Elliott Murphy & Band: El rapsoda amable


Sala El Siglo, Sant Cugat del Vallès. Sábado, 14 de febrero del 2026. 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Qué gratificante resulta poder ver a uno de tus héroes musicales en tu pueblo (ahora ciudad) natal. De hecho, hace unos años (el 13 de enero de 2007, según indica la entrada que conservo) ya le había visto en El Auditori de Sant Cugat en un homenaje a Leonard Cohen que nos trajo a nombres de la talla de Suzanne Vega, Jackson Browne o el mismísimo John Cale. Y entre ellos, una dupla enérgica formada por Eliott Murphy y Olivier Durand abordó "Diamonds in the Mine". En esa época el cantautor de Long Island ya se encontraba en ese segundo acto de su vida que tan brillantemente reflejó Jorge Arenillas en su documental de 2015 "The Second Act of Elliott Murphy". Un segundo acto en el que ha sabido reinventarse, formar una familia y rodearse de interesantes músicos para desplegar lo que mejor se le da (con perdón a su faceta de escritor), hacer música.

Han transcurrido casi 20 años desde entonces y Elliott goza de buena salud y sigue afincado en París, lo que nos permite poder disfrutar de sus directos con cierta regularidad en nuestro país y en poblaciones y salas impensables. Como esa maravilla llamada "El Siglo" adornada de miles de libros en sus paredes. No se me ocurre un entorno mejor para poder gozar de un buen concierto.

Puntuales a las ocho y con el aforo a reventar, el septuagenario roquero aparecía ante nosotros junto a su inseparable Olivier, el percusionista Alan Fatras y la violinista Melissa Cox. Una formación que es una extensión de la fórmula que tan bien le ha funcionado a lo largo de los últimos años. Al dueto de guitarras con su amigo francés se añade una percusión de caja, tambor y platos y un violín, para ofrecer de nuevo esas guitarras perfectamente compactas junto a unos apoyos instrumentales muy acertados, lo que da un sonido que recuerda a la fórmula "Unplugged" que tantos éxitos dio a la MTV hace unas décadas.

Con un arranque a manos de la clásica "Last Of The Rock Stars" de su debut "Aquashow" (1973) tocada sólo con las guitarras y de forma calmada, dieron comienzo casi dos horas de espectáculo, buenas canciones y simpatía de unos músicos llenos de humildad y elegancia. Hay que tener en cuenta que la gira, que pasará por distintas ciudades españolas, tiene como excusa la promoción de su último álbum "Infinity", del año pasado, por lo que sonaron nuevos temas como "Granny Takes A Trip", "Baby Boomers Lament" o esa "The Miracle Zone" que no está en el disco,si no en un EP recién estrenado y que titula el tour.

Pero el primer gran momento de la noche llegó con los ritmos de "Green River", que encendieron a todos los asistentes, luego vendrían otros grandes momentos como la cabaretera "Deco Dance" de ese discazo que es "Night Lights" (1976) o la "dylaniana" "Destiny". Grandes momentos en los que no faltaron los trepidantes golpes de Alan (aporreando la caja y platos con las manos), los pizzicatos cuanto no rasgueos del violín de Melissa, y sobre todo los solos del virtuoso Olivier en esa guitarra acústica con la que tan poderosamente llena los conciertos. 

Por su parte Eliott no dejó de capitanear el show con una sonrisa que no dejó de lucir, su voz aún lozana (en especial en los tonos graves) y sus ritmos a la guitarra. Incluso le dio tiempo para comentarnos que "era abuelo", bromeó con la edad del público y nos contó cuando su madre Josephine habló por teléfono con su ídolo Lou Reed (al que dedicó una canción) contándole que él era un gran fan suyo a lo que el propio Lou respondió: "¿que no lo es todo el mundo?". Una soberbia del desaparecido rockero que está claro Eliott no tiene, ya que se nota que busca la cercanía con sus seguidores tanto cuando está encima del escenario como cuando está pacientemente firmando discos en el puesto de merchandising . 

Es esa amabilidad de la que hace apología sana en la formidable "A Touch Of Kindness", que tocó en la recta final , con esa melodía de guitarra tan hipnótica, y con un desarrollo final que nos llevó hacia los esperados bises. Justo antes nos había deleitado con una de sus mejores piezas de siempre "You Never Know What You're in For", ese retrato de las calles sucias de Nueva York que comenzó de forma pausada para terminar con la banda a todo gas. Y qué decir de esa poética "On Elvis Presley's Birthday" cantada con el traje de rapsoda.

Tras los aplausos, Eliott nos ofreció una versión lánguida de "Just Story From America" para la que recordó que el Gran Sueño Americano para él se volvió en la Gran Pesadilla Americana en los años setenta. Le siguió la magnífica y pegadiza "Come On Louann", con todos allí coreando a pleno pulmón, y ya que estaba puesto, y se lo estaba pasando genial, llegaron otros dos clásicos de su cancionero de regalo: "Drive All Night", con el violín haciendo las veces del teclado, y una "Rock Ballad", cuyo estribillo llegó algo desdibujado. Magnífico colofón de un concierto que nos trajo a casa todo aquello que más nos amamos de la música, de la mano de un tipo único en su especie.