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In-Edit clausura su 24 edición con el mejor cine musical


Por: Àlex Guimerà. 

Parece mentira que vayan ya 24 ediciones del festival de documentales musicales In-Edit, y la verdad es que el evento ha estado siempre allí puntual en pleno otoño barcelonés -aunque la expansión lo ha llevado a otras ciudades españolas e internacionales, para este año en Méjico, Brasil, Colombia,... - . Una edición que arrancó la noche del pasado día 29 de octubre tras larguísimas colas y entre invitaciones alcohólicas de los actuales patrocinadores (Campari Spritz y cerveza Moritz). Con el habitual maestro de ceremonias, Bruno Sokolowicz, la ceremonia inaugural dio entrada a la directora ejecutiva del festival, Astrid Rose, al fundador Uri Altell que exhibía el premio Aupa! ganado el día anterior en Bilbao y al director artístico Toni Querol quién repasó (chuleta en mano) las principales propuestas de la presente edición. Una edición nuevamente muy completa y variada que ha supuesto varios “sold out” y que confirma nuevamente el éxito de una propuesta cultural que es toda una institución. Por nuestra parte hemos podido gozar de algunos de los largometrajes del cartel, dejándonos muy gratas sensaciones. 

"Broken English", de Jane Pollard e Iain Forsyth (2025) (PREMIO INTERNACIONAL)

Marianne Faithfull es una de esas artistas con mayúsculas que ha tenido que luchar contra la etiqueta de "juguete roto", ex-novia de Mick Jagger y belleza de la swingin’ London de mediados de los sesenta. Pero la realidad es que fue una inquieta artista que siempre buscó la forma de expresarse, ya fuera a través de la poesía, de la música o incluso del cine. Afortunadamente la dupla de directores Iain Forsyth y Jane Pollard - conocidos por el también premiado “20.000 días en la Tierra”, el documental sobre Nick Cave de 2014 – han rescatado su figura justo antes de desvanecerse para rendirle un homenaje merecido. Y lo han hecho de modo experimental en esa fusión entre ficción y documental en la que tan bien se mueven. 

El punto de partida es el “Ministerio de la Memoria” encarnado por la actriz Tilda Swinton quién decide revisar la vida y los recuerdos de una débil Marianne quien va contestando a las preguntas mientras se intercalan imágenes y entrevistas de archivo y reinterpretaciones de sus canciones de la mano de músicos de la talla de Beth Orton, Sukie Waterhouse o Courtney Love. Así vemos su ascenso con 17 años gracias sobre todo a “As Tears Go By”, la relación tóxica con el entorno de los Rolling Stones, los tiempos oscuros con sus adicciones al alcohol y a las drogas, su renacimiento con la obra magna “Broken English” (1979) y la madurez artística de sus últimos años. Por desgracia, el virus del Covid-19 afectó a su salud dejándola frágil con importantes problemas respiratorios falleciendo en enero de 2025. Justo antes pudo terminar este documental que es su último testimonio y que se cierra con su última actuación pública en la que canta junto a Nick Cave y Warren Ellis, regalándonos el final mas emotivo posible. 

“Triana. El faro no cesa”, de Luís Miguel Fernández y y Javier Reboredo (2026)

Con motivo del 50 aniversario de su fundación, este corto documental de apenas 60 minutos de duración realiza un emotivo homenaje a la banda y al único miembro vivo en el momento del rodaje, Eduardo Rodríguez Rdoway (fallecido este pasado septiembre). Con Eduardo como hilo conductor recreando lugares esenciales en la historia de la banda mientras charla con invitados de lujo que reflexionan sobre la importancia de su banda. Así, vemos como Kiko Veneno le va acompañando por las calles sevillanas, pero también vemos como van apareciendo artistas de la talla de Annie B Sweet, Mercedes Ferrer, Nat Simons o los Derby Motoreta's Burrito Kachimba, entre muchos otros, interpretando el cancionero del legendario trío. No faltan tampoco voces relevantes de la música como Miguel Ríos, Bunbury o José Mercé quienes nos recuerdan la trascendencia de Triana en la música española y cómo fueron pioneros al fusionar el rock (Pink Floyd o King Crimson se encontraban entre sus principales influencias) con el flamenco de su tierra natal. Por si fuera poco aparecen Ramiro el hijo del genial Jesús de la Rosa (teclista y principal compositor de la banda), Maria la hija del batería Juan José Palacios "tele" y un lozano Antonio García De Diego, no miembro de la banda pero que aportó su guitarra en los seis discos. Un documental y una banda imprescindible que merecen un análisis aparte.

“Bowie: The Final Act”, de Jonathan Stiansy (2025) 

A lo largo de los últimos años ha habido muchos documentales sobre la figura de David Bowie, por lo que antes de ver el documental nos preguntábamos qué podía aportarnos este film. Pues, una vez visto, podemos afirmar que es original y que a pesar de tener cierto desorden su premisa casa bastante con el personaje y con el artista. Y es que lejos de hacer una revisión ordenada de su biografía la película va dando saltos por distintas etapas de su carrera con esas reinvenciones y cambios de registro que tanto y tan bien marcaron su carrera. Por eso me parece un acierto que se centre en una de las épocas que más se omiten de su gloriosa carrera, los años noventa. Una época en la que tras los agitados ochenta con su figura estancada como estrella indiscutible, Bowie decidió formar Tin Machine para ser uno mas en la banda. Un proyecto que apenas duró dos discos y fue linchado por la crítica pero que merece revisar. 

También nos muestra sus otros pasos por aquella década oscura para él como su incursión en la música electrónica y el drumb’ n bass de la mano de “Earthling” (1997) o la experiencia con la banda sonora para la serie “The Buddha Of Suburbia” (1993). Una década que daría paso a su resurrección artística con su presencia en el festival de Glastonbury del año 2.000 en la que recuperó sus canciones históricas y no solo reconectó con su pasado si no también con público y crítica. Aunque también hay vueltas por el pasado como el último concierto de la gira de Ziggy Stardust en julio de 1973 en el Hammersmith Odeon de Londres, o su etapa con el Plastic Soul, aunque si se omiten otras etapas cruciales como puede ser su época berlinesa. Quizás ese es el principal defecto del documental, el por qué se eligen unas etapas y no otras. En cambio si que vemos retratado ese “acto final” que da el título con un repaso emotivo de la grabación de su canto del cisne “Black Star” de 2016 con el que abandonó este mundo. Entre medio, las imágenes de sus actuaciones, de sus entrevistas, pero también de algunos de sus colaboradores mas relevantes como Toni Visconti o los guitarristas Earl Slik (de la gira Reality Tour) y Reeves Gabrels (compañero en Tin Machine), junto con otros nombres como Rick Wakeman, Moby, Goldie o su biógrafo Dylan Jones. Todos ellos nos ayudan a desgranar, en parte, una figura tan compleja como fundamental en la música de nuestro tiempo. 

Fugs Film!, de Chuck Smith (2025)

Interesante documental de esta banda bastante desconocida que navegó en la contracultura de los años sesenta enfrentándose a los poderes de los EEUU y la moral imperante del stablishment con altas dosis de humor, combatividad y originalidad. El documental llega cargado de imágenes oníricas, psicodelia e irreverencia para narrar la infrahistoria de esta formación a descubrir. Hablamos de los Fugs, una banda surgida de una librería del East Village neoyorquino con la vocación de dotar de contenido literario a la música rock (o eso nos dice Ed Sanders). A lo largo del metraje vemos como sus protagonistas narran la historia de primera voz, así las entrevistas con Ed Sanders, Ken Weather, Peter Stampfel y la bajista transgénero Jackie Anderson (para entonces se llamaba John) van recordando pasajes de sus intensas historias personales como de la historia de los Fugs . Hay presencia también de cortes de gente como Alan Ginsberg pero también de fans que recuerdan con emoción sus conciertos y su música.

Es la historia de una banda que logró interesar a los Steephenwolf, al mismísimo Paul McCartney cuando le pusieron su disco - llegando incluso en una ocasión a firmar a un fan como Tuli Kupfeberg, miembro y compositor de los Fugs-, o a Bob Dylan quien les elogió en una entrevista por la radio, siendo además influencia directa en la música de Patti Smith. Un interesante relato de una banda de culto y de su lucha para la liberación en contra la hipocresía a través de una música ecléctica llena de influencias y unas letras subversivas y provocativas que tanto podían denunciar la guerra del Vietnam y atacar a la CIA, como podían describir escenas escatológicas y sexuales, o abogar a favor del consumo de las drogas, o a la fin, hacer apología de lo políticamente incorrecto.

PREMIADOS DE LA 24ª EDICIÓN DEL FESTIVAL IN-EDIT BARCELONA: 

Mejor Largometraje Documental Musical Internacional: Broken English, de Jane Pollard e Iain Forsyth. 

Mención honorífica: Celtic Utopia, de Lars Lovén y Dennis Harvey. 

Mejor Largometraje Documental Musical Nacional: Kiro, de María Yáñez. 

Mejor Cortometraje Internacional: Is That All There Is?, de Kelli Miller. 

Mejor Cortometraje Nacional: El Perla, de Marta Busquets López. 

Premio APOLO al Mejor Vídeo Musical: Em torno boig (de Triquell), dirigido por Dardo Sedante.

Ilustres Principiantes: Declive



Declive son un grupo de dream pop y post-punk formado por cinco músicos valencianos de entre 21 y 24 años que responden a los nombres de Rafeta Mansanet en guitarras y sintetizador, Pablo Villegas en guitarras, segunda voz y piano, Pablo Gil en bajo y coros, Jordi Sendra en la percusión, e Irina Navarro en la voz principal y guitarra acústica. Su sonido combina guitarras distorsionadas, paisajes luminosos y atmósferas melancólicas, con influencias de The Chameleons, Slowdive, Fontaines D.C., Triángulo de Amor Bizarro o La Plata.

"El Final de Occidente" (Intacta music) se trata de primer larga duración que llega tras los adelantos "Deseo Fugaz", "Desaparecer (¿qué has soñado?)" y "Alguien juega a mirarnos"’. Un álbum de once canciones sobre el cambio y el devenir colectivo donde el grupo, al son de guitarras distorsionadas, explora espacios más oníricos y texturas más brillantes que en trabajos anteriores.

"El Final de Occidente" “es el momento cultural y político presente”, afirma la banda, que sostiene que “aunque no sabemos en qué realidad viviremos de aquí a su conclusión, sabemos que —en cierto grado— también formamos parte de su construcción”. Temas como "Creure" o "Brisa" recogen esta idea e ironizan sobre el realismo capitalista, mientras que otros, como "Música para los parques de la capital" o "Alguien juega a mirarnos", abordan la relación con el espectáculo.

Eso sí, la figura de la caída de Occidente es “una hipérbole para sugerir un gran cambio, rescatada de las garras de la retórica reaccionaria porque es una imagen divertida y esperanzadora”, resume el grupo. Así, y pese a que su título podría sugerir lo contrario, el disco rechaza la consigna explícita, prefiriendo indagar en las emociones que el cambio suscita. A nivel del individuo, esto se plasma en "No hablar de ti", que celebra el desprendimiento del pasado y su resignificación, o en "Estrella en el pecho", que se regocija en un idilio al vislumbrar su fin. También se refleja en un sentido de efervescencia colectiva en la apertura "A partir de hoy", un corte sobre la búsqueda de refugio en la conexión humana ante la vorágine del progreso tecnológico.



Las diez mejores canciones de Patti Smith


Por: El Giradiscos.

Hoy, viernes 23 de octubre de 2026, la artista Patti Smith, nacida el penúltimo día de 1946, va a recibir en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de las Artes. Ya lo recibieron antes que ella otros cantautores como Joan Manuel Serrat y su amigo Bob Dylan. Tiene mucho sentido que ahora lo reciba ella no solamente por su contribución a la música, sino por otras facetas artísticas en las que ha destacado. Sus dos libros memorialistas son extraordinarios, el más reciente “Pan de ángeles” (2025) ha logrado recibir tantos elogios como en su día lo hizo el inolvidable “Just Kids” (“Éramos unos críos”); sus relatos, sus letras, sus poemas en prosa, sus cuadros y fotografías dan fe del increíble mundo interior de esta artista inagotable. Este premio no solamente se lo dan a ella sino a todos los que se rebelaron contra lo establecido y erigieron la contracultura norteamericana, por ello junto a ella subirán a recoger el premio su adorado amigo Robert Mapplethorpe, su marido Fred “Sonic” Smith, fundador de MC5, el dramaturgo Sam Shepard, y hasta Joey Ramone con sus andares desgarbados. Para celebrar el acierto de este premio y sumarnos a este merecido homenaje queremos ofreceros las que son, a nuestro juicio, las 10 canciones más representativas de la Patti. Las hemos ordenado por orden cronológico. 

“Gloria: In Excelsis Deo”

La conocida canción de Patti Smith fue incluida en su primer álbum Horses (1975). Más que un incondicional amor por el éxito de los Them de 1964, y que cierra los conciertos actuales de Van Morrison, lo que Patti buscaba en este tema de tres acordes (E/D/A) era el ancho marco donde expresar su poema “Oath” (1968). La canción posee un mensaje claro de su rebeldía y posición en el arte: “Jesus died for somebody’s sins, but not mine”. Un contraste entre lo religioso y lo pagano que culmina con el estribillo: “Gloria”, como culmen del desafío e inconformismo de la cantante frente a un mundo hostil. Todo muy punk lírico.

 

“Free Money” 

Otra de las canciones que han erigido a "Horses" (1975) como a una obra maestra es esta maravilla titulada "Free Money" coescrita junto al guitarrista de su banda de entonces, Lenny Kaye. Con un arranque al piano a modo de balada, el tema se transforma hacia un huracán proto-punk desatado. Su letra narra la ansiedad de sus días sobreviviendo en la dura New York de los setenta antes de dar el salto a la fama, con esos anhelos de obtener el dinero que le daría la libertad y le alejaría del sufrimiento. Una canción titánica desde las guitarras abrasivas, a los redobles de batería y a los cantos de desesperación de esta artista con letras mayúsculas.

 

“Birdland” 

“No, papá, no me dejes aquí solo” (“No, daddy, don't leave me here alone”), canta Patti Smith en “Birland” de su primer álbum Horses. No es la más fácil de escuchar. Son nueve minutos, que para hoy parecen una barbaridad. No es la canción más popular, pero según lo veo, es el tema más definitorio y el mejor ejemplo del estilo de música y por tanto de la idea de concierto en directo que ella describe cuando habla de aquellos años. Empieza con unas notas de piano, dulces, y su voz dulce arranca recitando, “Su padre murió”. Patti, palabras, acordes,… Como los rapsodas, como los juglares, los recitadores del Corán o los versolaris, va avanzando en el texto, se eleva, va tomando forma de lamento, se quiebra, suplica: “Oh, subamos, arriba, llévame, subiré, estoy subiendo” (“Oh, let's go up, up, take me up, I'll go up, I´m going up”). Un tema igual de catártico dio título a su segundo LP: “Radio Ethiopia”.


“Kimberly” 

Tal vez para descubrir el secreto de la trayectoria de una artista tan longeva, por fortuna, como Patti Smith haya que regresar a su infancia. La artista creció en un único hogar, aunque pasara por muchas viviendas, lleno de privaciones, salvo una, siempre fue amada por sus padres, y sus hermanos y hermanas. Este hecho resultó decisivo: las carencias materiales sublimadas por el amor y la imaginación literaria. Una infancia y adolescencia que, salvando las distancias, ella encontró reflejadas en “Mujercitas” de Louisa May Alcott. Ella, por su parte, se convertiría en Jo March. Esta bellísima canción está dedicada a su hermana pequeña y sus “ojos sembrados de estrellas”, tan alegre como ella y de salud tan frágil como la suya, a la que tantas veces cuidó durante sus graves ataques de asma. Lo que obligó a que sus padres tuvieran que ofrecer su perro y su gata a otras familias. Lo que pasó con el perro Bambi, compañero de vida de Patti Smith, puede encontrarse en su último libro de memoria y también en el capítulo titulado “Mil novecientos cincuenta y siete” de “Tejiendo sueños”.

 

“Pissing In A River” 

El segundo trabajo de la poeta y cantante "Radio Ethiopía" (1976) fue un disco crudo y visceral, grabado como Patti Smith Group. En él encontramos esta escatológica canción en la que orinar en un río es una metáfora de desprenderse de algo muy personal e íntimo y dejarlo llevar por la corriente. En esa época Patti aún estaba con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, con quién tenía una relación artística y amorosa complicada - descrita en su libro "Éramos unos niños"(2010) - , que quiso reflejar en esta letra en la cual quiso expresar la vulnerabilidad del amor y de la entrega. De nuevo Patti nos canta desde sus entrañas.

 

“Because The Night" 

Incluido en su tercer disco Easter (1978), es, sin duda, el mayor éxito en la carrera de Patti, versionado decenas de veces por grupos como 10.000 Maniacs, Sonic Youth o Garbage. La canción conforma un himno amoroso a la noche y a la pasión, pues la artista esperaba una llamada de su novio Fred “Sonny” Smith, de MC5. La génesis es una composición de Springsteen para Darkness on the Edge of Town (1977), que fue desechada. El productor, Jimmy Lovine, producía en esos momentos “Easter”. Bruce se la cedió a Patti, quien adaptó la letra según sus sentimientos. Más tarde Bruce la incluyó en su disco recopilatorio “The Promise” (2010). 

 

“Dancing Barefoot” 

"Wave" (1979) es el cuarto disco de Patti, y el que cierra su época clásica antes de su retirada para criar a sus hijos. Un álbum que incluye una de sus mejores canciones de su carrera "Dancing Barefoot", una pieza hipnótica influenciada por el legado poético y musical de Jim Morrison que habla (como indica su título) de bailar descalzo, expresando libertad pero también la vulnerabilidad humana y la conexión con la tierra, pero que algunos han interpretado en la conexión ser humano y divinidad. La frase "makes me come on like some heroine" no gustó nada a la discográfica que quiso que su autora la cambiara por la confusión de heroína, mujer excepcional, con la droga dura.

 

“Frederick” 

El primer single de "Wave" fue esta canción dedicada a Fred "Sonic" Smith, guitarrista de los legendarios MC5, y quien se convertiría en su marido y padre de sus hijos. Una oda al amor de quien consideró "su alma gemela" tal y como es retratada en sus obras autobiográficas, especialmente en "Mr. train" (2015) y en "Pan de ángeles" (2025), ésta última centrada en el momento en el que la pareja (Patti y Fred) se fueron a Michigan a formar un hogar y una familia. Esto sucedió justo después de publicarse esta canción y álbum. Años después, en 1994, Fred murió de un fulminante ataque al corazón, dejando a Patti con su gran amor. 

 

“People Have The Power” 

Este himno popular de Patti Smith, compuesto para que sirviera de punto de lanza de “Dream of Life” (1988) recuerda a los himnos políticos que la década anterior grabó John Lennon, otro gran neoyorquino adoptivo al igual que Patti. Pese a la exaltación que produce es una canción creada en unas circunstancias muy difíciles para Patti, la más preocupante de todas era la de la enfermedad de su adorado amigo Robert Mapplethorpe. Aunque resulte difícil de creer no tuvo el éxito esperado en su momento. Era cuestión de tiempo que la gente la escuchara de verdad y la adoptara. Desde la época de Reagan en adelante la canción ha acompañado a todos los movimientos de protesta dentro de EE.UU. y fuera de sus fronteras.

 

“A Hard Rain's Gonna Fall”

Todo el mundo sabe que esta canción no es de Patti Smith sino de Bob Dylan. Es una de sus mejores canciones en su etapa inicial folk y contestataria. Pero se ha merecido un puesto en esta lista porque su interpretación en vivo en una ocasión especial puso de manifiesto la personalidad de la cantante de Chicago. Fue interpretada en la ceremonia del Premio Nobel de Literatura concedido a Bob Dylan en Estocolmo en 2016. En lugar del músico acudió su amiga, lo que además supuso toda una declaración de intenciones. Durante la interpretación de la extensísima canción del bardo, Patti, en un momento dado, olvidó la letra de esta maravillosa letanía, pero su reacción fue tan extraordinaria que el público no pudo menos que reconocer la maestría de la compositora y su espíritu tan modesto como invencible.


"Oasis: Don't Look Back in Anger", de Dylan Southern y Will Lovelace


Por: Begoña Serralvo.

El regreso de los hermanos Gallagher a los escenarios ha sido, sin duda, un gran terremoto emocional, y "Oasis: Don't Look Back in Anger" (2026) es su testimonio audiovisual. Ya en plataformas, y lejos de la frialdad de los datos puramente objetivos, el documental prefiere abrazar el enfoque más emotivo casi desde el primer minuto. Eso sí, conviene dejar las cosas claras antes de darle al play: no estamos ante una obra que diseccione su reconciliación ni que pretenda ahondar en los motivos de su tregua. Se ha aplicado un inteligente acuerdo de borrón y cuenta nueva; se esquivan los quince años de reproches mutuos y la mítica espantada de París en 2009 para centrar el tiro en lo que verdaderamente importa: la música aquí y ahora.

Dejando a un lado el morbo de los tabloides, la película se vuelve gigante cuando se introduce en las entrañas de la gira. El gran gancho melómano es asistir a la primera entrevista conjunta de Liam y Noel Gallagher en más de dos décadas. Comprobar que esa química magnética y su característica socarronería norteña siguen intactas, como si el tiempo no hubiera pasado, es un regalo absoluto. Tampoco desentona ver a Noel aceptando, bajo un pacto unilateral de convivencia, las extravagancias y subidas de ego de Liam con tal de no dinamitar el proyecto. Nada nuevo bajo el sol.

El triunfo de la cinta, más allá de los Gallagher, parece venir más allá del escenario: se desplaza hacia la comunión. Resulta profundamente emotivo ver a los fans de diferentes partes del mundo —da igual si la cámara está en Seúl o en un Wembley abarrotado— llorando y dejándose la garganta, uniendo en un mismo plano a los nostálgicos que crecieron con el Britpop y a una marea de adolescentes que descubren ahora esa liturgia.

El momento cumbre del documental llega sin duda en São Paulo. Allí, no falta en la cinta el emotivo y especial homenaje a Gary "Mani" Mounfield, quien tristemente falleció durante el transcurso de la gira, al dedicarle la banda una estremecedora versión en vivo de "Live Forever". Es en ese instante, con todo un estadio coreando al unísono, donde se conecta la pasión global con el legado más puro y ruidoso de Manchester. Un tributo gigante para un viaje que no termina aquí, ya que el grupo ha confirmado de forma masiva que vuelven a la carretera de cara a 2027, año en el que volveremos a ser testigos, o al menos los más afortunados, del progresivo rejuvenecimiento de Bonehead.

Ilustres Principiantes: La Amenaza Constante



La Amenaza Constante es un grupo donostiarra fundado a comienzos de 2023, formado por Carlos del Valle (voz y guitarra), Iñaki Benito (batería), Martín Diestre (bajo) y Mikel Elorza (guitarra y voces). Su sonido combina melodías pop con muros de guitarra intensos y envolventes, navegando entre el noise pop y el shoegaze.

"Un desierto de amapolas" es el primer LP de La Amenaza Constante. Producido por Eñaut Gaztañaga, el álbum reúne 11 canciones que transitan entre guitarras distorsionadas, pasajes de guitarras limpias, teclados analógicos y voces que se entrelazan en una búsqueda constante de armonía.

Entre sus cortes se encuentran "El Verano", "Un desierto de amapolas", la canción que da título al álbum, y «Una cruz en los ojos», último single del grupo. El disco incluye también tres piezas instrumentales, entre ellas "Ya no te rondan los zagales", un particular himno antibelicista cuyo título procede de la jota que quedó grabada a fuego en la iglesia de Belchite.

En lo sonoro, el álbum bebe de la tradición del shoegaze y del pop independiente, con referencias que van desde My Bloody Valentine hasta Los Planetas. A lo largo del disco aparecen también guiños más concretos: "Dame estrellas o limones" mira hacia Family, mientras que "Radio Benito" se acerca al universo instrumental de Mogwai.

Pero "Un desierto de amapolas" no es únicamente un ejercicio de referencias. El álbum gira alrededor de una idea: la búsqueda constante de algo que quizá no existe y el desgaste que provoca perseguirlo. Una búsqueda que se convierte en bucle, igual que una sociedad atrapada en sus propios mecanismos, frente a la que solo queda la lucha —o el intento de escapar— de ese opio cotidiano que nos mantiene dando vueltas sobre lo mismo.

“Gravest Gravy": The Cramps recuperan el pulso de la actualidad


Por: Ricardo Virtanen. 

En febrero de 2009 moría Lux Interior (Erick Purkhiser), a los 62 años, líder de The Cramps, una de las bandas más influyentes del Psycho y Punk internacionales. Y en ese momento se daba por concluida la trayectoria de esa banda que se había formado en 1976, cuando nacía el punk. Mezclaron rockabilly, punk, garaje y rock’n roll de una manera tan peculiar que no tardaron, a principios de los ochenta, en ser uno de los grupos referentes del Psychobilly internacional. La formación en un principio la integraron Lux Interior (Erick Purkhiser) y la gran guitarrista Poison Ivy (Kristy Mariana Wallace), también bajista, un dúo que se conoció en la universidad de Sacramento, hacia 1973, cuando crearon una unión indisoluble. Ya en New York, se sumaron Nick Knox, a la batería (que sustituía en julio del 77 a Miriam Linna) y Bryan Gregory, a la guitarra. Por supuesto, The Cramps grabarán y actuarán sin bajista hasta 1986, cuando fichan a Candy del Mar, siendo Sean Yseult el último de sus bajistas.

Sin duda, esta primera formación marcó un antes y después en la escena neoyorquina del punk en 1976, cuando se crean como banda, y aterrizan en la ciudad cosmopolita. Allí tocan en las salas míticas CBGB, Max’s o Club 57. Desde 1977, Alex Chilton se erige como productor de la banda, un músico que a los 16 años había formado el grupo Box Tops en 1967, representantes del estilo blue-eyed soul. En 1979 los ficha Miles Copeland Jr. (mánager de The Police y padre del baterista) para I.R.S. Records, cuyos dos EPs titularon “Gravest Hits”. En Europa telonearon a The Police (1979) y en 1978 tocaron en un Hospital psiquiátrico en California (existe un impresionante vídeo). En 1980, salía su primer LP: “Songs the Lord Taught Us” (1980), donde ya se vio de qué pie cojeaban The Cramps: psychobilly, horror rock, gothabilly, garaje, punk, surf, psicodelia... En 2003, tras doce discos, aparecía su último trabajo de estudio: “Fiends of Dope Island”. Aún así, verían la luz hasta hoy los trabajos “How to Make a Monster” (2004) y “Zombie” (2013).

Pero regresemos a 1977, en la prehistoria de la banda de California. Un año después de su nacimiento, Poison Ivy y Lux Interior. conducen a The Cramps a los Ardent Studios en Memphis, de la mano del citado productor Alex Chilton, quien grabó de un tirón (o sea, en directo la mayor parte) todas las canciones que la pareja se sabía (propias y covers). Allí surgen algunas de las canciones que posicionarán a la banda entre los grupos más relevantes de la escena neoyorquina. Pero por causas desconocidas, “Gravest Gravy” es un trabajo que se queda en la línea de salida. Contiene 12 temas, y ahora es presentado con la publicidad de “Disco perdido”. En realidad son tomas de canciones que no convencieron en su momento (tanto a productor como a Erick), y que algo más tarde fueron completando sus tres primeros discos. También grabaron con Chilton más material, como las canciones “Surfin Bird” o “Human Fly”, o los EP’s de “Gravest Hits” (1979). Se cuenta en alguna de sus biografías que los líderes de la banda mezclaron a finales de 1980 temas de aquellas sesiones de 1977 para crear un álbum, pero aquello no prosperó, y esas bobinas quedaron perdidas hasta hoy. La recuperación se ha dado gracias a los ingenieros Brian Kehew, Henry Rollins y Ian MacKaye. Dada la importancia de la fecha, 1977, y de las canciones que componen este “álbum perdido”, comentaremos una a una, atendiendo a su evolución en la carrera de The Cramps, dada la excepcionalidad de las sesiones en los Ardent Studio de Memphis, convertidas ahora en unas auténticas rarezas. 

El primer corte, “Tv Set”, apareció poco después en el primer álbum, ya citado, “Songs the Lord Taught Us”, en 1980. La temática del tema es escabrosa, muy Cramps: un chaval psicótico asesina a su novia. El tema en nuestra versión de 1977 suena más crudo. Desde su inicio, los golpes básicos y primitivos de la batería de Knox abren la canción, a la que se van sumando las guitarras de Poison Ivy y Brian Gregory. A este último se deben dos solos de guitarras desgarradores, que, sin duda, influyeron en su momento de una manera devastadora en la escena musical punk de los ochenta (obviamente en la versión édita de 1980), seguramente utilizando su guitarra Flying V.

“Weekend On Mars”, el segundo corte, composición de Lux y Poison, no se publicó en disco de estudio, pero si bien hallamos una toma posterior en “Smell of Female” (1983), primer álbum en directo de la banda, y además dio título a un directo de 1979 en la prestigiosa sala Club 57 de New York, publicado en 2015 en Radio Silent. La canción es una espléndida muestra de la música de The Cramps. El riff obsesivo de guitarra marca las pautas de un rockabilly muy rítmico. El final del tema se viraliza con un frenético grito de Lux Interior: “Shake it”, que conduce la canción hacia el psycho. La letra del excéntrico cantante nos invita a un viaje psicodélico a Marte. Ni más ni menos.

“Twist & Shout”, tema de Lux Interior y Poison Ivy que tuvo su presencia en discos en directo de la banda no oficiales, como “Live at Irving Plaza 1979” (2015) o “Hit & Run” (1979). En realidad, la canción se titulaba “Please, Give me Something”, aunque se rebautizó de esta manera para hacerla propia, pues era una adaptación de un tema de Bill Allen and the Backbeast. En 1989, en una remasterización de la canción para CD del primer largo, se incluyó una nueva grabación de “Twist & Shout”, más limpia y potente con unos guitarreos más punkis y redondos.

“Jungle Hop” es otro de los éxitos de The Cramps. Apareció en el álbum “Psychedelic Jungle” (1981). Se trata de un cover, esta vez del cantante de los años 50 Kip Tyler & the Flips. En nuestra versión, el ritmo pierde parte de la genial acentuación primigenia (muy Bo Diddley). Resulta interesante el juego vocal de Lux (como es habitual), con el uso de un falsete desquiciado en los estribillos. Se suma de nuevo la colaboración de Chilton (Booker C.) al órgano.

“I Can’t Hardly Stand It” es otro cover de Charles Feathers y Joe D. Chastain y Jerry D. Huffman, un clásico del rockabilly de los cincuenta. Traspasada a The Cramps, se vuelve una canción de “horror rock”, básica y primitiva, recogida después en su primer álbum recopilatorio “Off the Bone” (1983). Antes, en 1980, sirvió de cara B de “Drug Train”, si bien no se incluyó inexplicablemente en su primer elepé. Destacan en esta grabación primigenia las modulaciones de voz del gran Lux Interior, que se acerca bastante a la interpretación original de Feathers (un clásico de la Sun Records), porque la versión de 1977 posee un gran parecido con esta toma, salvando las distancias.

“Hungry” cierra la cara A. Es, de nuevo, otro cover, esta vez de Paul Revere and the Raiders, de 1966 (Tarantino la usó en su película “Once Upon a Time in Hollywood”). Estamos ante un ejercicio de estilo garaje punk, primitivo y psicótico, con uso demencial de la distorsión en la guitarra de Gregory. Alex Chilton se animó con el órgano de nuevo, que le da un aire gótico, muy al estilo de la canción original de Revere.

La cara B presenta en su primer corte “The Natives Are Restless”, el cual aparecerá en el segundo y brillantísimo disco “Psychedelic Jungle” (1981), donde se encontraba la inmortal y actualísima “Goo Goo Muck” (viralizada en redes en 2022). Composición original de Lux e Ivy, en esta toma, la fusión de guitarras de Ivy y Gregory es más que interesante, lo cual, y pese a la toma rudimentaria de 1977, nos sitúa en un futuro “universo sonoro Cramps”. 

“Domino” es otro de los éxitos sin parangón de The Cramps. Composición de Sam Phillips, y gran éxito de Roy Orbison, fue incluida más tarde en el recopilatorio “Off the Bone” (1983). “Domino” es uno de los temas que nunca desapareció de su repertorio. Tenemos numerosas versiones de directos, como el concierto en el Club 57 de New York, en 1979, que da fe el álbum “FM Broadcasts”, o las versiones tempranas incluidas en “Hit & Run” y en “Garbage Brain”. En nuestra grabación de 1977, predomina el uso de las guitarras como elemento rítmico esencial.

“Can’t Find My Mind” aparecerá en “Psychedelic Jungle” (1981), como otras tantas de este disco. Una muy interesante composición de Lux Interior y Poison Ivy, con un riff rockabilly poderoso y un halo casi sicodélico (por el uso de echo en la guitarra), cayendo, cómo no, en una interpretación con vetas punkis. Estamos ante un autorretrato vintage: “Well everything is fine, / but I can’t find my mind”. La versión de 1981 es mucho más redonda que la antigua, pero más lenta, con lo que, a mi juicio, pierde cierta efectividad. “Rockin’ Bones” es otro de los exitazos de “Psychedelic Jungle” (1981). También aparece en algunos directos de 1979, como “Hit & Run” o “I Think I Wanna”. Se trata de otro cover, uno de los hits del gran Ronnie Dawson de 1959. Si bien la composición es de Carter y Nalls. En esta versión de 1977, The Cramps llevan el tema a su terreno: la ralentizan en exceso, batería muy marcada y primitiva, con un uso muy hipnótico de las voces en el estribillo (al repetir de manera obsesiva “Raw Bones”).

“Problem Child” es otro cover del disco. En este caso, The Cramps interpretan una gran canción de Sam Phillips que Roy Orbison, de nuevo, dio a conocer en grabación para la Sun Records Co. (no confundir con un conocido tema de AC/DC). La versión de 1977 es tocada a gran velocidad, con un típico toque gótico que la hace muy atrayente. Se puede escuchar al productor Alex Chilton, de nuevo, tocar el órgano. Hasta donde llega mi conocimiento, no fue grabada en ningún disco posterior, como otras de “Gravest Gravy”, aunque sí ha sido localizada en un directo en el Max’s Kansas City de New York (enero de 1977), de la que existe un vinilo de 2024 en Vengeance Records (sello actual). 

El corte que cierra el disco, “Rocket In My Pocket”, es un nuevo cover, esta vez de Jimmy Lloyd, un cantante y compositor de country y rockabilly de los 50’s. Aquí encontramos rockabilly básico a raudales, donde The Cramps realizan una parodia de sí mismos, con lacerantes riffs de guitarra. En esta toma, ralentizarán la canción, tirándola hacia el psycho, sin concesiones. “Rocket In My Pocket” fue una constante en los directos de la banda en la primera época. Por ejemplo, la encontramos en el disco “I Think I Wanna” (2025), directo grabado en Palo Alto en 1979. Estas dos últimas canciones, pues, representan casi la única novedad del álbum, ya que se conocieron en discos de 2024 y 2025. 

“Gravest Gravy”, pues, no ofrece nada nuevo a los numerosos fans de la banda de California, pero es novedad tras 23 años. No hay ni una sola canción desconocida, aunque dos fueron recuperadas recientemente. Lo cierto es que abre una veta clave para el legado de esta banda inmortal, y para los que quieran empaparse de su primitiva época, absolutamente salvaje, en un año, recordemos, en que The Cramps se forjó teloneando a los mismos Ramones en el mítico CBGB , o a los Suicide en el Max’s. Por cierto, la fotografía de portada de “Gravest Gravy” pertenece a la artista internacional Stephanie Chernikowski (1941-2026), fotógrafa que documentó el punk y la new wave de los 70’s y 80’s en New York. Realizó, además, la portada de “Gravest Hits”, esto es, se trata de una foto de la época primigenia de la banda (1977/1979). En contraportada, una foto del cuarteto en el escenario del CBGB, hecha por David Godlis. Por si todo lo demás fuera poco.

20 canciones de Nueva York: retrato musical de la ciudad en el 25 aniversario del 11S


Por: El Giradiscos.

Hace 25 años ocurrió algo que transformó el mundo contemporáneo: dos aviones comerciales, secuestrados previamente por terroristas de Al-Qaeda, fueron estrellados contra las torres gemelas del World Trade Center de la isla de Manhattan en Nueva York provocando la muerte de casi 3.000 personas, y de muchas otras que hoy sabemos que fallecieron por culpa del aire tóxico que respiraron. La respuesta de EE.UU. y sus aliados occidentales resultó tan errática, precipitada y criminal que aquellas víctimas civiles desgraciadamente fueron las primeras de muchas otras que fallecieron después en otros países en las invasiones posteriores realizadas bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo.

Con motivo de la conmemoración del 11S o el 9/11, El Giradiscos se ha propuesto recordar algunas canciones que han contribuido a la historia cultural y política de esta urbe que vivió el peor día desde su fundación. Nueva York ha tenido un papel crucial en la historia de la música popular. Parece que cualquier movimiento ha ocurrido allí antes de que ocurriera en cualquier otro sitio, así es la voracidad de esta ciudad, la energía inagotable que desprende y se adueña de sus habitantes y la prisa por llegar antes al futuro. Todo ello se detuvo abruptamente aquel día despejado a las 8:45 de la mañana.

“New York, New York”, Frank Sinatra ( "Trilogy: Past Present Future", 1980) 

Por más que sea obvio incluir esta canción en nuestra lista, no es menos justo hacerlo en virtud de la importancia que tuvo Frank Sinatra y las orquestas de “standard songs” que le acompañaron fabulosamente en la época dorada de New York después de la posguerra, una vez que USA se recuperó del esfuerzo bélico y la ciudad brilló de nuevo, aupada por el bienestar y la fiebre del consumo, y se convirtió en una ciudad feliz donde cualquier cosa era posible. Esta canción no se grabó en esta época sino en 1977, una época mucho más difícil, para la BSO de la película del mismo nombre dirigida por Martin Scorsese, uno de los directores que mejor ha retratado esta ciudad y sus claroscuros. Y fue compuesta para Liza Minelli, aunque la Voz se encargó de popularizarla más adelante. Es muy revelador que la canción más representativa de esta ciudad sea interpretada por un descendiente de inmigrantes italianos. Resulta inquietante comprobar que mientras Nueva York disfrutaba de sus mejores años, desde Washington los gobiernos estadounidenses llevaban a cabo acciones militares en todo el mundo contra pueblos soberanos, contribuían a derrocar regímenes democráticos, financiaban a dictadores y se apoyaban en dudosas milicias para defender sus intereses económicos y combatir a sus enemigos en todo el mundo. Estaban preparando sin saberlo el terreno para que el odio cambiara de bando.


"Spanish Harlem", Ben E. King ("Spanish Harlem, 1961)

El barrio de Harlem en los años sesenta fue uno de los grandes epicentros de la "black music" con el Teatro Apollo como centro neurálgico. Por allí desfilaron las grandes estrellas del soul - Sam Cooke, Ray Charles, Otis redding, Aretha Franklin o el magnífico James Brown con su legendario álbum en directo - demostrando el poder de un barrio que acogía minorías raciales como los afromericanos pero también los latinos en la denominada "Spanish Harlem". Un barrio inmortalizado por Jerry Leiber y Phil Spector en esta canción que saltó a la fama cantada por un Ben E. King que se crió y sintió el poder de sus calles. 


“Stray Cat Strut”, Stray Cats ("Stray Cats", 1981)

Del encuentro de la ciudad del punk con el viejo rock and roll primigenio saltaron chispas. Nueva York también fue el lugar donde el rockabilly revivió con garras afiladas y un ronroneo irresistible. En los callejones de Long Island, tres jóvenes rebeldes, Brian Setzer, Slim Jim “Phantom” y Lee Rocker, armados con un contrabajo y una guitarra de caja dieron vida a los Stray Cats, antes de dar el salto al epicentro de la escena artística de la ciudad. Su carta de presentación, “Stray Cat Strut”, encapsuló a la perfección ese deambular nocturno, felino y descarado por los barrios de la mítica, mezclando el eco del rock and roll de los cincuenta con la urgencia y el descaro del punk callejero que imperaba en la city. Fue el sonido de una ciudad que, incluso vistiendo de cuero y tupé, nunca dejaba de balancearse con un groove puramente neoyorquino.


"New York Tendaberry", Laura Nyro ("New York Tendaberry", 1969)

Cada persona cuenta con su propio itinerario que le hace conectar emocionalmente con su ciudad. Los pasos repetidos, las mismas paradas y los mismos carteles ofician de guía de viaje repetitivo pero sanador. Un recorrido que nace, en muchas ocasiones en la infancia, y que se extiende ya a lo largo de toda nuestra vida; incluso cuando estamos alejados geográficamente, nuestra mente sigue girando por bocacalles y tomando los desvíos que conducen a ese espacio sanador. La música de Laura Nyro, proclive a los cambios de ritmo y a la percepción de la atmósfera como un instrumento más de su catálogo, recorre, emitiendo ese constante salto de frecuencias, la ciudad de Nueva York en un poema sonoro donde su cartografía rutinaria es también un emocionante retrato biográfico.


“Horses”, Patti Smith (“Horses”, 1975) 

Patti Smith no nació en New York. Esta ciudad está hecha de extraños que buscan su lugar en el mundo en la “ciudad que nunca duerme”. Patti no lo tuvo fácil en sus calles. Junto a su inseparable Robert Mapplethorpe, se peleó con la ciudad hasta que esta le dio una oportunidad. Levantó acta de ello en el inolvidable “Just KIds”. “Horses” es, tanto en su fondo como en su forma, el mejor ejemplo de la contracultura estadounidense que anidó en las calles de New York. En la Universidad de Columbia de esta ciudad coincidieron Jack Kerouac, William Burroughs y Allen Ginsberg. La recitación inicial de Patti Smith es sobrecogedora, y se dirige al galope hacia el clímax, aupada sobre un millar de caballos impulsada por una determinación que produce escalofríos.


“Marquee Moon”, Television ("Marquee Moon, 1977)

Liderados por Tom Verlaine y Richard Hell, en sus inicios el grupo convirtió el mítico escenario del CBGB en un laboratorio de guitarras afiladas y poesía neoyorquina. Su obra maestra, “Marquee Moon”, es un viaje hipnótico de más de diez minutos que evoca el pulso de los callejones oscuros de Manhattan, los reflejos del neón sobre el asfalto mojado y el deambular místico bajo los muelles de la ciudad. Con sus líneas de guitarra entrelazadas como rascacielos de sonido, la canción no solo definió el post-punk, sino que capturó el alma más intelectual, noctámbula y vanguardista de la “Gran Manzana”.


"Manhattan Rock", Elliot Murphy ("Lost Generation", 1976)

Uno de los grandes cronistas de la "Gran Manzana" es sin duda el rubio de Long Island autor de canciones como "Manhattan Rock" incluida en su disco "Night Lights" (1976). Con ella, Eliott quiso retratar la dureza de triunfar en la música en el caos de su ciudad, contrastando las dificultades de las calles con esa riqueza y opulencia de algunos de sus habitantes. Son algunas de las contradicciones de esa ciudad tan maravillosa.


"Chelsea Hotel #2", Leonard Cohen ("New Skin for the Old Ceremony", 1974) 

Toda ciudad se debate, por lo menos hoy en día, entre la exposición turística y el resguardo de su identidad verdadera. Dos aspectos que pueden llegar a confluir gracias a la existencia de edificios emblemáticos, como el que da título a esta canción y que fue el lugar de residencia de un catálogo repleto de talento artístico. Junto a Bob Dylan, Mark Twain, Charles Bukowski, William S. Burroughs o Arthur Miller, entre muchos otros, Leonard Cohen fue también uno de sus moradores y, además, responsable de esta preciosa misiva musical, como es habitual en el compositor canadiense, llena de segundas lecturas, porque su dedicatoria a otra ilustre habitante de aquellas paredes, con rasgada voz y que responde al nombre de Janis Joplin, es al mismo tiempo una fábula donde la fama o las sábanas deshechas son metáforas empleadas para retratar una época tan brillante en su fugacidad que todavía resplandece.


“My City of Ruins”, Bruce Springsteen (“The Rising”, 2002)

No había pasado un año de los atentados cuando The Boss publicó “The Rising”, “el resurgir”, que pretendía levantar el ánimo de una “ciudad en ruinas”. Es la ciudad donde grabó “Born in The USA”. Este álbum ha ganado importancia en la trayectoria del músico con el paso de los años. En él reniega de la retórica vengativa que se apoderó de la administración norteamericana y de buena parte de su país. La canción toma prestada a Curtis Mayfield, la melodía de “People Get Ready” (1965). Proponemos la siguiente versión en directo grabada en Barcelona en 2002. Es imprescindible escuchar y ver la intro al piano de Springsteen y la intensa actuación de cada uno de los miembros de la E Street Band, incluido el añorado Clarence Clemons. Bruce se ha convertido en los últimos años en uno de los músicos que ha presentado una oposición más firme a Donald Trump y a la deriva autoritaria de su gobierno. Nueva York es, por cierto, la sede del imperio económico del actual presidente de los EE.UU., pese a la animadversión recíproca que hay entre la ciudad y Trump.


“Spanish Stroll”, Mink DeVille ("Cabretta", 1977)

Ya hemos comentado que en el corazón del Lower East Side, existió un lugar para el eterno recuerdo llamado CBGB, el epicentro del sonido de un sinfín de grupos que consiguieron remover los cimientos no solo de la ciudad sino también de la música internacional. Una de aquellas bandas respondía al nombre de Mink DeVille y eran dueños de un sonido crudo, mezcla de punk, rock, R&B y doo-woop, que presentaban en directo envueltos en un aura elegante, canalla y llena de romanticismo. Rosas y espinas que emanaban de la cruda voz que aportaba su carismático y añorado líder, Willy DeVille. Su contribución a esta lista se llama “Spanish Stroll”, un himno urbano con sabor a asfalto, imbuido del orgullo hispano y del pulso nocturno de la popular urbe, para demostrar que el sonido de la misma se escribía con acento callejero, cadencia latina y grandes dosis de chulería.

 

“New York City”, John Lennon (“Some Time in New York”, 1972) 

En el verano de 1971, John Lennon se estableció, por fin, en NY junto a Yoko Ono. Según sostiene Juanjo Ordovás en su biografía, el miembro de los Beatles confesó al “New York Times” que le hubiera gustado nacer en NY. 10 años después murió tiroteado en la misma ciudad al salir de su apartamento. En esta ciudad pisó deliberadamente todos los charcos que estuvieron a su alcance. En el año 72, durante el siniestro reinado de Nixon, publicó el disco “Some Time in New York” en el que no había tema político por controvertido que fuera sobre el que no ofrecía su punto de vista siempre comprometido, inteligente y mordaz. “The troubles” de Irlanda, el inhumano sistema penitenciario americano, o la misoginia generalizada fueron objetos de sus críticas. Yoko Ono tuvo una participación decisiva en el disco, además de la banda a la que bautizaron como Elephants Memory, reclutaron también a su antiguo compañero George Harrison, a Eric Clapton, y a Keith Moon. No faltó a la cita ni siquiera el peligroso productor Phil Spector. Es un disco absolutamente norteamericano en el que Lennon rinde tributo a todos los géneros musicales que nacieron en este país en las dos décadas anteriores. Estuvimos tentados de elegir la salvaje “Woman Is The Nigger Of The World”, pero resulta más apropiado decidirse por “New York City”, que con tanto acierto evoca la vitalidad de esta ciudad.

  

 “Personality Crisis”, New York Dolls ("New York Dolls, 1973)

¿Qué puede representar más a una ciudad que incluirla en el nombre de una banda? Solamente se me ocurre una respuesta. Las propias New York Dolls. Nueva York en los primeros años setenta no era una postal idílica, sino un organismo peligroso, sucio y fascinante a partes iguales. Nadie supo traducir mejor esa decadencia urbana que los New York Dolls, cinco provocadores con tacones y rímel corrido que inyectaron urgencia callejera al rock and roll tradicional. Su icónica “Personality Crisis” se convirtió en el espejo perfecto de la época, aunque la letra aborda el colapso y el vacío existencial del individuo, su ritmo espasmódico, sus guitarras chirriantes y su piano desbocado fueron la banda sonora perfecta del East Village. Un terremoto en sí mismas al que en primera instancia solamente supieron apreciar unos pocos paladares escogidos, cuyos ecos, sin embargo, llegaron bien lejos, concretamente hasta el extrarradio madrileño, contando con unos alumnos de lo más aventajados en La Elipa.


“Walk On The Wild Side”, Lou Reed ("Transformer", 1972)

Un año después del 11S el periodista corresponsal Enric González mantuvo una charla con Lou Reed muy cerca de su apartamento, en un restaurante de la Décima Avenida junto a la 14; lo cuenta en su libro “Historias de Nueva York”. El músico le confesó que “le hacía falta más distancia” respecto a lo que había ocurrido, y que, sorprendentemente, los ciudadanos de Nueva York albergaban menos resentimiento, miedo y paranoia que los estadounidenses de la América suburbial, “que como todo el mundo sabe odia Nueva York”. Dice el gran periodista español, que Lou Reed (junto a Susan Sontag) fue una de las pocas voces públicas que intentó ver las cosas con perspectiva y (como Sontag) fue acusado de traición por ello”. Asociaciones de víctimas neoyorquinas como “Peaceful Tomorrows” también denunciaron las represalias e invasiones que el gobierno emprendió de forma injusta e inmoral en nombre de las víctimas. Esta canción inconmensurable refleja mejor que ninguna otra la cara más desinhibida de Nueva York, la de la experimentación sexual y las drogas duras, y retrata los personajes que habitaban la noche americana y se dejaban caer en The Factory, atraídos por el imán de Andy Warhol

  

"NYC Ghosts & Flowers", Sonic Youth ("NYC Ghosts & Flowers", 2000)

Una de las grandes formaciones surgidas de las salas de NY es sin duda los Sonic Youth. Revolucionarios y contraculturales, han cantado mucho sobre su ciudad, con gemas como esta en la que Lee Ranaldo narra de forma poética - y encima de una tormenta eléctrica creciente - sobre la historia subterránea y artística de la ciudad, con especial referencia a los poetas de la Generación y a los artistas bohemios que han ido moldeando un tejido cultural inigualable.



"An Open Letter to NYC", Beastie Boys ("To the 5 Boroughs", 2004)

Del mismo modo que ningún cuerpo humano es el mismo tras sufrir en sus huesos el paso de una grave enfermedad, igualmente sucede con algunas localidades a lo largo del planeta sacudidos por episodios terroríficos. Por desgracia, son muchos los enclaves definidos y recordados por el humo de las bombas, un mortuorio relato histórico del que no está a salvo tampoco Nueva York. El ataque a su emblemas, las "torres gemelas", fue en paralelo el amanecer a una pesadilla de la que, también desde el arte, se siguen intentando despertar. El híbrido de géneros que son Beastie Boys en sí mismos, puso sus rapeados y su ágil verbo para homenajear a una ciudad, que al igual que sus mestizo ritmos, son una unión de inmigrantes que luchan y sobreviven en las largas horas de metro. Resiliencia y cultura popular al unísono enfrentada al fanatismo, el propio y el ajeno.


“Blitzkrieg Bop”, The Ramones ("Ramones", 1976) 

El punk rock es neoyorquino por más que le pese a los británicos. Los Ramones tuvieron la culpa. Unos chavales desnortados de Queens no se lo pensaron dos veces y se subieron a un escenario a echarle en cara a la generación anterior que ya no tenían nada que decir. Que ahora les tocaba a ellos. Fue un “ataque relámpago” sobre New York, como dice el título de “Blitzkrieg Bop”, demoledor musicalmente. Un golpe de suerte, al contrario de lo que supusieron los ataques de 2001.


"Summer In The City", Lovin' Spoonful ("Hums of the Lovin' Spoonful", 1966)

La respuesta a los sonidos californianos de los sesenta (encarnados sobre todo por los Beach Boys) llegó de la mano de uno de los habituales de la escena folk del Greenwich Village como John Sebastian quién saltó a la fama con su banda de rock Lovin' Spoonful. La canción narra e forma desenfadada la dureza térmica de los veranos en la Gran Ciudad incluyendo efectos sonoros de claxon de coche.


 "New York City Cops", The Strokes ("Is This It" 2001)

A principios de milenio y justo antes de la tragedia de las Torres gemelas, cinco pijos de la city revolucionaron el panorama del rock con el disco "Is This Is" con el que recuperaban las guitarras y los sonidos de su ciudad de los años setenta . El disco incluía esta canción que contiene una crítica hacia la policía neoyorquina. Justo por ello, tras los atentados fue incluida en la lista de canciones censuradas.


"I'll Take New York", Tom Waits ("Frank's Wild Years", 1987) 

Tom Waits lleva décadas poniendo voz y palabras a quienes viven alejados de los rascacielos, exiliados de los carteles luminosos anunciando la entrada restringida a ciertos clubes. Su lírica es propiedad de las almas marginales, aquellas que nunca han logrado hincar sus dientes a nada que se parezca a una “gran manzana”, una entelequia para ellos tan lejana como cualquier otro edén mítico. En esta canción, su patibulario y cabaretero acento atraviesa, tutelado por una ensoñación casi delirante, el publicitado sueño americano. El famosos minuto de gloria que toda persona anónima merece vivir, aquí se convierte en un paseo triunfal por la mística neoyorquina, un pasaje que aun así se percibe más como pesadilla que como triunfo.


“Like a Rolling Stone”, Bob Dylan (“Highway 61 Revisited”, 1965)

 El barrio de Greenwich Village en Nueva York fue el lugar en el que Bob Dylan viró su trayectoria. Lo vimos en “An Complete Unknown” (2024). Fue aquí, donde un “completo desconocido”, un joven y arrogante cantante folk desafío a sus seguidores y mentores, y se convirtió en un traidor después de grabar “Like a Rolling Stone”, “Ballad of a Thin Man” o “Desolation Row” en los estudios de Columbia Records situados en la ciudad. Por más veces que escuches “Como un canto rodado” siempre es la primera vez. Las notas iniciales de la batería llaman a la puerta de un mundo sin descubrir, una vida inédita, una nueva oportunidad. Y eso es, en definitiva, lo que representa Nueva York. 

 

Ilustres Principiantes: Blonde Poulain


Blonde Poulain es el proyecto independiente de Pablo Nicolás Botía (Murcia, 1992), una propuesta que cruza hip-hop, electrónica y pop alternativo con referencias al cine de ciencia ficción, el diseño y la moda. Su imaginario toma forma en “Blanc: L’Espace”, EP conceptual anticipado por “Objetivo: La Tierra”, “Polvo Cósmico”, “Off–WorldTM”, “Black Hole” y “Mirage” (2024–2026). A través de relatos sobre emociones humanas, viajes interiores, paisajes cósmicos y distopías futuristas, construye una obra donde sonido, imagen y dirección artística funcionan como un único lenguaje.

“Blanc: L’Espace” plantea una experiencia inmersiva basada en voces procesadas, atmósferas sintéticas y una producción cinematográfica. Esta identidad se expande al terreno visual mediante fotografía, vídeo y gráfica, dando forma a una estética minimalista y contemporánea, coherente con el universo sonoro.

Blonde Poulain ha presentado su trabajo en espacios culturales como el lanzamiento de “Objetivo: La Tierra” en Madrid junto a Jägermeister y D13C Studio. Sus videoclips han sido proyectados en la Filmoteca Regional de Murcia y Cines Embajadores, y ha formado parte del Festival Umurgentes, Metro Sound y la selección oficial de Rendibú.

“Coming Up”, de Suede, sostiene la apuesta 30 años después


Por: Guillermo García Domingo. 

Hace 30 años contra todo pronóstico Suede publicó un disco destinado a no desfallecer en la lucha (casi siempre perdida) contra el paso inexorable del tiempo, bajo el título “Coming Up”, igual que la formidable canción funky que grabó McCartney en 1980. La dimisión previa de Bernard Butler, miembro fundamental de la banda, no auguraba este resultado ni mucho menos. Ninguno de sus seguidores habría apostado por semejante éxito. Y es que la pauta siempre la define, para bien o para mal, el disco anterior, que en este caso, se trataba de “Dog Man Star”. El siguiente disco supuso un reto más difícil si cabe, ya que, además, el que abandonó la banda británica era uno de los principales responsables de caracterizar cada una de las canciones de aquel álbum oscuro, como las aguas turbias de un lago del norte de las islas. Brett Anderson, artista gatuno, poseedor de muchas vidas, encontró la tabla de salvación en este disco, gracias a la inesperada contribución de un chaval de 18 años, Richard Oakes que se presentó al casting para relevar al guitarrista principal. Había asumido el sonido de Suede como nadie. También se subió al plantel el teclista Neil Codling. Y ambos no lo hicieron como convidados de piedra, Oakes y el teclista aparecen como compositores de la mayoría de los temas, junto a Anderson. El bajo Mat Osman y el batería Simon Gilbert, que a día de hoy siguen siendo miembros originales de Suede, continuaron al lado del vocalista. 

La escucha actual de “Coming Up” depara muchas sorpresas; su relieve ha cambiado, los singles triunfales han atenuado su pujanza, aunque “Beautiful Ones”, “Trash” o “Lazy” continúan siendo temas pasionales, de una sensualidad irresistible, mientras que las canciones a priori secundarias han subido escalones. “Picnic in The Motorway”, “Saturday Night” o “By The Sea” se reivindican como temas tal vez menos intensos pero extraordinarios en los que la voz de Anderson, que alcanza las notas más altas, a veces de falsete, lleva de la mano a las guitarras en la misma dirección ascendente. Lo que no ha cambiado, tres décadas después, es la majestuosa altura de “Chemistry Between Us”, las nieves de su cumbre permanecen perpetuas como sucede en el Kilimanjaro (antes del advenimiento del calentamiento global). Los motivos de sus guitarras afiladas que aparecen y desaparecen a su antojo, la voz insinuante de Anderson, las cuerdas que concurren al final, en uno de sus muchos finales, porque la canción se resiste a terminar (su duración se extiende 7 minutos), son solamente algunas de las posibles razones de su valor inestimable.

La publicación de “Coming Up”, le permitió a Suede acuñar su idiosincrasia singular en una escena plagada de grandes propuestas a través de dos elementos en continua tensión, las vigorosas guitarras y la voz andrógina de Anderson. Todas las canciones gozan de inicios apabullantes, dispuestas a quedarse en la cabeza desde la primera nota, y producidas con indiscutible elegancia por Ed Buller, que, por cierto, volvió a repetir con ellos en el reciente “Antidepressants” que tan buena acogida mereció en 2025. Las aguas profundas y turbias de del anterior disco dieron paso a canciones más limpias, menos confusas, sin que ello suponga un demérito atribuible a "Dog Man Star", ni mucho menos.

La reedición de “Coming Up”, prevista para finales de mes, incluirá, al parecer, entre otras novedades, una nueva mezcla de los temas, supervisada por los miembros del grupo. Otro “misterio” discográfico, uno de tantos, difíciles de entender, pues no se me ocurre que esta colección de canciones puedan ser mejores de como fueron grabadas en 1996. Además, con el fin de apreciar las capacidades como vocalista de Anderson habrá ocasión de escuchar “Shipbuilding” de Elvis Costello/Langer/Robert Wyatt, que Suede grabó para ser incluida en el disco colectivo “Help” de 1995, gracias al cual se recaudaron fondos para ayudar a los refugiados y desplazados de la terrible guerra de los Balcanes. En esta grabación soberbia, Suede no pudo contar, al contrario que Costello, con la trompeta del desaparecido Chet Baker, sin embargo, esta versión es genuinamente hermosa. No es un aliciente menor para aquellos que aún no tengan y quieran agenciarse un disco imprescindible. En aquel otro disco solidario participaron la mayoría de los grupos y músicos que hicieron posible esa época dorada de la música británica. Discos de la brillantez de “Coming Up” ponen de manifiesto que Suede no era uno de los menos importantes sino todo lo contrario.

Dolly Parton: Su vida a través de diez canciones


Por: Àlex Guimerà.

En un verano muy duro con pérdidas de nombres para la música española y mundial, el último mazazo nos llegó la semana pasada con el fallecimiento de una de las leyendas de la música country mas icónicas como es Dolly Parton. Carismática y poderosa mujer, fue artífice de muchas victorias para la clase trabajadora y para el feminismo, demostrando que una mujer podía ser una de las mas prolíferas y exitosas compositoras de siempre y haciendo gala de una personalidad e independencia artística y humana que la hicieron única. Para recordarla hacemos un pequeño repaso a su vida y a su carrera a través de diez de sus canciones. 

1) "Just Because I' m A Woman" (1967) 

Una de sus primeras composiciones de Dolly Parton fue este medio tiempo con el que dejó huella de su personalidad. Pues la canción surgió del enfado de su marido Carl Thomas Dean cuando se enteró de que ella había tenido una relación antes de estar juntos. Ello le hizo querer denunciar el doble rasero que había en la época sobre cómo se entendía la vida sexual y amorosa de una mujer respecto a la de un hombre. Esa frase letal "mis errores no son peores que los tuyos solo porqué sea una mujer" lo dice todo. Una formidable reivindicación feminista o de como las mujeres deberían de ser tratadas, respetadas y valoradas. Ya desde sus inicios Dolly fue la mejor valedora de los derechos de las mujeres, lo que siempre tuvo muy presente a lo largo de su carrera.

 

2) "A Coat Of Many Colours" (1971) 

Esta canción es un símbolo en sí misma. Y lo es porque nació del recuerdo de infancia de Dolly cuando su madre le cosió cuando un abrigo hecho de retazos de otras prendas. La Reina del Country se crió en una familia pobre de 12 hijos que vivía en una cabaña de dos habitaciones en las montañas de Tennesse. Afortunadamente a la edad de nueve años comenzó a cantar, a acudir a las radios y a concursos hasta que poco a poco sus impresionantes dotes vocales captaron la atención de una industria musical que acabaría produciéndole el primero de los 58 discos de estudio que publicaría en vida, "Hello, I' M Dolly" (1967). Sin embargo no sería hasta 1969 cuando yendo de gira en autobús compusiera esta maravillosa "A Coat Of Many Colours" que acabaría publicándose en 1971 y titulando uno de sus mejores larga duraciones de su carrera. Un tierno homenaje a sus orígenes y a la pobreza.

 

3) "Jolene" (1973) 

En 1973 Dolly ya gozaba de una gran popularidad entre el público seguidor del Country gracias a sus apariciones en el programa "Porter Wagoner Show" y a sus duetos con aquel. Pero ello no era suficiente para la nueva estrella ya que veía como se estaba encasillado en la figura de cantante "consorte", cuando ella tenía ambición de ir por libre, ser compositora y triunfar en la televisión por sí misma. Básicamente quería ser la única dueña de su destino, ya que para entonces su carrera estaba en manos del propio Porter Wagoner. Antes decidió componer el que sería su primer número uno y para muchos su mejor canción de siempre "Jolene". Una pieza country que trata sobre la lucha entre dos mujeres y sobre los celos de una mujer casada al que otra mujer le quita su marido. Al parecer la cantante se inspiró en una empleada del banco pelirroja que coqueteaba con su marido dando la letra de una canción que dio título a un disco con el que llegaría su verdadero despegue como artista. Por cierto, Dolly y Carl Thomas se casaron en 1966 y permanecieron juntos hasta la muerte de aquel el año pasado.

             

4) "I Will Always Love You" (1973) 

Compuesta la misma tarde y grabada en la misma sesión de "Jolene", Parton se sacó de la chistera la balada "I Will Always Love You". Una canción que tras publicarse llamó la atención del mismísimo Elvis Presley quien la quería grabar, lo que finalmente no sucedió por culpa del maldito Coronel Parker quien quiso imponer que su compositora les cediera la mitad de los derechos de autor de la obra. Sin embargo esta acabaría arrasando en todo el planeta mucho mas tarde, en 1992, cantada por Whitney Houston como parte de la banda sonora de la película romántica "El Guardaespaldas". A pesar de que en la memoria colectiva se ha identificado como una balada romántica en realidad fue compuesta como un personal agradecimiento de Dolly a su mentor Wagoner antes de que sus caminos se separaran.

                             

5) "Here You Come Again" (1977) 

"Here You Come Again" fue su salto definitivo al pop, cosechando un éxito mayoritario que anteriormente se limitaba a los circuitos country. Buscando un nuevo y moderno sonido para la artista, su discográfica quiso que grabara esta pieza pop de Barry Mann y Cynthia Weil - autores de "You've Lost That Lovin' Feelin'" de The Righteous Brothers - a lo que ella aceptó siempre y cuando pudiera controlar una grabación y producción. El resultado supuso un enorme éxito entre el público consumidor de la música popular y la obtención de su primer premio Grammy a la vez que alcanzaba la cima de las listas de ventas del momento.

 

6) "9 to 5" (1980) 

Una de las grandes facetas al margen de la música de Dolly Parton fue el cine. Sin embargo no emprendió la carrera de actriz hasta 1980 cuando protagonizó junto con Jane Fonda y Lily Tomlin la comedia "9 to 5" (traducida al castellano "Cómo eliminar a tu jefe"), una película y una banda sonora que tuvo un gran éxito de ventas y taquillas en una América que supo apreciar en un film ligero su carga crítica contra el sistema laboral y el machismo. La canción que da título al largometraje fue nominada a los premios Oscar y se convirtió en un símbolo de las luchas de los sindicatos. De nuevo Dolly dando en el clavo e iniciando una carrera en el cine que cuenta con muchas películas e importantes colaboraciones con actores y actrices de la talla de Sylvester Stallone, Shyrley McLaine, Sally Field, Burt Reynolds o Julia Roberts .

 

7) "Islands In The Stream" (1983) 

Curioso que uno de los temas más reconocibles de la estrella del Country no fuera compuesta por ella y no se grabara para un disco suyo. Y es que "Islands In The Stream" fue escrita por los Bee Gees para ser grabada en dueto junto a Kenny Rogers en un disco de aquel. A pesar de que la pieza originalmente fue escrita en modo rythm' n blues para Diana Ross fue reelaborada como balada Country para la dupla de cantantes. El resultado fue un contundente número uno en las listas de éxitos y la confirmación de ambos artistas como auténticos líderes de un género, el Country, que en los ochenta gozó de una enorme popularidad en los EEUU. No cabe decir que toda la carrera de Dolly estuvo plagada de colaboraciones con importantes músicos de los que destacan los discos "Trio" (1987 y 1999) junto a las grandes Linda Ronstadt y Emmylou Harris o "Honky Tonk Angels" (1993) junto a otras primeras espadas como Loretta Lynn y Tammy Wynette, pero también en discos de Willie Nelson o de su ahijada Milley Cyrus. Fuera de su género encontramos el disco "Rock Star" de 2023, publicado justo después de haber sido incluida en el Salón de la Fama del Rock and Roll, con colaboraciones con Elton John, Sting, Joan Jett, Paul Mc Cartney, Ringo o Linda Perry de los 4 Non Blondes, entre muchos otros.

 

8) "Tennesse Homesick Blues" (1984) 

Lanzada como banda sonora de la película "Rhinestone", esta canción gozó de popularidad en su día recordando nuevamente los orígenes de su autora. Como ya hizo en la formidable "My Tennesse Mountain Home" (1973) o en muchas otras que la siguieron, la mirada se dirigía hacia su natal Tennesse de la que siempre estuvo muy orgullosa y comprometida con su pobreza. Con un ritmo y una luminosidad especial, en ella Dolly expresa su añoranza hacia su tierra debido a la ausencia por culpa de su carrera. Otras de esa época siguieron su estela como "Appalachian Memories" (1983), en la que rindió homenaje a las familias trabajadoras de las minas de la región de los Apalaches - que en Tennesse además es origen de la música country-, o el villancico "A Smoky Mountain Christmas" (1986) con la que evocó los paisajes montañosos del estado.

 

9) "Family" (1991) 

Preciosa balada que dedica a la familia, hablando de su complejidad, de sus disputas y secretos con esa frase que tan bien supo definirla " eliges a tus amantes, eliges a tus amigos, pero no a la familia en la que estás buena, mala o indiferente, sigue siendo la familia". Dolly nunca dio la espalda a su familia, dedicando canciones a sus padres Avie Lee y Robert Lee a los que admiraba por sus esfuerzos, pero también sabiendo rodearse siempre de sus hermanos a quienes nunca dejó de proteger y cuidar, involucrándolos en sus proyectos y trabajos a lo largo de toda su carrera. Dolly no tuvo hijos pero acogió a sus más de 14 sobrinos como si fuera su madre ganándose el apodo de "aunt granny".

 

10) "The Grass Is Blue" (1999) 

En una década de los noventa en la que parecía que la industria musical quería apartarla, Dolly de nuevo supo navegar contra viento y marea volviendo hacia sus raíces y hacia las de la música country, yendo a las montañas Apalaches para crear un álbum titulado como la canción en la que volvía al bluegrass, con instrumentos acústicos, ritmos acelerados y ausencia de baterías. El tema en cuestión trata sobre una superación amorosa y sobre el autoengaño, con frases como " el cielo es verde, los árboles rojos y la hierba azul". El mundo cambiaba a las puertas del nuevo milenio pero Dolly recuperaba su trono con un álbum con el que ganó otro Grammy.

 

BONUS TRACK: CANCIONES OCULTAS: 

"The Bridge" (1968) 

La capacidad compositiva de la diva quedó patente desde sus inicios con gemas como esta. Una canción misteriosa e inquietante con una tenue y testimonial instrumentación en donde su voz apasionada nos relata una historia de desamor melancólico en la que nos deja entrever un fatal desenlace. Y es que la capacidad narrativa siempre fue una de las fuertes de Parton cuando escribía canciones en un legado en el que nos ha hablado de amor, empoderamiento, pobreza, lucha de clases en un sinfín de personajes.

 

"A Better Place To Live" (1971) 

Dentro del álbum " A Coat Of Many Colours" encontramos esta maravilla de estribillo pegadizo y letra esperanzadora. Y es que la canción que cierra el legendario disco es un himno a la hermandad, a la paz y al poder de los pequeños gestos. Una canción que bebía del folk de la década anterior pero que la gran Dolly supo llevar hacia los terrenos musicales campestres, con unos vientos y violines sensacionales.

 

"My Place in History" (2046) 

La lista de sus mejores canciones resulta incompleta por el momento ya que en 2015 Dolly grabó en estricto secreto una canción titulada "My Place in History" que dejó resguardada bajo llave dentro de una caja de madera de castaño americano junto a un reproductor físico de música. Para escucharla tendremos que esperar hasta el 19 de enero de 2046, fecha del centenario de su nacimiento. Al parecer, durante los últimos años la propia cantante se mostró arrepentida del experimento, afirmando que la canción era muy buena y que le habría ido genial añadirla en alguno de sus recientes discos.