hizo de nuevo la otra noche en el Palau, con la alfombra del bajo y la batería abriendo paso en una espera casi angustiosa, el alambre de la guitarras y el puente in crescendo tras el que Casablancas se despeña sin mirar atrás. Sonaron varias de ese otro gran disco que es "First impressions of earth" (2006) 一"Heart of cage" , "You only live once"一 lo pedí para reyes aquel año y me lo llevé de vuelta a Nottingham, paseaba por las calles lluviosas con el discman en el bolsillo del abrigo al ritmo de "If I can see the sunshine… I’ll be waiting for you baby".

Pasaron de largo por el disco "Angles" (2011), que la crítica dejó por los suelos pero que a mí siempre me gustó. En especial, por ese bombazo llamado "Taken for a fool", que no sonó en el Sant Jordi pero sí en el Primavera Sound del 2015, en el que Julian salió con pelos de macarra extraño y la camiseta de la segunda alineación del Barça. ¡Sigamos! Suena "One Way Trigger" ("Comedown machine", 2013) y sus agudos imposibles, que disfruté de lo lindo a pesar de no haberlo hecho cuando salió. ¿Pero qué es esto?, recuerdo comentar por entonces. ¡Es una mezcla de A-ha y "El muelle de San Blas"! "The adults are talking" me traslada a los tiempos de la pandemia en el que sacaron su estupendo "The New Abnormal" (2020). No hacía mucho que me había convertido en madre, pero me las arreglé para poder ir a verles al Primavera Sound del 2022, una edición especial que se dividió en dos fines de semana consecutivos. Su cancelación por un brote de covid fue un golpe doloroso, más aún que a los que teníamos abono de tres días no se nos permitiera asistir al concierto de la segunda ronda, que sí acogió a los que tenían abono de un día. Tremenda injusticia, pero no nos hagamos mala sangre. 

Las canciones siguen una tras otra, eternas y efímeras como todas las cosas buenas de la vida y me reencuentro con los Strokes y con la exaltada melomanía: conmigo misma, en definitiva. Entiendo ahora que mi malestar de hacía unas horas no tenía nada que ver con esa canguro que podíamos habernos ahorrado sino con el sentir menospreciado algo íntimo y valioso. Me giro con intención de decírselo a Joan, pero la expresión de satisfacción de su rostro, completamente entregado al abrazo de los de Nueva York, hace absurda cualquier aclaración. El concierto llega a su fin, ¡no, por favor! El primer bis es "Ode to the Mets": el domador de fieras contiene su propio rugido, que suena ahora a súplica y a partida. "Listen one time, it’s not the truth, It’s just a story I tell to you". Tampoco esta es la verdad de lo que sucedió la otra noche, tan solo la historia que yo viví y llevaré conmigo. A veces uno deja de reconocerse en las cosas que un día le hicieron feliz. Otras, basta con el empujón del reencuentro. Me remito de nuevo a Julian y a su lamento de despedida : "I needed you there, I needed you there, but I didn’t know, I didn’t know".

Las diez mejores canciones de Patti Smith


Por: El Giradiscos.

Hoy, viernes 23 de octubre de 2026, la artista Patti Smith, nacida el penúltimo día de 1946, va a recibir en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de las Artes. Ya lo recibieron antes que ella otros cantautores como Joan Manuel Serrat y su amigo Bob Dylan. Tiene mucho sentido que ahora lo reciba ella no solamente por su contribución a la música, sino por otras facetas artísticas en las que ha destacado. Sus dos libros memorialistas son extraordinarios, el más reciente “Pan de ángeles” (2025) ha logrado recibir tantos elogios como en su día lo hizo el inolvidable “Just Kids” (“Éramos unos críos”); sus relatos, sus letras, sus poemas en prosa, sus cuadros y fotografías dan fe del increíble mundo interior de esta artista inagotable. Este premio no solamente se lo dan a ella sino a todos los que se rebelaron contra lo establecido y erigieron la contracultura norteamericana, por ello junto a ella subirán a recoger el premio su adorado amigo Robert Mapplethorpe, su marido Fred “Sonic” Smith, fundador de MC5, el dramaturgo Sam Shepard, y hasta Joey Ramone con sus andares desgarbados. Para celebrar el acierto de este premio y sumarnos a este merecido homenaje queremos ofreceros las que son, a nuestro juicio, las 10 canciones más representativas de la Patti. Las hemos ordenado por orden cronológico. 

“Gloria: In Excelsis Deo”

La conocida canción de Patti Smith fue incluida en su primer álbum Horses (1975). Más que un incondicional amor por el éxito de los Them de 1964, y que cierra los conciertos actuales de Van Morrison, lo que Patti buscaba en este tema de tres acordes (E/D/A) era el ancho marco donde expresar su poema “Oath” (1968). La canción posee un mensaje claro de su rebeldía y posición en el arte: “Jesus died for somebody’s sins, but not mine”. Un contraste entre lo religioso y lo pagano que culmina con el estribillo: “Gloria”, como culmen del desafío e inconformismo de la cantante frente a un mundo hostil. Todo muy punk lírico.

 

“Free Money” 

Otra de las canciones que han erigido a "Horses" (1975) como a una obra maestra es esta maravilla titulada "Free Money" coescrita junto al guitarrista de su banda de entonces, Lenny Kaye. Con un arranque al piano a modo de balada, el tema se transforma hacia un huracán proto-punk desatado. Su letra narra la ansiedad de sus días sobreviviendo en la dura New York de los setenta antes de dar el salto a la fama, con esos anhelos de obtener el dinero que le daría la libertad y le alejaría del sufrimiento. Una canción titánica desde las guitarras abrasivas, a los redobles de batería y a los cantos de desesperación de esta artista con letras mayúsculas.

 

“Birdland” 

“No, papá, no me dejes aquí solo” (“No, daddy, don't leave me here alone”), canta Patti Smith en “Birland” de su primer álbum Horses. No es la más fácil de escuchar. Son nueve minutos, que para hoy parecen una barbaridad. No es la canción más popular, pero según lo veo, es el tema más definitorio y el mejor ejemplo del estilo de música y por tanto de la idea de concierto en directo que ella describe cuando habla de aquellos años. Empieza con unas notas de piano, dulces, y su voz dulce arranca recitando, “Su padre murió”. Patti, palabras, acordes,… Como los rapsodas, como los juglares, los recitadores del Corán o los versolaris, va avanzando en el texto, se eleva, va tomando forma de lamento, se quiebra, suplica: “Oh, subamos, arriba, llévame, subiré, estoy subiendo” (“Oh, let's go up, up, take me up, I'll go up, I´m going up”). Un tema igual de catártico dio título a su segundo LP: “Radio Ethiopia”.


“Kimberly” 

Tal vez para descubrir el secreto de la trayectoria de una artista tan longeva, por fortuna, como Patti Smith haya que regresar a su infancia. La artista creció en un único hogar, aunque pasara por muchas viviendas, lleno de privaciones, salvo una, siempre fue amada por sus padres, y sus hermanos y hermanas. Este hecho resultó decisivo: las carencias materiales sublimadas por el amor y la imaginación literaria. Una infancia y adolescencia que, salvando las distancias, ella encontró reflejadas en “Mujercitas” de Louisa May Alcott. Ella, por su parte, se convertiría en Jo March. Esta bellísima canción está dedicada a su hermana pequeña y sus “ojos sembrados de estrellas”, tan alegre como ella y de salud tan frágil como la suya, a la que tantas veces cuidó durante sus graves ataques de asma. Lo que obligó a que sus padres tuvieran que ofrecer su perro y su gata a otras familias. Lo que pasó con el perro Bambi, compañero de vida de Patti Smith, puede encontrarse en su último libro de memoria y también en el capítulo titulado “Mil novecientos cincuenta y siete” de “Tejiendo sueños”.

 

“Pissing In A River” 

El segundo trabajo de la poeta y cantante "Radio Ethiopía" (1976) fue un disco crudo y visceral, grabado como Patti Smith Group. En él encontramos esta escatológica canción en la que orinar en un río es una metáfora de desprenderse de algo muy personal e íntimo y dejarlo llevar por la corriente. En esa época Patti aún estaba con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, con quién tenía una relación artística y amorosa complicada - descrita en su libro "Éramos unos niños"(2010) - , que quiso reflejar en esta letra en la cual quiso expresar la vulnerabilidad del amor y de la entrega. De nuevo Patti nos canta desde sus entrañas.

 

“Because The Night" 

Incluido en su tercer disco Easter (1978), es, sin duda, el mayor éxito en la carrera de Patti, versionado decenas de veces por grupos como 10.000 Maniacs, Sonic Youth o Garbage. La canción conforma un himno amoroso a la noche y a la pasión, pues la artista esperaba una llamada de su novio Fred “Sonny” Smith, de MC5. La génesis es una composición de Springsteen para Darkness on the Edge of Town (1977), que fue desechada. El productor, Jimmy Lovine, producía en esos momentos “Easter”. Bruce se la cedió a Patti, quien adaptó la letra según sus sentimientos. Más tarde Bruce la incluyó en su disco recopilatorio “The Promise” (2010). 

 

“Dancing Barefoot” 

"Wave" (1979) es el cuarto disco de Patti, y el que cierra su época clásica antes de su retirada para criar a sus hijos. Un álbum que incluye una de sus mejores canciones de su carrera "Dancing Barefoot", una pieza hipnótica influenciada por el legado poético y musical de Jim Morrison que habla (como indica su título) de bailar descalzo, expresando libertad pero también la vulnerabilidad humana y la conexión con la tierra, pero que algunos han interpretado en la conexión ser humano y divinidad. La frase "makes me come on like some heroine" no gustó nada a la discográfica que quiso que su autora la cambiara por la confusión de heroína, mujer excepcional, con la droga dura.

 

“Frederick” 

El primer single de "Wave" fue esta canción dedicada a Fred "Sonic" Smith, guitarrista de los legendarios MC5, y quien se convertiría en su marido y padre de sus hijos. Una oda al amor de quien consideró "su alma gemela" tal y como es retratada en sus obras autobiográficas, especialmente en "Mr. train" (2015) y en "Pan de ángeles" (2025), ésta última centrada en el momento en el que la pareja (Patti y Fred) se fueron a Michigan a formar un hogar y una familia. Esto sucedió justo después de publicarse esta canción y álbum. Años después, en 1994, Fred murió de un fulminante ataque al corazón, dejando a Patti con su gran amor. 

 

“People Have The Power” 

Este himno popular de Patti Smith, compuesto para que sirviera de punto de lanza de “Dream of Life” (1988) recuerda a los himnos políticos que la década anterior grabó John Lennon, otro gran neoyorquino adoptivo al igual que Patti. Pese a la exaltación que produce es una canción creada en unas circunstancias muy difíciles para Patti, la más preocupante de todas era la de la enfermedad de su adorado amigo Robert Mapplethorpe. Aunque resulte difícil de creer no tuvo el éxito esperado en su momento. Era cuestión de tiempo que la gente la escuchara de verdad y la adoptara. Desde la época de Reagan en adelante la canción ha acompañado a todos los movimientos de protesta dentro de EE.UU. y fuera de sus fronteras.

 

“A Hard Rain's Gonna Fall”

Todo el mundo sabe que esta canción no es de Patti Smith sino de Bob Dylan. Es una de sus mejores canciones en su etapa inicial folk y contestataria. Pero se ha merecido un puesto en esta lista porque su interpretación en vivo en una ocasión especial puso de manifiesto la personalidad de la cantante de Chicago. Fue interpretada en la ceremonia del Premio Nobel de Literatura concedido a Bob Dylan en Estocolmo en 2016. En lugar del músico acudió su amiga, lo que además supuso toda una declaración de intenciones. Durante la interpretación de la extensísima canción del bardo, Patti, en un momento dado, olvidó la letra de esta maravillosa letanía, pero su reacción fue tan extraordinaria que el público no pudo menos que reconocer la maestría de la compositora y su espíritu tan modesto como invencible.


Sarria: “Mi Plan”


Por: Javier González. 

Recuerdo con absoluta nitidez la primera vez que me encontré en persona con Nacho Sarria. Fue en la sala “El Sol” la noche que en que Álvaro Suite presentaba su primer trabajo en solitario, “La Xana”. Me sorprendió lo imponente de su planta y la estética de rockero que gastaba. La realidad es que no sabía quién era, pero tuve claro que aquel chaval tenía que ser alguien del mundillo musical con solamente reparar en su atuendo. 

Más tarde reconocí su fotografía en redes y me fui enterando de la peculiar historia que tenía detrás. De cómo siendo prácticamente un adolescente se convirtió en el guitarrista titular de Los Labios, banda que capitaneaba Sammy Taylor, el hijo de Silvio Fernández Melgarejo, el mítico rockero sevillano, sustituyendo al ya citado Suite al frente de las seis cuerda, llegando a embarcarse con ellos en una gira que los llevaría a suelo norteamericano recorriendo parte de la histórica costa Oeste, persiguiendo con determinación desde tierna edad el sueño de convertirse en músico en la tierra que tanta literatura había legado a la historia del rock. 

Posteriormente, por azares del destino, supe que en poco tiempo saldría al mercado el que sería su  disco de debut, “Sarria”, donde presentaba una buena colección de medios tiempos en los que plasmaba su amor por la psicodelia, que tuvo más que digna continuación en “El Mundo es Cruel (pero creo en él)”, trabajo en que ampliaba los matices de la paleta sonora mostrada, acercándose decididamente a raíces más negras, una evolución que ratifica en la nueva colección que hoy nos ocupa. 

La misma lleva por título “Mi Plan”, una tercera toma de contacto donde abraza con fuerzas renovadas la herencia del soul más clásico enlazando con las veleidades blancas de nombres como David Bowie (principalmente en discos como “Young Americans” y “Station to Station”, sin perder de vista matices más amplios que se muestran en álbumes del londinense como “Low” o “Let´s Dance”) y moderneces varias como las de Temples, explorando la fusión más elegante que surge del cruce de caminos entre funk y música disco, sin dejar de lado el rock psicodélico sintetizado, todo ello contado desde una perspectiva soleada, optimista y sincera con la que escribe un nuevo capítulo dentro de un círculo vital que le mantiene, peldaño a peldaño, en la pelea por hacerse con un hueco dentro del panorama musical, un anhelo que sigue persiguiendo con el mismo empeño, bondad y sinceridad que un día vimos reflejarse en la ilusión que desprendían sus oscuros y grandes ojos marrones, los cuales no escondían lo que realmente siempre nos ha parecido Nacho, que no es otra cosa que un buen chico malagueño. 

Once canciones que entablan una conversación con las composiciones incluidas en sus anteriores trabajos pero que lo hacen de una manera “guadianesca”, puesto que por momentos el hilo conductor parece perderse para volver a aflorar a continuación; en las mismas Sarria sigue escribiendo desde lo más profundo del corazón sus inquietudes y recelos, pero siempre con la firmeza y la serenidad de quien ve una luz al final del túnel, asumiendo los golpes y peajes de la vida, pero incitándonos a seguirle, algo a lo que nos invita en la inicial “Mi Plan”, arropado por una trepidante base rítmica y unos teclados muy presentes, que en ocasiones son complementados por una guitarras más furiosas de lo que pueda parecer en primeras escuchas, y en “Cambiando mi forma de Ser”, con la que los seguidores del artista andaluz tomarán conciencia de uno de los primeros grandes cambios que ha llevado a cabo, puesto que aquí se ha dejado atrás la habitual preeminencia de los medios tiempos en su discografía para acabar por dar forma a un trabajo que no da apenas tregua. 

Los primeros ramalazos funk asoman en “Artificial”, donde aboga por recuperar la piel y el pulso vital que hemos dejado atrás por la imposiciones de este maldito siglo XXI, en el marco de un tema que apuesto hará subir mucho el ambiente y la temperatura de sus directos, mezclados con los aromas casi disco de la genial “Agua Salada”, en la que es complicado no imaginarnos a Nacho disfrutando de las playas malagueñas, mientras toma distancia del estrés y lo agitado del ruido de un mundo vacío y loco, cerrando la canción como si Carlos Alomar no solamente produjera como ya hiciera a Soda Stereo, sino que también grabara las guitarras del mismo, aunque pensándolo bien, para eso ya estaba el bueno de Gustavo Cerati, perfectamente enlazada con los aromas distendidos de “Todo está Saliendo Bien”, donde sobresale una base plagada de groove que deja en el paladar un dulce regusto a soul de alta gama. 

Las luces de la pista de baile vuelven a relucir con los primeros acordes de “Quiero vivir más Lento” y “Sé que no sé lo que Hago”, invitando al ritmo y a menear el pie mientras acompañamos la escucha, sobre todo en la segunda de las citadas con ese wah-wah juguetón que taladra el cerebro colocando entre ellas la psicodélica “Sin Ti”, encerrando parte de los pasajes más oscuros y obsesivos del disco, antes de que los aromas Motown de la amorosa “Acostumbrado a Ti” rebaje la pulsión y nos regale un clásico instantáneo con hechuras de himno idóneo para noches de pasión desmedidas, atención a la categoría de los coros y a lo bien engarzados que aparecen cada uno de los elementos del tema, perfecta de principio a fin. 

Encaminamos el final del álbum con la sorprendente “Luces Blancas”, donde Nacho logra sacar de su cueva a Ángel Stanich, nuestro ermitaño favorito, marcándose un híbrido imposible entre el “My Girl” de The Temptations y el “Heroes” de David Bowie, regalando otro pedazo de tema, previo al subidón que supone “Perder el Control”, abrazados a un falsete envolvente que se sustenta en otra lección mayúscula de buen tino repleta de un groove majestuoso, cerrando el disco por todo lo alto y dejando al oyente con la sensación de necesitar más pedacitos del pastel.  Y es es inevitable necesidad de “más pedacitos del pastel” el síntoma inequívoco de que estamos ante uno un trabajo redondo, adictivo y liberador. 

Con “Mi Plan”, Sarria rompe el corsé de los medios tiempos y se corona como un maestro del groove en castellano, firmando una colección de canciones que están llamadas a incendiar las salas de conciertos en una próxima gira que será la más movida de cuantas ha realizado. El malagueño asume los peajes de la vida, sí, pero los ha transformado en baile, optimismo y elegancia pura. El viaje desde la psicodelia hasta este oasis luminoso ha valido la pena. Quédense con su nombre y busquen el roce de su piel en el directo; el plan ya está trazado y les aseguro que no querrán quedarse fuera de sus ritmos envolventes.