Nick Cave & The Bad Seeds: “Live God”


Por: Javier González. 

Vaya por delante que uno se enfrenta al nuevo artefacto de Nick Cave & The Bad Seeds con cierto escepticismo, básicamente porque este “Live God”, extraído casi en totalidad de su actuación en París en noviembre de 2024, no deja de ser uno más de los álbumes en directo de lo que ya es un amplio catálogo de grabaciones en vivo firmados por los australianos, con la particularidad de que aquí se hace una parada significativa en los temas del que representa el último disco de estudio de la banda (“Wild God”), complementados por un puñado de clásicos imperecederos y mayúsculos que, sin embargo, no ocultan la sensación de que la verdadera magia de Nick Cave y sus muchachos reside en la fuerza que destilan sobre las tablas, lugar en que muestran el carácter chamánico, volcánico, indómito y redentor de una propuesta difícilmente trasladable en su totalidad a los surcos de un vinilo. 

Dicho esto, tampoco voy a negar la mayor, “Live God” es un disco muy disfrutable, qué duda cabe. Contiene un conjunto de temas potentes, interpretados brillantemente tanto en lo musical, sabida es la prestancia y versatilidad instrumental de The Bad Seeds, como en lo relativo a la interpretación vocal, donde Nick Cave sigue aportando carisma, teatralidad y amplias dosis de dramatismo a sus sangrantes textos, arropado por unos coros que balancean y acunan las melodías con sumo cuidado, elementos que sientan a las mil maravillas no solo a las composiciones más pretendidamente “celestiales” sino también a aquellas que presentan texturas más crudas o desnudas. 

Se abre monumentalmente con las instrumentadas “Frogs” y “Wild God”, cuya segunda parte resuena como si estuviéramos en mitad de un juicio divino, apenas un instante antes de abrirse para nosotros las mismísimas puertas del baptisterio de Florencia, apeladas por Miguel Ángel como dignas “del paraíso”, amplificadas por una sutil, aunque no carente de pegada, “O Children”, en todas ellas el trabajo de Warren Ellis y las coristas, Janet Ramus, T Jae Cole, Subrina McCalla, Miça Towsend y Wendi Rose, es inmejorable. 

La tensión y el nervio propio de épocas pasadas queda recogida en “From her to Eternity”, contrastando con la sutileza celestial de “Long Dark Night” y “Cinnamon Horses”, volviendo a subir el carrusel de las emociones con la mesiánica y tormentosa “Tupelo” que precede a las notables “Conversion”, “Bright Horses”, con la fenomenal y desgarradora intro a cargo de Mr. Ellis, “Joy” y “I Need You”, tan dolorosa y certera como siempre. 

El medio tiempo de “Carnage” antecede a una “Red Right Hand” que pese a haberse popularizado hasta el exceso sigue representando uno de los grandes momentos de los conciertos de Nick Cave, tan solo con escuchar la participación del público se entiende que sigue conservando todo su carácter sacro, tensión y oscuridad hasta romper en ese maravilloso solo “sin punteo”, un crescendo que continua con “White Elephant” y “O Wow O Wow” (How Wonderfull she is, una composición en apariencia menor dedicada a Anita Lane, pero que encierra un sincero agradecimiento y un profundo amor para quien fuera pareja y luz que guiaba los inseguros pasos del bueno de Nick

La ceremonia va tocando a su fin con una notable revisión de “Papa Won´t Leave you”, la inevitable “Into My Arms”, interpretada tan solo a piano y voz, recogiendo toda la delicadeza de esta monumental pieza, y cerrando con la góspel “As the Waters Cover the Sea”- 

Como ya se ha comentado con anterioridad, “Live God” es un bonito y disfrutable directo que verdaderamente no aporta gran cosa a la discografía de Nick Cave and the Bad Seeds, si acaso su principal virtud radica en ponernos los dientes largos mientras descontamos días en el calendario antes de la próxima visita de la banda a nuestra país, la cual tendrá lugar en el verano de 2026 en el marco de Mad Cool Festival, será allí donde podamos ver fundirse la oscuridad más densa con la luz celestial y observar obnubilados una vez más como nuestro querido Nick se muestra sobre las tablas como el animal de escenario que verdaderamente es. Lo dicho, la espera será larga, pero ni cotiza que merecerá la pena.

Alice Wonder: "Soulost"


Por: Javier Capapé. 

Poner un nombre a este disco puede no ser una tarea sencilla, pero es inevitable que despierte nuestros sentimientos más profundos al escucharlo. “Soulost” es el nuevo trabajo de la madrileña Alice Wonder tras pasar un tiempo detrás de los focos desde su participación en el Benidorm Fest de 2023 con ese torrente emocional que fue “Yo quisiera”. Justo cuando la artista lograba cierto reconocimiento, cuando su nombre empezaba a ser conocido por un público más que considerable, tuvo que dar un paso atrás y repensar toda su carrera. Sin embargo, ese parón que pudo haber terminado en una marcada crisis se convirtió en el germen para que naciera de su interior su disco más atrevido y vital. Una colección de canciones que no responden a ningún plan específico, pero que se convierten en un viaje cuyo protagonista último es ella misma. Un canto a la reafirmación y al amor propio. Un manual de supervivencia frente al dolor y la sinrazón que pasa desde el enamoramiento a la caída y el renacer como parte de una celebración trascendental.

Alice Wonder se consolida con su tercer largo como una artista que no obedece a las reglas. Más bien se las salta sin tapujos en defensa de una autenticidad a prueba de bombas. Está claro que no está atada a nada ni a nadie. Habrá tenido que luchar con muchos fantasmas para lograrlo, pero sin duda su seguridad ha salido reforzada y buena muestra de ello es un disco que obedece a su propio instinto y da salida a sus verdaderas necesidades. Sin duda es una de nuestras artistas más libres y auténticas y este disco es su mejor muestra.

En estas canciones canta en inglés o castellano, como le brota, y sus pistas se enumeran como capítulos de una misma experiencia vital. Las catorce canciones de “Soulost” pueden leerse como indican sus títulos o como sugieren los subtítulos o aclaraciones unidas a los mismos. De hecho, si nos dejamos guiar por estas aclaraciones que funcionan como manual de instrucciones, veremos que su protagonista pasa por distintas fases que conducen de la traición, tras el enamoramiento, a la ascensión y la celebración del amor propio, como antes apuntábamos. Fases con las que todos podremos sentirnos identificados, pues son sentimientos universales plenos y compartidos. Por otra parte, si miramos estos cortes desde sus provocadores títulos podemos sentir cierto desasosiego que juega con el despiste, pero lograremos encontrar esas mismas sensaciones a flor de piel sugeridas en los subtítulos. Todo encaja cuando leemos “3n3mY” unido a “traición” o “Ru(i)na” con “chaos”, por poner sólo dos ejemplos. Podemos jugar con esto y ya de por sí el disco será atrayente, pero si entramos en su interior os aseguro que se convertirá en algo increíble. Una auténtica sorpresa emocional que le da todo el sentido a este “alma perdida”.

Con la pregunta lanzada al vuelo “?do you love me¿” abrimos este universo, esta caja de pandora que pone su pica en este tema de título retorcido y aromas soul. Tras éste, el disco va creciendo como si no encontrase límites canción a canción. Las reminiscencias de partida, esa pregunta lanzada al aire sin respuesta, nos lleva al despertar de Ali, al subconsciente de nuestra protagonista para inundar de ruidismo y efectos un tema cósmico, cuyo paralelismo con el subconsciente al que hace referencia le viene como anillo al dedo a estos sonidos, y que explota con la energía de “LaDrogaMásSuaveDelMundo”, que se refiere a esos momentos tan potentes donde el enamoramiento inunda nuestro ser. Podremos equivocarnos (ya vemos que compara este estado con una droga), pero nos proporciona una adictiva y dulce sensación en la que podríamos permanecer eternamente. Aunque sabemos que ese sentimiento es finito y que la traición acecha con esa “3n3mY”, que vira hacia un sonido más orgánico y pop de estribillo desgarrado, como la propia sensación que representa, ejemplificada a la perfección en el profundo grito de Alice que precede al solo de guitarra distorsionado y el último estribillo lanzado a bocajarro. La soledad es lo que se siente a continuación entre los armónicos de la guitarra y los quiebros rítmicos casi cercanos al trip-hop de “My dying sun”, acompañados de arreglos de cuerda para resaltar este abandono. Es nuevamente una canción que refleja con total pureza el sentimiento que pretende mostrar desde su título. Alice se quiebra y nos duele como si fuéramos nosotros mismos los protagonistas que ven como ese sol yace y se oculta.

Decepción y caos. La desdicha convertida en grito en la más urbana del lote, una “Tormenta” que es rabia explosiva tras haber vivido la “Ru(i)na”. En esa línea cruda e incómoda sigue “Fake Alas” que supone el fin, la muerte desde la que renacer, por eso, de manera serena entra “Jazmín” como un mantra recitado. Hay símbolos de la ascensión (“la gravedad a mis pies”) y de un nuevo amanecer, pero sin tratar de evitar el dolor de la pérdida (“los que te añoran te anhelan”). Por eso, el siguiente paso lógico nos lo trae la ya mentada ascensión en “frictionless (tu alma)”. Se despoja el alma del cuerpo y comienza una nueva oportunidad, un renacer con “Ave”, en la que vuelve el pulso y las teclas y no hay nada que pare a Alice. Este renacer se siente como una rave contenida que mantiene ese espíritu de celebración en la intensa “Lapislázuli”. 

Finalmente, todo este torrente desemboca en “Beso..,” una canción pura y muy emotiva, con unas guitarras suaves que nos hacen sentir ese amor, que es final y principio de todo, como la estrella que al contemplarla nos deja en calma y paz en la sencilla “El Despertar”, el broche que necesitaba este bucle perfecto, esta historia de aprendizaje y superación, este renacer vital que en lugar de dejar nuestra alma perdida, como podría sugerir el título global de la colección, la recompone y guía hasta este alma nueva, renovada. Por eso, y tras todo el viaje, lo que ha podido agitarte el disco, te deja en calma al final. En paz con uno mismo, que es como debió sentirse la inclasificable artista al poner punto y final a estas canciones, al encontrarles todo el sentido que andaba buscando y ponerles las palabras precisas y el vestido sonoro más apropiado. Porque consuelan a la par que desgarran, siempre con la sonoridad adecuada para lograrlo, encajando con el ánimo que requieren y las sensaciones que persiguen.

Para ello Alice ha coproducido el disco junto a Mr. Monkey y también ha contado con la ayuda de un viejo conocido, Ángel Luján, en “LaDrogaMásSuaveDelMundo”, “My dying sun” y “Fake Alas” (las que aparentan una forma de single más clara). Junto a ellos se ha rodeado de programadores e ingenieros como Matteo Novi, Julio Gómez, Slatin, Shlomi Weinberger y Hadren. Un plantel de lo más variopinto para una empresa que requería tener siempre presente la libertad y la búsqueda de lo que necesitaba cada canción, sin ceñirse a ningún estilo concreto y sin importar los caminos a los que les llevaran para conseguir dotar a este alma de alas y dejarla volar, reencontrar ese alma perdida y reconectar con ella para darle luz. Y entre todo ello, mucha mística a la vez que realidad y pies en la tierra, porque Alice sabe reconocer lo que es ascender desde lo más bajo y terrenal, el camino completo que hoy ya es nuestro gracias a estos catorce catárticos capítulos. Una experiencia en sí misma, un recorrido de conocimiento y autodescubrimiento personal. Un viaje a lo más profundo de nuestra alma.

Reedición de “Let It Be”, de The Replacements. “Los sustitutos” son realmente insustituibles.


Por: Guillermo García Domingo. 

En el último disco de estudio de Lucinda Williams, “Stories From A Rock N Roll Heart” (2023), está incluida una canción extraordinaria, “Hum´s Liquor”, dedicada a Bob Stinson, que fue guitarrista solista de The Replacements. Su hermano Tommy Stinson, bajista del mismo grupo, canta junto a Lucinda. La caída en desgracia del guitarrista tiene que ver con lo que se vende en la licorería a la que alude la canción. Es una tienda de Mineápolis, que existe, igual que existió el malogrado Bob Stinson, fallecido en 1995. Si queda alguna duda, la reedición de “Let It Be” las despejará. La salida del grupo del genial guitarrista en 1986 supuso el principio del fin de la banda, aunque, dos años antes, grabaron “Let It Be”, el disco que recientemente Rhino/Warner ha remasterizado y renovado con el mismo resultado exitoso que lograron al hacer lo mismo el año pasado con “Tim”, el disco que grabaron, en realidad, un año después de aquel, en 1985.

La visibilidad omnipresente de los grupos que han triunfado internacionalmente puede inducirnos al error. Solamente un puñado de bandas han disfrutado de un perdurable reconocimiento que ha traspasado varias generaciones. Algunas de las mejores bandas que han existido no han tenido el éxito que tal vez merecían. Una de ellas es esta banda de Mineápolis. Esta remasterización de “Let It Be” contribuirá a que no se los trague el tiempo, al mismo tiempo que este disco reclama su lugar entre los mejores de las últimas dos décadas del siglo XX.

La nueva producción libera el poder de sus guitarras, a las que se había adherido algo indefinible que las sofocaba. Algo similar le sucedía a la voz de Paul Westerberg. La base rítmica no ha sufrido cambios significativos, sigue siendo una bestia de dos cabezas: el citado Tommy Stinson al bajo (su etapa en Guns N' Roses es ineludible) y Chris Mars a la batería. Si ya se trataba de un disco merecedor de estar en la lista de los “1001 Albums You Must Hear Before You Die”, ahora tal vez esté entre los 50 mejores. 11 contundentes razones apuntalan esta apuesta. El corte más popular, “I Will Dare”, tal vez sea la punta del iceberg. Las diez restantes son todavía mejores. La reedición incluye muchos más canciones, 53, nada menos, distribuidas en tres partes, la primera es el álbum en sí, despojado de ese ruido que le impedía despegar; tomas y descartes de la grabación en la segunda parte, y alguna rareza que no hay que perderse como la versión de “Heartbeat, It's A Lovebeat”, y para el final un concierto en Chicago, que si bien se escucha con cierta sensación de lejanía, impidiendo que lo disfrutemos en su esplendor sí que contribuye a poner en entredicho la mala fama de sus intervenciones en directo. 

La experiencia juvenil ha sido evocada una y otra vez por la música que surgió para nombrarla, el rocanrol. Sin embargo, no tantos han sido capaces de dar con el secreto de ese período de la vida que resulta desconcertante para los adultos. Uno de los que sí que lo hizo con notable acierto fue Paul Westerberg, el vocalista y compositor de esta banda de Minneápolis. Había motivos para estar enfadados, además. ¡gobernaba Reagan! No lo olvidemos. Musicalmente The Replacements están en la esquina en la que desemboca la calle de Los Ramones, Johnny Thunders y los Stones, que dejan de ser tan influyentes y dejan paso al pospunk de Pixies y la pujanza del grunge. En este disco hay de todo un poco, desde su “corner” los “sustitutos” controlan ambas calles. 

El análisis individual del disco es todavía más favorable que la visión conjunta. La rítmica de “Favourite Thing” es apabullante, las notas respiran sin atropellarse, al contrario de lo que sucede en “We´re coming out”, donde la dicción atropellada, el grito perentorio y liberador son muy reconocibles, al igual que “Tommy Gets His Tonsils Out”, es el punk rock acelerado que no tiene rival. En “Androgynous” vuelven a expandir las notas gracias al piano que toca Westerberg en este tema formidable, una enmienda formidable al conservadurismo intolerante y el binarismo estrecho. En “Black Diamond” demuestran que ni el heavy se les resiste. “Gary´s Got a Boner” es un rocanrol clásico, desinhibido como su título, durante el cual vuelve a brillar Bob Stinson. El dúo formado por “Unsatisfied” y “Seen Your Video” encumbra a este disco, las dos disponen de sendas introducciones maravillosas, protagonizadas ambas por Bob Stinson, quién si no, la voz de Westerberg es inconmensurable en la primera. La segunda está llena de sorpresas y bucles insospechados en cada escucha. “Sixteen Blue”, no sabría decir por qué, recuerda a nuestros castizos Burning y ese vínculo resulta tan alentador. Es un tema grandioso, que pone de manifiesto que la banda sabía conducirse en todos los ámbitos, no eran una panda de jóvenes atribulados. “Answering Machine” convoca de nuevo a las guitarras dirigidas con determinación y a la voz llevada al límite para decir adiós en este disco del que nadie puede despedirse del todo.

Un año después estos chavales continuaron asombrando a otros chavales con “Tim”. A comienzos de la siguiente década de los noventa, como si ya hubieran cumplido su función, los “Mats”, como les llaman sus fans, desaparecieron discretamente. Pese a ello, “Los sustitutos” no han dejado de ser, en realidad, insustituibles.

Sidonie: “Catalan Graffiti”


Por: Àlex Guimerà. 

Si una cosa tenemos clara a estas alturas es que los Sidonie siempre han hecho lo que les ha dado la gana. Y eso tiene un gran mérito ya que el próximo 2027 -si nada se tuerce- llegarán hasta los 30 años de exitosa carrera musical. Una trayectoria en la que comenzaron cantando en inglés con discos como el formidable "Shell Kids", de 2003, y que han ido consagrando interpretando en castellano con nueve álbumes, algunos de los cuales han marcado el indie en el idioma de Cervantes. Pero ellos son de Barcelona y catalanoparlantes, por lo que ahora se han tirado de lleno a la piscina cantando en su lengua materna, en una época en la que la música en catalán va por otros derroteros distintos al rock o pop-rock que ellos suelen manufacturar. Ahora lo que se lleva en aquel idioma son los sonidos urbanos, la pachanga, la rumba catalana o en algún caso el folk-pop. Lejos quedan los años dorados del denominado "Rock català" con nombres como Sopa de Cabra, Sau, Lax' n Busto o Els Pets, banda ésta última que aún da de qué hablar y que en cierto modo está emparentada musicalmente con nuestros protagonistas. 

Por todo eso, el salto del duodécimo disco de la banda es con doble mortal. Algunos incluso les han tildado de que su giro ha sido motivado por subvenciones de la Generalitat. Nada más lejos de la realidad: simplemente Sidonie ha sacado este disco en catalán porqué les apetecía. Que es lo que siempre han hecho, desde saltarse las limitaciones de escenario en el concierto de los Stones en el Wanda Metropolitano, hasta titular sus discos con nombres como "La peor banda del mundo" o "El regreso de Abba" . Y su enésima versión ha sido muy bien acogida por los que no viven en Catalunya y no entienden el catalán pero que demuestran mente abierta y entienden que el arte está por encima de lenguas y de fronteras.

Pero al margen de todo, me atrevería a decir que el trío ha publicado si no su mejor, si el que es uno de sus mejores álbumes de toda su amplia carrera. Finos en composición y esmerados en el estudio, el disco es un maravilloso tratado pop-rock de melodías infalibles, letras inspiradas e instrumentación detallista. Por si fuera poco, el título hace referencia a la película de George Lucas "American Graffiti", con la que recreó la escena rockabilly de los años cincuenta, y la portada es un guiño a la Velvet Undergorund. Todo eso lo podemos observar de inicio con esa guitarra afilada de "Et puc odiar molt més" y su tono post-punk en el que la letra de desamor convive con una melodía vitalista. "Cançons que maten", "Sé" o "Ovni 84" me recuerdan a lo que suele hacer uno de los grandes compositores tapados del rock en catalán, Joan Masdéu, lo digo sobre todo por el pop colorido y luminoso al puro estilo Teenage Fanclub

"Ets Itàlia" arranca muy a lo Echo & The Bunymen, melancolía y triunfalismo de la mano de esas guitarras sensacionales que marcan el tono de la canción. "Sismología" es otra pieza pop pluscuamperfecta que bebe del pop británico de los ochenta (Smiths, Jesus & Mary Chain...) Pero si hablamos de referencias al pop inglés del disco, no podemos dejar de hablar del maravilloso homenaje a la mejor banda de la historia, con esa letra divertida rubricada con el estribillo de "no puedo estar contigo porque no te gustan los Beatles" adornada con el juego de voces al puro estilo de los Fab 4, las palmas de "I Want I Hold Your Hand" y los "yeah Yeah Yeah" de "She Loves You". 

La balada retro llega con la pegadiza "Boda" con toda la delicadeza vocal y la letra ingeniosa. "Mentida" es puro power pop con arranque muy fifties. Encontramos más guiños al pasado con la final "Baby, Baby" cuyo crescendo nos lleva directos hacia Phil Spector , demostrándonos de nuevo el poder hipnótico del pop. En cambio la triunfal "Aquesta nit es la nit" es quizás la canción que mejor encaja con el anterior trabajo del combo, "Marc, Axl y Jes" (2023).

En cualquier caso, si no entiendes el catalán, o bien nunca has sido fan de la banda, te recomiendo que te quites de encima los prejuicios y abraces este "Catalan Grafitti" ya que sus notas se te pegarán a los oídos divinamente. Estamos ante un gran disco en el que la madurez de sus autores, sus influencias musicales y su actitud rockera (que parece que nunca se va a acabar) han dado lo mejor de sí para quedar plasmado en los surcos de un vinilo que es puro pop atemporal.

Malcolm Scarpa: “Malcolm’s Not My Name”


Por: Txema Mañeru. 

En los últimos tiempos el bueno de Malcolm ha pasado a menudo por éstas, tus páginas de El Giradiscos. Él ha sido siempre un artista y una persona muy impulsiva en ciertos aspectos de la vida, y hasta compulsivo, sobre todo, a la hora de crear. Después del anterior festín de inéditos, “Malcolm Meets Scarpa” (Gaztelupeko Hotsak), tenemos esta tanda más grande aún con más calidad y mejor sonido. ¡Un festín para sus selectos seguidores!

Era mucho más grande que la repercusión popular que tuvo en su momento. Sigue demostrándolo años después de su prematuro y triste fallecimiento. Un músico y prolífico creador que tocó rock, cabaret, pop, country, ragtime, folk, tango y mucho blues, pero cuidando siempre mucho sus melodías y las historias que nos contaba en sus ágiles y muy variadas canciones. Hace poco más de 2 años, su hermana Rosa, recuperó 30 temas inéditos (22 en la cuidada edición en vinilo) para el citado “Malcolm Meets Scarpa”.

En estos dos años también hemos tenido reediciones remasterizadas y ampliadas (2 de ellas con 4 compactos y una con 3 y más de 80 temas con muchas buenas tomas en directo) de sus tres primeros y muy destacados discos, “Malcolm Scarpa”, “My Devotion” y “The Road Of Life Alone”. Todas ellas en cuidadas ediciones 30 Aniversario con amplios libretos y tiradas limitadas, publicadas por Caballero Reynaldo Producciones Psicotrópicas. Artefactos que han pasado también por nuestras páginas. Pues bien, ahor, hay que sumar a esta rica avalancha de material (con muchos inéditos) los 64 temas inéditos de este “Malcolm’s Not My Name” (Scarpa Rose Marie) con cuidada edición y elaboración a cargo de su propia hermana. Casi 2 horas y media de canciones.

El primero de los compactos se titula “Malcolm Completo” y trae 30 temas inéditos con originales composiciones mayormente de los 80. Además, con varios de ellos cantados en castellano, algo bastante sorprendente pues siempre publicó mayormente temas en inglés e instrumentales. Algunas joyitas, entre ellos, como "El Muñeco", la distendida "La Baldosa", "Enamorado de Una Cupletista", el cachondeo swing de "La Madam", "Yo Sé Echar Champán" o el puro blues del Delta de "Merino’s Blues", que son ideales para apreciar mejor su variedad de letras que juegan con la ironía, pero que, otras, tienen mayor profundidad y con muchos detalles descriptivos. Mucha variedad también instrumental, como siempre, y muchas joyas desconocidas. 

Comienza con "Second Fiddle", tema marca de la casa con aire a los Beatles más psicodélicos. Preciosa melodía y coros encontramos en "Nata Recording Data" meintras brillan instrumentales como el muy relajante y melancólico "Habitación 503". ‘Dreamin’’ es de las mejores y es para soñar realmente con esa melodía hermosa. "Quasimodo" resulta espeluznante y sobrecogedora, para mí se puede considerar su propia "The House of Risin’ Sun". El violín destaca en su "¡Tango!" y "Open The Window" contiene una destacada guitarra con un vibrante ritmo country. "Lady Of My Dreams" supone un canto tierno y romántico.

El segundo compacto se titula “Jacquelines, Lorelei y Otras Hierbas” y se va hasta los 34 temas. Arranca con un goloso inédito de The Jacquelines titulado "Stranger In My Arms", una absoluta preciosidad romántica. Además encontramos maquetas del inédito “Lorelei” que tristemente no pudo publicarse. "Why Does Love Have To Be So Cruel" es una preciosidad lenta y melódica que te recuerda al mismísimo Roy Orbison. Sonidos eléctricos y psicodélicos comparecen en "It’s All A Cham"mientras que en "Susan" se presentan bajo un lento pop que se mueve entre Syd Barrett y los Moody Blues. Nos vuelve a traer a la mente a Barrett o a Robyn Hitchcock con estupendas melodías como las de "A Party For Losers" o la final y romántica "Baby It Must Be Love", con sus voces dobladas. Volvemos a disfrutar de algunos de sus característicos y breves instrumentales, en los que demuestra que era un fantástico guitarrista, como "Black Garden’s Rose", "Treasure Of Love Part. 1" o "Flashes of Beauty". La mayoría de temas están sacados de una casete titulada “Into Something Good” con pocos temas por encima de los 3 minutos, pero con alguna excepción señalada como "I Can’t Get Out Of My Dreams".

Todo lo encontramos en un chulo y cuidado formato digibook y con un precioso y completísimo libreto de 28 páginas. Tras un buen texto de presentación de Rosa, tenemos un resumen explicativo de algunas de las canciones. Luego llega la parte más divertida del libreto con el explicativo título de “Alguna Historieta y Un Inventario de Ocurrencias”. Algunas de ellas realmente para partirse la caja. ¡Su sentido del humor era también original y espectacular! Ejemplo: “Bogart y Lauren Bacall hacían buena pareja, pero Bogart con Lauren Postigo hubiera sido brutal”. Los créditos quedan algo cojos pues se desconoce quién tocó algunos instrumentos. Otra buena idea es la aparición de un código QR para acceder a sus muy especiales letras. Entre los agradecimientos músicos muy importantes de ayer y de hoy como Luis González (Caballero Reynaldo), Flaco Barral, Ñaco Goñi o Iñigo Bregel, entre otros.

Prácticamente al mismo tiempo la Editorial Desacorde ha publicado el segundo libro de Malcolm, con el título “Memorias de Pepe Guinea”. Escritos inédito con su particular estilo y con el que ya sorprendió en su anterior libro, “¿Qué Te Debo, Jose?”. Frases lapidarias, pensamientos más o menos absurdos, ocurrencias varias, chistes (algunos cojonudos como los que aparecen en el libreto del doble compacto) y comentarios de todo tipo, aunque nunca absurdos, a pesar de su apariencia. Combinar su lectura con la audición de muchos de estos destacados temas inéditos será una gran experiencia para los exquisitos seguidores del bueno de Malcolm. ¡Era grande y sigue demostrándolo 3 años después de su prematuro fallecimiento!

Ian Gittins: “The Cure: un sueño perfecto”


Por: Javier González. 

Querido lector, reserve un día concreto aislado del mundanal ruido para sumergirse en esta aventura de extrarradio londinense donde los sueños y las pesadillas se funden para dar como resultado una trayectoria tan sinuosa como sobresaliente.

La historia no es muy distinta a la de otros postadolescentes enamorados del punk, el terremoto que asoló a finales de los años setenta Inglaterra para mostrar a una inmensa mayoría de chavales sin futuro que no era necesario ser un virtuoso de la técnica musical para tener una banda con la que poder subirse a los escenarios y lanzar incendiarias plegarias, ante el panorama desolador de un mundo en llamas donde el paro y los conflictos laborales eran cosa habitual. 

Y como tantos otros británicos del momento en esa tesitura se encontraban Robert Smith, Lol Tolhurst y Michael Dempsey, quienes junto a su viejo conocido Porl Thompson, formarían Malice para más tarde, sin la compañía del citado Porl, dar vida a Easy Cure acortado posteriormente a The Cure, arrancando de ese modo la historia de una de las grandes bandas de la música contemporánea internacional. 

En estas páginas se desmenuza con sumo detalle desde la prehistoria de The Cure hasta el antes de ayer más reciente del grupo. Asistiremos a la formación y ascenso de la banda de rock gótico más influyente de todos los tiempos, también a la génesis de unos primeros trabajos que ya contenían gran parte de su imaginario lírico y musical, los cuales fueron recibidos con cierta tibieza por la prensa especializada del momento, quienes los tildaban de pretenciosos, pero que sin embargo iban calando poco a poco en un público cada vez más mayoritario. Todo ello hasta llegar a su posterior “Disintegration”, la obra cumbre con la que los escépticos no tuvieron más remedio que agachar las orejas y aplaudir a rabiar un disco monumental; sin dejar de lado la travesía del desierto de comienzos del siglo XXI, donde la banda parecía cansada, desnortada y sin ideas interesantes para plasmar en nuevo material,  quizás por ello el revuelo y parabienes obtenidos por en su último y exitoso “Songs of a l ost World”, com el que  han demostrado que su legado sigue vigente, así como su capacidad para facturar trabajos capaces de dejar sin aliento al más pintado. 

Todo ello arropado por un desarrollo milimétrico de cada uno de sus trabajos, desmenuzados y dotados de un contexto que nos acerca al momento vital de la banda tanto en el proceso de gestación como de grabación, lleno de detalles históricos, vivencias y experiencias, pero también malos rollos, broncas millonarias y reconciliaciones tan humanas como sencillas entre viejos camaradas, sabedores que las coyunturas concretas de giras, ensayos y noches químicas y etílicas no deben hacer olvidar las tardes de ensayos adolescentes, remando juntos en pos de una ilusión propia de tres chicos imaginarios. Y sí, cómo no, todo ello regado por un lujoso catálogo de detalles donde se relatan los excesos típicos del rock, amplificados aquí hasta el extremo con escenas a mitad de camino entre lo sórdido y lo descacharrante.

En definitiva, otra obra más disfrutable de principio a fin, que además cuenta con una cuidada edición, aportando una serie de fotografías que harán las delicias de todo buen aficionado, algo que, por otra parte, en la editorial Blume suele ser marca de fábrica en cada una de sus cuidadas y siempre interesantes ediciones.

Ian Gittins firma un fenomenal “The Cure: un sueño perfecto”, que mucho nos tememos también será un regalo perfecto para melómanos empedernidos amantes de las oscuras pesadillas que rondan por la cabeza del señor Robert Smith.

Lendakaris Muertos + Barracüda: Diversión con conciencia social


Sala La Riviera, Sábado 27 de Diciembre 2025 

Texto y fotografías: Fran Llorente. 

Los Lendakaris volvieron por sus fueros en un show muy bullanguero y sudoroso donde no dejaron títere con cabeza y mostraron un estado de forma muy puntero, abarrotando el espacio ribereño al Manzanares con muchas ganas de dar batalla y no dejar indiferente a una parroquia entregada a la causa desde los primeros compases. 

Los madrileños Barracüda, un combo emergente que ya lleva tres discos publicados (un elepé reciente llamado “Nada que oir” (2023) más dos EP’s anteriores publicados a principios de esta década) abrieron fuego a las ocho de la tarde con muy poco público todavía en la sala. Dejaron muy buenas sensaciones gracias a canciones etílicas como “Calles borrachas”, “Yo soy de bar”, que unidas a otros cortes más comprometidos como “Deshauciado” o “Inmigrante” ponen el contrapunto perfecto de fiesta y conciencia social para un cuarteto que no da su brazo a torce pese a lo difícil que está el percal para las bandas noveles. Desde “Ciempozuelos” y con mucho amor, regalaron piezas contundentes como “Paraíso Natural”, “Como el cristal”, “Tirao” y “Dispara tu mierda” con la que cerraron una descarga sin complejos, pero sobrada de energía y bravura.

Por su parte, los Lendakaris hilvanaron una treintena de bofetadas sonoras, presididos por un gigantesco cartel con la efigie de nuestro querido presidente de gobierno, que también ilustra la portada de su último disco. Aitor Ibarretxe como infatigable cantante muy bien arropado por Asier Aguirre a la guitarra, Jokin Garaikoetxea al bajo y Potxeta Ardanza a la batería, mostraron ser un combo muy sólido que alumbra canciones como una gallina pone huevos, con regularidad métrica. Con nueve elepés a sus espaldas, entre los que se cuenta el reciente “Mucho asco (casi) todo”(2024) son un consolidado referente del punk-rock, un redondo revelo generacional para cuando Evaristo, el rey de la baraja, decida jubilarse, circunstancia que aun vemos lejana, afortunadamente para todos los amantes del rock contestatario, ahora que Robe ya está en el Olimpo de grandes figuras que pasaron a mejor vida.

De forma feroz y acelerada, mostrando buenas cartas desde el principio, comenzaron un show que no dio tregua. “Cerveza sin alcohol”, “Estamos en esto por las drogas”, “El último txakurra”, “Esto nos es punki”… pusieron al personal a cien en una función ‘muy heavy’ que siguió al ritmo de “Cabrón”, “Cóctel molotov al chivato del balcón”, “Fuimos ikastoleros” y “Pasau de Rosca”, títulos explícitos del punk gamberro y básico que se traen entre manos. “Una tormenta” de pogos y agitación por doquier, con supuesta “Violencia en acción” y apología de la mala vida, hasta que espetan a sus amados súbditos: “Cómeme la raja de Gaza”.

El trasiego sudoroso y huracanado continuó con rolas como “Detector de Gilipolleces”, “Pablo Echenique”, “Se dice Taitanic” o la pieza que da título a su último álbum. Llegados a ese momento, es tiempo de los platos fuertes del show, empezando por la siempre risible “Veteranos de la kale borroka”, donde exigen su paga o te parto la boca. “Centro Comercial” para los tontos del consumismo, “Drogopropulsado”, “Policía Si” o la desternillante “Húngara Chúngara” pusieron nuevas dosis de mordiente a una velada donde la temperatura iba subiendo según avanzaba la función y las gotas de sudor iban calando en las camisetas empapadas en cerveza y kalimocho de los más efusivos.

En el último tramo, hubo espacio para el sarcasmo sin disimulo y las armas de destrucción más IVA en andanadas como “Urrusolo Sistiaga. Héroe de barrio conflictivo”, mientras la peña cantaba alegremente y con desenfado: ‘esto no va para nada de política, esto no va de apología del terror…’, acostumbrados a burlarse de lo divino y lo humano como en “Sanchista y Jujano” o “El 4k se llevó a mi chica”, mientras Aitor Ibarretxe se daba un baño de masas entre el enfervorecido público. Como postre, regalaron “Eta, deja alguna discoteca”, “Modo dios / diosa” y “Oso panda”, más conocida como ‘ojeras farloperas”, con Aitor embutido en un disfraz de la mascota del grupo. Con el Himno de la extinta Unión Soviética como alegre Outro, pusieron la guinda a una noche inolvidable. Sudados pero contentos, salimos con una sonrisa de oreja a oreja después de tan aterradora, agitada y divertida función.