“Como diamante entre carbón”, así son las “Vidas semipreciosas” de Nacho Vegas.


Por: Guillermo García Domingo. 

Nacho Vegas no milita en las filas de los indiferentes. Esos individuos silenciosos y precavidos que dan auténtico terror. Gracias al servicio que estos le están prestando al neofascismo, éste se está afianzando más rápido de lo previsto. Por eso Gramsci dijo en 1917 que odiaba a los indiferentes: “Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son cobardía, no vida. Por eso odio a los indiferentes”. El compromiso social y político del “fíu de Cristina Vegas” era notorio. Desde mucho antes de que publicara esta colección de 12 piedras semipreciosas. En atención a su dureza, escasez y perfección, habría más bien que catalogarlas como gemas preciosas. En medio de ellas aparecen tres interludios protagonizados por personas que pagaron un precio muy alto por manifestar su compromiso, y que no están exentos de una extraña música, la que poseen sus propias palabras torneadas en la buena batalla y la digna lucha. No conviene ignorarlos. Nacho Vegas siempre ha estado “a favor de estar en contra” como dice en una de las mejores canciones de este LP: “Los asombros”. 

El principal logro de este disco, sin embargo, es otro. Cervantes en su obra universal, “Don Quijote de la Mancha”, plantea a través del hidalgo convertido en caballero andante el dilema de “las armas y las letras”, que representan la fuerza de la acción o el arte escrito (y hablado) respectivamente. Nacho Vegas demuestra en “Vidas semipreciosas” que se trata de un falso dilema y que no tiene razón de ser el prejuicio que sostiene que lo que se escribe y compone con intención política tiene un valor artístico menor. “Vidas Semipreciosas” es un vibrante alegato político de una belleza musical sin igual. Es imposible decidir si destaca más por su pujante rebeldía o prevalece la belleza. ¿Por qué hay que renunciar a uno de estos valores? La belleza y la rebeldía se alimentan mutuamente en esta “pequeña bestia” creada por el músico asturiano. No hay tantos manifiestos subversivos que hayan sido grabados con semejante producción, precisa y elegante, que hace girar los arreglos instrumentales, incluso orquestales, realmente brillantes, y los acertados coros femeninos, sobre la voz profunda del asturianu, muchas veces desdoblada en varias voces que dialogan entre ellas. El acopio de instrumentos y sonidos cristalinos no pesa en las canciones. Muchos de ellos se encuentran a sus anchas en el primer tema que podría haber grabado Primal Scream. “Alivio” recuerda al último disco de los británicos, y Nacho Vegas bien podría ser Bobby Gillespie. No son adustas y rudas canciones de combate. Están teñidas de credibilidad vulnerable y de la imperfecciones que nos humanizan, y que provocan que las piedras semipreciosas sean más valiosas que las preciosas. Tal y como dice en el interludio que protagoniza Anna Gabriel, el amor forma parte de cualquier acto revolucionario. Nacho Vegas ha vuelto a convocar al “don de la ternura”, como ya hiciera en su anterior LP. 

Nacho Vegas ha ido adquiriendo una notable capacidad y sabiduría compositiva que le ha servido para subrayar a lo largo de su carrera musical de qué manera lo político, queramos o no, atraviesa la vida personal. Lo personal y lo político se entrecruzan con toda naturalidad en las canciones de este disco, una vez más. El repliegue individualista no es solamente una actitud manifiestamente inmoral, sino que, además, es una forma de autoengaño. De la suerte colectiva, del estado de “la ciudad” (la comunidad política griega) depende también nuestro destino individual. Hay algunas canciones que no tienen una naturaleza política tan evidente; es el caso de “Mi pequeña bestia”, un elegante homenaje al pop nostálgico que cuenta cómo se desarrolla una canción desde su germen en forma de silbido, y la metamorfosis que sufre la canción, como si se tratara de una criatura viva, y la lucha que el compositor emprende con esa canción, que de algún modo ha dejado de ser suya, y, debido a esto, no se deja domesticar. Pero incluso en las canciones más íntimas como las bellísimas baladas que tienen por título “Los asombros” y “Piedras semipreciosas”, o el medio tiempo con reminiscencias norteamericanas, “Llueven moscas”, el de Gijón deja una rendija por la que entra la sombra del mundo, una sombra cada vez más inquietante, el gruñido de un lobo que acecha en la oscuridad (Véase “Tiempo de lobos”). 

Otro de los denominadores comunes de este nuevo trabajo es la revisión del folklore cantábrico que está llevando a cabo Nacho Vegas en los últimos trabajos que ha propuesto. La versión en “asturianu” del extraordinario poema/canción de Mikel Laboa, “Txoria txori” (1974), titulada para la ocasión, “Las ales”, la jota “Seis pardales” (las seis de La Suiza) junto a Rodrigo Cuevas y la banda folk L-R, o la propia “Fíu” dedicada a la madre de Vegas, de la que heredó su pelo y sus ideales antifascistas, como nos dijo en la presentación en los estudios Altafonte de Madrid. España es mucho más que Madrid, y por eso en el disco se escuchan las lenguas cooficiales de nuestro país, y alguna que no lo es y tendría que serlo.

El músico haciendo gala de una auténtica modestia, que llamó poderosamente nuestra atención en la presentación mencionada nos invita a admirar a “quienes sí supieron brillar y siguen ardiendo”. Su fulgor aumenta en este período que se oscurece con el paso de los días. Son las personas que han sido condenadas a penas de prisión por expresar en público su desacuerdo, manifestarse y denunciar las actuaciones de ciertas instituciones del Estado. Algunas de ellas han sufrido la aplicación de la denominada “Ley Mordaza”. Es la Ley Orgánica 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana en España, vigente desde el 1 de julio de 2015, en virtud de la cual han sido reprimidas y enjuiciadas algunas de las personas que hablan en los interludios de este disco. Nacho Vegas, a través de sus alegatos, se pregunta de manera inquietante si hay presos políticos en España, y si algunas instituciones utilizan todos los resortes del Estado para criminalizar a los que protestan contra ellas y su impunidad. Amnistía Internacional dice que “los gobiernos de todo el mundo tratan la protesta como una amenaza. También en el Estado español” a propósito del caso de “los seis de Zaragoza”. Uno de ellos, Javier Aijón, Javitxu, cuatro años y siete meses de prisión, protagoniza uno de los interludios. Los mensajes de Anna Gabriel y Adur, uno de los jóvenes reprimidos por la trifulca de Altsasu, son vibrantes ejemplos de pasión política, asumida hasta las últimas consecuencias, al igual que algunos de los parlamentos de las sindicalistas que se enfrentaron al acosador de La Suiza

La represión pretende suscitar el amedrentamiento y lo que resulta todavía más eficaz, propiciar la autocensura, y de veras que lo consigue, habida cuenta del silencio político clamoroso de tantos artistas. Nacho Vegas, en cambio, es un “deslenguado”. La mordacidad de su “lengua” se desata en “Deslenguarte”, un tema que dura 7 minutos, durante los cuales acontecen muchas sorpresas musicales dentro de sus vericuetos en los que se cuelan sin permiso 22 blasfemias, y el siempre estimulante Albert Pla. El tono festivo de “Deslenguarte” se prolonga en la fiesta de luto, si es posible algo así de bueno, que se desarrolla en “L´acabose”, con la participación comunitaria de todos los compañeros de estudio: Manu Molina en la batería, Joseba Irazoki y sus guitarras, Miren Narbaiza, guitarra y coros, Hans Laguna al bajo, Ferran Resines en los teclados. A la comunidad artística que ha hecho este disco habría que añadir a la ilustradora Candela Sierra, Premio Nacional de Cómic el pasado año, que ha realizado en las tapas interiores, un retablo animal y vegetal formidable, inspirado en el jardín delicioso que hiciera el Bosco

En fin, este disco de pervivencia garantizada y actualidad absoluta es un acto político propiamente que cuestiona la falacia de la neutralidad del arte. Goza además de un gran poder performativo, pues cumple lo que enuncia. Es una oda a la belleza asombrosa que nos rodea y lo hace mediante unas canciones extremadamente bellas, y se desquita del amordazamiento que las autoridades persiguen a través de unas letras insumisas. Aunque Nacho no quiera admitirlo, es un diamante, una piedra preciosa, más que semipreciosa. ¡Liberad de una vez a Pablo Hasél, lleva 5 años en la cárcel!